Imperialismo
Global y Estados Nacionales.
Dra.
Olga Fernández Ríos
Instituto de Filosofia, Habana, Cuba
Julio 2004
Introducción
Vivimos
tiempos que algunos han caracterizado como una era de rabiosa mundialización
capitalista en la que los centros de poder mundial a la vez que tratan
de minimizar el rol y la autonomía de los estados nacionales
enclavados en el sur del planeta los utilizan como fines para consolidar
el avance arrollador del mercado capitalista con sus negativas consecuencias
para más de la tercera parte de la humanidad. A la vez se ha
proliferado la tesis de que el estado nacional pierde importancia al
existir mecanismos regulatorios internacionales encargados de diseñar
las políticas domésticas.
Otro elemento
presente en el análisis del tema está vinculado con las
múltiples contradicciones que existen en el mundo contemporáneo
como consecuencias derivadas del capitalismo y del mito que lo considera
el único y legítimo modo de producción para todo
el planeta a pesar de haber generalizado la exclusión social,
la pobreza, la depredación de los recursos naturales, la violencia
y la corrupción política. A estas deformaciones de la
sociedad capitalista se han unido otros fenómenos que hoy afectan
a las relaciones entre los países como es por ejemplo el terrorismo.
Esos son
hoy los pretextos fundamentales que esgrime la principal potencia imperialista
mundial para ejercer su injerencia en cualquier país con el supuesto
objetivo de liberar el mundo de esas lacras que deliberadamente se atribuyen
solo a los países menos desarrollados. En este contexto también
se afectan los estados nacionales del sur cuando se legitima el intervencionismo
norteamericano en sus asuntos internos a través de variados recursos
incluyendo la guerra como instrumento de coerción y de dominio
para lo cual el presupuesto militar de Estados Unidos, que ya era elevado,
en los últimos tres años ha crecido en más de un
20%. La retórica militar que acompaña al centro del imperialismo
global se hace aún más cínica cuando el nuevo intervencionismo
norteamericano se justifica en nombre de la civilización y como
mandato de Dios.
En nuestro
criterio los estados nacionales, incluyendo los menos desarrollados,
tienen el derecho a buscar sus propias salidas a la situación
existente y siguen teniendo importancia cardinal que en muchos aspectos
se refuerza por ser los marcos territoriales y culturales de las búsquedas
de alternativas al capitalismo y de las luchas por un mundo más
justo y equitativo.
El tema
que analizamos es complejo e imposible de agotar en tan pocas páginas.
Solo nos proponemos exponer algunas reflexiones -fundamentalmente desde
la perspectiva de América Latina y El Caribe- que consideramos
pueden aportar al debate para lo cual ordenaremos nuestras ideas en
4 aspectos fundamentales:
—
Algunas reflexiones sobre el imperialismo global y los estados nacionales.
— El despojo de la soberanía nacional a los estados de
la llamada periferia como
instrumento de dominación del imperialismo global.
— Nuevas fórmulas norteamericanas para justificar la dominación
imperialista sobre
los estados nacionales de la “Periferia”.
— Acerca de las alternativas al orden imperante.
I.-
Algunas reflexiones sobre el imperialismo global y los estados nacionales
El capitalismo
realmente existente en la actualidad mantiene la lógica de desarrollo
analizada por Carlos Marx que incluye el expansionismo de los intereses
de la burguesía previsoriamente denunciado en el Manifiesto Comunista:
la burguesía...“obliga a todas las naciones, si no quieren
sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las
constriñe a introducir la llamada civilización, es decir
a hacerse burguesas. En una palabra se forja un mundo a su imagen y
semejanza”.
El carácter
expansionista e imperialista del capitalismo denunciado a fines del
siglo XIX y principios del XX por José Martí y Vladimir
I. Lenin hoy se ha consolidado a través de fórmulas que
superan la exportación de capitales, el colonialismo y el neocolonialismo.
Como nunca
antes el capitalismo se ha mundializado o dicho de otra forma existe
un imperialismo global que afecta e involucra a la inmensa mayoría
de la humanidad. Este imperialismo se ha consolidado a partir de un
predominio del mercado y del crecimiento de la exclusión social
que perjudica no solo a seres humanos desposeídos de las “ventajas”
de la propiedad privada, sino también a países considerados
de segunda categoría impedidos de alcanzar el desarrollo y el
poderío de las potencias imperialistas que cada vez más
se reducen en número.
El imperialismo
se ha convertido en un sistema mundial de dominio económico y
político que profundiza cada vez más la asimetría
y desigualdad entre las naciones según los intereses de una triada
dominante integrada por Estados Unidos, Europa y Japón pero con
una fuerte tendencia de monopolización del poder mundial por
parte de EEUU, tendencia que ya hoy se ha convertido en regularidad.
No olvidemos
que este país no tuvo un desarrollo feudal sino que nació
capitalista y creció imperialista transitando por tres etapas:
1) conquistando y usurpando territorios por la fuerza para ampliar considerablemente
los asentamientos de las 13 colonias inglesas que dieron origen al país.
Sin perder tiempo arrebataron enclaves vecinos, despojaron de sus tierras
a pueblos indígenas asentados durante siglos en Norteamérica
y a otros países; 2) convirtiéndose en un poder imperial
hemisférico a lo largo del siglo XX con control sobre América
Latina y El Caribe y 3) desde el fin de la II Guerra Mundial hasta nuestros
días se ha ido erigiendo en centro del imperialismo con un creciente
control del mercado mundial y apoyándose en la injerencia en
los asuntos internos de otros estados.
A través
de la usurpación, el intervencionismo y la falta de ética
política Estados Unidos ha logrado formar un dominio económico
y político transnacional. Como centro del imperialismo global
ha desarrollado una red o sistema de dominación múltiple que cuenta con varios mecanismos políticos e ideológicos
que complementan la fuerza arrolladora del mercado y que afecta y limita
sustancialmente el desarrollo actual de los países del sur.
No es ocioso
recordar que los estados nacionales están estrechamente relacionados
temporal y orgánicamente con el surgimiento y expansión
de los mercados capitalistas. Existe un íntimo vínculo
entre el surgimiento del estado-nación y el capitalismo originario
a la vez que las naciones han estado afectadas por el desarrollo del
capitalismo y por los intereses que han guiado su expansión.
No obstante
este condicionamiento, a lo largo de siglos de configuración
y consolidación de los estados nacionales, se han unificado o
diferenciado pueblos y culturas y en el seno de estos enclaves geopolíticos
se han cimentado antecedentes y valores históricos y culturales
a la vez que se han definido identidades nacionales e intereses sociopolíticos
que legitiman el derecho a la soberanía nacional. Todos estos
elementos han sido decisivos en las luchas anticolonialistas e independentistas
así como en la definición de mecanismos regulatorios internacionales
para proteger la integridad de las naciones y la paz mundial.
En la actualidad
los estados nacionales son los espacios donde confluyen los vínculos
entre estado, mercado, lo nacional, lo clasista y lo mundial y donde
se han llevado a cabo importantes luchas anticapitalistas para contrarrestar
los negativos efectos que ocasionan el imperialismo global y el neoliberalismo
a más de las dos terceras partes de la humanidad. Además
y de gran importancia, son los espacios donde se desarrollan movimientos
sociopolíticos y revolucionarios para lograr un mundo mejor.
Por otra
parte los principales núcleos del mercado transnacionalizado
están asentados en los países que centran el poder político
mundial encabezados por los Estados Unidos de Norteamérica. A
la vez los estados nacionales menos desarrollados económicamente
están obligados a involucrarse en las complejas redes de ese
mercado.
Pero las
conexiones e interrelaciones entre lo nacional y lo internacional se
hacen mucho más complejas cuando Estados Unidos trata de imponer
un modelo único de desarrollo e incluso un modelo único
del estado capitalista a la vez que trata de ratificar su hegemonía
sobre los estados nacionales para lo cual modela los mecanismos de regulación
y control que le permitan ejercer dicha hegemonía.
Estados
Unidos traza los patrones mundiales de producción, financiamiento
y consumo a través de una red de relaciones productivas, comerciales
y financieras que modelan la sociedad en su conjunto a partir de la
lógica del capitalismo. Promueve un pensamiento único
y atenta cada vez más contra las búsquedas de alternativas
y opciones diversas para lograr el desarrollo económico y la
justicia social.
II.-
El despojo de la soberanía nacional a los estados de la llamada
periferia como instrumento de dominación del imperialismo global.
Es indiscutible
que en las condiciones del imperialismo global se han producido cambios
y reestructuraciones en las funciones del estado que aunque no modifican
su naturaleza clasista sí implican cambios en la correlación
de factores y elementos internos con consecuencias negativas para la
sociedad en su conjunto.
No es la
primera vez que eso ocurre, pero sí la primera vez que se manifiesta
con alcance planetario y regulado por una gran potencia. A diferencia
de etapas anteriores, incluso en otros estadios del propio imperialismo,
las políticas estatales se formulaban teniendo en cuenta lo nacional
mientras que hoy se definen por su subordinación a los intereses
de las grandes transnacionales que tienen su enclave territorial en
los países del centro imperialista.
Con relación
al estado nación hoy distinguimos dos polos bien diferenciados:
los países imperialistas a los que muchos autores denominan “Centro”
y los subdesarrollados considerados como “Periferia”. La
situación no es igual en ambos polos. En nuestro análisis
nos centraremos en la llamada periferia y en particular en nuestro continente
con especificidades derivadas de la política exterior norteamericana
dirigida hacia esta región.
De forma
bastante generalizada en América Latina y El Caribe el estado
ha sufrido modificaciones en el ejercicio de sus funciones tradicionales
a partir de un desequilibrio mayor entre la función represiva
que se potencia de forma extraordinaria y las funciones encaminadas
al ejercicio de políticas públicas las que cada vez más
se estrechan y desdibujan.
Lo más
significativo del cambio está dado, ante todo, por la afectación
que Estados Unidos asesta a la soberanía y la independencia nacional
y más que afectación, por la absoluta pérdida de
la autonomía y la soberanía de los estados nacionales
de la periferia latinoamericana y caribeña.
Hoy la
soberanía nacional deja de ser un atributo del estado y una fuente
regulatoria del interés común nacional para convertirse
en un fetiche instrumental al servicio de los intereses del gran capital
y del mercado globalizado lo que algunos autores han considerado que
modifica la naturaleza del estado. Al respecto el politólogo
egipcio Samir Amin introduce el concepto de “estados-mercados”
en los que todas las funciones, incluso la coercitiva, siguen siendo
a favor de las fuerzas interesadas en el capitalismo, pero no el nacional.
De esta forma Estados Unidos pretende utilizar a los estados nacionales
solo para equilibrar la “gran política” y la “micropolítica”
imperando una lógica acorde a la gran potencia.
En nuestro
criterio la pérdida de la soberanía nacional también
altera sensiblemente los fundamentos y mecanismos democráticos
lo que se manifiesta en los altos índices de descontento que
existen en América Latina con relación a la democracia
imperante en esta región y la falta de credibilidad en esa forma
de gobierno.
El derecho
a la intervención militar de Estados Unidos está por encima
de la soberanía nacional cuando ese país llega a justificar
cualquier invasión o derrocamiento de Presidentes latinoamericanos
y caribeños. Esta situación altera considerablemente tres
funciones del estado:
a) Como
parte de las políticas neoliberales, en la generalidad de los
países de la región, los estados no diseñan sus
propias políticas económicas, ni siquiera de corte burgués-capitalista,
sino que están obligados a aplicar las diseñadas por otros.
Constantemente se viola la soberanía nacional a través
de instituciones o tratados como el Banco Mundial, el Fondo Monetario
Internacional, la Organización Mundial del Comercio, ALCA entre
otros mecanismos creados para el diseño y el control económico
internacional.
b) Tampoco
diseñan, ni definen mecanismos de gobierno, sino que se ven obligados
a asumir un modelo definido como democracia totalmente importada y vaciada
de los principales atributos que corresponden a esa forma de gobierno
y de organización política de la sociedad.
c) La función
ideológica del estado también se ve afectada por la ideología
neoliberal que modela un patrón ideológico-cultural que
se exporta a los países latinoamericanos y caribeños y
que va más allá de los patrones burgueses clásicos
al producirse un vaciamiento de lo autóctono, un alejamiento
de las tradiciones nacionales, e incluso regionales, para dar lugar
a una cultura de dominación imperial que cultiva concepciones
sobre la inevitabilidad del capitalismo, la superioridad norteamericana
y las “ventajas del mercado”.
Una de
las mayores afectaciones a los estados de los países de la periferia
es la creciente pérdida de la capacidad para reproducir la cultura
nacional y aquellos elementos identitarios que imprimen continuidad
y riqueza de tradiciones.
Lo que
es más grave, se afecta el concepto de pueblo que empieza a perderse
para ser ocupado por el concepto de multitud o población cuando
se sustituyen intereses culturales e identitarios por macrointereses
extraterritoriales. Lo popular llega a ser lo más despreciado
y queda solo como espacio quizás para la recreación, el
folclore o para la retórica electoral. Este es un tema que merece
ser resaltado unido a la creciente pérdida de la ciudadanía.
No olvidar que con la injerencia e interés de EEUU se han fragmentado
países e identidades culturales y nacionales y se han promovido
violentas guerras locales.
En las
tres direcciones de pérdida de la soberanía y la independencia
nacional la importación de atributos estatales trae consigo nuevos
patrones que despojan al estado nacional de la tradicional búsqueda
de paliativos para subsanar las desigualdades sociales. De esta forma
el desprecio al interés público, al interés de
la sociedad y de los sectores populares se potencia, las políticas
públicas se privatizan y dejan de ser prioridad o al menos apariencia
de la función del Estado.
Lo que
algunos autores consideran achicamiento del estado en los países
de la periferia no es más que la absoluta pérdida de la
responsabilidad del estado con relación a la educación,
la salud pública, la seguridad social, la protección de
los recursos naturales, y de todo lo que contribuye a fomentar un equilibrio
mínimo que el estado debe lograr para que la sociedad funcione
con cierta normalidad.
III.-
Nuevas fórmulas norteamericanas para justificar la dominación
imperialista sobre los estados nacionales de la “Periferia”.
Para lograr la hegemonía mundial Estados Unidos coordina alianzas
y relaciones competitivas; en cualquier lugar del planeta reprime lo
que considere como amenazas al gran capital; propicia acuerdos interestatales,
regula la lógica del capital a partir de sus intereses y conecta
los mercados internos al mercado global.
En una
palabra, trabaja para que el mercado sea el elemento regulatorio principal
de las funciones de los estados nacionales y para que éstos se
ocupen prioritariamente de consolidar el mercado pero no puede ignorarse
que la lógica del mercado funciona a partir de las posibilidades
que le abra el estado. Además Estados Unidos es quien presiona
e invade países y quien diseña mecanismos de dominación
política y militar a través de sus agencias especializadas
y los organismos regionales o especialmente dirigidos a países
del sur. (Recordar ALCA, Plan Colombia, Plan Puebla Panamá, Helms
Burton, Haiti, Venezuela Afganistán, Iraq, entre otros muchos).
En los
últimos años y particularmente después de los ataques
terroristas del 11 de septiembre de 2001 el gobierno de Estados Unidos
ha diseñado diferentes planes con el pretexto de proteger su
seguridad nacional. Algunos autores afiliados al neoconservadurismo
plantean que aquellos ataques obligaron a Estados Unidos a pensar en
una nueva política exterior a la vez que brindaron la oportunidad
para explicar al pueblo norteamericano el por qué es necesario
establecer un serio compromiso con el mundo exterior.
La nueva
estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos dada a conocer en
septiembre de 2002 sigue ese razonamiento y autoconcede a ese país
poderes ilimitados para el control del mundo en nombre de la preservación
de los intereses norteamericanos. Ello presupone la atribución
del derecho a definir qué países requieren de la intervención
norteamericana, incluso la intervención armada, y a legitimar
cualquier injerencia en los asuntos internos de muchos países.
Dos nuevos
conceptos sobresalen para calificar a países de la periferia
que “requieren ser domesticados”: estados villanos,
y estados fallidos, a la vez que se ha instaurado la modalidad
de hacer listas de los países que se incluyen en cada categoría.
Los estados
villanos son aquellos que tengan o traten de poseer armas de
destrucción masiva o que constituyan una supuesta amenaza a los
intereses de Estados Unidos por disentir de la política internacional
que ese país ha trazado. A ellos se les atribuye la capacidad
de promover acciones terroristas. Los estados fallidos son los que tienen factores de ingobernabilidad estatal que pueden conducirlos
a ser estados villanos y por tanto son también una amenaza que
debe eliminarse.
Según
la lógica norteamericana la ingobernabilidad puede estar dada
por diferentes causas entre las que se encuentran las siguientes: por
revueltas populares o existencia de zonas de turbulencia contra el gobierno;
por derrumbe del poder estatal en secciones del país; cuando
actores internacionales se ven obligados a abandonar el país;
por ausencia de legitimidad y autoridad del gobierno para manejar los
asuntos internos y por pérdida del monopolio de los servicios
de seguridad nacional. También se plantea que la ingobernabilidad
puede originarse por la existencia de gobernantes corruptos o por una
arbitraria definición de las fronteras nacionales lo que legitimaría
la reconfiguración de estados a partir de ese criterio.
Además
de comprometerse a detener la ingobernabilidad, Estados Unidos se autoconcede
el derecho de reconstruir esos estados después de derrocar a
sus regímenes políticos locales y de calificar como ingobernables
a estados que disienten de sus políticas como es el caso de Cuba
y Venezuela entre otros.
Los nuevos
conceptos acuñados por la “Doctrina Bush” son instrumentos
para legitimar el nuevo intervencionismo norteamericano, la injerencia
en los asuntos internos de otros estados y la imposición de las
reglas políticas que deben regir en todo el planeta. Aunque en
la mayoría de los casos ese nuevo intervencionismo se presenta
como “misión liberadora” o como “misión
humanitaria” no es vía para eliminar la pobreza y la miseria
en que vive la mayoría de la humanidad ni para frenar la degradación
del medio ambiente generado por el propio capitalismo. Por el contrario
profundiza la desigualdad social y la brecha hoy existente entre países
ricos y países pobres.
IV.-
¿Hay alternativas?
En las
condiciones del imperialismo global se ha profundizado como nunca antes
la interacción entre la cuestión de clase con lo nacional
lo que se expresa en el crecimiento desmesurado de la brecha entre ricos
y pobres en dos planos: hacia el interior de los países y entre
los países considerados del centro y de la periferia. La lógica
predominante es la de la exclusión social y nacional como elementos
regulatorios del mercado y de las relaciones internacionales desde la
óptica imperialista. Es por ello que la búsqueda de alternativas
pasa por esos dos planos.
Esta situación
hace que hoy las luchas de clases estén muy vinculadas con las
luchas antiimperialistas y por el rescate de la soberanía nacional.
Cualquier conquista que favorezca la lucha anticapitalista y antiimperialista
en los marcos de los estados nacionales es a la vez un paso hacia la
desconexión del sistema del imperialismo global. Es obsoleto
y contraproducente prescribir recetas para el cambio o pretender acuñar
un modelo de sociedad predeterminado. A la vez debe tenerse en cuenta
que todas las luchas antiimperialistas y anticapitalistas son un aporte
a la búsqueda de alternativas que conduzcan a un mundo mejor
que al actual. .
Algunas
ideas nos interesa subrayar al respecto:
1) El logro
de un mundo más justo y equitativo que supere las condiciones
impuestas por el imperialismo global requiere del rescate de la soberanía
nacional y de la autodeterminación de las naciones.
2) Hoy
la resistencia popular no solo obedece a intereses clasistas o sectoriales.
También se propone la búsqueda de reivindicaciones nacionales
y de reafirmación creciente de la identidad nacional. Uno de
los ejemplos más interesantes al respecto es que la noción
de territorialidad de los movimientos campesinos e indígenas
en varios países latinoamericanos generalmente va acompañada
del enfrentamiento a mecanismos extraterritoriales como son el ALCA
o el Tratado de Libre Comercio entre México, Canadá y
Estados Unidos. Lo mismo ocurre con las luchas contra las privatizaciones
y con muchas de las acciones de los movimientos ambientalistas lo que
es extensivo al rechazo generalizado a las políticas del Fondo
Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio
y el Banco Mundial, entre otras, y a la oposición al intervencionismo
norteamericano.
3) Si bien
la configuración clasista ha cambiado con relación a estadios
anteriores del capitalismo y del imperialismo y que los llamados movimientos
sociales o nuevos actores sociales ocupan un primer plano en las luchas
por una nueva sociedad, lo más importante es que hoy casi todo
el mundo tiene grandes motivos para el descontento con el capitalismo
lo que antes se centraba fundamentalmente en la clase obrera. La proliferación
de actores sociales es una característica de las luchas populares
pero el protagonismo y la vocación revolucionaria de la clase
obrera sigue siendo decisiva.
4) Los
ejemplos de Cuba y Venezuela confirman el vínculo entre las luchas
por la justicia social, la equidad y la eliminación de las diferencias
socioeconómicas en los marcos de un estado-nación con
las luchas por la soberanía y la independencia nacional. En estos
países la resistencia popular es decisiva y generalizada y se
enfrenta a las acciones promovidas desde Washington que pretenden, en
el primer caso, subvertir la desconexión de Cuba de la órbita
del imperialismo global y en el segundo, frenar el avance antiimperialista
de la Revolución Bolivariana.
5) Las
luchas y protestas de los sectores progresistas en los países
imperialistas, y en especial en los Estados Unidos, tienen una importancia
extraordinaria ya sea para enfrentar las desigualdades internas que
existen en esos países o para oponerse a la política exterior
con vistas al dominio del mundo. Particularmente las luchas antibélicas,
las dirigidas al logro de políticas internacionales más
justas y las que promueven la solidaridad con países del sur
y con los gobiernos o movimientos revolucionarios interesados en una
sociedad más justa, tienen un incalculable valor.
6) Los
foros alternativos, ya sean mundiales o regionales, son también
un importante eslabón en las luchas antiimperialistas y aportan
al necesario proceso de unidad entre las fuerzas progresistas y una
nueva forma de internacionalismo acorde a las condiciones actuales de
proliferación de actores sociales interesados en el alcance de
una sociedad más justa y equitativa.
Las grandes
deformaciones de la sociedad derivadas del modo capitalista de producción
han llegado a límites superiores a los analizados por Marx y
Engels hace más de 150 años. Ellos avizoraron la posibilidad
del socialismo como sociedad alternativa al capitalismo y elaboraron
interesantes conclusiones que mantienen extraordinaria vigencia.
En mi opinión
el socialismo sigue siendo la alternativa al capitalismo y se hace necesario
repensar esta opción desde sus fuentes originales y teniendo
en cuenta las experiencias positivas y negativas que han existido en
los procesos encaminados a establecer esa sociedad. Premisas decisivas
para el socialismo son la necesidad de auscultar la realidad en cada
país e interpretar los contextos históricos, sociales,
culturales e internacionales.
Las transformaciones
estratégicas y tácticas tendrán necesariamente
un carácter revolucionario y se generarán en contextos
nacionales específicos cada uno de los cuales aportará
la originalidad y creatividad acorde a los valores nacionales, históricos
y culturales de cada nación.
Las contradicciones
que en los planos social y nacional ha generado el capitalismo se han
mundializado por lo que los focos de resistencia también pueden
generalizarse e incrementarse como reacción en cadena en la que
cada eslabón tiene importancia. Cada movimiento que en los marcos
de los estados nacionales atente contra el orden que se ha impuesto
al mundo juega un papel por lo que la solidaridad con ellos se impone.
Hoy se
avizora una tendencia a la multiplicación de escenarios nacionales
de lucha contra el capitalismo y el imperialismo y la consigna que en
1965 planteó Ernesto Che Guevara en su Mensaje a la Tricontinental
de “crear dos, tres, muchos Viet Nam” parece
cobrar fuerza. El camino es largo, pero es un camino que ya ha se ha
iniciado. No es una utopía, pero si lo fuera recordemos que muchas
realidades de hoy en algún momento fueron utopías.
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