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Neo-Liberalismo y Globalización

Cliff Durand
Traducción por Otto Begus
Morgan University

“Neo-liberalismo” y “globalización”: estas dos palabras han llegado a ser palabras claves en nuestro tiempo. Qué es el “neo-liberalismo”, y cómo hemos de entender este “neo”? Y así, también podríamos preguntarnos: “qué hay de nuevo acerca de esta “globilización”, porque también ha sido llamado frecuentemente un fenómeno nuevo.

El liberalismo en los Estados Unidos ha sido la dominatne ideología del último cuarto del siglo pasado, reemplazando la ideología liberal del “bienestar social que surgió del “New Deal” (i.e. “Pacto Nuevo”) proclamado por Roosevelt. Y gracias al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, el neo-liberalismo ha llegado a ser también la dominante ideología en la mayor parte del Tercer Mundo. Quiero analizar las tesis básicas de esta ideología y ofrecer una crítica que expone como esta ideología funciona actualmente en la práctica social.

El núcleo del neo-liberalismo se encuentra en que insiste en la separación entre las dos esferas: la política y la eonómica. Y se comprende que la esfera económica es una esfera autónoma en la cual el Mercado reina supremo. En la visión de los neo-liberales, el mercado se constituye de actores individuales que libremente entran en acciones económicas basándose solo en el interés propio. Comprador o vendedor, cada uno de los dos busca de obtener la mayor ganancia possible, estableciendo acuerdos a base de contratos solamento si parecen ventajosos. El mercado es entonces un mecanismo para el incremento de los bienes individuales, produciendo el mayor bien para el mayor número de contratantes. Este cálculo utilitario se lleva a cabo mediante la mano invisible del mercado, a la Adam Smith. No hay bien común para el neo-liberalismo; solamente hay la suma de bienes individuales.

Pero para que el Mercado logre obrar su mágica, debe estar libre de interferencias sociales, es decir colectivas. Un “mercado libre” es un mercado libre de acciones del gobierno, acciones que se ven como falsificando el mercado y sus resultados.

En la visión estrictamente neo-liberal los únicos actores admitidos son indivíduos que no se guían por el altruismo, la conciencia o la compasión, sino solo por su interés propio.

El neo-liberalismo acepta el adagio de que aquel gobierno es el mejor que gobierna lo menos possible. El único legítimo papel que el estado juega es el mantenimiento el establecimiento de las condiciones necesarias para que el mercado pueda funcionar. Esto incluye la introducción de una moneda común, pesos y normas uniformes, como también la introducción de leyes y de instituciones para proteger la propiedad privada y para asegurar el cumplimiento de contratos. La acción permisible al estado podría también extenderse a proveer la esfera pública con la infra-estructura esencial como son los caminos, puertos, servicios de electricidad y de comunicación, medidas que requieren largas sumas de inversiones, pero donde los beneficios son de largo plazo y socialmente tan dispersos que no es posible recobrar el costo de esta infra-estructura a plazo corto. Pero aun en esto el estado debería terminar su intervención lo antes possible para entregarlo a la mano privada. En todo esto la suposición implícita es que el mercado es el único medio efectivo para integrar la sociedad y para hacer las decisiones que determinan su desarrollo.

El neo-liberalismo está bien representado en el juego “Monopoly.” Estoy bien seguro que cada uno de los que están presentes aquí han pasado muchas horas agradables jugando este juego de los Parker Borthers con los miembros de la familia y con amigos. Este juego da a los jugadores el placer de ser hombre de negocios con todos sus riesgos y su gratificacion. También ofrece a los niños la oportunidad de una especie de iniciación social al mercado libre.

Si ponemos nuestra atención por unos minutos en el juego de Monopoly, este nos podrá decir mucho acerca del neo-liberalismo, ya que imita bastante bien el modo de operar del mercado libre, revelando su lógica y sus límites. Primero, cuál es el objetivo de este juego? Ganar, por supuesto, comprando todas las propiedades en el tablero. Se gana llevando a la bancarrota a los demás jugadores, forzándolos a pagar alquiler cada vez que lleguen a su propiedad. Ud. gana llevándolos a la miseria de modo que ya no son capaces de continuar el juego. Es un juego donde cada uno gana a cuenta del otro. Es un juego en que cada jugador ha de guiarse solo por su interés propio. Tener compasión con otro jugador puede resultar en hacerse vulnerable. Pero eso no quiere decir que no se deben hacer alianzas con otro jugador si esto parece conveniente. Pero en esta libre concurrencia de Monopoly no hay amigos, sino solamente intereses permanentes.

La razón por la cual me interesa tanto este juego está en el hecho de que todos los jugadores parten del mismo punto de partida. Todos comienzan del mismo lugar en el tablero, con la misma cantidad de dinero. A pesar de esta posición inicial egalitaria, los jugadores, después de jugar por un tiempo suficientemente largo, terminan crasamente desiguales, ya que un jugador posee todo, y los demás nada. La lógica de este juego se mueve inexorablemente hacia este resultado. El mercado libre de Monopoly inevitablemente transforma la condición inicial de perfecta igualdad en una de máxima desigualidad. Un partido de Monopoly solo determina quien será el vencedor y quienes serán los perdedores en el proceso. La respuesta a esta cuestión es habilidad y suerte. Una vez el vencedor podría ser Ud., la otra vez un jugador distinto. Lo único cierto es que en cada partido del Monopoly que se juegue, la perfecta igualdad de la posición original se destruirá con la creciente concentración de la riqueza en las manos de un único jugador.

Y así, el juego llega a su fin. Y tiene que terminar. Sin dinero, los demás jugadores se ven, uno por uno, fuera del partido. El partido tiene que terminar cuando un ganador llega a ser el monopolista. Ninguno de los otros jugadores puede continuar; no les queda sino morir en cuanto que son actores económicos. Y cosa curiosa, el ganador mismo ya no puede tampoco promover su interés propio. Ya no puede más cobrar alquiler; y así, no teniendo mas ingresos, no le queda sino cerrar sus hoteles y abandonar sus casas.

Por supuesto, en el juego de Monopoly esto no es un problema. Se saca simplemente todo dl tablero, se redistribuye el dinero, restaurando asi la posición original, y se comienza un nuevo partido. Y los que perdieron la vez anterior, ahora podrán tener la esperanza de

llegar a ser esta vez el monopolista ganador. Pero en el mundo real del mercado libre, imitado por este juego, algo así no sucede. No hay un año jubileo cuando se perdonarán todas las deudas, creando así la posibilidad de un comienzo nuevo en una posición de igualdad. Las transacciones continúan en el mercado real, y nosotros todos preferimos que así sea. No queremos que termine el juego del mercado real, causando miseria y hambre para casi todos, y que la riqueza, concentrada en manos de pocos, pierda su sentido. Como somos jugadores reales en el juego económico, queremos que la vida siga.

Y cómo puede conseguirse esto? Volviendo al juego de los Parker Brothers, nos preguntamos qué se debe hacer para que el juego de Monopoly continúe, no solamente por horas, sino por años y aun por generaciones. Las reglas neo-liberales del juego son tales que tal vez sea posible continuarlo pero no será posible prolongarlo indefinidamente. Para que esto pueda suceder, los jugadores deberían ponerse de acuerdo y cambiar las reglas de los Parker Brothers. Podrían decidirse a cobrar impuestos de las propiedades, usando los fondos recogidos para ayudar a aquellos jugadores que han perdido todo, de modo que aun estos podrían sobrevivir aunque ya no tengan propiedad. O podrían decidirse de limitar la cantidad de propiedad cada jugador sería permitido de poseer. Pero cualquiera que sea el mecanismo que adopten para mantener el juego (y a sí mismos), en cada caso sería una intervención política en el mercado. Pero usar de esta manera el poder colectivo de todos en vista del bien común, constituiría una decisión democrática. Y como tal representaría el abandono del neo-liberalismo, reconociendo que éste lleva últimamente al suicidio social.

Si volvemos ahora al mundo real, esto es lo que básicamente pasó en los Estados Unidos en la década de los años 1930. El capitalismo del mercado libre de los económicamente tórridos años 30 del siglo pasado se derrumbó, resultando en la gran depresión durante esta década. Muy pocos tenían suficiente dinero para alojarse en los hoteles caros del Broadway, y más y más familias ya no eran capaces de mantener sus humildes hogares en la Mediterranean Avenue, habiendo sido enteramente expulsados del juego económico. Se formó entonces un movimiento social masivo de los desposeidos, exigiendo una intervención política para cambiar las reglas de juego del sistema económico. El “New Deal” (contrato nuevo) era la respuesta de la elite política en reacción a los gritos del pueblo demandando justicia social. Y así nació el liberalismo del bienestar social.

Antes de dirigir mi mirada a esta nueva ideología pública que iba a dominar la política de los EEUU durante la segunda mitad del siglo 20, quisiera dirigir mi atención brevemente a tres críticas del neo-liberalismo implícitas en nuestra discusión del Monopoly.

Primero, el neo-liberalismo es profundamente anti-democrático. No es simplemente no democrático, sino anti-democrático. Al remover la política del mercado, niega al pueblo la posibilidad de hacer decisiones colectivas dirigidas a promover sus intereses communes. Se trata de la posible decisión colectiva en vista de promover los intereses comunes. Pero precisamente es esto en que la democracia consiste. Es la posibilidad de hacer una decisión colectiva con respecto al bien común. La constitución democrática del estado hace del gobierno el instrumento para una tal acción colectiva. Pero el neo-liberalismo no concibe el bien común sino como las condiciones favorables al mercado y a la defensa común. Aparte de esto, para el neo-liberalismo solo existen bienes individuales privados. Las únicas acciones colectivas que el neo-liberalismo contempla, son la acción común de las corporaciones privadas y la de los grupos representando intereses especiales. Pero esto significa una negación de la idea misma de lo que es la democracia.

En consecuencia, el neo-liberalismo ha rendido impotente al indivíduo, impotente frente a las corporaciones gigantes que han llegado a dominar el mercado. En la vida real del mercado no son personas de carne y hueso como tú y yo que están ganando en el juego de Monopoly. Los ganadores son más bien estos indivíduos ficticios, es decir las corporaciones. No somos todos jugadores de igual influencia en el mercado, y en consecuencia, no somos efectivamente libres. El mercado neo-liberal habia hecho la promesa de promover el indíviduo. Pero lo ha disminuido, dejándolo sin los medios de defenderse contra los gigantes corporativos. Diré mas acerca de esto en un momento.

Un tercer punto crítico con respecto al neo-liberalismo es la imensa brecha que abrió entre los salarios y la riqueza, los ricos enriqueciéndose más y más, los pobres empobreciendo, y la clase media perdiendo terreno. El salario promedio real de 90% de los que pagan impuestos en los Estados Unidos cayó por un 7% durante los últimos veinte anos. En 1979 el salario promedio para hombres era de 43.000 dolares al año, pero en el año 2001 había caído a 39.000 dolares. Entretanto, los ingresos del 1% de los ganadores de ingresos máximos subieron por un 72%, y sin duda han crecido aún más desde entonces, debido a la baja de los impuestos para los ricos (Estas cifras se encuentran citadas por Paul Klugman, en “The Death of Horacio Alger “, The Nation, 5 de Enero,2004; Richard Wolff y Max Fraad-Wolff, “Glass Fortress America”, una posición presentada con occasión de la conferencia de la Asociación de Estudios Globales, 24 de Abril, 2004, y Kevin Phillips, Wealth and Democracy: A Political History of the American Rich, Broadway Books, 2002, p.137.) Mientras la clase media se vió asediada, las corporaciones del grupo de Fortune 500 se encontraban con altos niveles de dinero contante y sonante, sus ingresos netos habiendo subido por un increíble 540% entre el año 2003 y el de 2004, nos informa David Ignatius, (“Adaptability, Inc.”, en el diario Washington Post, 2 de Abril, 2004).

El neo-liberalismo no está enteramente insensitivo frente a esta polarización económica, en particular en cuanto que esta influye negativamente la situación de los pobres. Pero el remedio lo encuentra más bien en actos de caridad privada que en programas públicos que podrían establecer un derecho legal. Por encima de todo esto, se dice a los pobres que deben ayudarse a si mismos mediante el trabajo y la auto-disciplina — la ética Protestante de la responsabilidad individual. Lo que el neo-liberalismo niega es que existe una responsabilidad social de promover el bienestar de todos los miembros de la sociedad, o el derecho del indivíduo a ello.

El liberalismo del bienestar social contrasta en todos estos puntos con el neo-liberalismo.

Como dijimos antes, el liberalismo del bienestar social surgió como respuesta a la crísis causada por el fracaso del orden económico neo-liberal. Una decisiva intervención del estado en el Mercado era necesaria para salvar el capitalismo monopolista. Esto aconteció en varios niveles. Primero, el liberalismo del bienestar social busca de aliviar la situación de los pobres mediante apoyos públicos como ayuda financiera para los desempleados, ayuda directa par las familias de los desempleados, seguridad social para los de edad avanzada, etc. Es así como la palabra “bienestar” llegó a formar el concepto de “liberalismo del bienestar”, (en ingles “welfare liberalism”).

Básicamente, el estado interviene en el Mercado, protegiendo a los indivíduos contra los efectos causados por el mercado libre, y estableciendo una red de seguridad que no deja caer a nadie. Esta provisión pública de un nivel mínimo del bienestar económico se estableció no solamente por un sentido de compasión para los desafortunados, pero por el interés de la harmonía social. Sin un seguro social, una crisis económica bien podría resultar en una situación revolucionaria. Es possible entender el liberalismo del bienestar social como una respuesta protectora del sistema contra peligrosos disturbios sociales.

Esta respuesta del liberalismo social se administra por medio de agencias del gobierno que emplean expertos de las profesiones de ayuda. En vez de mobilizar las energías de las comunidades o de los mismos desposeídos, el liberalismo del bienestar social crea mecanismos burocráticos de asistencia pública. Esta característica del liberalismo del bienestar ha llegado a ser recientemente el objeto de ataques por parte de los neo-liberales.

Un segundo aspecto del estado liberal del bienestar social tiene que ver con la regulación de las instituciones económicas. Esta medida es la forma más directa de intervención en el mercado, lo que significa mucho más que simplemente establecer las condiciones para que el mercado pueda funcionar. Es, más bien, la regulación misma de como ha de funcionar el mercado para asegurar que no fallará, ofreciendo de esta manera una especie de protección. En los Estados Unidos, la Comisión Reguladora de la Bolsa (Securities and Exchange Commission) y la Administración de Víveres y Drogas (Food and Drug Administration) son dos agencias bien conocidas en servicio de protección del mercado.

Además, el estado liberal del bienestar social también busca a promover el crecimiento económico, estimulando las actividades económicas capitalistas. Este tipo de liberalismo adopta los métodos Keynesianos para así asegurar el lucro de las corporaciones y para mantener efectiva la demanda de los consumidores con medidas deficitarias e impuestos. Esto era el método adoptado por el “New Deal” (Nuevo Pacto) con el fin de sacar la economía de la gran depresión. Se usaba una especie de Keynesianismo militar para mantener la prosperidad en las décadas después de la segunda Guerra mundial. Es así que podemos hablar del estado Keynesiano del bienestar social.

En cada uno de estos niveles el liberalismo del bienestar social embraza un estado activo asegurando de este modo que el sistema económico capitalista sobreviva. Usando las palabras de Robert Bellah, “se define el bien común como la harmonía nacional que se alcanza distribuyendo los beneficios del crecimiento económico.” (Robert Bellah, et al., Habits of the Heart, p. 264). El estado liberal, en sus esfuerzos para asegurar que los indivíduous tengan los medios para alcanzar sus fines privados, no trata de dar el poder a los ciudadanos para que puedan colectivamente buscar el bien común. En lugar de esto, el estado liberal entrega el poder a una máquina administrativa burocrática que no tiene que rendir cuentas a nadie. Mientras esta situación ha sido la fuerza del liberalismo del bienestar social, también constituía un punto particularmente vulnerable en las luchas ideológicas de las recientes decadas, cuando este liberalismo se ve atacado por la izquierda en el nombre de una toma de poder colectivo, y por la derecha en el nombre de la libertad individual.

La base política del liberalismo del bienestar social estaba en un cierto equilibrio del poder entre el capital y la clase obrera. Este equilibrio hablaba de una clase obrera suficientemente organizada para poder forzar al estado de escuchar a sus demandas y una clase capitalista debilitada por la crisis económica. Pero al mismo tiempo, la clase obrera no era lo sufientemente fuerte para tomar completo control del estado, ni era la clase capitalista tan debil que el estado podría haberse salvado de ella. En otras palabras, no se había alcanzado un desenlace revolucionario. En lugar de esto, se llegó a un acuerdo entre el capital y la clase obrera en las décadas después de la segunda Guerra mundial, un acuerdo que resultó en que el capital compartiera, como el precio para mantener la paz social, con la clase obrera algunos de los frutos que resultaban de la creciente productividad . Esto era la culminación del régimen Fordista de producción que había visto su desarrollo durante la primera parte del siglo 20. Este régimen también sirvió para calmar la lucha de clase creando una falsa conciencia en la clase obrera americana que llegara a identificarse como ‘clase media’ y que, por el año 1950, había llegado a identificar sus intereses, y los mismos intereses de la nación, con aquellos del capital. Eso era como lo expresó Wilson, el ex-presidente de General Motors y Secretario de Defensa.

Pero a mediados de la década de 1970, el capital había roto este pacto, lanzando una guerra de clase contra la clase obrera. Moviendo hacia el nuevo régimen de una flexible acumulación, desató una ofensiva contra las uniones y el nivel de vida de los obreros en busca de más flexibilidad mediante formas de labor diferentes de las del trabajo asalariado, y mediante el uso de mano de obra más barata en el extranjero. Al mismo tiempo en esta transición hacia la flexible acumulación el estado se puso al lado del capital, y esto no solo durante los períodos de los gobiernos republicanos como el de Ronald Reagan, sino también durante presidencias democráticas como la de Bill Clinton. Esto se hizo claramente óbvio cuando Clinton consiguió la ratificación del acuerdo de NAFTA, originalmente negociado por Busch (padre), un presidente republicano, contra la oposición de las organizaciones de la clase obrera. Reclamando antíguas ilusiones, Clinton mantuvo que el tratado de la NAFTA era en el interés nacional. Pero los obreros comprendieron bien que aquel tratado era en el interés de las grandes compañías. Ya no aceptaban la ilusión de que el interés del capital era idéntico al interes nacional.

Durante la presidencia de Reagan, como durante el gobierno de Thatcher en Gran Bretaña, vimos el retorno al neo-liberalismo como la dominante filosofía pública. Es así como comenzó el largo proceso de debilitación y de disolución de las instituciones del liberalismo del bienestar social, un proceso que era políticamente facilitado por una cultura altamente individualista y consumidora, como también por un retiro de los ciudadanos a la esfera privada. Por falta de un movimiento popular políticamente activo, el estado volvió a su natural función neo-liberal de promover los intereses del capital, restaurando de esta manera la libertad del mercado.

Abolir las regulaciones, devolver las propiedades productoras a la mano privada, fomentar el mercado libre, todas estas medidas llegaron a ser los puntos del programa politico, mientras el capital corporativo buscaba un ambiente libre de sindicatos y terminando sus relaciones estables con un cuerpo obrero de salarios altos, y ganando la libertad de establecer sus lugares de producción en el extranjero con líneas de producción globalizadas y mano de obra barata del Tercer Mundo. En todo esto se logró mantener la libre entrada de sus productos en mercados de alto consumo. La semana que viene exploraremos esta nueva fase de expansión del capitalismo. Por ahora basta con decir que la globalización llegó en buena hora para el neo-liberalismo. La solución de la crisis fiscal del estado, del estan camiento acompañado de la inflación de la economía y el lucro menguante en la década del 1970 afectaba el neo-liberalismo global. El rescate del neo-liberalismo sin embargo, hubiera sido imposible si las clases populares hubieran sido socialmente concientes y políticamente mobilizadas. Sin la capacidad para la lucha, la guerra de clase del capital se condujo por un largo tiempo unilateralmente.

Solo recientemente han comenzado a organizarse movimientos de resistencia contra esta globilización neo-liberal. Surgiendo con la lucha Zapatista en Chiapas, con las manifestaciones contra la Organización Mundial del Comercio en Seattle, con las protestas en Bolivia contra la entrega del acceso al agua a la mano privada, este movimiento de la justicia global en desarollo está confrontando la ortodoxia tradicional del neo-liberalismo. Además, en varios paises latino-americanos, como, por ejemplo, Venezuela y Brasil, gobiernos han llegado al poder que representan los intereses del pueblo. El consenso neo-liberal Washingtoniano se ve confrontado con una creciente crítica. El segundo partido del juego neo-liberal del capitalismo monopolista se ve atacado por fallar de cumplir con su promesa de prosperidad para todos, no habiendo producido sino sistemas gubernamentales non-democrátícos, poblaciones sin poder y un aumento en la polarización económica dentro de y entre las naciones, exactamente como lo vimos jugando al Monopoly.

Una cosa que llegó a ser más clara es que la ideología neo-liberal ha sido un velo que encubre tanto como revela. Mientras el neo-liberalismo evita intervenir en el mercado al lado de la clase obrera, da la bienvenida a la intervención del estado en favor del capital. Esto se puede ver en la manera en que los estados han estructurado las leyes del mercado mundial en el nombre del ‘libre comercio‘. Bajo la pretensión de tratar el capital extranjero en la msima manera que el capital doméstico, el neo-liberalismo global favorece el capital corporativo transnacional. No sería excatamente un nivel de igualdad si en el juego de Monoploy algunos jugadores comenzaran con solo unos dólares en sus bolsillos, mientras otros con milliones de dólares además de unos hoteles en “Boardwalk”. Esto también puede verse en la manera en que algunos estados que luchan por remover las restricciones impuestas al comercio, mantienen subsidios generosos para su agricultura y, al mismo tiempo, demandan que los estados pobres anulen los suyos. Las leyes anti-labor constituyen el único área en que las reglas globales del comercio tratan todos con igualdad. Es así que podemos ver cómo el neo-liberalismo funciona como ideología, es decir como un cuerpo de ideas que legitima ciertos intereses sociales condenando otros. El neo-liberalismo es la ideología de los capitalistas — los ganadores en el juego de Monopoly de la vida real, así como el liberalismo del bienestar social era la ideología del los que estaban perdiendo este juego pero que querían seguir jugando en la esperanza ilusoria de posiblemente ganar algún día del futuro.

Una gran parte de la obcecación del neo-liberalismo proviene de su idea anticuada del mercado. Es una concepción que origina con Adam Smith. Es la imágen de los mercados de campesinos y de artesanos. Localmente encontramos todos los Martes aquí, en San Miguel de Allende, cerca del Gigante, un semejante mercado. Hay además muchos otros mercados menores en muchos barrios y pueblos. Vendedores en sus tenderetes ofrecen de todo, de verduras y frutas frescas hasta ropa, herramientas, pájaros y mucho más. Los vendedores son con frecuencia al mismo tiempo los productores, negociando directamente con los compradores en interacciones personales a la vez que son de compra-venta. Los productos son frecuentemente expresiones de la cultura local, y los ingresos vuelven a la comunidad local. Son los mercados autenticamente libres de un tiempo pasado. Y el superávit que resulta de la venta va a los accionistas.

El neo-liberalismo evoca imágines de tales mercados en su esfuerzo de dar legitimidad a los mercados reales del sistema capitalista. Pero, de hecho, son muy diferentes. En muchos aspectos son lo contrario de los mercados libres. Los compradores no se encuentran con los productores, sino con un agente, el comerciante capitalista, o uno de sus empleados. Los precios los fija el vendedor, y no son negociables. Los productos vienen de líneas de producción en serie de diferentes lugares, fabricados por obreros alienados y desconocidos por el comprador. La demanda se estimula mediante noticias publicadas en diarios o la televisión, y se basa frecuentemente en lo que el comprador necesita. Y la plus-valía realizada por medio de la compra va a los accionistas o a los directores de las corporaciones y no recirculan en la comunidad local. Así son los reales mercados nacionales y globales de hoy. Se encuentran en las grandes plazas comerciales de América, más bien que en los mercados de los jueves en el sur. Son relaciones muy asimétricas entre comprador y vendedor y se encuentran muy lejos de los mercados libres de la fábula neo-liberal. De hecho, como lo hemos dicho ya antes, los compradors individuales son impotentes en faz de las corporaciones gigantes que dominan los mercados reales de hoy. (Este contraste está bien desarrollado por John McMurtry, The Cancer Stage of Capitalism, Pluto Press, 1999, pp.37-62.) Y también en su más reciente obra, Value Wars: The Global Market versus the Life Economy, Pluto Press, 2002.)

Los reales mercados neo-liberales de hoy son más y más entretejidos con los mercados mundiales estructurados por los estados en el interés de corporaciones transnacionales. Son los gigantes que condicionan nuestras vidas bajo las reglas establecidas por los estados neo-liberales. William I. Robinson lo dice así: ” El capital transnacional require que los estados ejerzan tres funciones:

1. La adopción de métodos fiscales y monetarios que aseguran la estabilidad macro-económica;
2. Provisión de la infra-estructura necesaria para la activdad económica global ( puertos aéreos y marítimos, medios de comunicación, sistemas educacionales que enseñan pericias específicas para el trabajo en diferentes lugares, etc.; y
3. Que aseguran el orden social, es decir estabilidad, lo que requiere la manención de instrumentos de coerción, e instrumentos ideológicos. (William I. Robinson, Promoting Polyarchy: Globalization, U.S. Intervention, and Hegemony, Cambridge University Press, 1996, p.36).

Los gobiernos de las economías altamente capitalistas como el de los Estados Unidos y de Gran Bretaña han usado desde hace mucho estas tres condiciones, aunque a veces estos estados tuvieron que moderarlas en vista de las demandas de las clases populares por justicia social. En recientes décadas, sin embargo, y desde la llegada de la doctrina de Reagan y de Thatcher, los dominantes estados neo-liberales se han esforzado en crear estados neo-liberales semejantes en el mundo. La IMF y el Banco Mundial, y ahora la WTO son los instrumentos más importantes para la introducción de las reglas neo-liberales en los estados más recalcitrantes. Si estas medidas fallan, se usan los: "Marines" americanos, una organización de tropas de choque, y un tema de la semana que viene.

Lo que el capital transnacional necesita, son estados neo-liberales fuertes para poder ejercer estas tres funciones, pero no tan fuertes como para ser capaces de proteger los intereses de sus naciones contra los intereses del capital transnacional. Es necesario de deshacer las instituciones del liberalismo del bienestar social, y taparse los oídos para no oir los débiles gritos por justicia social por parte de la poblaciones sujetas al régimen neo-liberal mundial. Esto no es siempre fácil, ya que los gobiernos necesitan alguna medida de legitimidad para poder reinar con eficacia. Es aquí que la economía global debe actuar para calmar las poblaciones inquietas. Si quieren ser competidores eficaces en el mercado neo-liberal global, se les dice, es necesario que acepten la disciplina de estos mercados. De hecho, la soberanía popular ha de ceder en frente de los intereses del capital transnacional mientras el estado neo-liberal afirma que es impotente en cuanto al mercado global. De este modo nos encontramos ser víctimas de un mercado, bajo Dios, con libertad y lucro para algunos. Pues así será, hasta que los movimientos populares sociales sean capaces de ganar una cierta medida de justicia dentro de este sistema, o de crear uno nuevo en su lugar.