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MUJERES PRODUCTORAS

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El neoliberalismo a escala global: el caso de México


Por Cliff DuRand
Septiembre 2008

[Traducción: Ida María Ayala]

La globalización neoliberal corporativa ha tenido ya tres décadas para cumplir su promesa de  elevar el nivel de vida de los pobres a un estándar de vida más humanamente aceptable. Se aseguraba que los mercados libres de restricciones a escala global liberarían la mano invisible de Adam Smith para que hiciera su magia, lo cual resultaría en mayores beneficios para la gran mayoría. Pero la dura realidad es que ha fallado de manera lamentable. En vez de soltar todos los barcos, la creciente oleada de los líderes del mercado libre ha liberado solamente los yates de los ricos a alturas sin precedentes, mientras que se hundían los botecitos de remos, que el resto de nosotros usábamos para mantenernos a flote.

Este resultado no debe ser sorprendente, excepto para aquellos cegados por la ideología neoliberal. Podría haber sido pronosticado por cualquiera que le prestara atención a la historia del capitalismo en el Siglo XX. El mercado libre de los locos años veinte fue el preludio de la década de la Gran Depresión. El colapso del capitalismo desenfrenado enseñó a esa generación que los mercados neoliberales eran autodestructivos. Tomó la guía de una nueva filosofía pública – el Liberalismo del Bienestar – para salvarse a sí mismo. La enseñanza de todo esto durante las próximas cuatro décadas fue que en vez de un estado de liberalismo económico, el capitalismo necesitaba de un estado activista que regulara las instituciones económicas, promoviera el crecimiento económico por medio de la estimulación de las actividades económicas capitalistas, y proveyera un mínimo de protección a aquellos que habían sido afectados de manera adversa por el mercado. En los Estados Unidos esto tomó la forma de la política del New Deal del Presidente Roosevelt. A su vez, una filosofía pública similar guió al Presidente Cárdenas cuando se consolidó la Revolución de 1910.

Pudo haberse pronosticado también que el neoliberalismo era un callejón sin salida, al observar la lógica de los descontrolados mercados capitalistas. Una simulación bastante aproximada podemos verla en el popular juego llamado Monopolio. Los jugadores pueden experimentar la emoción de volverse ricos, o la desesperación de la pobreza. Aunque todos los jugadores comienzan de igual forma, las reglas del juego, que reproducen la lógica del mercado, inevitablemente resultan en una desigualdad creciente hasta que uno de los jugadores se adueña de todas las propiedades en el tablero y los otros jugadores son empujados a la bancarrota. En ese momento se acaba el juego. No puede continuar porque a ninguno de los otros jugadores le ha quedado nada, y la propiedad del monopolista no es válida si no tiene una demanda efectiva de habitaciones en sus hoteles en Boardwalk o ni siquiera en la Avenida Baltic. Este resultado no se puede evitar (¿y porque había de ser evitado, si es solo un juego?) porque no hay un mecanismo por el cual los jugadores puedan alterar las reglas del juego colectivamente para mantener el juego. En el mundo real, sin embargo, debe haber procesos democráticos por los cuales nuevas leyes puedan ser acordadas que puedan mantener a todo el mundo dentro del juego, y un estado que haga cumplir dichas leyes. Tal estado activista y democráticamente receptivo viola los preceptos del neoliberalismo. Pero es lo que se requiere para que el capitalismo siga adelante. (1)

Para poder apreciar mejor los perversos efectos del neoliberalismo global, imaginemos no solamente un único juego de Monopolio (correspondiente a la economía de una sola nación, digamos que la de los EE.UU.) sino un número de juegos que están teniendo lugar en diferentes países del mundo. Llamaremos a uno Méjico, a otro El Salvador, a otro……, etc. y supongamos que uno de los juegos tiene una vasta riqueza que los otros son relativamente pobres (debido quizás a una larga historia de explotación colonialista). Entonces, siguiendo los preceptos del neoliberalismo, debe haber intercambios de mercado libre entre estos varios juegos. Es decir, los ganadores en el juego de los ricos (las corporaciones transnacionales) tienen la libertad de convertirse en jugadores en el juego de los pobres. No hace falta ser muy inteligente para imaginarse que es lo que pasaría. Los ricos serían más ricos, y los pobres serían más pobres.   Aún aquellos que habían estado ganando en los juegos de los pobres, se encontrarían en una desventaja competitiva contra los grandes jugadores  del juego de los más ricos, a menos que pudieran formar alianzas con ellos. Sin una nación estado para protegerlos, los ciudadanos de los países más pobres continuarían quedándose cada vez más relegados. Este es el resultado de la combinación de desarrollos desiguales bajo los principios neoliberales globales.

Bajo lo que ha sido llamado el Consenso Washington, la globalización neoliberal da al capital transnacional acceso sin restricciones al trabajo y los recursos naturales de los países del Sur global, abre sus economías a la franca inversión extranjera, reorienta las economías de modo tal que no satisfaga las necesidades de su propia población nacional, sino las de los mercados extranjeros.  Esto se ilustra perfectamente en el índice para 18 países Latinoamericanos que se compila cada año por Latin Business Chronicle (Crónica de Negocios Latina). Su índice de globalización está basado en seis puntos:

  • %de exportaciones de bienes y servicios en el PNB
  • % de importaciones de bienes y servicios en el PNB
  • % del FDI en el PNB
  • % de ingresos por el turismo en el PNB
  • % de remesas en el PNB
  • Penetración de Internet

Según estas mediciones, un país estaría completamente globalizado si exportara todo lo que produce, e importara todo lo que consume, y toda su economía estuviera en manos de inversionistas extranjeros, y recibiera todos sus ingresos del turismo y de las remesas enviadas al país por aquellos que emigraron. El único aspecto que sus ciudadanos considerarían un plus es el sexto aspecto – acceso total a la Internet. Cabría preguntarse por qué se estima que  la gran mayoría de la población de muchos países está en contra de la globalización. Quieren una economía nacional que los beneficie, y una nación estado que proteja sus intereses como ciudadanos.

 

Méjico bajo el T LC

Para percibir concretamente los efectos de la globalización neoliberal, sólo debemos observar a Méjico. Su proximidad a los EE.UU.  y su temprana adopción del neoliberalismo bajo la capa del TLC en 1994, hacen de Méjico un laboratorio ideal en el cual los efectos de esas políticas pueden ser observadas fácilmente. Lejos de llevar a su país al Primer Mundo (como fue prometido por Carlos Salinas, bajo cuya presidencia se negoció el TLC), el mercado libre ha empobrecido aún más a la mayoría de la población mientras que una pequeña élite se enriquece más (entre ellos, Carlos Slim, en estos momentos el hombre más rico del mundo).

Desde la década del 1930, el desarrollo de la economía mexicana había estado protegido por políticas de industrialización para la sustitución de importaciones (ISI, siglas en inglés). Siguiendo el ejemplo de los países  industrializados del Norte, que habían protegido el capital nacional frente a la competencia extranjera,  el estado mejicano igualmente favoreció el desarrollo de su propia industria naciente con tarifas protectoras y límites a la propiedad extranjera. También trató de asegurar un nivel mínimo de bienestar para su población, a través de subsidios agrícolas y bajos precios para la canasta básica, suministro público para los servicios sociales, etc. 

Bajo el TLC, y quizás antes de esto, Méjico cambió radicalmente su postura al volverse hacia el desarrollo orientado a las exportaciones (EOD, en inglés). Ahora 40 % de lo que Méjico produce se exporta, y de esto, 80% va al mercado más cercano, los EE.UU. Por otra parte, mientras que en 1960 Méjico era casi autosuficiente en cuanto a alimentos, ahora el 40% de los alimentos se importan (2). Como resultado, el país ha subido en el índice de globalización.   

La industrialización ha estado enfocada en alto grado en la expansión del sector de las maquiladoras. Estas plataformas de producción en el exterior (“off-shore”) para las corporaciones transnacionales se han extendido de la región fronteriza hacia el interior de Méjico.  Aprovechando la abundante mano de obra barata del país, y utilizando componentes importados, las maquiladoras ensamblan mercancías para mercados extranjeros (principalmente de EE.UU.) libre de impuestos. Ellas representan un 80% de las exportaciones de Méjico, aunque por derecho deberían contarse como transferencias internas más que exportaciones reales. Pero lo único mexicano en su producción es la mano de obra.

Una de las reformas orientadas hacia el mercado más significativas bajo el TLC ha sido la privatización de las tierras de los ejidos. Los ejidos son tierras de propiedad comunitaria, las cuales estaban garantizadas por la constitución de 1917. Para los campesinos esto fue el logro supremo del grito revolucionario de “tierra y libertad”. Sin embargo, como condición de entrada al TLC, Méjico tuvo que hacer una enmienda al Artículo 27 de la Constitución, y así terminó con la reforma de la tierra y permitió la división de las tierras de los ejidos en propiedad privada, lo cual significaba que podían ser vendidas. (3) Para asegurarse de esto, el estado retiró su apoyo a la agricultura menor. Los subsidios agrícolas bajaron de $2 millares de millones en el 1994 a $500 millones en el 2000. Del 1990 al 1994, los campesinos recibieron 33.2% de sus ingresos del gobierno.

Del 1995 al 2001, esto cayó a un 13.2%. Al mismo tiempo, el maíz se importaba de los Estados Unidos libre de impuestos en cantidades cada vez mayores, el cual era más barato para los consumidores (porque era subsidiado por los contribuyentes en los EE.UU.) que el maíz que se cosecha en Méjico.  Estas condiciones forzaron a aproximadamente a 2 millones de campesinos fuera de sus tierras en la primera década del TLC, aumentando el suministro de mano de obra barata. Se espera que otros 1.4 millones de campesinos sean impactados por la supresión de los últimos impuestos sobre el maíz  y el frijol importados a partir del 1 de enero del 2008.

El impacto de estas políticas neoliberales ha sido devastador para millones y millones de mexicanos comunes. Esto es especialmente así para los campesinos, que hacían el 40% de la población 25 años atrás, pero que ahora es sólo el 30%. Ha habido una migración masiva hacia las áreas urbanas, y como es bien conocido, hacia los EE.UU. Esta historia es claramente evidente por estos datos que presentan los medios: cada hora Méjico recibe $1.5 millones por importaciones de alimentos; ¡en esa misma hora, 30 campesinos se van a los EE.UU.! (4)  

Como resultado, 16% de la fuerza de trabajo mejicana se encuentra ahora en los EE.UU. – una enorme pérdida para la economía de la nación, a pesar de los $23.98 millares de millones que enviaron a sus familias en el país en el 2007. (5) Estas remesas hacen un total mayor que las inversiones directas extranjeras (FDI, en inglés) en el país ($32.23 millares de millones en 2007).

Esta migración masiva se debe en gran parte a la falta de suficientes  empleos en Méjico. Típicamente, el 71% de los nuevos trabajadores que entran en la fuerza de trabajo cada año no puede encontrar trabajo en el sector formal. Si no emigran, a duras penas se ganan la vida en el sector informal, lo cual actualmente explica el 28% de desempleo. Pueden trabajar como vendedores ambulantes, o en comercios familiares, o encontrar un empleo ocasional no oficial, en la construcción, o como jardineros o sirvientas. A pesar de las largas horas de trabajo, la pequeña burguesía auto empleada en pequeña escala gana 2.5 veces el salario mínimo de 50 pesos al día. Son necesarios cuatro salarios mínimos para llegar al nivel de pobreza.

Como fácilmente se puede ver, el subempleo y el desempleo son endémicos. Oficialmente, el desempleo se encuentra a menos del 4%. Pero las estadísticas oficiales no reflejan la realidad, puesto que una persona se cuenta como empleada aunque trabaje sólo una hora por semana. Aún si se acepta esta definición mínima de desempleo, a lo anterior se debe añadir el 16% de la fuerza de trabajo que se encuentra en los EE.UU., y es evidente que la economía no puede emplear al menos el 20% de sus trabajadores.

La pobreza es generalizada, aunque los estimados varían ampliamente. Pero hay un consenso general que entre el 47% y 67% de familias se encuentran en la pobreza. La pobreza rural esta entre el 58% y el 76%, de acuerdo con el economista mexicano Enrique Dussell Peters. El estimado del Banco Mundial es de 73%. Al mismo tiempo ha habido una concentración de riqueza en manos de unos pocos – igual que en el juego de Monopolio. En julio del 2007 Carlos Slim se convirtió en el hombre más rico del mundo, con una fortuna de $67.8 millares de millones, superando la mísera fortuna de $59 millares de millones de Bill Gates. Siendo el multimillonario más conocido en el país, las compañías de Slim representan el 40% del valor total del índice bursátil de la Bolsa de Méjico. Méjico tiene actualmente más multimillonarios per cápita que en cualquier otro lugar del mundo.

Aunque la desigualdad de los ingresos ha aumentado, la economía mexicana no ha crecido. Antes del TLC, la economía mexicana crecía a un ritmo de 5% anualmente entre 1960 y 1980. (7) Bajo las políticas neoliberales, esa tasa de crecimiento cayó a un 2.3% anualmente del 1980 al 2004. Este es un caso con resultados pésimos, en contraste con China, donde la desigualdad en los ingresos ha incrementado, pero donde la economía en su totalidad ha crecido también.

El desarrollo industrial ha sido lento en el mejor caso. Bajo el desarrollo orientado a las exportaciones (EOD), se esperaba que las maquiladoras fueran el sector más importante en el crecimiento económico. Pero como las maquiladoras son básicamente lo que he llamado plataformas de producción en el exterior para las transnacionales estadounidenses, les faltan los vínculos  que podrían estimular el desarrollo secundario de otras firmas. No se apoyan en aportaciones nacionales, ni producen para mercados nacionales: pertenecen a la economía global.  (8) Su contribución principal a la economía mexicana es los salarios que le pagan a sus trabajadores. Pero de los 4 millones de firmas en Méjico, sólo 3,500 dan cuenta del 87% de las exportaciones. ¡Y emplean  sólo el 5% de la fuerza de trabajo! La inversión extranjera directa (FDI) ha socavado el desarrollo endógeno en vez de contribuir con este. (9)

En resumen, lo que encontramos en Méjico bajo el TLC es un caso clásico de desarrollo dependiente. Este desarrollo continua el patrón de desarrollo combinado y desigual que ha afectado al Sur global por siglos. Es lo que el economista Andre Gunder Frank llamó “el desarrollo del subdesarrollo”. (10) El subdesarrollo, (diferente a no-desarrollo) es  un proceso por el cual un país se desarrolla (económicamente, culturalmente, etc.) como un apéndice dependiente del beneficio de un país núcleo. En la era del colonialismo, esto definía la relación entre la colonia y la metrópolis. En la era post-independencia del neocolonialismo, esto definió la relación entre el Tercer Mundo agrícola y el Primer Mundo industrializado.  Actualmente, en la era de la globalización, no son ni siquiera las naciones núcleo del Norte las que se benefician de la explotación de las naciones del Sur. Son las corporaciones  transnacionales que se están liberando de las naciones-estado que les dieron vida. Estas corporaciones ahora deambulan por el mundo, moviéndose libremente de un juego de Monopolio a otro (11), utilizando su riqueza para extraer más riqueza de los otros jugadores que se encuentra. Es el meta-juego de Monopolio que se está jugando ahora a escala global.
                                          Marzo 2008

                                                                    

 Notas

  1. para una discussion más amplia de estos puntos, cf.  mi artículo “Neoliberalismo y globalización”  en http://www.globaljusticecenter.org/ponencias/durand2_esp.htm
  2. David Barkin, “The End of Food Self-sufficiency” Distorted Development: Mexico in the World Economy.  (Westview Press, 1990).
  3.  María Teresa Vázquez Castillo, Land Privatization in Mexico: Urbanization, Formation of Regions, and Globalization in Ejidos.  (Routledge )
  4.  Laura Carlsen, “NAFTA Free Trade Myths Lead to Farm Failure in Mexico” Americas Program, Center for International Policy, December 5, 2007 http://americas.irc-online:80/am/4794
  5. Mike Nizza, “Money Sent Home by Mexicans Almost Stagnant in 2007” New York Times, January 31, 2008
  6. Enrique Dussell Peters, Polarizing Mexico: The Impact of Liberalization Strategy. (Lynne Rienner )
  7. El desarrollo tuvo un promedio de 1% si también incluimos los años anteriores hasta 1935. a pesar del brusco aumento de la población, el PIB per capita se incrementó en un impresionante  348% del 1835 al 1982.
  8. hasta que Carlos Salinas llegó a la presidencia en 1982, las “exportaciones” de las maquiladoras no se contaban en las cifras oficiales de comercio. Pero entonces Salinas las mezcló con el resto y por un plumazo estadístico hubo un gran auge en las exportaciones mexicanas.
  9.  Lyuba Zarsky and Kevin P. Gallagher, “NAFTA, Foreign Direct Investment, and Sustainable Industrial Development in Mexico” Americas Program, Center for International Policy, January 28, 2004.  http://americas.irc-online.org
  10. Andre Gunder Frank, Latin America: Underdevelopment or Revolution.  (Monthly Review Press, 1969).  Esta obra dio lugar a la dominante Teoría de la Dependencia representada por W.W. Rostow, The Stages of Economic Growth: A Non-Communist Manifesto.  (Cambridge University Press, 1969).
  11.  Por ejemplo, con el TLC llegó un significativo movimiento de capital de los EE.UU. hacia Méjico, donde los salarios eran el 11% del nivel de los EE.UU. Pero cuando China entró en la OMC, el capital hiper-móvil saltó entonces hacia este nuevo juego donde los salarios eran sólo de 3 a 4% del nivel de los EE.UU.. resultando en un descenso para las maquiladoras mexicanas.