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Humanitarismo y la solidaridad al estilo cubano

Cliff Durand*

Es ampliamente reconocido que Cuba tiene un sistema de atención de salud muy efectivo, para un país pobre del Tercer Mundo. Ello se ha hecho aún más evidente gracias al documental Sicko de Michael Moore. Sus indicadores de salud son comparables con los de sus vecinos más ricos. Por ejemplo, en Cuba la esperanza de vida es 77,5 años, mientras que en los Estados Unidos es 78 años. La tasa de mortalidad infantil es de 5,3 entre mil nacidos vivos en el primer año, y en los EE.UU. es de 6,9 [de acuerdo con cifras de 2003, el último año tenido en cuenta]. En Mississippi, la mortalidad infantil asciende a 11,4 y a 17 entre los negros, cifra que va en aumento. En la capital de nuestro país la mortalidad infantil entre los afroamericanos es de 14,4. En Cuba, sin embargo, solo 5,3 niños cada mil nacidos mueren en el primer año de vida, y básicamente la misma baja tasa se encuentra en cada región y sector de la población, y sigue disminuyendo año tras año.
Incluso, el Banco Mundial ha tenido que reconocer los logros de la Isla en salud y educación. La edición de 2001 de los “Indicadores de desarrollo global”, WDI por sus cifras en inglés ("World Development Indicators), mostró cómo Cuba supera prácticamente los datos estadísticos de todos los demás países pobres en las áreas de salud y educación. El ex presidente del Banco James Wolfensohn los felicitó por hacer "un gran trabajo" al brindarle bienestar social al pueblo cubano.
¿Cómo es esto posible? ¿Cómo un país pobre, que carece de tecnología médica sofisticada, con dificultades para obtener medicamentos y equipamiento básicos, debido al bloqueo de los EE.UU. ha sido capaz de cuidar de la salud de su población? La respuesta está en sus recursos humanos. El país posee 5,3 médicos por cada mil habitantes –la proporción más alta en el mundo y casi el doble de la de los EE.UU. El secreto del éxito radica en la dedicación de 60 000 médicos y otros profesionales de la salud, en la existencia de un sistema basado en el principio de que la atención médica es un derecho y no una mercancía. La población dispone de un sistema de salud universal y gratuito. Los médicos viven en cada barrio, lugar en el que desarrollan su actividad profesional, basada en los principios de atención preventiva y comunitaria. Para ello, en cada barrio existe una casa de dos pisos fácilmente reconocible donde vive el médico en el segundo piso, mientras en el primero está la consulta. De este modo, el médico (la mitad de los médicos del país son mujeres) se encuentra disponible las 24 horas del día, atendiendo a domicilio en caso necesario. Y no muy lejos hay un policlínico. La atención más especializada se ofrece en hospitales municipales más grandes, como el que aparece en la película de Michael Moore.
Sin embargo, no siempre esto fue así. Después del triunfo de la Revolución cubana en 1959, la mitad de los médicos del país siguieron a sus ricos pacientes a Miami. Por lo tanto, desde el principio el gobierno tuvo que hacer grandes esfuerzos para formar a nuevos médicos. En la actualidad, existe una escuela de medicina en cada provincia. El país gradúa 3.500 médicos por año, mucho más de lo que se necesita para una población de más de 11 millones de habitantes.
Misiones humanitarias
¿Qué hace Cuba con su excedente de médicos? Los envía a servir en el extranjero en países pobres. Cuba ha sido siempre generosa compartiendo sus avances médicos con los países del Tercer Mundo. La cifra de médicos cubanos que prestan servicio en otros países supera la de la Organización Mundial de la Salud. Desde 1963, 100 mil médicos han prestado servicios en 101 países. En la actualidad, encontramos misiones médicas cubanas en Sudáfrica, en Venezuela (colaborando con los programas sociales que promueve el presidente Chávez), así como en Bolivia, apoyando al gobierno de Evo Morales y otros países. En total, este pequeño país, tiene más de 30 mil profesionales de la salud cooperando en 68 países.
De hecho, Cuba se ha convertido en una potencia médica. Este es el fruto de un compromiso sostenido con la educación y la salud de su pueblo desde el triunfo de la Revolución. Aun durante la grave depresión económica en el decenio de 1990, el país dedicó el 9,1% del producto interno bruto (PIB) a la salud, cifra que asciende en la actualidad a 6,3% del PIB. La prioridad dada en Cuba al tema de la salud durante este medio siglo se ha traducido en el logro de elevados indicadores de salud, y la posibilidad de contar con un personal médico calificado para compartir con gran parte del Tercer Mundo.
Después del huracán Mitch en noviembre de 1998, que devastó gran parte de Centroamérica, grupos de médicos cubanos prestaron ayuda de emergencia en zonas remotas, dando atención médica a personas con escaso acceso a un galeno, incluso en tiempos normales. Los resultados fueron espectaculares. En Guatemala la tasa de mortalidad infantil se redujo de 40 por mil nacidos vivos a 18,6, una cifra directamente atribuible a la labor de los cubanos, según el Embajador de Guatemala en Cuba, Hugo Guzmán. Éxitos similares se han registrado en Honduras, así como en regiones de África.
Inmediatamente después que el huracán Katrina golpeó Nueva Orleáns en 2005, el gobierno cubano ofreció enviar médicos para ayudar a las víctimas de este desastre natural. A las pocas horas más de mil médicos con sus mochilas y suministros de emergencia estaban listos para volar a Houston. La administración Bush le hizo caso omiso a la propuesta. La insistencia de colaborar con esas personas contó con el respaldo de médicos calificados y experimentados, y el número de los que se presentaron aumentó hasta 1 586. Esta fue la base para la formación del Contingente de Médicos Humanitarios Henry Reeve, dispuestos a prestar asistencia en situaciones de desastre y epidemias, tal como lo hicieron en Pakistán, donde la asistencia médica cubana fue la más significativa, superando a la prestada por los EE.UU. En total, dos mil trescientos profesionales de la medicina atendieron a 1,7 millones de pacientes. Hoy, el Contingente Henry Reeve, el primero de su tipo en la historia de la humanidad, está dispuesto a brindar asistencia médica de un modo rápido en un mundo necesitado de cooperación y solidaridad.
De la ayuda humanitaria a la ayuda para el desarrollo
Sin embargo, Cuba ha ido más allá de la simple prestación de ayuda humanitaria en situaciones de emergencia. Reconociendo la necesidad de hacer algo más a largo plazo, La Habana decidió ofrecer a los jóvenes de las regiones más pobres de América Latina y África la oportunidad de convertirse en médicos. El compromiso no escrito de todos y cada uno de los estudiantes es regresar a su país y poner en práctica sus habilidades durante un período de diez años en las comunidades más pobres y más necesitadas, para así sustituir de manera progresiva la presencia en esos territorios de los médicos cubanos. Así nació la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), inaugurada en 1999, situada en el extremo oeste de La Habana en el lugar de una antigua base naval. La ELAM educa a jóvenes de 29 países diferentes y 67 grupos étnicos y culturas diferentes para convertirlos en médicos, técnicos médicos y otros especialistas en la atención de la salud. En la actualidad se forman alrededor de 10 200 estudiantes, entre ellos se encuentran 91 estudiantes de bajos ingresos de los EE.UU., 8 de los cuales integraron el grupo de los 1 550 estudiantes que se graduaron en de julio de 2008.
La mayoría de los estudiantes se han dado cuenta de que es imposible estudiar medicina en sus casas sin la subvención financiera que han obtenido de Cuba. Durante los seis años de estudio se les ofrece alojamiento, ropa, comida, libros y una pequeña cantidad de dinero para sus gastos. Su formación combina "la ciencia y la sensibilidad humana, la ciencia y la conciencia social", como dijera el doctor Carriso, director de la ELAM. La escuela enseña valores y también técnicas. La idea es que la sociedad les proporciona los conocimientos médicos y el graduado a su vez tiene la obligación de contribuir con la sociedad. Su conocimiento no es su propiedad privada, lo que les permite enriquecerse. Como Fidel Castro dijera, "graduarse como médico es como abrir una puerta a un largo camino conducente a la acción más noble que un ser humano puede hacer por los demás"1. Como Carmen Landau de Oakland, California, uno de los graduados de EE.UU. este año, dijera a Reuters, "Cuba nos ofreció becas para estudiar medicina aquí. En cambio, nos comprometemos a volver a nuestras comunidades para proporcionar atención médica a personas necesitadas".
¿Qué tan buena es su educación médica? Tomemos el primer graduado norteamericano de la ELAM, Cedric Edwards, quien recientemente solicitó un entrenamiento avanzado en su especialidad en la Escuela de Medicina Albert Einstein. Había mil quinientos candidatos para seleccionar solo a cinco  Él fue el número tres. Por cierto, acababa de ser graduado de la ELAM cuando el huracán Katrina golpeó su ciudad de Nueva Orleans. Él fue uno de los médicos que se ofreció como voluntario para ir a ayudar. Sin embargo, la hostilidad de nuestro gobierno con Cuba le impidió hacerlo.
La historia de la ELAM trasciende la ayuda humanitaria a otros pueblos del Tercer Mundo. La creciente colaboración de Cuba con Venezuela ha permitido ampliar sus misiones humanitarias. Esto se ilustra con el programa “Operación Milagro”, iniciado en julio de 2004. Los hospitales cubanos ofrecieron cirugía ocular gratuita a venezolanos de escasos recursos, quienes fueron llevados hasta allí por el gobierno de Hugo Chávez. En otoño de 2006, 290 mil venezolanos habían recobrado la visión. Similares  instalaciones quirúrgicas ya se han creado en otros países bajo la supervisión de personal médico cubano y financiado por los ingresos procedentes del petróleo venezolano. Hoy en día, 13 centros oftalmológicos se encuentran brindando servicio médico en Venezuela, e instalaciones similares prestan servicios en Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras y Bolivia. El profesor Lázaro Vigoa del Instituto Cubano de Oftalmología explicó que hasta la fecha más de 600 mil personas de 29 naciones se han beneficiado de la Operación Milagro. El 22 de enero de 2006, el presidente Fidel Castro ofreció cirugía ocular gratuita para 150 mil ciudadanos pobres de los EE.UU., incluyendo el transporte aéreo y su alojamiento en la Isla, pero era poco probable que la administración Bush aceptara ese ofrecimiento.
Reforma de la Educación Médica
Cuba está siendo ahora pionera de un nuevo enfoque innovador en la educación médica. En lugar de iniciar la enseñanza en el aula con clases de anatomía y ciencias, los estudiantes son enviados al terreno para trabajar con los médicos de atención primaria, y más tarde en las clases a aprender las bases científicas de lo que han practicado. En el terreno social también se inició un proyecto innovador. En el 2001 se abrió una nueva escuela de formación de trabajadores sociales que entrenó a jóvenes sin vínculo laboral para desarrollar atención social en las comunidades.
En el 2005, Rubén Zardoya, quien estaba al frente de ese centro de formación viajó a Cienfuegos durante 4 meses con 900 estudiantes de Guatemala, Bolivia y Venezuela, supervisando la creación de este nuevo programa. Más tarde la ciudad de Holguín tomó mil 500 estudiantes de Bolivia que se quedaron en las casas de los pobladores de la localidad. Hasta la fecha, 60 escuelas rurales se han renovado en toda la isla y convertido en escuelas de medicina, con 450 estudiantes cada una.
Este enfoque de la pedagogía médica es un corolario natural de Cuba con un sistema de atención de salud basado en la comunidad. Ya sea en casa o en el extranjero, los médicos cubanos viven cerca de las personas a las que sirven. Se convierten en parte de la comunidad y asumen la responsabilidad a título personal por la salud pública y la educación. Esto está bien ilustrado en la nueva película ¡Salud!, que documenta el sistema médico de Cuba y las misiones en el extranjero. www.saludthefilm.net trata con mayor profundidad aquello que Sicko solo toca superficialmente.
En cualquier caso, la enseñanza de la medicina basada en la comunidad fue el germen de lo que ha devenido ser el compromiso Sandino, un acuerdo bilateral entre Venezuela y Cuba anunciado en abril de 2007. Este proyecto tiene por objeto capacitar a 200 mil médicos de América Latina durante esta década. Al igual que los estudiantes de la ELAM, más que ser capacitados en la medicina, los médicos se prepararán con un alto sentido de compromiso social – motivador de la atención de los pueblos de la región donde sea necesario, dice Hugo Chávez. Venezuela se encuentra ahora inaugurando su propia Escuela Latinoamericana de Medicina, similar a la de Cuba, utilizando el nuevo enfoque de la educación médica. La ELAM de La Habana está también incorporando este nuevo enfoque en su plan de estudios de acuerdo con su Director.
El Compromiso de Sandino es uno de los muchos acuerdos forjados entre los dos países y forma parte del núcleo de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), un esfuerzo hacia la integración latinoamericana. Como alternativa a la propuesta neoliberal de los EE.UU. de crear un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el ALBA se basa en principios de solidaridad y complementariedad entre los pueblos de América Latina. Se trata de promover el desarrollo y la integración de la región, centrándose en programas que benefician a los pobres y socialmente excluidos, en lugar de las empresas transnacionales. Es una alternativa a la dominación neocolonial del hemisferio.
"Yo sí puedo"
Hay otro programa que merece una breve mención entre las misiones humanitarias de Cuba. Ese es su innovador programa de alfabetización. Inmediatamente después del triunfo de la Revolución en 1959, Cuba inició una campaña de alfabetización, enviando a jóvenes a las zonas más remotas del país para enseñarles a leer y a escribir. El éxito de este esfuerzo por la erradicación del analfabetismo en Cuba hizo del método cubano un modelo que ha sido elogiado por la UNESCO. Ello sentó las bases tempranamente de los impresionantes logros educativos de los últimos decenios.
En la actualidad Cuba ha desarrollado una nueva pedagogía para la alfabetización denominado "Yo sí puedo". En 2006 la UNESCO nuevamente le otorgó a Cuba su premio por la alfabetización, por este nuevo método. En la actualidad está siendo utilizado en 16 países para enseñar a más de 580 mil personas, cómo leer y escribir en tan solo 7 semanas. En junio visité la escuela en La Habana, donde el método fue desarrollado. El Instituto Pedagógico Latinoamericano y del Caribe (IPLAC), ha desarrollado también un programa de seguimiento que lleva a los estudiantes a un nivel de lectura de noveno grado. En Venezuela "Yo sí puedo" ha llegado a 2 millones de personas y el país prácticamente es libre de analfabetismo. Hay incluso un proyecto en México llamado MECE.  
"Yo sí puedo" es otro componente del ALBA mediante el cual los países de América Latina se están ayudando unos a otros en el desarrollo utilizando sus propios recursos humanos.
Conclusiones
Esta serie de misiones humanitarias de Cuba es impresionante desde cualquier punto de vista. Me he centrado en los programas médicos y apenas mencioné los educativos. Cuba también cuenta con miles de profesores enseñando en el extranjero, y estudiantes extranjeros becados en Cuba. Este país revierte la fuga de cerebros desde el Tercer Mundo. A diferencia de los EE.UU., que atrae a personas con educación y formación técnica desde los países más pobres que necesita a estos profesionales, Cuba sin embrago contribuye al desarrollo de estas capacidades en el Tercer Mundo. El 50% de los estudiantes extranjeros que realizan su doctorado en los EE.UU. se quedan trabajando allí. Por ejemplo, hay más médicos etíopes en Chicago que en toda Etiopía. Por el contrario, Cuba alienta, incluso exige, a aquellos que educa, a regresar a sus países para que puedan ayudar a las comunidades desde donde provienen, carentes de servicios.
La cuestión sigue siendo: ¿cómo es que un país relativamente pobre como Cuba puede hacer tanto? ¿Por qué lo hace?
Hay evidentes beneficios para la política exterior de Cuba. Su solidaridad humanitaria con los pobres en el sur global, le confiere apoyo popular a Cuba. Por ejemplo, después de la recuperación del huracán Mitch, el gobierno de Honduras envió a los médicos cubanos a casa. Hubo tantas protesta populares contra esta decisión en las comunidades rurales donde nunca, hasta tanto llegaron los cubanos, habían visto un médico, que el gobierno tuvo que solicitar su regreso nuevamente. Por otra parte, en Venezuela los médicos protestaron ante la presencia de los médicos cubanos que amenazaban con romper su monopolio sobre la atención médica en el país, a pesar de que los médicos cubanos trabajaban en los barrios pobres de Venezuela, a donde los médicos venezolanos temían ir. Las misiones humanitarias que ayudan a los pobres a veces abren interesantes contradicciones de clase en un país.
Algunas veces, hay también importantes beneficios económicos para Cuba, pero la mayoría de sus servicios a los países pobres se dan gratis, hay países como China que pueden pagar y hacerlo. También hay intercambios de beneficio mutuo con otros países del ALBA. A cambio del gran número de médicos y maestros que Cuba envía a Venezuela, se hace posible comprar petróleo a bajos precios de mercado. Ambos países se benefician como resultado de ello. Sin embargo, esto no es visto como un mero acuerdo comercial.
Sin embargo, Fidel Castro recientemente reveló un hecho interesante cuando declaró en un discurso que el sistema de salud se ha convertido en el sector más importante en el intercambio de bienes y servicios entre nuestro país y el resto del mundo en términos económicos, pero a pesar de ello Cuba no ha dejado de ofrecer su asistencia médica totalmente gratuita a más de 60 países del Tercer Mundo carentes de recursos económicos. Así es como siempre ha sido y la manera en que siempre lo será. [19 de septiembre de 2005]
Por lo general, las misiones humanitarias de Cuba se presentan en términos de ideales de solidaridad con los pueblos del mundo. Por ejemplo, en un aeropuerto cubano puede verse una enorme pancarta que proclama "Patria es humanidad". Esta idea de José Martí no es solo una retórica vacía. El pueblo cubano es muy humanista y de espíritu internacionalista. A lo largo del tiempo, los discursos de Fidel Castro han tenido un fuerte acento moral, que expresa los más nobles ideales y el pueblo lo ha mantenido. En esto su líder ha aprovechado y fortalecido los valores más importantes de la cultura cubana: la generosidad de espíritu, la dedicación desinteresada al bien común, el servicio a los más necesitados, la solidaridad con los condenados de la tierra. Mi colega, Jualynne Dodson, quien ha estado haciendo trabajo de campo antropológico en el oriente de Cuba por varios años, sugiere que esto viene en parte de las influencias de las tradiciones africanas en la cultura cubana. Estas tradiciones valoran la ayuda a otros y ven como todos tenemos la responsabilidad de hacer del mundo un mejor lugar que el que nos encontramos. Esto es algo muy distinto de los valores de la conquista y la codicia que los colonizadores españoles trajeron a Cuba que, afortunadamente, no constituyen los valores que formaron la cultura nacional cubana, sino por el contrario, está en los orígenes africanos de la mayoría de su población mezclada y fortalecida con la estirpe humanitaria de la cultura de base europea que los españoles y otros señalan a la isla.
Estos valores se han nutrido en un siglo y medio de lucha por la independencia nacional y por la dignidad. Ellos constituyen un legado universal vital para hacer un mundo mejor posible y muy admirado por todos los que han llegado a conocer bien Cuba.
¡Venceremos!

Revista cubana de ciencias sociales  40/41 (oct 08-oct 09), 209-217.


*Investigador asociado del Centro por la Justicia Global (www.globaljusticecenter.org) y Profesor Emérito de Filosofía de la Universidad Estatal Morgan. Dirige una investigación anual de la Research Network in Cuba (www.cubaconference.org), donde es Profesor Invitado de la Universidad de La Habana.

1 Fidel Castro. Discurso de graduación de estudiantes de ciencias médicas, 19 de septiembre de 2005