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![]() NOTICIAS y REPORTAJES 25 de Feb 2005 Dos figuras destacan en el desarrollo de San Miguel como un lugar único de confluencia internacional del arte y la cultura: Felipe Cossío del Pomar de Perú y Stirling Dickinson de los Estados Unidos. Los dos llegaron a San Miguel en 1937, y la visión que compartieron y el trabajo que hicieron ha dejado huellas en el pueblo que se perciben hasta la fecha. Los dos tenían antecedentes similares, una educación avanzada e intereses artísticos, pero sus personalidades eran muy distintas. Cossío, altamente respetado como historiador del arte y activista político, era un hombre muy culto y sofisticado que había viajado y vivido tanto en Europa como en América. Se movía en círculos de la sociedad cosmopolita, contando entre sus amigos con una gran cantidad de intelectuales mexicanos y latinoamericanos. En contraste, Dickinson, aunque se graduó de la prestigiosa Princeton University, era una persona tímida y modesta, y se sentía mucho más cómodo entre gente sencilla como los integrantes de su equipo de béisbol en San Miguel. Según John Virtue, autor de una biografía de Dickinson, le desagradaban tanto los eventos formales que una vez se enfermó seriamente ante al prospecto de tener que asistir a un coctel formal, y en lugar de asistir, fue a dar al hospital. En los años 30, la única manera de llegar a San Miguel desde el extranjero era por tren ... los caminos que llegaban al pueblo eran rústicas terrecerías polvosas o lodosas, dependiendo de la temporada. Stirling Dickinson, joven escritor y artista, llegó en 1937 para visitar a José Mojica, el famoso cantante de ópera que tenía una casa en San Miguel. Dickinson se enamoró del pueblo, y compró por $90 dólares americanos un edificio antiguo que anteriormente era una curtiduría en la calle Santo Domingo, donde estableció su nuevo hogar. (de acuerdo a Mary Elmendorf, en "Stirling Dickinson and San Miguel", http://members.lycos.co.uk/expatpaper/personalities.htm). El mismo año, otro extranjero bajó del mismo tren con un plan gradioso: fundar una escuela de arte latinoamericano, basada en la cultura popular y dedicada al desarrollo del arte moderno. Felipe Cossío del Pomar tenía unos 12 años más que Dickinson, y los recursos necesarios para realizar ese sueño. Fundador del partido APRA en Perú, hecho que lo mantenía exiliado de su país gobernado en aquella época por una dictadura militar, Cossío tenía conexiones con gente como Diego Rivera, José Vasconcelos, y el entonces presidente de la república, Lázaro Cárdenas. En 1938, el presidente Cárdenas puso a la disposición de Cossío un edificio en la calle de Hernández Macías, el antiguo convento de las monjas concepcionistas, entonces semi-derruido y ocupado por un regimiento de caballería del Ejército Mexicano. Cossío dirigió la restauración y construcción de estudios y salones de clase, mientras Dickinson se encargó de la administración y promoción de la nueva "Escuela Universitaria de Bellas Artes." Dickinson viajó varias veces a Estados Unidos y distribuyó más de 10,000 volantes en universidades y centros de cultura estadounidenses para publicitar la escuela. (Felipe Cossío del Pomar en San Miguel, pp. 44-45). Los primeros estudiantes llegaron desde Estados Unidos a San Miguel en los últimos años treinta, para ser aprendices en artesanías tradicionales de cerámica, cuero y plata, así como para estudiar arte con artistas famosos como el pintor mexicano Rufino Tamayo. Los estudiantes se alojaron en el "Rancho de Bellas Artes," la amplia propiedad que Cossío compró del famoso torero, Pepe Ortiz. La entrada del rancho era en Los Arcos, en la calle Santo Domino, y se extendía por el cerro hasta lo que hoy es el Hotel Atascadero. Durante esta época, Cossío fue anfitrión de varios visitantes famosos como Pablo Neruda, Alfonso Reyes y Jesús Silva Herzog (Mary Elmendorf, ibid). La segunda guerra mundial y el regreso de Cossío a Perú a mediados de la década de los 40 provocaron un periodo de relativa inactividad en la Escuela. Pero después de la guerra, cientos de jóvenes artistas y estudiantes "invadieron" San Miguel armados pacíficamente con sus "GI-Bills" (becas para ex-militares). Cossío regresó a México en 1948, y encontró una situación desagradable: el señor a quién había encargado la Escuela, Alfredo Campanela, estaba usándola para puras ganancias. Campanela recibía las colegiaturas de los alumnos pero se negó a invertir los fondos en las instalaciones, hasta el punto en que no había muebles o materiales adecuados en los estudios y salones de clase. A mediados del siglo, la situación "fue de mal en peor." (Cossío del Pomar, ibid, p.161). Los estudiantes y maestros extranjeros, incluyendo a Dickinson, se encontraron en medio de un pleito furioso entre Campanela y David Alfaro Siquieros, el pintor mexicano que trabajaba con un grupo de alumnos en un mural en la escuela.
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