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PEÑON DE LOS BAÑOS
por Anita Blue Graham
estudiante del programa universitario del 2007
“Oye, ¿entonces qué es lo que están haciendo aquí?” me preguntó Martín. Él es uno de sólo dos muchachos de 18 años que conocí durante mis dos semanas en el rancho de Peñón de los Baños. Respondí que éramos siete estudiantes – dos mexicanos, dos cubanos, y tres gringos – mandados por el Centro para la Justicia Global para aprender lo que pudiéramos acerca de la pequeña comunidad.
“¿Pero por qué quieren saber de nosotros?”
“El Centro quiere ayudar al Peñón a crear una cooperativa con un invernadero para sembrar jitomate orgánico. ¿Qué opinas de eso?”
Martín no quiso ofenderme contradiciéndome, pero tenía algunos reparos a la idea.
“¿Estás segura que la gente trabajaría junta? Digo, en la sociedad siempre hay conflictos y aquí la gente prefiere trabajar por sí misma y por su familia, ¿no crees? Piensan que no les van a dar bastante de las ganancias por su trabajo.”
“Pero tal vez si es la única manera en que pueden quedarse con sus tierras en contra de la agricultura comercial… |
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Anita Graham Blue
con amigos en Peñon de los Baños. |
Peñón de los Baños es una comunidad rural ubicada en tierras ejidales cerca del pueblo de Los Rodríguez. Las tierras ejidales son propiedad de la comunidad entera y originalmente no se podían vender esas tierras. Cada familia tiene su propia parcela que siembran individualmente, y el rendimiento de la parcela pertenece a la familia. Los ejidos generalmente no se trabajan en colectivo. Algo que separa al Peñón de muchas otras comunidades ejidales es que sus habitantes no son indígenas ni son del Municipio de San Miguel de Allende. La mayoría de los residentes provienen de Salvatierra u otras partes del sur de Guanajuato. Llegaron al Peñón hace treinta o cuarenta años. La población cuenta con unas trescientos a cuatrocientos personas, constituyendo unas setenta familias. Hoy en día las actividades económicas principales son el cultivo de fríjol y de maíz y la venta de leche de vaca. El ganado se alimenta con avena y alfalfa sembradas también en las parcelas familiares.
En términos de su estructura física, el rancho consiste de una cuadra de casas y una iglesia. Alrededor de las casas están los corrales donde cada familia cuida individualmente sus vacas o sus toros. Fuera del centro poblado se encuentran las parcelas. Hay algunas casas regadas por el camino, aparentemente donde los hijos de algunos miembros de la comunidad han construido en la tierra de sus padres. Rodeando el Peñón son tierras que eran ejidos pero que han sido vendidos a un solo latifundista privado, Javier Usabiaga, el secretario de la Agricultura bajo la administración de Fox.
Aquí es donde el Peñón tiene esperanza – porque no han decidido vender sus tierras. Debido a una enmienda a la constitución mexicana por el presidente Salinas, las comunidades ejidales ahora pueden elegir la privatización de sus tierras, las cuales entonces se pueden vender. En el Peñón, las cuarenta familias terratenientes por lo menos están conscientes de que al vender sus tierras, de ser propietarios se convertirían en empleados de Usabiaga, o se verían forzados a jugarse la suerte en la ciudad. Las personas que hablaron con nosotros dijeron que no venderían sus tierras porque son el patrimonio que les dejarán a sus hijos.
Desafortunadamente, Peñón se enfrenta con unos problemas graves en la vida cotidiana y en la supervivencia a largo plazo. Para empezar, el hecho de que los corrales se encuentren dentro del pueblo crea riesgos preocupantes para la salud. Estos riesgos son peores considerando que el estiércol raramente, o en algunos caso nunca, se saca de los corrales. Los animales viven o encima de montañas de su propio desecho, o vadeando en lagunas que les llegan al muslo. El estiércol cría bacterias y parásitos, entre ellos especies que invaden la pata de la vaca, afectando su fuerza y la producción de leche. Como el estiércol se sale a la calle con cada lluvia, también entra en las casas en la suela del zapato. Los perros juegan en ello. Una entrevistada observó que los niños que juegan en la tierra frecuentemente tienen problemas de sarpullidos. Otro efecto inmediatamente obvio es el mosquero constante. Los animalitos negros zumban por todas partes del rancho, caminando sobre los animales, la comida y las caras de la gente.
¿Por qué no se limpian los corrales? En su mayoría, la razón que nos dieron fue que el acarrear montones pesados de estiércol requiere de cuerpos jóvenes. Pero los cuerpos jóvenes del Peñón están en Houston, y otras ciudades de EE.UU. Esto no sólo afecta a las condiciones de vivienda de las vacas, sino también al cultivo de las tierras por la escasez de trabajadores jóvenes.
Si pudieran pagar a los trabajadores si estuvieran presentes es una pregunta necesitada por otro problema: precio vs. ganancia. Sube cada año el precio que los ejidatarios pagan para plantar, sembrar y cosechar sus cultivos. Hay que comprar semillas certificadas, cortando semillas nativas del ciclo y agregando un gasto que el ejidatario podría evitar si guardara su propia semilla. El petróleo para la maquinaria se hace más caro cada semana. Además están los precios de fertilizantes y de electricidad para las bombas del pozo.
Todos esos precios altos se acentúan a causa de los precios bajos pagados por los productos del Peñón. Se vende un kilo de fríjol por diez pesos en el mercado de Los Rodríguez o San Miguel de Allende. Las familias ganan entre 2.8 a 3.2 pesos por litro de leche. Según un residente de Peñón, el gobierno controla lo que pueden pedir por sus productos porque son productos básicos en la dieta del mexicano. A veces esos precios no cubren los gastos de operación, haciéndole bien difícil mantener una familia o tener esperanzas de avanzar.
En caso de una emergencia o de una enfermedad, la situación se vuelve aún más imposible. La diabetes y la anemia son males comunes en la comunidad. Pocas medidas de prevención son conocidas, mucho menos practicadas. Pero cuando los efectos de las enfermedades se vuelven graves, los residentes se ven forzados a sacrificar todo para poder cubrir los gastos. Hace tres años, la madre de la familia donde yo me quedé se enfermó de anemia. Les costó seis mil pesos sólo para el análisis para diagnosticarla. La familia tuvo que vender una vaca. Desafortunadamente, la madre necesitaba hacerse más exámenes y tomar medicamentos. Entonces su esposo agarró un camión hacia el norte, llorando porque no sabía si volvería a ver a su esposa viva.
Como se puede ver en muchas comunidades por todo México y América Central, los hombres entre dieciocho y cuarenta años se encuentran ausentes del Peñón. Generalmente, los padres de la casa se quedan, pero casi todos los adolescentes se van. El hecho de que tantos de Peñón hayan emigrado a los EEUU es tanto un problema como una solución. Las remesas ayudan a que la agricultura y las vacas lecheras no se hundan, y pueden ser un recurso para un poquito extra para comprar un tractor o para abrir una tiendita. La migración también ofrece una opción cuando la gente se enfrenta con una emergencia, como en el caso de mi familia. En este momento, hay de cien a doscientas personas del Peñón en los EEUU, dependiendo de a quien le preguntas. La mayoría trabajan en la construcción en Houston, aunque hay otros regados por el país. Según un muchacho de dieciséis años que piensa irse el año que viene, la gente del Peñón que ya está en los EEUU paga el coyote para los jóvenes que quieran ir. También ayudan a los recién llegados a encontrar trabajo porque algunos que ya tienen tiempo allá son supervisores.
Sin embargo, eso no significa que el viaje sea fácil; la mayoría de los inmigrantes caminan por el desierto de Texas durante hasta ocho días. Cuando el padre de mi familia llegó, sus pies eran dos ampollas. Y aunque empezó a trabajar sólo dos días después, un mes más tarde sus pies seguían inflamados. Ya que están en el norte, los hombres trabajan excesivamente en condiciones dudosas con poco tiempo para descansar. Una de los asuntos que mencionaron varias personas fue el de la infidelidad. Muchas veces los hombres tienen una segunda relación romántica o hasta una segunda familia mientras están en el norte. Por el otro lado, la gente habla si una señora acepta que un hombre le lleve a Los Rodríguez para hacer los mandados mientras que su esposo está en el norte.
Otro asunto es el de los nietos. Aunque normalmente los de Peñón no pueden regresar fácilmente para visitar a sus padres y familias, si tienen hijos nacidos en los EEUU los niños sí pueden cruzar para visitar a sus abuelos. Esto significa que hay un hoyo de una generación en las relaciones familiares además en la mano de obra.
Cuando se van los hombres, sus esposas o hijas tienen que tomar sus responsabilidades en el campo y con respecto al ganado. De repente la mujer tiene un papel doble de una trabajadora del campo y ama de casa. Sin embargo, generalmente no es aceptado que la mujer trabaje fuera de la comunidad, por ejemplo en un empleo de salario en Los Rodríguez. Una señora me contó de su frustración que tiene que gastar con mucho cuidado lo que su esposo le manda de los EEUU, puesto que si ella trabajara también, podría ahorrar lo que le manda para un proyecto en el futuro y para que él regresara más rápido. El tabú contra la mujer trabajadora es diferente en familias diferentes. Parece que, por lo menos en algunas familias, la muchacha soltera sí puede trabajar. Unas muchachas trabajan en fábricas cerca de San Miguel de Allende, se suben al camión a las cinco de la mañana y regresan a las cinco de la tarde.
El problema más grande con la idea de un proyecto de una cooperativa es el de la división comunitaria. Hay miembros de esa comunidad que, aunque tienen que hacer compras en la misma tiendita, no se hablan. Tampoco hablan de los problemas que han causado esas rupturas. La única información que pude espigar fue que esas diferencias provienen de desacuerdos políticos irreconciliables (el PAN ganó el la comunidad el año pasado). “Miembros de la comunidad pertenecen a partidos políticos diferentes,” fue la respuesta que nos dieron cuando preguntamos directamente acerca de las hostilidades. Sin embargo, tengo una corazonada que dice que los problemas son más profundos y más personales.
Como otro desafío a la cooperativa, la historia de la comunidad incluye varios ntentos con la producción colectiva. Algunos de las iniciativas han sido arreglos informales entre familia, pero esos han fracasado con resultados terribles. En un caso, un hermano no satisfecho se mudó con su familia fuera de la comunidad por un conflicto acerca de la operación colectiva. Como Martín dijo, mucha gente se siente escéptica de la posibilidad de llevarse bien y resolver los problemas en un grupo. También hay preocupaciones de la división del trabajo y de las ganancias; las familias prefieren trabajar individualmente para asegurar que sean los recipientes de todas las ganancias que les pertenezcan. Martín mencionó que la envidia es un elemento que divide a los miembros de la comunidad. Sin embargo, considerando mis estudios de la globalización como estudiante del Centro, se me hace que la unión como comunidad es la única esperanza que tiene Peñón contra las fuerzas como por ejemplo, la de Usabiaga. El pirata de tierras con gusto exterminaría el estilo de vida de Peñón y fácil lo puede hacer mientras cada familia continua luchando individuamente. Pero si el pueblo pudiera lograr la estabilidad económica y especialmente la unidad de la comunidad, formarían una resistencia más sólida.
La solución más común a los problemas económicos ha sido la migración al norte. Eso provee un ingreso de capital independiente a los precios caídos del maíz y de la leche. Es un tipo de subsidio a la agricultura con un precio humano altísimo. Los jóvenes de Peñón, especialmente los muchachos, ven muy poco futuro en el rancho. Tienen la mentalidad de que la buena vida será en los EEUU. Entonces se van y el dinero que mandan permite que sigan las operaciones de agricultura y ganado. Las historias que cuentan, ya sea de un carro nuevo o del abuso de un empleador, aumentan el misterio y la atracción del norte.
Pero mientras esta situación es tal vez la única opción para la supervivencia del pueblo en este momento, a largo plazo causará su evaporación. No hay una próxima generación en el Peñón. Si no regresan los jóvenes, y los niños siguen creciendo sólo para irse, el pueblo desaparecerá dentro de cuarenta años.
Las soluciones a los problemas médicos son menos obvias y menos efectivas. Hay cortinas en las ventanas para que no entren las moscas, viene un carro cada semana o dos semanas con un altavoz anunciando un tónico mágico para curar todo desde el artritis hasta los nervios, un pozo “muy hondo para el agua potable” lejos de la contaminación…ojalá. Por lo que yo vi. mientras estaba en la comunidad, aguantaron el estiércol y otras condiciones no sanitarias, enfrentándose con los efectos a la salud en vez de evitandolos.
La cooperativa que el Centro para la Justicia Global propone para ayudar a la comunidad se enfrentaría con varios retos complicados. Sin embargo, creo que con la atención suficiente y apoyo sería posible que funcione. La mitad de la clave sería unir un grupo y formar una cooperativa exitosa que los otros miembros de la comunidad verían. Pero a la vez tendría que haber educación simultánea dirigida para crear el sentido de comunidad que carece en esta colección de familias. Los residentes que no están dispuestos a unirse al intento inicial de la cooperativa tal vez se sentirán distintos cuando vean su éxito. Pero lo importante sería asegurar que se sientan animados a unirse, en vez de sentirse celosos.
Como ya dije, siento que las rupturas en la comunidad son más profundas que diferencias políticas. Se tendría que manejar cualquier iniciativa con mucha precaución para que ninguna familia en particular se sienta excluida. Además, para disminuir las preocupaciones dejadas por los intentos anteriores de la producción cooperativa, los participantes tendrían que entender los derechos y responsabilidades legales asociados con una cooperativa oficial.
Para mí, la gran esperanza de la cooperativa sería que podría crear una fuente nueva de ingreso que proveería otra opción para los jóvenes. Por esa razón, sería maravilloso incluir desde el principio a los pocos adolescentes que quedan en Peñón. De esa manera, sentirían que el proyecto también pertenece a ellos y que no es simplemente otro proyecto de los “viejos,” significando que su único futuro queda en el norte. Una segunda esperanza, aunque puede poco probable, es que un proyecto exitoso podría hacer que la gente regrese. Un señor dijo que su hijo mayor ya no está contento en los EEUU, después empezar una familia y vivir allá muchos años. Él quisiera regresar, pero no lo hace porque no hay trabajo en Peñón. Si hubiera una cooperativa que creara trabajo, ¿regresaría?
El Peñón de los Baños es una comunidad que se enfrenta con presiones desde afuera al igual que a retos internos. Puede ser que su destino es desaparecerse, sus residentes regados por las ciudades de México y EEUU, convertidos en sólo dientes de la producción masiva. Sin embargo, la gente que yo conocí es lista y trabajadora, y no quieren perder su pueblo. Yo creo que con las herramientas correctas, tal vez brindadas por el Centro para la Justicia Global, esta comunidad podría convertirse en un ejemplo para otras comunidades ejidales que resisten a la privatización como una manera de sobrevivir.
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