|
Neo-Liberalismo
y Globalización
Cliff Durand
Traducción por Otto Begus
Morgan University
Neo-liberalismo
y globalización: estas dos palabras han llegado a
ser palabras claves en nuestro tiempo. Qué es el neo-liberalismo,
y cómo hemos de entender este neo? Y así,
también podríamos preguntarnos: qué hay de
nuevo acerca de esta globilización, porque también
ha sido llamado frecuentemente un fenómeno nuevo.
El liberalismo
en los Estados Unidos ha sido la dominatne ideología del último
cuarto del siglo pasado, reemplazando la ideología liberal del
bienestar social que surgió del New Deal (i.e.
Pacto Nuevo) proclamado por Roosevelt. Y gracias al Fondo
Monetario Internacional y al Banco Mundial, el neo-liberalismo ha llegado
a ser también la dominante ideología en la mayor parte
del Tercer Mundo. Quiero analizar las tesis básicas de esta ideología
y ofrecer una crítica que expone como esta ideología funciona
actualmente en la práctica social.
El núcleo
del neo-liberalismo se encuentra en que insiste en la separación
entre las dos esferas: la política y la eonómica. Y se
comprende que la esfera económica es una esfera autónoma
en la cual el Mercado reina supremo. En la visión de los neo-liberales,
el mercado se constituye de actores individuales que libremente entran
en acciones económicas basándose solo en el interés
propio. Comprador o vendedor, cada uno de los dos busca de obtener la
mayor ganancia possible, estableciendo acuerdos a base de contratos
solamento si parecen ventajosos. El mercado es entonces un mecanismo
para el incremento de los bienes individuales, produciendo el mayor
bien para el mayor número de contratantes. Este cálculo
utilitario se lleva a cabo mediante la mano invisible del mercado, a
la Adam Smith. No hay bien común para el neo-liberalismo; solamente
hay la suma de bienes individuales.
Pero para
que el Mercado logre obrar su mágica, debe estar libre de interferencias
sociales,
es decir colectivas. Un mercado libre es un mercado libre
de acciones del gobierno, acciones que se ven como falsificando el mercado
y sus resultados.
En la visión
estrictamente neo-liberal los únicos actores admitidos son indivíduos
que no se
guían por el altruismo, la conciencia o la compasión,
sino solo por su interés propio.
El neo-liberalismo
acepta el adagio de que aquel gobierno es el mejor que gobierna lo menos
possible. El único legítimo papel que el estado juega
es el mantenimiento el establecimiento de las condiciones necesarias
para que el mercado pueda funcionar. Esto incluye la introducción
de una moneda común, pesos y normas uniformes, como también
la introducción de leyes y de instituciones para proteger la
propiedad privada y para asegurar el cumplimiento de contratos. La acción
permisible al estado podría también extenderse a proveer
la esfera pública con la infra-estructura esencial como son los
caminos, puertos, servicios de electricidad y de comunicación,
medidas que requieren largas sumas de inversiones, pero donde los beneficios
son de largo plazo y socialmente tan dispersos que no es posible recobrar
el costo de esta infra-estructura a plazo corto. Pero aun en esto el
estado debería terminar su intervención lo antes possible
para entregarlo a la mano privada. En todo esto la suposición
implícita es que el mercado es el único medio efectivo
para integrar la sociedad y para hacer las decisiones que determinan
su desarrollo.
El neo-liberalismo
está bien representado en el juego Monopoly. Estoy
bien seguro que cada uno de los que están presentes aquí
han pasado muchas horas agradables jugando este juego de los Parker
Borthers con los miembros de la familia y con amigos. Este juego da
a los jugadores el placer de ser hombre de negocios con todos sus riesgos
y su gratificacion. También ofrece a los niños la oportunidad
de una especie de iniciación social al mercado libre.
Si ponemos
nuestra atención por unos minutos en el juego de Monopoly, este
nos
podrá decir mucho acerca del neo-liberalismo, ya que imita bastante
bien el modo de operar del mercado libre, revelando su lógica
y sus límites. Primero, cuál es el objetivo de este juego?
Ganar, por supuesto, comprando todas las propiedades en el tablero.
Se gana llevando a la bancarrota a los demás jugadores, forzándolos
a pagar alquiler cada vez que lleguen a su propiedad. Ud. gana llevándolos
a la miseria de modo que ya no son capaces de continuar el juego. Es
un juego donde cada uno gana a cuenta del otro. Es un juego en que cada
jugador ha de guiarse solo por su interés propio. Tener compasión
con otro jugador puede resultar en hacerse vulnerable. Pero eso no quiere
decir que no se deben hacer alianzas con otro jugador si esto parece
conveniente. Pero en esta libre concurrencia de Monopoly no hay amigos,
sino solamente intereses permanentes.
La razón
por la cual me interesa tanto este juego está en el hecho de
que todos los jugadores parten del mismo punto de partida. Todos comienzan
del mismo lugar en el tablero, con la misma cantidad de dinero. A pesar
de esta posición inicial egalitaria, los jugadores, después
de jugar por un tiempo suficientemente largo, terminan crasamente desiguales,
ya que un jugador posee todo, y los demás nada. La lógica
de este juego se mueve inexorablemente hacia este resultado. El mercado
libre de Monopoly inevitablemente transforma la condición inicial
de perfecta igualdad en una de máxima desigualidad. Un partido
de Monopoly solo determina quien será el vencedor y quienes serán
los perdedores en el proceso. La respuesta a esta cuestión es
habilidad y suerte. Una vez el vencedor podría ser Ud., la otra
vez un jugador distinto. Lo único cierto es que en cada partido
del Monopoly que se juegue, la perfecta igualdad de la posición
original se destruirá con la creciente concentración de
la riqueza en las manos de un único jugador.
Y así,
el juego llega a su fin. Y tiene que terminar. Sin dinero, los demás
jugadores se ven, uno por uno, fuera del partido. El partido tiene que
terminar cuando un ganador llega a ser el monopolista. Ninguno de los
otros jugadores puede continuar; no les queda sino morir en cuanto que
son actores económicos. Y cosa curiosa, el ganador mismo ya no
puede tampoco promover su interés propio. Ya no puede más
cobrar alquiler; y así, no teniendo mas ingresos, no le queda
sino cerrar sus hoteles y abandonar sus casas.
Por supuesto,
en el juego de Monopoly esto no es un problema. Se saca simplemente
todo dl tablero, se redistribuye el dinero, restaurando asi la posición
original, y se comienza un nuevo
partido. Y los que perdieron la vez anterior, ahora podrán tener
la esperanza de
llegar
a ser esta vez el monopolista ganador. Pero en el mundo real del mercado
libre, imitado por este juego, algo así no sucede. No hay un
año jubileo cuando se perdonarán todas las deudas, creando
así la posibilidad de un comienzo nuevo en una posición
de igualdad. Las transacciones continúan en el mercado real,
y nosotros todos preferimos que así sea. No queremos que termine
el juego del mercado real, causando miseria y hambre para casi todos,
y que la riqueza, concentrada en manos de pocos, pierda su sentido.
Como somos jugadores reales en el juego económico, queremos que
la vida siga.
Y cómo
puede conseguirse esto? Volviendo al juego de los Parker Brothers, nos
preguntamos qué se debe hacer para que el juego de Monopoly continúe,
no solamente por horas, sino por años y aun por generaciones.
Las reglas neo-liberales del juego son tales que tal vez sea posible
continuarlo pero no será posible prolongarlo indefinidamente.
Para que esto pueda suceder, los jugadores deberían ponerse de
acuerdo y cambiar las reglas de los Parker Brothers. Podrían
decidirse a cobrar impuestos de las propiedades, usando los fondos recogidos
para ayudar a aquellos jugadores que han perdido todo, de modo que aun
estos podrían sobrevivir aunque ya no tengan propiedad. O podrían
decidirse de limitar la cantidad de propiedad cada jugador sería
permitido de poseer. Pero cualquiera que sea el mecanismo que adopten
para mantener el juego (y a sí mismos), en cada caso sería
una intervención política en el mercado. Pero usar de
esta manera el poder colectivo de todos en vista del bien común,
constituiría una decisión democrática. Y como tal
representaría el abandono del neo-liberalismo, reconociendo que
éste lleva últimamente al suicidio social.
Si volvemos
ahora al mundo real, esto es lo que básicamente pasó en
los Estados Unidos en la década de los años 1930. El capitalismo
del mercado libre de los económicamente tórridos años
30 del siglo pasado se derrumbó, resultando en la gran depresión
durante esta década. Muy pocos tenían suficiente dinero
para alojarse en los hoteles caros del Broadway, y más y más
familias ya no eran capaces de mantener sus humildes hogares en la Mediterranean
Avenue, habiendo sido enteramente expulsados del juego económico.
Se formó entonces un movimiento social masivo de los desposeidos,
exigiendo una intervención política para cambiar las reglas
de juego del sistema económico. El New Deal (contrato
nuevo) era la respuesta de la elite política en reacción
a los gritos del pueblo demandando justicia social. Y así nació
el liberalismo del bienestar social.
Antes
de dirigir mi mirada a esta nueva ideología pública que
iba a dominar la política de los EEUU durante la segunda mitad
del siglo 20, quisiera dirigir mi atención brevemente a tres
críticas del neo-liberalismo implícitas en nuestra discusión
del Monopoly.
Primero,
el neo-liberalismo es profundamente anti-democrático. No es simplemente
no democrático, sino anti-democrático. Al remover la política
del mercado, niega al pueblo la posibilidad de hacer decisiones colectivas
dirigidas a promover sus intereses communes. Se trata de la posible
decisión colectiva en vista de promover los intereses comunes.
Pero precisamente es esto en que la democracia consiste. Es la posibilidad
de hacer una decisión colectiva con respecto al bien común.
La constitución democrática del estado hace del gobierno
el instrumento para una tal acción colectiva. Pero el neo-liberalismo
no concibe el bien común sino como las condiciones favorables
al mercado y a la defensa común. Aparte de esto, para el neo-liberalismo
solo existen bienes individuales privados. Las únicas acciones
colectivas que el neo-liberalismo contempla, son la acción común
de las corporaciones privadas y la de los grupos representando intereses
especiales. Pero esto significa una negación de la idea misma
de lo que es la democracia.
En consecuencia,
el neo-liberalismo ha rendido impotente al indivíduo, impotente
frente
a las corporaciones gigantes que han llegado a dominar el mercado. En
la vida real del mercado no son personas de carne y hueso como tú
y yo que están ganando en el juego de Monopoly. Los ganadores
son más bien estos indivíduos ficticios, es decir las
corporaciones. No somos todos jugadores de igual influencia en el mercado,
y en consecuencia, no somos efectivamente libres. El mercado neo-liberal
habia hecho la promesa de promover el indíviduo. Pero lo ha disminuido,
dejándolo sin los medios de defenderse contra los gigantes corporativos.
Diré mas acerca de esto en un momento.
Un tercer
punto crítico con respecto al neo-liberalismo es la imensa brecha
que abrió entre los salarios y la riqueza, los ricos enriqueciéndose
más y más, los pobres empobreciendo, y la clase media
perdiendo terreno. El salario promedio real de 90% de los que pagan
impuestos en los Estados Unidos cayó por un 7% durante los últimos
veinte anos. En 1979 el salario promedio para hombres era de 43.000
dolares al año, pero en el año 2001 había caído
a 39.000 dolares. Entretanto, los ingresos del 1% de los ganadores de
ingresos máximos subieron por un 72%, y sin duda han crecido
aún más desde entonces, debido a la baja de los impuestos
para los ricos (Estas cifras se encuentran citadas por Paul Klugman,
en The Death of Horacio Alger , The Nation, 5 de
Enero,2004; Richard Wolff y Max Fraad-Wolff, Glass Fortress America,
una posición presentada con occasión de la conferencia
de la Asociación de Estudios Globales, 24 de Abril, 2004, y Kevin
Phillips, Wealth and Democracy: A Political History of the American
Rich, Broadway Books, 2002, p.137.) Mientras la clase media se
vió asediada, las corporaciones del grupo de Fortune 500 se encontraban
con altos niveles de dinero contante y sonante, sus ingresos netos habiendo
subido por un increíble 540% entre el año 2003 y el de
2004, nos informa David Ignatius, (Adaptability, Inc., en
el diario Washington Post, 2 de Abril, 2004).
El neo-liberalismo
no está enteramente insensitivo frente a esta polarización
económica, en
particular en cuanto que esta influye negativamente la situación
de los pobres. Pero el remedio lo encuentra más bien en actos
de caridad privada que en programas públicos que podrían
establecer un derecho legal. Por encima de todo esto, se dice a los
pobres que deben ayudarse a si mismos mediante el trabajo y la auto-disciplina
la ética Protestante de la responsabilidad individual.
Lo que el neo-liberalismo niega es que existe una responsabilidad social
de promover el bienestar de todos los miembros de la sociedad, o el
derecho del indivíduo a ello.
El liberalismo
del bienestar social contrasta en todos estos puntos con el neo-liberalismo.
Como dijimos
antes, el liberalismo del bienestar social surgió como respuesta
a la crísis causada por el fracaso del orden económico
neo-liberal. Una decisiva intervención del estado en el Mercado
era necesaria para salvar el capitalismo monopolista. Esto aconteció
en varios niveles. Primero, el liberalismo del bienestar social busca
de aliviar la situación de los pobres mediante apoyos públicos
como ayuda financiera para los desempleados, ayuda directa par las familias
de los desempleados, seguridad social para los de edad avanzada, etc.
Es así como la palabra bienestar llegó a formar
el concepto de liberalismo del bienestar, (en ingles welfare
liberalism).
Básicamente,
el estado interviene en el Mercado, protegiendo a los indivíduos
contra los efectos causados por el mercado libre, y estableciendo una
red de seguridad que no deja caer a nadie. Esta provisión pública
de un nivel mínimo del bienestar económico se estableció
no solamente por un sentido de compasión para los desafortunados,
pero por el interés de la harmonía social. Sin un seguro
social, una crisis económica bien podría resultar en una
situación revolucionaria. Es possible entender el liberalismo
del bienestar social como una respuesta protectora del sistema contra
peligrosos disturbios sociales.
Esta respuesta
del liberalismo social se administra por medio de agencias del gobierno
que emplean expertos de las profesiones de ayuda. En vez de mobilizar
las energías de las comunidades o de los mismos desposeídos,
el liberalismo del bienestar social crea mecanismos burocráticos
de asistencia pública. Esta característica del liberalismo
del bienestar ha llegado a ser recientemente el objeto de ataques por
parte de los neo-liberales.
Un segundo
aspecto del estado liberal del bienestar social tiene que ver con la
regulación de las instituciones económicas. Esta medida
es la forma más directa de intervención en el mercado,
lo que significa mucho más que simplemente establecer las condiciones
para que el mercado pueda funcionar. Es, más bien, la regulación
misma de como ha de funcionar el mercado para asegurar que no fallará,
ofreciendo de esta manera una especie de protección. En los Estados
Unidos, la Comisión Reguladora de la Bolsa (Securities and Exchange
Commission) y la Administración de Víveres y Drogas (Food
and Drug Administration) son dos agencias bien conocidas en servicio
de protección del mercado.
Además,
el estado liberal del bienestar social también busca a promover
el crecimiento económico, estimulando las actividades económicas
capitalistas. Este tipo de liberalismo adopta los métodos Keynesianos
para así asegurar el lucro de las corporaciones y para mantener
efectiva la demanda de los consumidores con medidas deficitarias e impuestos.
Esto era el método adoptado por el New Deal (Nuevo
Pacto) con el fin de sacar la economía de la gran depresión.
Se usaba una especie de Keynesianismo militar para mantener la prosperidad
en las décadas después de la segunda Guerra mundial. Es
así que podemos hablar del estado Keynesiano del bienestar social.
En cada
uno de estos niveles el liberalismo del bienestar social embraza un
estado activo asegurando de este modo que el sistema económico
capitalista sobreviva. Usando las palabras de Robert Bellah, se
define el bien común como la harmonía nacional que se
alcanza distribuyendo los beneficios del crecimiento económico.
(Robert Bellah, et al., Habits of the Heart, p. 264). El estado
liberal, en sus esfuerzos para asegurar que los indivíduous tengan
los medios para alcanzar sus fines privados, no trata de dar el poder
a los ciudadanos para que puedan colectivamente buscar el bien común.
En lugar de esto, el estado liberal entrega el poder a una máquina
administrativa burocrática que no tiene que rendir cuentas a
nadie. Mientras esta situación ha sido la fuerza del liberalismo
del bienestar social, también constituía un punto particularmente
vulnerable en las luchas ideológicas de las recientes decadas,
cuando este liberalismo se ve atacado por la izquierda en el nombre
de una toma de poder colectivo, y por la derecha en el nombre de la
libertad individual.
La base
política del liberalismo del bienestar social estaba en un cierto
equilibrio del
poder entre el capital y la clase obrera. Este equilibrio hablaba de
una clase obrera suficientemente organizada para poder forzar al estado
de escuchar a sus demandas y una clase capitalista debilitada por la
crisis económica. Pero al mismo tiempo, la clase obrera no era
lo sufientemente fuerte para tomar completo control del estado, ni era
la clase capitalista tan debil que el estado podría haberse salvado
de ella. En otras palabras, no se había alcanzado un desenlace
revolucionario. En lugar de esto, se llegó a un acuerdo entre
el capital y la clase obrera en las décadas después de
la segunda Guerra mundial, un acuerdo que resultó en que el capital
compartiera, como el precio para mantener la paz social, con la clase
obrera algunos de los frutos que resultaban de la creciente productividad
. Esto era la culminación del régimen Fordista de producción
que había visto su desarrollo durante la primera parte del siglo
20. Este régimen también sirvió para calmar la
lucha de clase creando una falsa conciencia en la clase obrera americana
que llegara a identificarse como clase media y que, por
el año 1950, había llegado a identificar sus intereses,
y los mismos intereses de la nación, con aquellos del capital.
Eso era como lo expresó Wilson, el ex-presidente de General Motors
y Secretario de Defensa.
Pero a
mediados de la década de 1970, el capital había roto este
pacto, lanzando una guerra de clase contra la clase obrera. Moviendo
hacia el nuevo régimen de una flexible acumulación, desató
una ofensiva contra las uniones y el nivel de vida de los obreros en
busca de más flexibilidad mediante formas de labor diferentes
de las del trabajo asalariado, y mediante el uso de mano de obra más
barata en el extranjero. Al mismo tiempo en esta transición hacia
la flexible acumulación el estado se puso al lado del capital,
y esto no solo durante los períodos de los gobiernos republicanos
como el de Ronald Reagan, sino también durante presidencias democráticas
como la de Bill Clinton. Esto se hizo claramente óbvio cuando
Clinton consiguió la ratificación del acuerdo de NAFTA,
originalmente negociado por Busch (padre), un presidente republicano,
contra la oposición de las organizaciones de la clase obrera.
Reclamando antíguas ilusiones, Clinton mantuvo que el tratado
de la NAFTA era en el interés nacional. Pero los obreros comprendieron
bien que aquel tratado era en el interés de las grandes compañías.
Ya no aceptaban la ilusión de que el interés del capital
era idéntico al interes nacional.
Durante
la presidencia de Reagan, como durante el gobierno de Thatcher en Gran
Bretaña, vimos el retorno al neo-liberalismo como la dominante
filosofía pública. Es
así como comenzó el largo proceso de debilitación
y de disolución de las instituciones del liberalismo del bienestar
social, un proceso que era políticamente facilitado por una cultura
altamente individualista y consumidora, como también por un retiro
de los ciudadanos a la esfera privada. Por falta de un movimiento popular
políticamente activo, el estado volvió a su natural función
neo-liberal de promover los intereses del capital, restaurando de esta
manera la libertad del mercado.
Abolir
las regulaciones, devolver las propiedades productoras a la mano privada,
fomentar el mercado libre, todas estas medidas llegaron a ser los puntos
del programa politico, mientras el capital corporativo buscaba un ambiente
libre de sindicatos y terminando sus relaciones estables con un cuerpo
obrero de salarios altos, y ganando la libertad de establecer sus lugares
de producción en el extranjero con líneas de producción
globalizadas y mano de obra barata del Tercer Mundo. En todo esto se
logró mantener la libre entrada de sus productos en mercados
de alto consumo. La semana que viene exploraremos esta nueva fase de
expansión del capitalismo. Por ahora basta con decir que la globalización
llegó en buena hora para el neo-liberalismo. La solución
de la crisis fiscal del estado, del estan camiento acompañado
de la inflación de la economía y el lucro menguante en
la década del 1970 afectaba el neo-liberalismo global. El rescate
del neo-liberalismo sin embargo, hubiera sido imposible si las clases
populares hubieran sido socialmente concientes y políticamente
mobilizadas. Sin la capacidad para la lucha, la guerra de clase del
capital se condujo por un largo tiempo unilateralmente.
Solo recientemente
han comenzado a organizarse movimientos de resistencia contra esta globilización
neo-liberal. Surgiendo con la lucha Zapatista en Chiapas, con las manifestaciones
contra la Organización Mundial del Comercio en Seattle, con las
protestas en Bolivia contra la entrega del acceso al agua a la mano
privada, este movimiento de la justicia global en desarollo está
confrontando la ortodoxia tradicional del neo-liberalismo. Además,
en varios paises latino-americanos, como, por ejemplo, Venezuela y Brasil,
gobiernos han llegado al poder que representan los intereses del pueblo.
El consenso neo-liberal Washingtoniano se ve confrontado con una creciente
crítica. El segundo partido del juego neo-liberal del capitalismo
monopolista se ve atacado por fallar de cumplir con su promesa de prosperidad
para todos, no habiendo producido sino sistemas gubernamentales non-democrátícos,
poblaciones sin poder y un aumento en la polarización económica
dentro de y entre las naciones, exactamente como lo vimos jugando al
Monopoly.
Una cosa
que llegó a ser más clara es que la ideología neo-liberal
ha sido un velo que encubre tanto como revela. Mientras el neo-liberalismo
evita intervenir en el mercado al lado de la clase obrera, da la bienvenida
a la intervención del estado en favor del capital. Esto se puede
ver en la manera en que los estados han estructurado las leyes del mercado
mundial en el nombre del libre comercio. Bajo la pretensión
de tratar el capital extranjero en la msima manera que el capital doméstico,
el neo-liberalismo global favorece el capital corporativo transnacional.
No sería excatamente un nivel de igualdad si en el juego de Monoploy
algunos jugadores comenzaran con solo unos dólares en sus bolsillos,
mientras otros con milliones de dólares además de unos
hoteles en Boardwalk. Esto también puede verse en
la manera en que algunos estados que luchan por remover las restricciones
impuestas al comercio, mantienen subsidios generosos para su agricultura
y, al mismo tiempo, demandan que los estados pobres anulen los suyos.
Las leyes anti-labor constituyen el único área en que
las reglas globales del comercio tratan todos con igualdad. Es así
que podemos ver cómo el neo-liberalismo funciona como ideología,
es decir como un cuerpo de ideas que legitima ciertos intereses sociales
condenando otros. El neo-liberalismo es la ideología de los capitalistas
los ganadores en el juego de Monopoly de la vida real, así
como el liberalismo del bienestar social era la ideología del
los que estaban perdiendo este juego pero que querían seguir
jugando en la esperanza ilusoria de posiblemente ganar algún
día del futuro.
Una gran
parte de la obcecación del neo-liberalismo proviene de su idea
anticuada del mercado. Es una concepción que origina con Adam
Smith. Es la imágen de los mercados de campesinos y de artesanos.
Localmente encontramos todos los Martes aquí, en San Miguel de
Allende, cerca del Gigante, un semejante mercado. Hay además
muchos otros mercados menores en muchos barrios y pueblos. Vendedores
en sus tenderetes ofrecen de todo, de verduras y frutas frescas hasta
ropa, herramientas, pájaros y mucho más. Los vendedores
son con frecuencia al mismo tiempo los productores, negociando directamente
con los compradores en interacciones personales a la vez que son de
compra-venta. Los productos son frecuentemente expresiones de la cultura
local, y los ingresos vuelven a la comunidad local. Son los mercados
autenticamente libres de un tiempo pasado. Y el superávit que
resulta de la venta va a los accionistas.
El neo-liberalismo
evoca imágines de tales mercados en su esfuerzo de dar legitimidad
a los mercados reales del sistema capitalista. Pero, de hecho, son muy
diferentes. En muchos aspectos son lo contrario de los mercados libres.
Los compradores no se encuentran con los productores, sino con un agente,
el comerciante capitalista, o uno de sus empleados. Los precios los
fija el vendedor, y no son negociables. Los productos vienen de líneas
de producción en serie de diferentes lugares, fabricados por
obreros alienados y desconocidos por el comprador. La demanda se estimula
mediante noticias publicadas en diarios o la televisión, y se
basa frecuentemente en lo que el comprador necesita. Y la plus-valía
realizada por medio de la compra va a los accionistas o a los directores
de las corporaciones y no recirculan en la comunidad local. Así
son los reales mercados nacionales y globales de hoy. Se encuentran
en las grandes plazas comerciales de América, más bien
que en los mercados de los jueves en el sur. Son relaciones muy asimétricas
entre comprador y vendedor y se encuentran muy lejos de los mercados
libres de la fábula neo-liberal. De hecho, como lo hemos dicho
ya antes, los compradors individuales son impotentes en faz de las corporaciones
gigantes que dominan los mercados reales de hoy. (Este contraste está
bien desarrollado por John McMurtry, The Cancer Stage of Capitalism,
Pluto Press, 1999, pp.37-62.) Y también en su más
reciente obra, Value Wars: The Global Market versus the Life Economy,
Pluto Press, 2002.)
Los reales
mercados neo-liberales de hoy son más y más entretejidos
con los mercados mundiales estructurados por los estados en el interés
de corporaciones transnacionales. Son los gigantes que condicionan nuestras
vidas bajo las reglas establecidas por los estados neo-liberales. William
I. Robinson lo dice así: El capital transnacional require
que los estados ejerzan tres funciones:
1. La adopción
de métodos fiscales y monetarios que aseguran la estabilidad
macro-económica;
2. Provisión de la infra-estructura necesaria para la activdad
económica global ( puertos aéreos y marítimos,
medios de comunicación, sistemas educacionales que enseñan
pericias específicas para el trabajo en diferentes lugares, etc.;
y
3. Que aseguran el orden social, es decir estabilidad, lo que requiere
la manención de instrumentos de coerción, e instrumentos
ideológicos. (William I. Robinson, Promoting Polyarchy: Globalization,
U.S. Intervention, and Hegemony, Cambridge University Press, 1996,
p.36).
Los
gobiernos de las economías altamente capitalistas como el de
los Estados Unidos y de Gran Bretaña han usado desde hace mucho
estas tres condiciones, aunque a veces estos estados tuvieron que moderarlas
en vista de las demandas de las clases populares por justicia social.
En recientes décadas, sin embargo, y desde la llegada de la doctrina
de Reagan y de Thatcher, los dominantes estados neo-liberales se han
esforzado en crear estados neo-liberales semejantes en el mundo. La
IMF y el Banco Mundial, y ahora la WTO son los instrumentos más
importantes para la introducción de las reglas neo-liberales
en los estados más recalcitrantes. Si estas medidas fallan, se
usan los: "Marines" americanos, una organización de
tropas de choque, y un tema de la semana que viene.
Lo que
el capital transnacional necesita, son estados neo-liberales fuertes
para poder ejercer estas tres funciones, pero no tan fuertes como para
ser capaces de proteger los intereses de sus naciones contra los intereses
del capital transnacional. Es necesario de deshacer las instituciones
del liberalismo del bienestar social, y taparse los oídos para
no oir los débiles gritos por justicia social por parte de la
poblaciones sujetas al régimen neo-liberal mundial. Esto no es
siempre fácil, ya que los gobiernos necesitan alguna medida de
legitimidad para poder reinar con eficacia. Es aquí que la economía
global debe actuar para calmar las poblaciones inquietas. Si quieren
ser competidores eficaces en el mercado neo-liberal global, se les dice,
es necesario que acepten la disciplina de estos mercados. De hecho,
la soberanía popular ha de ceder en frente de los intereses del
capital transnacional mientras el estado neo-liberal afirma que es impotente
en cuanto al mercado global. De este modo nos encontramos ser víctimas
de un mercado, bajo Dios, con libertad y lucro para algunos. Pues así
será, hasta que los movimientos populares sociales sean capaces
de ganar una cierta medida de justicia dentro de este sistema, o de
crear uno nuevo en su lugar.
|