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Una Estrategia para Crear
Nuevos Beneficiarios del Comerico Mundial
David Barkin
Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco,
México
barkin@correo.xoc.uam.mx
RESUMEN
El comercio internacional es un proceso discriminatorio,
que acentúa la polarización dentro de y entre las naciones.
Después de examinar la forma en la cual la integración
en las Américas intensifica estos problemas, este artículo
describe un marco alternativo para la inserción productiva de
grupos importantes de comunidades en la economía global. La estrategia
para el manejo sustentable de los recursos regionales busca, de manera
explícita, superar la marginación rural, contribuyendo
a reducir la fuerza de los agentes causales de los conflictos sociales.
La estrategia incluye actividades para fortalecer tres columnas fundamentales:
autonomía, autosuficiencia, y diversificación productiva.
Entre las actividades incluidas en esas estrategias están el
manejo del ecosistema, el incremento de la producción regional
con respecto a las necesidades básicas y la diversificación
productiva, creando oportunidades para la participación en el
mercado mundial bajo condiciones más ventajosas.
1) Las dinámicas del comercio internacional y la integración
económica
El comercio internacional es un mecanismo para el intercambio discriminatorio
entre socios desiguales. Esta afirmación heterodoxa no es necesariamente
la conclusión de un análisis marxista de a la economía
global. Prebisch (1959) presentó un análisis persuasivo
sobre el funcionamiento de la economía internacional hace casi
medio siglo, mostrando evidencia de que la evolución de los precios
en los mercados creaba una estructura envolvente de precios relativos
que castigaba a países en el Sur, en comparación con sus
socios comerciales más ricos.
Sin detenernos en los detalles del análisis, basta señalar
que Prebisch destaca una serie de factores importantes, inherentes al
funcionamiento de la sociedad, para explicar los resultados cuantitativos
que ofrece tanto en sus propios artículos como en los de la Comisión
Económica para la América Latina (CEPAL), donde él
tuvo un liderazgo intelectual durante muchos años como Secretario
Ejecutivo. Dentro de estos factores, él incluyó: 1) La
evolución de las estructuras de mercado, que castigaron la menor
elasticidad de la oferta de productos agrícolas y materias primas,
cuya exportación era generalmente controlada por capital extranjero,
en comparación con las mayores elasticidades de los bienes manufacturados
en los países del norte; 2) tecnologías cambiantes y productividad
creciente que causaba que los bienes manufacturados pudieran producirse
con menos mano de obra y menores insumos de energía y materiales;
3) la operación de la Ley de Engel que establece que la demanda
de necesidades básicas será mucho menos elástica
en términos de los ingresos que la demanda de los productos manufacturados,
y en especial de los servicios, exacerbando las tendencias desfavorables
en la evolución de los precios, incluso si los mercados fueran
perfectamente competitivos.
Aunque la economía como profesión ha dedicado
esfuerzos considerables para desacreditar este análisis y, en
general, el trabajo original en la CEPAL, muchos economistas encuentran
que los países en desarrollo todavía enfrentan términos
de intercambio desfavorables. De hecho, incluso ahora, cuando la plataforma
de producción para la exportación se ha expandido en casi
todos los países del tercer mundo, podría argüirse
que los términos desfavorables son aún más presentes;
ya no es simplemente una cuestión de la evolución de los
precios de las materias primas y los bienes primarios. Ahora, conforme
la maquila de bienes de consumo en el extranjero se expande rápidamente,
creando nuevos grupos sociales dentro de la fuerza laboral, el deterioro
general de los salarios reales acentúa el movimiento desfavorable
en los términos comerciales, presionando que las naciones adopten
programas de devaluaciones y reducciones en el salario mínimo
con el fin de atraer a la inversión extranjera. El resultado
es que la muy aclamada diversificación económica y la
modernización que acompaña a la integración económica
internacional, en realidad han ampliado el horizonte en que funciona
el deterioro de los términos de intercambio.
Los problemas del comercio internacional tienen, sin embargo,
un mayor alcance que los efectos de los precios señalados en
los análisis de la CEPAL. La economía internacional penetra
en todos los aspectos de la vida social. Su creciente influencia en
comunidades aparentemente independientes y aisladas es poco entendida
en los análisis que tratan sobre el cambio rural y es virtualmente
inexistente en las discusiones sobre sustentabilidad. No obstante, la
expansión internacional ha transformado las sociedades locales
en economías duales; un fenómeno global que está
creando, de manera sistemática, estructuras que polarizan las
regiones y aceleran procesos que amenazan el bienestar social y el medio
ambiente.
Durante siglos, la expansión del mercado mundial
ha dejado su huella en las sociedades locales y en los ecosistemas (Wolf,
1982). Olas interminables de auge y crisis caracterizan este proceso
en Latinoamérica y en todo el Tercer Mundo. Muchos de los primeros
productores y comerciantes que introdujeron cultivos y crearon nuevos
mercados para los productos en boga se volvieron inmensamente ricos.
Atraídos por promesas de vastos mercados y enriquecimiento personal,
olas sucesivas de productores han imitado los éxitos iniciales
plantando algodón, granos, frutas tropicales, café, chile
e innumerables cultivos, pero en menor escala y con menos recursos que
sus predecesores. Conforme avanzó el proceso, fue mayor el número
de personas que fracasaron en sus intentos de producir y comercializar
productos con rentabilidad.
En muchos países del tercer mundo, las presiones
externas y las políticas nacionales han obstaculizado que los
campesinos de las comunidades pobres sigan cultivando los productos
que cubren sus necesidades básicas. Los efectos de este proceso
han sido devastadores: una productividad baja y el deterioro de las
condiciones ambientales hacen difícil la competencia de los trabajadores
y campesinos con los productores externos que tienen mejor financiamiento,
cuentan con apoyo institucional para capacitar a los trabajadores, tienen
acceso inmediato a los avances tecnológicos y pueden depender
de sistemas integrales de mercadeo para distribuir sus productos. El
resultado es que en el mundo subdesarrollado se importan alimentos y
las familias rurales se empobrecen, (Barkin, Batt y DeWalt 1990). La
pérdida de la autosuficiencia alimentaria magnifica el impacto
que tiene la competencia internacional, ejerciendo presión para
que muchas personas emigren a otros países en busca de un ingreso
suficiente para comprar comida. Para aquellos que permanecen en sus
países, la tarea de mantener los cada vez más frágiles
ecosistemas, a los cuales han sido relegados, resulta una empresa avasalladora,
que se complica por tener un acceso restringido al crédito, y
carecer de asistencia tecnológica y acceso a los insumos productivos.
En sentido contrario, los productores contratados por
los agronegocios ocupan las mejores tierras, sembrando productos de
exportación y transformando las llanuras en pastizales. Esta
tendencia usualmente es celebrada en los círculos de la comunidad
financiera internacional, lo cual es una reflexión del éxito
en los esfuerzos para persuadir o coaccionar a los gobiernos alrededor
del mundo a que reestructuren la producción y se beneficien de
las ganancias de la especialización en el comercio mundial. Este
nuevo orden es particularmente evidente en varios movimientos para crear
grupos comerciales regionales, lo cual refleja los cambios que están
afectando a las economías nacionales. Los productores locales
alrededor del mundo se encuentran amenazados por la disciplina impuesta
por el fantasma de las importaciones.
Las corporaciones transnacionales florecen en este nuevo
régimen. Su desplazamiento hacia el sur es parte de una estrategia
global para explotar materias primas abundantes, bajos costos de producción,
y garantizar su acceso a mercados emergentes. Aunque las corporaciones
transnacionales crean nuevos empleos, rara vez son éstos suficientes
para contrabalancear el desplazamiento masivo de personas de las industrias
tradicionales y de las tareas rurales. En casi toda Latinoamérica,
el ajuste económico nacional, de tipo estructural, redujo el
empleo o movilizó a las personas a empleos precarios con bajos
ingresos, con una pérdida generalizada en los niveles de vida
y una disminución de los indicadores de bienestar social. El
resultado es la transformación profunda y rápida de estas
sociedades hacia sistemas especializados de producción y en centros
de abastecimiento de materias primas y de maquila.
Estas tendencias son comunes a todos los productores del
sector primario. Los campesinos están siendo inducidos a abandonar
sus cultivos básicos por la producción para exportación.
Las zonas pesqueras nacionales y la pesca a mar abierto tienen problemas
de sobreexplotación, mientras que los manglares son destruidos
y los ecosistemas costeros se encuentran amenazados por la contaminación
proveniente de la intensa acuacultura; la demanda comercial lleva a
los gobiernos a transferir los derechos de pesca pertenecientes a las
comunidades tradicionales (McGinn 1999). Los leñadores enfrentan
la competencia de los productos importados de madera, y son forzados
a intensificar la tala, aun estando conscientes de que están
excediendo la capacidad de las regiones para soportar nuevos niveles
de extracción (Place 1993).
Los productores industriales pequeños y medianos,
como los campesinos y las comunidades indígenas, son incapaces
de competir en sus mercados locales con productos similares, importados
de otras partes del mundo. Los productores que se han transformado en
comerciantes, han encontrado que es más fácil y más
rentable importar bienes de consumo básico del mercado global
que establecer instalaciones industriales competitivas y modernas. Los
obstáculos que enfrentan van desde una información y asesoría
tecnológica inadecuada hasta créditos costosos y limitados,
y graves trabas burocráticas.
El movimiento hacia el libre comercio internacional fue
simultáneo a un proceso de integración regional. Los mecanismos
del mercado, distorsionados por varias formas de corrupción,
remplazaron a los concejos burocráticos, permitiendo mayor libertad
al capital, y cediendo las decisiones de inversión a los grupos
empresariales. La competencia entre grupos financieros surgió
conforme éstas aprovecharon las oportunidades ofrecidas por la
economía internacional para crear nuevas industrias y modernizar
las viejas, para traer nuevas tecnologías, para resolver viejos
problemas, y reposicionar a la sociedad y a la gente para confrontar
los retos de la competencia internacional. La banca multilateral de
desarrollo empezó a financiar los cambios institucionales y productivos
necesarios para impulsar a docenas de países al mercado mundial,
y abrir servicios locales antes protegidos como el agua potable y los
sistemas de salud y de pensiones a la inversión internacional.
Este nuevo enfoque de manejo de la economía internacional creó
las condiciones para que los productores privados (usualmente corporaciones
extranjeras) se beneficiaran generosamente atendiendo las demandas del
mercado internacional y de un nuevo grupo de consumidores locales prósperos
que son los principales beneficiarios de la nueva estrategia. Los programas
para financiar la deuda, y los programas de ajuste estructural y los
concejos monetarios, fueron sólo algunas de las recetas políticas
prescritas para los gobiernos en el Sur. El fortalecimiento de los mercados
locales de capital (especialmente para comercializar acciones) fue también
una prioridad, abriendo otra vía de vulnerabilidad, en la medida
en que los movimientos especulativos de capital podían influir
ahora de manera inmediata en las decisiones de producción. Latinoamérica
sintió rápidamente los efectos desestabilizadores de los
movimientos de capital: los financieros internacionales impusieron severas
restricciones a la capacidad de los gobiernos nacionales de promover
el desarrollo sustentable amplio y extrajeron costos particularmente
altos de los trabajadores y los campesinos.
Para México, que optó por un acuerdo de
libre comercio con EUA y Canadá, el TLCAN implicó grandes
cambios institucionales y transformaciones profundas en su estructura
productiva. Sólo ahora, años después de su entrada
en vigor, apreciamos mejor el impacto de estas modificaciones. Tal vez
lo más comentado en su momento fue la enmienda constitucional
que, en esencia, terminó con la reforma agraria: en aras de crear
un mercado de la tierra rural y modernizar la agricultura, se modificó
el Art. 27, para que los agricultores pudieran vender sus parcelas.
También se implementaron programas de privatización, y
antes de la apertura del Tratado, el sector público iba muy adelantado
en el camino de desprenderse de varios de sus bienes productivos más
valiosos, entre ellos el sistema bancario (que había sido nacionalizado
en 1982), los ferrocarriles, la industria azucarera y los teléfonos;
la infraestructura pública se subastó a concesionarios
privados, incluidos los puertos, los aeropuertos y el nuevo sistema
de carreteras. Se abrogaron las restricciones a la inversión
extranjera, abriendo paso a la entrada de nuevos inversionistas en los
sectores financieros y en otras actividades productivas.
Sin entrar en detalles, cada aspecto de este proceso ha estado plagado
de problemas: muchas concesiones quedaron en bancarrota y tuvieron que
ser recuperadas por el Estado, mientras que otras requirieron subsidios
adicionales. Revelaciones sobre favoritismo y corrupción abierta
han sido ampliamente divulgadas, y muchas demandas legales de competidores
internacionales contra las autoridades reguladoras en México,
por preferencias hacia los ciudadanos nacionales, violando los acuerdos
internacionales, están todavía en litigio.
Para los mexicanos, sin embargo, los cambios de mayor
alcance estaban en el desmantelamiento indiscriminado de la estructura
productiva tradicional y su reorientación hacia los mercados
de exportación. Después de décadas de la política
de substitución de importaciones, las autoridades se embarcaron
en una apertura acelerada de la economía hacia el mercado y la
inversión internacionales. Literalmente, decenas de miles de
pequeñas empresas se vieron forzadas a cerrar porque eran incapaces
de enfrentar las presiones competitivas y no eran candidatas para el
reajuste financiero que el gobierno ofreció a los participantes
más fuertes. En la década posterior a la crisis de 1982,
alrededor de 1.9 millones de personas perdieron su trabajo en las pequeñas
empresas, mientras un millón de trabajos fueron creados en los
nuevos sectores de manufactura dinámica: la maquila (operaciones
de ensamblaje para la exportación) y la industria automotriz.
(Los intentos de estimular las industrias electrónica y farmacéutica
del país fracasaron.) En el cambio de siglo, estas dos industrias
emplearon alrededor de 1.7 millones de personas. Este cambio no sólo
causó una reestructuración del sector productivo, sino
también un cambio profundo en las relaciones de México
con la economía global; a diferencia de las empresas que cerraron,
estas plantas estaban íntimamente vinculadas al mercado internacional,
y su funcionamiento dependía de la importación de partes
y tecnología, además, están organizadas con una
administración muy estrecha y cuentan con redes de infraestructura
para su correcto funcionamiento. Así, la reducción de
la demanda interindustrial dentro del país redujo los efectos
locales (el efecto multiplicador) del crecimiento productivo. Un efecto
adicional de este proceso fue reubicar el locus dinámico del
crecimiento económico fuera de la meseta central del país,
alrededor de la Ciudad de México, hacia los territorios semiáridos
del norte, cercanos a la frontera con los EUA, los cuales eran, históricamente,
los menos poblados. Esta transferencia geográfica ha tenido repercusiones
enormes en varios aspectos de la vida, que van desde la ilegalidad asociada
con el narcotráfico en varios segmentos de la sociedad hasta
la sobreexplotación de los acuíferos y la proliferación
de los problemas ambientales. Quizá lo más significativo
es el impacto que este cambio ha tenido en la estructura social de otras
partes del país, ya que la nueva fuerza laboral tiene que ser
reclutada en comunidades del centro y sur; esta emigración interna
ocurre como una repuesta a las nuevas oportunidades de empleo, pero
deja despobladas a muchas comunidades.
La cambiante estructura social y económica había
estado acompañada de un deterioro significativo en los estándares
de vida de la mayoría de los mexicanos. Aún antes del
comienzo de la integración económica internacional, con
el anuncio del descubrimiento de vastas reservas de petróleo,
los salarios reales bajaron por una serie de políticas draconianas
que revirtieron los aumentos de ingreso laboral obtenidos durante casi
medio siglo del milagro mexicano que logró tasas de crecimiento
económico de cerca del seis por ciento por año. Hoy, más
un cuarto de siglo después del comienzo de la primera de muchos
momentos de inestabilidad económica, el salario mínimo
es 75 por ciento menor de su valor en su cenit en 1976. Aunque la tasa
de desempleo es de las más bajas en el mundo (debido, en gran
medida, a la forma en que es calculada, y a la carencia de cualquier
programa de apoyo por parte del sector público) la pobreza se
ha expandido. Hay un debate sobre si afecta 50 o 75% de la población.
2) EL CAMINO ALTERNATIVO
Dada esta evolución en la sociedad mexicana, no es extraño
que un gran número de personas esté buscando estrategias
alternativas para la supervivencia familiar. El levantamiento zapatista
en enero de 1994, simultáneo al establecimiento del TLCAN, fue
una declaración abrupta de los temores que muchas personas tenían
por su grave situación. Las demandas del pequeño grupo
de indígenas de Chiapas, que tan efectivamente lograron tener
eco en el escenario mundial, no eran particularmente radicales en el
contexto de la historia mexicana: de hecho, los zapatistas demandaban
los mismos beneficios y privilegios que otros segmentos de la sociedad
habían adquirido en cierta medida durante los más de 70
años de historia posrevolucionaria, el derecho a tener títulos
de propiedad de sus tierras, cierto grado de autogobierno y autonomía
cultural dentro de las normas de la convivencia nacional, y la habilidad
de implementar un programa local de sobrevivencia y reconstrucción
económica (Collier 1994; Harvey, 1998).
Después de la insurrección de los zapatistas,
se creo una nueva organización -el Congreso Nacional Indígena
(CNI)- para dar voz a las demandas de las poblaciones indígenas.
Su demanda fundamental es la autonomía, una palabra que ha adquirido
gran complejidad porque las partes en conflicto (grupos indígenas
y el gobierno) confieren a esta palabra significados diferentes. Brevemente,
y en la voz del CNI, la autonomía es una demanda por el derecho
de autogobernarse y tener la integridad cultural, para reafirmar las
diferencias entre las personas, pero siempre dentro del contexto de
la nación a la cual pertenecen. El gobierno, haciendo suyos los
temores de las elites dominantes en Chiapas, sus intereses militares
y comerciales, insiste en que no puede permitir los movimientos separatistas
porque fragmentan la médula creadora de la cultura nacional que
ha sido construida cuidadosamente durante más de 80 años.
En los márgenes de esta disputa, pero siendo buena
parte de la misma, segmentos importantes de la sociedad mexicana han
buscado cautelosamente formas para forjar sus propias estrategias. Estas
estrategias no son simplemente las complejas maquinaciones de familias
que buscan una salida frente a la baja de los salarios y a la situación
de deterioro en el empleo. Más bien son las manifestaciones concretas
del reconocimiento de que el sendero principal de búsqueda de
un empleo proletario ya no es viable y que un retorno a las formas tradicionales
de cooperación, organizadas alrededor de mecanismos para el manejo
del ecosistema podría ofrecer una seguridad mayor y una mejor
calidad de vida. La evidencia a favor de esta interpretación
abunda, una vez que cambiamos el marco de referencia y nos preguntamos
las razones por las cuales millones de mexicanos emigran temporalmente
para encontrar trabajo en otra parte de México o en los EUA,
mandando miles de millones de dólares hacia sus lugares de origen;
dinero que se requiere para la mera subsistencia de sus familias, pero
que también es esencial para consolidar las organizaciones comunitarias
y el control local sobre los recursos productivos y los ecosistemas.
La gente está encontrando formas de fortalecer sus comunidades
para asegurarse que sus familias puedan permanecer en las áreas
rurales, no sólo como unidades nucleares, sino como parte de
comunidades dinámicas que buscan una nueva relación en
sus regiones y con la nación a la cual desean seguir perteneciendo.
En vez de abandonar sus comunidades e ir a ciudades en crecimiento,
como lo hicieron las generaciones precedentes, ahora la población
rural mexicana está asumiendo la responsabilidad de construir
alternativas viables desde su casa.
En vista de la adversidad generada por las políticas
macroeconómicas de integración internacional, están
emergiendo nuevos enfoques en todo México. A pesar de un espectro
de políticas que desalientan el regreso al campo y que hacen
que la siembra continua de la milpa no sea rentable, la producción
campesina de alimentos básicos sigue siendo importante, y la
búsqueda de nuevas actividades productivas está contribuyendo
a una diversidad, cada vez más creciente, de productos y oportunidades.
En un ambiente en el que las organizaciones locales e incluso las tradiciones
culturales enfrentan ataques políticos o se encuentran amenazadas
por la expansión del mercado global, es sorprendente percibir
una nueva vitalidad en estas regiones, un nuevo compromiso para defender
y fortalecer sus instituciones y sistemas de producción.
El resultado de este proceso es que a pesar de su carencia
de racionalidad productiva, las sociedades campesinas e indígenas
siguen existiendo y producen muchos de sus productos tradicionales,
principalmente para el consumo local, y reproduciendo sus propias estructuras
sociales. Aunque el censo reporta una población rural de 22 millones
de personas, basado en una definición anticuada de comunidades
con menos de 2,500 habitantes, considero que existen por lo menos 30
millones de personas viviendo y trabajando en el campo. Por consiguiente,
es evidente que el paisaje rural mexicano se encuentra poblado por grupos
comprometidos a defender y fortalecer sus tradiciones, en un mundo que
exige una creatividad activa y creciente para asegurar la mera sobrevivencia.
La revisión de diversas experiencias nos ha guiado para identificar
los tres principios fundamentales que las diversas estrategias, adoptadas
por estas comunidades, tienen en común:
1) Autonomía,
2) Autosuficiencia,
3) Diversificación productiva
Ellas no sólo incluyen actividades culturales y
productivas, también son nuevas formas de organización
social consistentes con la necesidad de un auto-gobierno local, así
como la habilidad para negociar con autoridades regionales y nacionales.
Esta es la esencia de la nueva ruralidad.
LA DIVERSIFICACIÓN PRODUCTIVA
Hoy es evidente la nueva dirección que tiene el activismo rural.
Las estrategias tradicionales para la organización y la producción
local ya no son suficientes para asegurar el bienestar de las comunidades
rurales. Las demandas revolucionarias por obtener más tierras
caen en oídos sordos. Aunque los patrones históricos de
cultivo no son redituables, las personas continúan sembrando
variedades locales porque tienen mejor sabor y son una parte esencial
de sus prácticas culturales. Pero deben encontrarse nuevas actividades
que generen ingreso suficiente para que las personas tengan una mejor
calidad de vida. En las páginas subsecuentes expondré
algunas de las formas con las que las comunidades indígenas están
enfrentando los desafíos para mantener la tradición, mientras
realizan la diversificación productiva. Aunque la emigración
por un empleo de poca duración (que por lo general dura varios
años) es una parte integral de estas estrategias, y con frecuencia
está guiada por instituciones comunitarias de cooperación
y responsabilidad, me concentraré en las actividades que se generan
por procesos locales en la toma de decisiones.
Los ejemplos siguientes ilustran una variedad de aproximaciones
adoptadas por personas que fueron afectadas directamente por la integración
regional, ya sea porque las fuerzas globales están operando en
sus regiones o porque han reaccionado buscando formas de reforzar sus
tradiciones culturales. En el Istmo de Tehuantepec, por ejemplo, hay
proyectos alternativos en marcha, en la medida en que las comunidades
locales buscan protegerse de los intentos oficiales que quieren transformar
la región en un corredor de transporte interoceánico y
en un nuevo lugar para la maquila.
Aunque no son parte de un programa integral de desarrollo regional,
estos esfuerzos reflejan un compromiso inarticulado para moldear un
futuro alternativo para la región, creando oportunidades para
que cada comunidad determine cómo su experiencia, tradiciones
y el conocimiento de su reserva ecológica pueden contribuir a
diversificar la producción.
Similarmente, en la parte central de México, las comunidades
han sido afectadas profundamente por el proceso de integración:
históricamente, los envíos de dinero de los emigrantes
han sido un factor importante en contra de su integración total
a la fuerza proletaria laboral. Ahora buscan nuevas avenidas en las
que puedan diversificar la producción y consolidar las organizaciones
regionales.
LA RESERVA CAMPESINA DE LA BIOSFERA EN LOS CHIMALAPAS
El bosque tropical de Los Chimalapas tiene alrededor de 600 000 ha en
la parte sur de Oaxaca, colindando con Chiapas. En décadas recientes,
la región ha sido objeto de numerosos intentos por implementar
programas de desarrollo para aprovechar la abundancia de agua y de recursos
forestales. A finales de los ochenta, la comunidad científica
mexicana propuso crear una reserva UNESCO de la biosfera manejada profesionalmente,
con el fin de proteger el área de la degradación continua.
En respuesta, la comunidad indígena Zoque que habita el área
desde antes de la conquista española, propuso la alternativa
de permitirles manejar la reserva, canalizando los recursos al sustento
de la comunidad y asumiendo la responsabilidad de su propio entrenamiento
profesional, para capacitarse para colaborar con extranjeros que quisieran
realizar investigación y apoyar programas de conservación.
Numerosos grupos se opusieron a esta propuesta, ya que cada uno promovía
su propio programa: desarrollo de la ganadería, agricultura de
exportación, explotación forestal, así como preocupados
porque esta pro puesta podría dar independencia política
de los caciques (autonomía) a los 25,000 miembros de la comunidad
local. Muchos empezaron a implementar sus propuestas, deforestando de
manera ilegal las tierras comunales para su propio beneficio. Se instrumentaron
programas oficiales para tratar de neutralizar la estrategia indígena
y dividir a la comunidad.
En este callejón sin salida, partes importantes
de la comunidad Zoque, con el apoyo político de grupos ambientalistas
nacionales y la asistencia financiera del gobierno inglés
empezaron a implementar su proyecto, que es un programa de conservación
administrado por los campesinos. Miembros de la comunidad fueron seleccionados
para entrenarse como biólogos en la Universidad Nacional y en
el manejo de recursos forestales e hidráulicos en escuelas regionales
técnicas. Las comunidades han iniciado programas de investigación
en colaboración con profesionales y estudiosos de numerosas organizaciones
científicas, mientras siguen mejorando su habilidad para proteger
a los bosques del fuego y de las invasiones de los rancheros. Han empezado
una siembra selectiva de viveros para ciertas especies de árboles
en extinción. Se ha implementado un pequeño programa de
ecoturismo para proveer a los habitantes de un ingreso adicional y generar
una base más amplia para la comprensión del concepto de
conservación administrada localmente. Aunque continúa
la oposición a estas iniciativas independientes, y se intensifica
cuando las condiciones políticas son propicias, hay un reconocimiento
reticente de las autoridades ambientales de que las comunidades ofrecen
un modelo viable y económicamente atractivo para la conservación
participativa, en el modelo generado por el Programa el Hombre y la
Biosfera. Ahora que la zona ha cobrado mayor importancia con el establecimiento
del Plan Puebla Panamá (PPP), las comunidades están respondiendo
con esfuerzos intensos para crear alianzas con otras comunidades en
la región que también están desarrollando sus propias
propuestas para la conservación productiva. Los Chimalapas son
un ejemplo prometedor de un proyecto innovador para promover el manejo
sustentable de los recursos regionales.
EL PROYECTO DE DESARROLLO DE MEGATURISMO EN HUATULCO
A mediados de los ochenta se anunció un programa turístico
de gran escala, en la costa del Pacífico del Estado de Oaxaca
(Bahías de Huatulco) como un complemento al enorme éxito
del de Cancún. Se desalojó de manera violenta a las comunidades
pesqueras indígenas, creando un territorio virgen en el cual
se planearon 25 hoteles de 5 estrellas. Sólo se construyeron
cinco antes de descubrirse que los acuíferos no soportarían
el crecimiento turístico. La deforestación, una infraestructura
inapropiada y patrones de consumo desmedidos, estaban en la raíz
del problema. Una organización no gubernamental (ONG), el Centro
de Soporte Ecológico (CSE), había sido creada que ha demostrado
su capacidad para asegurar la sobrevivencia de árboles nuevos
plantados en el bosque seco tropical, un área mucho más
difícil para trabajar que el bosque húmedo tropical. Cierta
cooperación por parte de los hoteles locales ha aumentado el
apoyo político y el financiamiento. La Facilidad Ambiental Global,
organismo administrado por el Banco Mundial, también ha ofrecido
apoyo al proyecto, y su programa ha sido evaluado favorablemente por
el programa Habitat de la ONU (Barkin y Pailles 2002).
Los fideicomisos, que son las formas institucionales para
una colaboración multi-lateral entre las comunidades con otros
estratos del gobierno, los donadores internacionales y el sector privado,
han probado su capacidad para asegurar un manejo sencillo y transparente
de los fondos. Siguiendo el principio de dividir el ingreso de las empresas
productivas en tres partes, el proyecto está demostrando su habilidad
para mantener un balance entre sus tres objetivos principales: 1) una
recuperación total de costos, incluyendo una compensación
adecuada para los trabajadores y un subsidio para rentas y recursos
naturales usados en la producción; 2) el reconocimiento del valor
de los servicios de la comunidad y los esfuerzos de la organización
colectiva; y 3) un presupuesto para los servicios ambientales necesario
para asegurar un fondo para la reinversión en la conservación
y expansión del alcance del proyecto.
ALTERNATIVAS LOCALES PARA EL ISTMO
Siendo un polo industrial, el Istmo de Tehuantepec es importante por
las instalaciones petroquímicas construidas en ambas costas (Salina
Cruz y Coatzacoalcos- Minatitlán) y por una planta de cemento
ubicada en el centro, propiedad de una cooperativa. Hay una carretera
vieja y una línea de tren que urge modernizar; y es la única
que conecta el centro de México con Chiapas y Centroamérica.
Aunque los diversos programas de desarrollo mencionados antes han creado
expectativas del arribo de un flujo de inversión que modernice
el área, no existe una oferta creíble de inversión
por parte los intereses transnacionales que responda a la apertura.
Parecería que otra ruta de transporte interoceánico no
es todavía una prioridad de la comunidad empresarial, tampoco
parece que el potencial económico de Centroamérica sea
importante para los inversionistas mexicanos. Aunque no se dice de manera
explícita, los recursos energéticos de Chiapas son muy
importantes, puesto que ese estado tiene reservas de gas natural y petróleo
no explotadas, así como el potencial hidráulico del mayor
río de México, el Usumacinta. En esta coyuntura, los intereses
monetarios parece que intentan apropiarse de los espacios políticos
y económicos que los grupos locales de indígenas y campesinos
podrían reclamar dentro del marco de derechos que les fueron
otorgados por la Revolución Mexicana y la Constitución
de 1917.
En respuesta a la polarización de fuerzas sociales
y políticas en la región, están emergiendo una
serie de alianzas entre comunidades con el fin de fortalecer el enorme
potencial de la región. Respaldado por la planta de cemento,
la cual se ha dado cuenta de que sólo prosperará si las
fuerzas locales logran retener el control de la producción en
la región, está emergiendo un programa para el desarrollo
sustentable de los recursos locales, basado en la organización
alrededor de las cuencas de los ríos. Las propuestas incluyen
un ambicioso programa para la rehabilitación de los cauces de
los ríos, y proyectos de manejo del agua y la tierra, para reducir
las inundaciones, generando nuevas oportunidades mediante la rehabilitación
de los bosques, productos agrícolas de exportación y el
mejoramiento y la expansión del sector artesanal. Intereses políticos
y comerciales locales también apoyan el proyecto, a pesar de
sus reservas sobre la participación comunal, por miedo a que
los competidores nacionales creen caos en la región. Usando el
modelo creado en Huatulco, se están creando fideicomisos para
manejar cada uno de los proyectos y asegurar un mecanismo efectivo para
la cooperación entre socios de tamaño y poder desigual.
Entre los proyectos que se planean se encuentra un servicio turístico
de trenes (con material rodante restaurado) que proporcionaría
una nueva experiencia a los turistas, los que podrían visitar
las comunidades y participar en los eventos culturales que llevan a
cabo los grupos indígenas de la región. Se encuentra en
marcha un programa más ambicioso para instalar plantas de tratamiento
pasivo de aguas residuales, empleando los sistemas biológicos,
con el fin de reducir la contaminación y crear bosques comunales
en el área que ha sido devastada por la expansión urbana
desordenada.
Como en los Chimalapas y en Huatulco, algunos temen que
este enfoque de la organización regional con participación
de la comunidad sea una amenaza para el orden político existente.
Su visión centralista enfatiza la participación de la
región como proveedor de recursos humanos y materiales para el
proceso de integración internacional; lo que está reñido
con la preocupación por un manejo sustentable de los recursos.
El debate sobre el PPP refleja claramente el conflicto entre estas dos
visiones de avance productivo y sobre los modelos en los cuales los
individuos pueden participar en el crecimiento económico.
INNOVACIÓN PARA MANTENER LA TRADICIÓN
Cuando se trabaja con las comunidades, uno de los verdaderos dilemas
es cómo introducir nuevos productos o nuevos procesos de producción
para productos tradicionales sin perturbar organizaciones sociales valiosas
y sin destruir sus patrones culturales. Esto es particularmente importante
en las sociedades indígenas de México, que han resistido
por largo tiempo los esfuerzos para integrarlas a una sociedad nacional
más homogénea. Muchas de ellas han sufrido una erosión
progresiva de su base productiva, en la medida en que diversos programas
han fracasado. La cría tradicional en el patio trasero, un viejo
recurso de sustento e ingreso para los hogares rurales, se encuentra
amenazada por operaciones industriales de engorda. En un esfuerzo por
encontrar formas de revertir este proceso, se ha diseñado un
proyecto para introducir un elemento alimenticio local para reducir
los costos e incrementar la calidad del producto.
En un caso, en una región que suministra 45% de
los aguacates que se manejan en el mercado mundial, los aguacates de
desperdicio se utilizan para alimentar a los puercos con el fin de producir
carne de calidad con un bajo porcentaje de grasa, un producto que se
vende a un pequeño segmento del mercado doméstico. Los
aguacates reducen el colesterol en la sangre tanto de humanos como de
puercos. Al incluirlos en la dieta hay una reducción significativa
en el tejido graso en la carne, que se vende a un precio mayor. Este
cambio en la dieta ha tenido efectos benéficos en el ambiente,
incrementando el volumen de agua que se filtra al acuífero, porque
los aguacates que se descomponían en los barrancos impedían
la infiltración del agua, y ahora son consumidos por los animales.
Puesto que las mujeres están a cargo de las actividades que ocurren
en el patio trasero (como la cría de puercos, gallinas, etc.),
esta nueva fuente de ingreso ha fortalecido su posición en las
comunidades e inyectado nueva energía a la gobernabilidad local
(Barkin, Barón y Alvizouri 2003).
En otro proyecto, un cambio en la dieta de aves de corral
de alimentación libre está facilitando la producción
de huevos con yemas con menos colesterol; los huevos pueden venderse
en el mercado a un precio entre 30 y 50% mayor al habitual. En este
caso, las gallinas se alimentan con plantas que contienen una gran concentración
de omega-3, un ácido lípido que reduce el colesterol,
plantas que crecen en aguas residuales tratadas biológicamente.
Esta opción anima a las personas en poblados periurbanos a participar
en operaciones de limpieza del ambiente, conforme crean una nueva actividad
productiva en un mercado privilegiado que genera empleos.
EL ECOTURISMO NO ES UNA SOLUCIÓN MÁGICA
No todos los proyectos tienen éxito. La Mariposa Monarca, una
hermosa criatura que atrae mucho interés por el sensacional peregrinaje
que realiza desde Canadá hasta México y de regreso, se
ha convertido en un exitoso espectáculo turístico de la
vida silvestre. Más de 400 000 personas visitan la reserva especial
que fue creada para proteger a la mariposa, y a su ambiente en México,
durante los 4 meses que dura su estancia en el país. A pesar
de este éxito, los ambientalistas arguyen que los bosques siguen
deteriorándose por la tala ilegal y por la contaminación
del acuífero, amenazando el ecosistema del cual dependen las
mariposas. La causa subyacente en este proceso es la exclusión
de la mayoría de los campesinos en la participación en
las oportunidades creadas por las hordas de turistas, oportunidades
que benefician a los comerciantes de la Ciudad de México y de
otras ciudades conurbadas. Las comunidades campesinas, unidas en una
confederación local, no han obtenido recursos suficientes para
ofrecer sus propios paquetes de servicios a los visitantes (Barkin,
1999). Este ejemplo es sólo una advertencia, ya que la idea de
implantar nuevas actividades en áreas campesinas e indígenas
no es suficiente para asegurar que estos grupos sean capaces de disfrutar
los beneficios y contribuir a mejorar el manejo del ecosistema.
CREACIÓN DE ALTERNATIVAS A LA GLOBALIZACIÓN
La integración económica internacional promueve un avance
de la polarización productiva y homogenización que se
extiende a casi todos los aspectos de la vida social. En el Tercer Mundo
hemos sido testigos del empobrecimiento de las personas excluidas y
de la intensificación de los problemas ambientales, por la carencia
de mecanismos para un manejo adecuado del ecosistema. La propuesta de
una estrategia económica alternativa para un manejo sustentable
de los recursos regionales ofrece un medio para confrontar estas debilidades
con actividades que generan oportunidades y promueven la cohesión
social, al tiempo que producen bienes útiles y vendibles.
La teoría detrás de este enfoque ha emergido
de una búsqueda de alternativas a la globalización. Alrededor
del mundo, muchos grupos trabajan en este problema.
A pesar de que el esfuerzo es amplio, todavía es marginal en
los ámbitos académico y de investigación. Algunos
de estos grupos se han asociado con la promoción de los pequeños
negocios (SME) sin profundizar en los impactos sociales y ambientales
de los enfoques de desarrollo prevalecientes. Los estudios de caso usados
para documentar este ensayo sugieren la necesidad de ampliar nuestra
reflexión e incluir los impactos de la política en las
estructuras sociales y políticas, así como también
en el manejo del ecosistema.
El patrón dominante del desarrollo concentrado
no contribuye a un modelo durable. Grandes segmentos de personas en
muchos países están buscando sus propios mecanismos para
construir barreras contra el avance de la globalización. Las
iniciativas locales que promueven un manejo sustentable de los recursos
regionales ofrecen un enfoque prometedor que requiere mayor atención.
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