Otra revolución social toma fuerza en México
“¡Tierra, Libertad … y Cooperación!”
Por Betsy Bowman
Octubre 2006
Los redactores de GEO Bob Stone y Betsy Bowman visitaron una incipiente red de cooperativas en el estado de Hidalgo, en el centro de Mexico en noviembre de 2003 y otra vez en Junio de 2004 ... aquí una mirada a algo que infunde esperanza y algo heroico que sucede justo al lado.
En estos días se necesita algo más que “¡Tierra y Libertad!”, el grito de guerra de la revolución mexicana, para que los agricultores del tercer mundo puedan subsistir atendiendo unos pocos animales y cosechas. ¡Se necesita planificación, financiamiento del gobierno y cooperativas!
El estado mexicano de Hidalgo es la cuna de los indios Otomí, descendientes de aquellos que construyeron el famoso enclave precolombino de Teotihuacan en la segunda mitad del primer milenio. Al igual que la mitad de la población del planeta, los Otomíes han sobrevivido por medio de la práctica de la agricultura de subsistencia y viviendo, en su mayor parte, fuera de la economía del dinero.
Pero la economía del dinero esta llegando a ellos cada vez más fuertemente. Por ejemplo, aunque la educación es “gratis” en México, a menudo los padres tienen que comprar uniformes, libros, papel y lápices. También tienen que transportar a sus hijos a cierta distancia para que puedan asistir a la escuela. Y, sencillamente, no hay suficientes escuelas. A menudo, las escuelas secundarias están tan lejos que los estudiantes de bachillerato tienen que vivir fuera de sus casas en pensiones. Muchas familias no pueden pagar este gasto. Ahora están formando cooperativas para producir los cultivos comerciales que complementen su estilo de vida de subsistencia.
Nueva ley apoya las cooperativas
Gracias a un cambio en la ley mexicana en el 2001, las organizaciones locales pueden obtener fondos gubernamentales directamente del Departamento de Agricultura para el desarrollo cooperativo. Una vez que las cooperativas están registradas legalmente, pueden solicitar fondos a la Alianza Apoyo para proyectos específicos. El gobierno financia el 70 por ciento del proyecto y los cooperativistas financian el resto.
Luis Martinez y Patricio Bravo, dos organizadores locales, ya han registrado cuatro cooperativas en el arrea que rodea a Alfajayucan, pueblo natal de Luis, y 15 cooperativas en el área del pueblo natal de Patricio, Chilcuautla. Luis dice que hay solicitudes pendientes de ocho cooperativas más en su área y cuatro mas en el área de Patricio. Ellos también han organizado una cooperativa de segundo nivel, la Empresa Integradora para el Desarrollo Rural, a quien llaman sencillamente la Integradora. Esta cooperativa suministra asistencia técnica en la forma de ayuda legal y contable, así como asistencia en comercialización. Estas familias cultivan cosechas altamente beneficiosas, tales como hongos Zeta, tomates, chiles, melocotones y aceitunas. Crían chivos y producen queso con su leche. Mas arriba en las montanas hay una cooperativa de mujeres que preparan una pasta nutritiva hecha de maguey, a la que llaman “miel de maguey” (el pueblo Otomí tiene cien variedades diferentes de cactus).
Grandes retornos a partir de inversiones modestas.
La mayoría de las cooperativas se encuentra en su fase inicial de desarrollo. Nos sentamos en el portal de la granja de uno de los cooperativistas y saboreamos deliciosos tomates, teniendo a un lado una maquina que convertía granos de maíz en harina y por el otro lado a otra maquina que convertía la harina en masa para tortillas. Desde nuestra posición, podíamos observar una impresionante vista del valle y de las montanas tras él, y podíamos ver las casas de los miembros de la familia extendida que viven allí.
Los tomates son una importante cosecha comercial en este lugar. Para venderlos, los granjeros necesitan poder entregar un volumen confiable de tomates, mas de los que se pueden cultivar en un solo invernadero. Así que están construyendo un segundo invernadero. Una de las estructuras utiliza paneles fotovoltaicos para la irrigación, los cuales bombean agua hacia arriba, hasta un tanque depósito. El Banco Mundial suministró los fondos para las bombas operadas por medio de celdas solares.
Otro proyecto, para cultivar chiles, era solamente un campo limpio con alta arboladura de metal sobre el terreno, listo para recibir las coberturas plásticas que lo transformaría en un invernadero. Los granjeros han obtenido aprobación para recibir fondos del gobierno, pero no cuentan con el treinta por ciento restante de fondos necesarios para recibir el aporte gubernamental. Con préstamos a una baja tasa de interés para cantidades bastante modestas –de $2,000 a $15,000- los granjeros se moverán rápidamente del siglo diecinueve al veintiuno.
Una preocupación fundamental para las comunidades es suministrar un medio de vida para los jóvenes, para que no sientan la tentación de irse a trabajar a los Estados Unidos. Algunos jóvenes piensan comenzar una cooperativa para criar conejos. Hasta ahora tienen una edificación, pero no los fondos que necesitan. Ellos necesitan un préstamo con intereses bajos de solamente $2,000 para comenzar su cooperativa. Tales préstamos modestos pueden representar una gran diferencia para ellos.
La esperanza crece en tierras cooperativas
Cuando visitamos la cooperativa que cultiva hongos Zeta el pasado mes de noviembre, habían perdido toda una cosecha debido a una helada inusual. Además de necesitar mas hongos para comenzar una nueva cosecha, también necesitaban un local oscuro para el periodo de gestación de los hongos. Doña Paula, presidenta de la cooperativa, explicó que aunque ella y muchos otros no sabían leer ni escribir, sabían trabajar en grupo y hacer que sus esfuerzos tuvieran éxito. Nos sentimos muy conmovidos con este grupo. Me pregunté: “Bueno, ¿cuánto dinero necesitan realmente para tener mas hongos, un sistema de calefacción y enfriamiento y comenzar la producción?”. La respuesta es que ellos necesitan un préstamo con bajo interés de unos $1,800. Le han solicitado al gobierno mexicano alrededor de $7,000 y los $1,800 representan el por ciento de la cooperativa para obtener el financiamiento gubernamental y volver a hacer negocios.
Para aquellos de nosotros acostumbrados a un nivel de vida del primer mundo, estos campesinos parecen muy “pobres”. La mayoría de las familias carecen de electricidad o agua corriente. Pero no pasan hambre y trabajan para ellos. No están sujetos a las ordenes de un jefe de fabrica o de plantación.
Y la sonrisa en sus rostros y la chispa en sus miradas nos dicen que tienen esperanza en el futuro. Trabajan juntos para satisfacer sus necesidades. Todo lo que se necesita es un poco de ayuda de sus amigos, los cooperativistas del mundo.
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