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LOS IMPACTOS DE LA GLOBALIZACIÓN Y LOS TRANSGENICOS
EN LA AGRICULTURA
Alejandro Calvillo,
Greenpeace-México
I.
LOS IMPACTOS DE LA GLOBALIZACIÓN
Para estimar
los impactos de la llamada liberalización comercial,
o de lo que debería ser llamada la competencia global desigual
contra la agricultura mexicana es necesario dar algunos elementos sobre
la realidad rural del país. En primer lugar, mas de la mitad
del territorio nacional esta en posesión de las comunidades indígenas
e indios des-indianizados. Se trata de 3 millones de familias
pertenecientes a 30 mil ejidos y comunidades que disponen de 103 millones
de hectáreas, que representan cerca del 70 por ciento de las
unidades productivas del país (Toledo, V.M. 2000:62).
A pesar
de la magnitud de esta población y su presencia territorial,
las políticas agrícolas, que incluyen la liberación
comercial, no solo no la han tomado en cuenta, sino que todo indica
que han estado dirigidas a desaparecer este sector como sujeto productivo.
En especial, se ha aplicado una política conscientemente dirigida
a desaparecer la producción maicera en nuestro país. Esto
tiene serias implicaciones para una cultura agraria sustentada en el
maíz y gestada a través de miles de años. ¿Se
puede hablar de etnocidio cuando las políticas publicas se dirigen
a menoscabar la fuente de sustento básica de una sociedad y una
cultura campesina?
Contra
la Vía Campesina
Durante
los años 60-80 los agricultores comenzaron a enfrentar el dominio
de la agroindustria trasnacional que comienzo a orientar la estructura
productiva, imponer la tecnología y subordinar a los productores
convirtiéndolos en asalariados a su servicio (Rubio, B. 1999:35).
A partir
de los años 80 se inicia una escalada de políticas publicas
contra la vía campesina. En este proceso hay tres momentos importantes.
En el primero, la participación del Estado en el sector agrícola
sufre una drástica reducción, mientras que en Europa y
Estados Unidos los subsidios a este sector se fortalecen. En el segundo,
se da una apertura comercial que incluye a todo el sector agropecuario
en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN),
sin ninguna protección frente a las graves disparidades. En el
tercer momento, se reforma la legislación agraria para suprimir
el carácter de inalienable, inembargable e imprescriptible de
la propiedad campesina y comunal (Calva, J.L., 1998).
Las
Importaciones de Maíz
La producción
de maíz representa mas de 60 por ciento de la producción
agrícola nacional en términos de volumen y valor y ocupa
alrededor de 62 por ciento de la superficie cultivada. Entre 2.5 y 3
millones de productores participan en su cultivo, lo que lleva a estimar
que 18 millones de personas dependen del maíz para su sustento.
Al firmarse el TLCAN , el gobierno acordó el ingreso de 2.5 millones
de toneladas métricas de maíz libre de aranceles. Estas
importaciones se expandieran a un interés compuesto de 3 por
ciento anual. Sin embargo, como explica Alejandro nadal las importaciones
de maíz desde Estados Unidos excedieron la cuota de importaciones
sin arancel del TLC. Al mismo tiempo, los precios nacionales cayeron
al nivel de los precios internacionales. A pesar de ello, la producción
total de maíz en México se mantuvo y en algunos casos
se incremento (Nadal, A. 1999:71).
En 1994
con la firma del TLCAN se abrió el mercado a las importaciones
de maíz estableciendo una cuota que es de inmediato rebasada.
Millones de toneladas de este grano, que exceden la cuota establecida,
ingresan al país sin cubrir arancel alguno y sin que el gobierno
de una explicación al respecto. Esto ha creado una crisis para
los productores nacionales. Entre 1993 y 1999 las importaciones de maíz
crecieron 3,500 por ciento al pasar de 152 mil toneladas a 5.4 millones
de toneladas. En ese periodo se adquirieron en total 29 millones, de
las cuales 12.9 millones estuvieron por encima de las cuotas de importación,
entrando sin pagar ningún arancel (La Jornada, 22/05/00). La
única razón que podría justificar que el gobierno
decidiera aumentar las cuotas de importación de maíz sin
que estas cubrieran aranceles seria una crisis de abasto acompañada
de una intervención estatal para mantener bajos los precios del
grano. Esto no ocurrió. Las importaciones corresponden directamente
a una política, que expresada en las palabras del actual secretario
de agricultura, consiste en la desaparición del campesino
y su sustitución por el agroempresario y dejar de
producir maíz por no ser competitivos en el mercado internacional.
La política agrícola y comercial desde la presidencia
desde Carlos Salinas de Gortari en 1994 hasta la de Vicente Fox actualmente
ha tenido el propósito de que los ingresos de maíz importado
a precios dumping obligaran a los maiceros mexicanos, por
la vía de los hechos, a abandonar el cultivo de este grano. Sin
embargo no ha sido así. Nadal sedla en su estudio El maíz
en México: algunas implicaciones ambientales del Tratado de libre
Comercio de América del Norte, elaborado para la Comisión
para la Cooperación Ambiental del TLCAN, después de describir
que las importaciones excedieron las cuotas de importación sin
arancel y que los precios nacionales cayeron al nivel de los internacionales,
señala a pesar de ello, la producción total de maíz
en México se mantuvo y en algunos casos se incremento.
Enrique
Dussel en su trabajo El Tratado de Libre Comercio y el desempeño
de la economía en México, elaborado para la Comisión
Económica para América latina y el caribe (CEPAL), informa
que entre 1980 y 1998, a pesar de las políticas de las trasnacionales
agrícolas y de las gubernamentales contrarias a la vía
campesina y a la siembra del maíz, la superficie cultivada de
maíz creció, al pasar de 6.8 millones de hectáreas
a 7.9 millones y el rendimiento paso de 1.8 toneladas a 2.3 (La jornada,
13/10/00: p.49).
La magnitud
del impacto de las importaciones del maíz libres de aranceles
sobre los productores nacionales del grano, no podría evaluarse
sin considerar los bajos precios del maíz estadounidense altamente
subsidiado. De esta manera se enfrento a los maiceros mexicanos, abandonados
en la practica por los programas gubernamentales de apoyo al campo,
con los maiceros estadounidenses, uno de los sectores agrícolas
con mayores subsidios en el mundo. De acuerdo con Victor Suárez,
en ese entonces presidente de la asociación Nacional de Empresas
Comercializadoras de Productos del Campo (ANEC), los subsidios en Estados
Unidos representan hasta 30 por ciento de los costos de producción,
mientras en México a lo mucho llegan a 9 por ciento. Suárez
afirmo que los recursos fiscales para apoyar el agro en estados unidos
pasaron de 7,800 millones de dólares en 1996 a 28 mil millones
en el 2000 (El Financiero, 6/11/00, p.30). En el estudio ¿Cuánta
liberalización aguanta la agricultura? Impacto del TLC en la
agricultura mexicana elaborado para la Comisión de Agricultura
de la Cámara de Diputados por Ana de Ita y Rita Schwentesius,
se concluye que el gobierno mexicano favoreció el dumping
al abrir las importaciones libres de arancel por encima de la cuota
establecida en el TLC. Señalan que al liberar de arancel las
importaciones de maíz y frijol el gobierno mexicano regalo 2,140
millones de dólares a las trasnacionales importadoras y productoras
de nuevos granos. El impacto ha sido drástico sobre otros cultivos:
la producción de trigo a partir del TLC se redujo en casi un
tercio y la superficie cultivada cayo 43 por ciento, la soya que llego
a ocupar 500 mil hectares ahora solo es sembrada en 88 mil (La Jornada,
30/05/00, p.22).
Los términos
en los cuales se han firmado los acuerdos de libre comercio estan literalmente
sacrificando al sector agrario, en especial, a los campesinos e indígenas
de las naciones del sur.
Funcionarios
de organismos tradicionalmente poco sensibles a la realidad social de
los países llamados en vías de desarrollo
reconocen que los acuerdos se han establecido favoreciendo a las naciones
ricas. Adolfo Brizzi, representante de la división México
del Banco Mundial en agricultura y medio ambiente, ha reconocido los
mediocres resultados de las negociaciones del Acuerdo general
de tarifas y Aranceles (GATT) y de la Organización Mundial de
Comercio (OMC) para reducir las barreras arancelarias y los subsidios
que se otorgan a las exportaciones en las naciones industrializadas
(El Financiero, 7/10/00, p.26). Los impactos negativos de la llamada
globalización y del libre comercio impuesto bajo las diurectrices
de las grandes empresas trasnacionales no se circunscriben al mundo
en desarrollo, también están teniendo un fuerte
impacto en el mundo desarrollado. La propia Organización para
la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) advirtió
que de darse la liberalización de los mercados, de los siete
millones de agricultores que existían en Europa a fines de los
90, quedaran menos de un millón en el 2020 y el 2025 (Yves, Pierre
G.,1999:p.245).
La pregunta
que queda es cuál ha sido el impacto de estas políticas
en los pequeños productores, en aquellos que vendían su
producción excedente a la Comisión Nacional de Subsistencia
Popular (Conasupo) con un precio de garantía y que ahora no son
atendidos por las grandes comercializadoras, como Cargill. Esta empresa
trasnacional es la principal exportadora de granos de los Estados Unidos,
es también la principal importadora de granos en México
y ha comprado gran parte de la estructura de la CONASUPO. Los vínculos
de Cargill con los productores de granos estadounidenses y con las empresas
trasnacionales productoras de transgénicos y agroquímicos
son profundos. No queda duda a que intereses responde Cargill, corporación
que ha jugado un papel fundamental en el proceso de desmantelamiento
de la soberanía alimentaria mexicana.
Desde fines
de los noventa era claro el proceso: La crisis de la vía
campesina en los países latinoamericanos llevo por tanto a una
marginalidad productiva, un proceso de descampenización y un
fortalecimiento de la exclusión de los campesinos como agentes
productivos que trajo miseria, migración, desnutrición
y levantamientos campesinos armados y pacíficos en todo el continente
(Rubio, B. 1999:p.44).
II.
EL IMPACTO DE LOS TRANSGENICOS
El
Contexto Internacional de la Nueva Tecnología
El siglo
XX termina con graves daños al conjunto del planeta y a la salud
de los seres vivos. Decenas de miles de productos químicos se
introdujeron sin evaluar sus impactos en el medio ambiente. Por ejemplo,
en los años treinta se introdujo un gas refrigerante, los CFCs
patentados por Dupont, entre otras empresas. Se impuso el uso de este
gas en el mercado, aunque había otras alternativas no patentadas
como el uso de la mezcla de gas propano y butano. El uso masivo de los
CFCs es la causa principal de la destrucción de la capa de ozono
al nivel planetario generando aumento de cánceres de piel en
zonas pobladas, diversas afecciones e impactos en poblaciones vegetales
marinas y terrestres en los extremos del hemisferio sur y del norte.
Otro ejemplo es el uso del DDT que puede encontrarse en organismos vivos
de todo el planeta, en la leche materna de humanos y animales, incorporado
en las cadenas alimenticias en organismos vivos ubicados a miles de
kilómetros de distancia de donde fueron utilizados estos productos.
Existe una larga lista de compuestos orgánicos persistentes con
efectos cancerígenos, mutagénicos, que fueron introducidos,
utilizados e incorporados al medio ambiente sin evaluar sus riesgos.
El siglo terminó, entre otras cosas, con la primera reunión
internacional de todos los gobiernos del mundo reconociendo la situación
insostenible de destrucción del medio ambiente por las prácticas
industriales prevalecientes, me refiero a la Cumbre de la Tierra en
Río de Janeiro en 1992. Como resultado de este reconocimiento
se acordó un principio con categoría de universal: EL
PRINCIPIO PRECAUTORIO. En este principio se estableció que ningún
nuevo producto debería ser liberado si existía algún
riesgo para el entorno.
Sin duda, puede decirse que el siglo XX fue el siglo de la industria
química. En cambio, el siglo XXI aparece como el siglo de la
biotecnología y de la introducción de organismos modificados
genéticamente o transgénicos al medio ambiente y a nuestra
alimentación. Podríamos pensar que la experiencia vivida
en el siglo XX con la industria química y sus productos y el
reconocimiento del Principio Precautorio nos podría llevar a
un escenario que evitaría realmente la liberación de productos
que representaran un riesgo para el medio ambiente. Lo que está
ocurriendo es lo contrario: los riesgos con la ingeniería genética
son superiores a los generados por la industria química y los
mecanismos para evitarlos, como la aplicación del Principio Precautorio,
están siendo destruidos por el debilitamiento mundial de las
regulaciones ambientales, que es una expresión del debilitamiento
global de los gobiernos frente a las corporaciones, y el control de
estas últimas sobre los primeros. Y no es de extrañar
que las corporaciones que dominaron la industria química en el
siglo XX sean las mismas que ahora dominan la industria de la biotecnología,
a la vez que controlan gran parte del mercado mundial de farmacéuticos
y agroquímicos. El poder que están adquiriendo las corporaciones
está transformando el orden internacional y dominando las políticas
nacionales con consecuencias enormes tanto en la situación ambiental
como en las condiciones de vida de las personas. En el orden internacional,
la OMC aparece como un organismo que está poniendo en riesgo
los avances logrados en los Acuerdos Ambientales Internacionales construidos
con grandes esfuerzos a lo largo de más de treinta años.
El
Poder Corporativo
Al inicio
del siglo XXI, de las 100 economías más poderosas del
planeta, 51 son corporaciones y 49 países. Es decir, en términos
económicos el mundo está dominado por las corporaciones.
Las 200 corporaciones más poderosas controlaron el 28% de la
actividad económica global aunque sólo dieron empleo al
1% de la fuerza de trabajo en el 2000. Las ventas de las 500 corporaciones
más poderosas fueron equivalentes al 47% del producto nacional
bruto en todo el mundo, dando empleo únicamente al 1.59% de la
fuerza laboral. Esto explica claramente la causa central del desempleo
en el mundo.
La concentración
de las corporaciones se aceleró a partir de las administraciones
de Ronald Reagan en Estados Unidos y de Margaret Thatcher en el Reino
Unido que se encargaron de destruir las leyes antimonopolio. A la concentración
de las corporaciones corresponde la concentración de la riqueza.
Según el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, el 1%
de la población más rica del mundo tiene los mismos ingresos
que el 57% de la población más pobre. Al control del mercado
se suma el control de las patentes. Entre EUA, Japón y Europa
concentran el 97% de todas las patentes y las corporaciones globales
cuentan con el 90% de la tecnología y los productos patentados.
Como señalamos,
las corporaciones de la ingeniería genética se han concentrado
y dominan a la par que el mercado de semillas, el de agroquímicos
y el farmacéutico. En el 2000, Syngenta (Novartis+AstraZeneca)
fue la número 1 en agroquímicos, la número 3 en
semillas y la número 4 (AstraZeneca) y la 7 (Novartis) en farmacéuticos.
Pharmacia (incluye a Monsanto) fue la número 2 en agroquímicos,
la 2 en semillas y la número 8 en farmacéuticos. Aventis
fue la 3 en agroquímicos, la 10 en semillas y la 5 en farmacéuticos.
Hace 20
años había miles de empresas semilleras, ninguna dominaba
el 1% del mercado global. Actualmente 10 controlan la tercera parte
del mercado mundial, facturando 24,000 millones de dólares estadounidenses.
Hace 20
años existían 65 empresas de agroquímicos. En el
2000, las 10 mayores empresas controlan el 84% del mercado mundial,
valuado en 30,000 millones de dólares.
En 1989,
las 10 empresas farmacéuticas más poderosas controlaban
el 29% de las ventas mundiales. En el 2000 controlaron alrededor del
50%, sus ventas fueron estimadas en 317,000 millones de dólares.
Y como
advertimos anteriormente, en varios casos son las mismas empresas las
que dominan en el área de semillas, agroquímicos y farmacéuticos.
La
Introducción de los Transgénicos
Es este
el contexto histórico y económico en el cual se da la
liberación de los organismos genéticamente modificados
o transgénicos al medio ambiente y en nuestros alimentos. Esto
explica que la evaluación de riesgos que los estudios para evaluar
sus posibles impactos en el medio ambiente y la salud no se realicen
por los organismos gubernamentales. Este poderío económico
explica también por qué existen cada vez menos expertos
investigando los riesgos de los transgénicos, por qué
varios de ellos han visto cortados sus presupuestos o, incluso, han
sido despedidos de sus centros de investigación e instituciones
académicas cada día más dependientes de los recursos
de las corporaciones.
Michael
Hansen, del Consumer Policy Institute se ha dedicado a analizar cómo
han sido aprobados por la Administración de Drogas y Alimentos
de los Estados Unidos los organismos genéticamente modificados.
Sus conclusiones son firmes las pruebas para la seguridad
humana que se han hecho con estas cosechas han sido completamente inadecuadas.
En mayo de 1992 la FDA decidió que la ingeniería genética
era sólo una extensión del mejoramiento tradicional de
los cultivos y dejo de exigir que las empresas realizarn evaluaciones
de seguridad. Los nuevos OGM solo siguieron un proceso de consulta voluntaria.
El último
cultivo evaluado de manera obligatoria fue el tomate Flavr Savr que
contenía un gen para retardar su maduración y aumentar
su vida de comercialización. Belinda Martineau que realizó
la evaluación de este transgénico para la empresa Calgene
escribió:
En
realidad la aprobación formal de la FDA para los productos posteriores
no fue, de hecho, necesaria. En lugar de ello, la Agencia reemplazó
esta aprobación por un proceso de consulta voluntaria.
Como parte
de una demanda judicial interpuesta por la Alianza por la Bio-integridad
se obtuvieron documentos internos de la FDA en los que se comprobó
que varios científicos de este organismo estaban preocupados
por el tomate Flavr Savr, en especial por el uso del gen marcado de
resistencia a la kanamicina (un antibiótico) y no creían
que este producto podría cumplir con la norma de seguridad de
razonable certeza de ausencia de daño, que es la
norma de seguridad para los nuevos aditivos en los alimentos.
Hansen
estudió las 52 cartas de consulta enviadas por la FDA. En ellos
la FDA no dice que estos alimentos son seguros, más bien
señala que la empresa, de acuerdo a su buen entender, ha determinado
que el alimento es seguro. En el caso del maíz StarLink,
que no fue autorizado para consumo humano y que se introdujo a la producción
de alimentos, lo que significó costos millonarios para retirarlo
del mercado, la FDA había señalado no han surgido
cuestiones que requerirían una revisión o aprobación
pre-mercado por parte de la FDA.
Menciono
estos ejemplos para dejar claro que los análisis de riesgo sobre
los nuevos productos transgénicos no están siendo realizados
por las instancias gubernamentales responsables de garantizar la seguridad
alimentaria y la protección ambiental, no son exigidos ni monitoreados
por las autoridades y se dejan a voluntad de las empresas.
No habría
espacio para exponer aquí la larga lista de nuevos productos
introducidos al medio ambiente y a la cadena alimenticia que han tenido
efectos sumamente graves sobre la salud y el medio ambiente, al no ser
evaluados o dejar en manos de las corporaciones su evaluación.
Las corporaciones están regidas por la competencia y la búsqueda
de la mayor ganancia, no son los indicados, ni cuentan con la parcialidad
que requiere la evaluación de la liberación de estos nuevos
organismos.
Los Riesgos Más Allá de los Estudios
El problema
de la introducción de los OGMs es la gran incertidumbre existente
sobre sus riesgos. Esto se debe a que la ciencia no ha avanzado lo suficiente
para evaluar estos riesgos. No hay duda alguna que los preceptos fundamentales
en los que se ha basado el desarrollo de los OGMs están equivocados.
La realidad es mucho más compleja de lo que se había considerado
bajo una óptica reduccionista que consideraba que un gen generaba
una proteína, que este gen podría ser retirado de una
especie y ser introducido en otra y, por lo tanto, pasar la característica
de un organismo a otro totalmente diferente.
Hasta hace
unos años se suponía que cada gen producía una
proteína. Por lo tanto, concluyeron que a las aproximadamente
100,000 proteínas en el cuerpo humano, correspondían 100,000
genes. Posteriormente se dio a conocer que había solo 36,000
genes en el humano y que en una hierba había 26,000.
Se descubrió
así que cada gene podría producir muchas proteínas
diferentes. Un gen de una mosca podría producir hasta 38,610
proteínas.
Barry Comoner
del Center for the Biology og Natural Systems escribió en 2002
El hecho de que un gene pueda producir múltiples proteínas
destruye la teoría fundamental en la que está basada la
multimillonaria industria de la biotecnología de los cultivos
alimenticios. Los genes insertados en los organismos manipulados
genéticamente pueden crear muy diferentes proteínas no
calculadas con impredecibles efectos en los ecosistemas y en la
salud humana.
Lo que
se ha descubierto y que no esta incorporado en las evaluaciones de riesgo
de los trangénicos son, entre otras cosas:
1.- la
expresión de los genes depende de su entorno genético
y celular. La mutación genética tendrá no efecto
según el escenario genético en el que se encuentre.
2.- Los genes tienen habitualmente múltiples efectos, por lo
que efectos indeseables suprimidos en una especie pueden perfectamente
expresarse cuando ese gen es transferido a otra.
3.- Muchos rasgos implican la intervención de múltiples
genes, tal vez incluso de cromosomas distintos, que muestran gran resistencia
a ser manipulados.
Martha
R. Herbert, M.D., Ph.D., Pediatric Neurology, Massachusetts General
Hospital
Harvard Medical School, señala algo muy simple la ingeniería
genética no ha controlado dónde se insertarán los
genes en el genoma y tampoco pueden controlar como va a reaccionar el
organismo modificado, o el fenómeno denominado pliotropía
(pleiotropy), que significa que los genes tienen múltiples efectos.
Efectos
posibles en salud
La doctora
Martha Herbert señala que La modificación genética
implica introducir en los alimentos genes provenientes de otras especies
(u organismos). No podrían transmitirse dichos genes a través
de los métodos sexuales tradicionales como la reproducción.
En su lugar se introducen ya sea inyectándolos o utilizando métodos
basados en la acción viral.
La inyección
introduce códigos genéticos de una proteína que
nunca estuvo presente en el organismo y que, muy probablemente, nunca
estuvo en la cadena alimenticia de los seres humanos. Está acompañado
por otros genes, entre ellos un gen promotor que activa al gen y que
probablemente tomaron prestado de virus de plantas y que modificaron
para hacerlo más eficiente. Asimismo, hay un gen marcador que
permite que los ingenieros genéticos prueben si el gen está
presente. Este último ha tendido a ser un gen resistente a antibióticos.
Con estos
antecedentes se puede hablar de los riesgos potenciales para la salud.
El primer riesgo es el de las alergias. Los genes codifican las proteínas,
y cualquier proteína puede provocar alergias. Ningún examen
puede prevenir con certeza la alergenicidad. Hay varias razones para
que así suceda. Primera, la mayor parte de las proteínas
que son alergénicas son estables en el calor y permanecen estables
en la digestión pero algunos alergénicos no son estables
en ambos casos, los procedimientos de prueba convencionales los pasarían
por alto. Segunda, muchos alergénicos comparten secuencias genéticas
con alergénicos que ya conocemos, pero otros no. Tercera, porque
las proteínas se doblan, las secuencias genéticas que
causan la alergia no tienen que estar todas en el mismo lugar en el
gene, por lo que no puedes simplemente filtrar el gene ante la sospecha
de secuencias misteriosas.
Los agentes
alergénicos y toxinas pueden surgir no sólo de los propios
genes insertos. También pueden surgir debido a que el comportamiento
de los organismos cambia después de ser genéticamente
modificados. Puede haber una producción mayor o menor de proteínas;
una sustancia que normalmente podría producirse en cantidad muy
limitada podría hacerlo en cantidad mayor lo que podría
significar cierto riesgo. Además, el gene podría insertarse
en medio de otros genes, interrumpiendo con ello sus funciones. La producción
de proteínas podría verse afectada de diversas formas,
mientras que la respuesta del organismo ante la presión de ser
genéticamente modificado podría alterar el metabolismo
de distintas maneras, lo cual podría originar reacciones secundarias
con efectos dañinos para la salud.
El uso
de genes resistentes a antibióticos para poder identificar cuando
la inserción se ha realizado y de virus utilizados por las bacterias
para intercambiar genes y que son utilizados para realizar las transferencias
pueden traer el riesgo de producir nuevos virus y resistencia a antibióticos
en el organismo humano o de animales. Mae Wan Ho biólogo molecular
señala que la emergencia de una plétora de nuevos virus
y de resistencia a antibióticos en la década pasada podría
muy bien estar directamente relacionada con las aplicaciones durante
el mismo periodo. Desde el inicio de la aplicación de la ingeniería
genética, los científicos comenzaron a advertir estos
riesgos. En 1975 un grupo importante degenetistas redactaron la Declaración
de Asilomar, California, que pedía la interrupción de
las investigaciones hasta que se hubieran establecido normas reguladoras
adecuadas. Los intereses de las grandes corporaciones se impusieron
sobre este llamado a la prudencia.
Las
Amenazas Sobre el Ecosistema
Las plantas
modificadas por ingeniería genética contienen genes y
características totalmente nuevas tanto para la planta transgénica
como su ambiente y su pasado genético. En las cruzas tradicionales
los genes que se intercambian son sólo aquellos de variedades
relacionadas o especies emparentadas, las técnicas de la ingeniería
genética permiten el intercambio de genes entre especies completamente
distintas. Ningún reproductor de plantas tradicionales podría
cruzar un pez con una papa, o una bacteria con el maíz. La evolución
y la selección natural de miles de años no permitiría
que el gen de un pez entrase a formar parte de la planta de papas, maíz
o de una fresa. El efecto de genes y fragmentos de genes ajenos en la
planta liberada al ambiente, en distintas condiciones o en reacción
a nuevas plagas o enfermedades, es completamente impredecible, lo que
significa un riesgo no sólo para los cultivos, sino también
para las especies relacionadas y para todo el ecosistema.
Por otro
lado, las técnicas de ingeniería genética no son
tan precisas como se promueve, sino más bien azarosas. El gen
introducido puede fijarse en cualquier parte del genoma (toda la cadena
del ADN) de la planta. No se puede dirigir hacia un punto concreto entre
los genes de una planta, ni se conoce su posición una vez insertado.
Se conocen diversos mecanismos naturales que influyen en la expresión
de un gen introducido (pleitropía, epistasis o efectos de posición)
los cuales no se pueden prever con aterioridad a la inserción.
Estas son
algunas de las diferencias entre los cultivos tradicionales y los creados
por la ingeniería genética., con genes de especies distintas.
Estas diferencias, entre otras, son las que pueden provocar consecuencias
imprevistas al liberar las plantas transgénicas al ambiente.
Riesgos
Mayores en los Centros de Origen
Liberadas
al medio ambiente, las plantas transgénicas no se pueden contener,
son organismos vivos que se reproducen y dispersan sus genes más
allá de la zona en que crecen. Los pájaros toman las semillas
y las transportan a otros lugares, los mamíferos pueden escarbar
y llevarse tubérculos y el viento puede transportar las partes
reproductoras de las plantas, así como los insectos transportar
el polen. El polen contiene el nuevo material genético que puede
traspasar a otras plantas y fertilizarlas, las semillas así producidas
contendrán los nuevos genes. Si son introducidos los transgénicos,
el flujo de genes se vuelve inevitable en los centros de origen de los
cultivos. Esto pasó en México a pesar de las advertencias,
por la irresponsabilidad de las autoridades que fueron advertidas y
por las campañas de las corporaciones de los cultivos transgénicos
que minimizaron el problema y que seguramente buscaron que la contaminación
de las variedades criollas de maíz fuera un hecho tan extendido
que tuviera que aceptarse como un mal irreversible, dando paso al dominio
de estas semillas y su tecnología sobre la agricultura del maíz
y las variedades criollas.
Los
Transgénicos: solución o agravamiento del hambre
Los transgénicos
son promovidos como la solución al hambre, serán resistentes
a la sequía, los insectos y las malas hierbas. Los frutos no
se marcarán en el transporte ni se pudrirá. La agricultura
ya no dependerá de la química y, por lo tanto, respetará
el medio ambiente. Curiosamente, las mismas corporaciones que promueven
los transgénicos con estos discursos promovieron en su tiempo
la Revolución Verde hace unas décadas. El resultado fue
el agotamiento de la fertilidad de la tierra por los monocultivos, el
elevado riesgo de destrucción masiva de los cultivos por una
única plaga, el impacto en la salud humana y de un número
inmenso de especies por los agroquímicos.
Porque
podemos afirmar que los transgénicos aumentaran el hambre. Para
la visión reduccionista de las corporaciones y los biotecnólogos:
el hambre se debe a la falta de alimentos. Algunos creen sinceramente
que así es. Sin embargo esto es parte de su visión reduccionista.
Están ciegos frente a la realidad social y política en
que viven y que es la causa del hambre. El Instituto para los Alimentos
y el Desarrollo tras un detallado análisis ha demostrado que
la característica que mejor describe la producción actual
de alimentos no es la escacez, sino la abundancia. En las tres últimas
décadas la producción de alimentos ha rebasado el crecimiento
de la población mundial en un 16 por ciento.
El asunto
del hambre es un asunto de falta de producción de alimentos,
es un asunto de acceso a los alimentos. Fritjof Capra señala
La gente pasa hambre porque los medios de producción, la
tierra y la distribución están controlados por los ricos
y poderosos: el problema del hambre en el mundo no es técnico,
sino político. Miguel Altieri concluye Si no se tratan
las causas fundamentales el hambre persistirá sean cuales fueran
las tecnologías empleadas.
Las corporaciones
que han dominado el mercado mundial de los productos agroquímicos
y farmacéuticos pretenden dominar el mercado de semillas. Existen
cientos de millones de campesinos en el mundo que durante años
han probado, experimentado y desarrollado una gran diversidad de semillas.
Las corporaciones buscan que estos campesinos compren cosecha tras cosecha
su semilla o que les paguen permanentemente regalías. Un ejemplo:
la contaminación por transgénicos de cultivos de Colsa
en Canada, donde los agricultores contaminados fueron demandados por
Monsanto por poseer, en sus semillas de Colsa, el gen patentado por
esa empresa.
Las corporaciones
de los transgénicos buscan expropiar el control campesino de
las semillas, con ello, provocarían la crisis de sustento de
millones de personas.
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