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Bienes
Públicos Mundiales y Interés Propio
Milton Fisk
Indiana University
Es común tratar de entender la pobreza definiéndola
teniendo en cuenta solamente los ingresos. Esto tiene el efecto de limitar
nuestra habilidad para abordar el tema de la pobreza en un nivel práctico.
Respondemos a la pobreza a través de programas que se supone
que, o bien aumentan los ingresos para aquellos que se encuentran en
los niveles más bajos, o bien aumentan sus oportunidades para
ganar más. Estos programas son importantes no solamente para
reducir la miseria de los pobres sino también para ayudar a un
cierto número de ellos a escapar de la pobreza. A pesar de los
programas, la producción continúa creando un flujo de
nuevos reclutamientos para los rangos de pobreza.
El ingreso es definitivamente una consideración
importante aquí, pero no es tan importante como las circunstancias
que favorecen la producción de la pobreza. Es difícil,
sin embargo, identificar la manera como la pobreza surge debido a que
esto enlaza la pobreza con una característica central de nuestro
sistema económico. Más bien, hablamos de las medidas re-distributivas
que favorecen a los pobres a través de los beneficios directos
así como de programas de capacitación. Introducimos créditos
a los impuestos para transferirlos a ellos así como subsidios
de vivienda, planes gratis de salud, y capacitación para hacerlos
más flexibles en el mercado laboral.
Obviamente, aquellos que no quieran distorsionar los mercados
laborales y de servicios contestarán a todas estas medidas. Aquellos
que quieren mitigar la pobreza se sienten obligados a batallar en contra
de estos oponentes. El efecto sobre el tema de la pobreza es centrar
la atención en la redistribución. Aún si la defensa
del apoyo para el pobre tiene éxito a pesar de los ataques de
los puristas del mercado, el sistema continúa produciendo pobreza.
1. Pobreza y trabajos
¿Cuál entonces es la forma en que el sistema
produce pobreza? Para responder a esta pregunta necesitamos empezar
con una idea más defendible sobre la pobreza. Esto significa
tratar de evitar identificar a la pobreza con ingresos bajos o aún
con un potencial humano no desarrollado. Estas ideas centran nuestra
atención demasiado estrechamente en la persona pobre. Necesitamos
mirar, más bien, en la dirección de la relación
que la persona pobre tiene con las características sobresalientes
de su ambiente. Luego lo que sobresale es el tipo de tratamiento que
experimenta la persona pobre. Con esto en mente, podemos pensar en la
pobreza como un tipo de relacionamiento más que como un estado
de la persona pobre en sí mismo.
Hay un lado negativo del tipo de relacionamiento que es
la pobreza. Al menos en la pobreza moderna, el sistema que reina rechaza
a la persona pobre. Ser tratado como un excluido, como a quien no se
quiere, como si se fuera innecesario o desechable, es la forma general
de este rechazo. En muchos casos, el rechazo es a largo plazo, pero
muy frecuentemente, es un rechazo intermitente. Además, hay varios
tipos de exclusión, pero la pobreza es una exclusión de
un tipo especial. El sistema que impera rechaza a la persona pobre específicamente
para la participación en las tareas que reúnen a las personas
para satisfacer sus necesidades.
Lógicamente, hiere profundamente a los seres humanos
ver a alguien como si no fuera necesario en el esfuerzo de cooperación
para satisfacer necesidades. Sin embargo, hay una manera de pensar que
puede reducir el dolor de esta exclusión. Consiste en que aquello
que es responsable de hacer que alguien sea sacrificable es el sistema
mismo que tiene la gente para permitirse vivir por debajo, más
que en la venganza de los seres humanos. Este pensamiento está
muy lejos de ser una racionalización sin fundamento sobre el
dolor de la exclusión. El sistema logra lo que él considera
progreso rechazando constantemente como si fueran desechables, a aquellos
que tienen voluntad de trabajar dentro de ese sistema.
Para concretar esta noción de pobreza, la noción
de superfluidad que emplea no puede permanecer como que ésta
se refiere a las tareas en general. Tiene que ser una noción
de superfluidad relacionada con los trabajos, en el sentido de trabajo
asalariado. Después de todo, estamos hablando aquí de
la pobreza en la sociedad de hoy, la cual es dominantemente capitalista.
El trabajo asalariado es una característica esencial de esta
sociedad. Más que relacionar la pobreza inicialmente con el ingreso
o con la capacitación, la propuesta aquí es relacionarla
con los trabajos en el sentido de trabajo asalariado.
Sería demasiado simple decir que pobres son aquellos
sin trabajo, debido a que sabemos que, por lo menos en países
como los Estados Unidos, la mayoría de los pobres han tenido
empleo en algún momento. Este empleo es, sin embargo, episódico
más que de largo plazo. Las razones para esto son varias. Por
ganar demasiado poco para pagar las cuentas, un empleado puede renunciar
para buscar un trabajo que le pague mejor. Habiendo trabajado suficiente
tiempo como para obtener beneficios de salud o incremento de salario,
un empleado puede renunciar a su trabajo para buscar una nueva contratación.
Por llegar tarde o por perder varios días de trabajo para ocuparse
de las necesidades de su familia, un empleado puede ser despedido por
ausentismo. El rechazo que caracteriza a la pobreza es entonces asociado
con desempleo frecuente o de largo plazo.1
Referirse al desempleo es solamente un primer paso hacia
la explicación de cómo el sistema produce pobreza. Uno
también necesita referirse a la manera como el desempleo surge
en la economía. Una economía que busca simplemente satisfacer
necesidades puede evitar el desempleo. A medida que los trabajadores
se vuelven más productivos en una economía como a la que
nos referimos, pueden reducir sus tiempos de trabajo sin reducir su
estándar de vida. Se evita tener que excluir a la gente del proceso
de trabajo y de sus productos. Por lo tanto, se evita la pobreza en
el sentido adoptado aquí de ser innecesario en el sistema de
trabajo asalariado.
Sin embargo, el sistema económico en el mundo es
muy diferente porque entre sus características están las
ganancias y la competencia. Las unidades de una organización
que compiten con éxito obtendrán ganancias e invertirán,
por lo menos algunas de ellas, para incrementar las fortalezas de capital
que utilizan en la producción. Para asegurar que seguirá
compitiendo con éxito, la unidad de una compañía
invertirá algunas de sus ganancias en bienes de capital que incrementarán
la productividad de su fuerza de trabajo. Querer lograr el crecimiento
de los bienes de capital a través de la competencia, tiende luego
a llevar a la productividad creciente. Esto generalmente significa obtener
una cantidad dada de un producto o servicio con menos horas de trabajo.
Sin embargo, debido a que es difícil comparar diferentes bienes
y servicios excepto en términos de sus valores económicos,
es mejor pensar en incrementar la productividad a medida que se obtiene
más valor agregado al producto o servicio por cada hora de trabajo
dedicada a él. Con una productividad más alta, una unidad
de una organización puede esperar vender más barato que
sus competidores. En muchas industrias, tales como la de automóviles
y la de agricultura en Estados Unidos, la productividad ha aumentado
mucho de repente, y por lo tanto se ha reducido la necesidad de empleados,
aún ante incrementos de la demanda.
En El Capital Marx elaboró estas relaciones entre
capitalismo, trabajo asalariado, productividad, desempleo y pobreza.2
Su punto de vista se encuentra en claro contraste con la visión
de que la pobreza es la falta de algo en una persona pobre, ya sea un
ingreso adecuado o de capacitación en áreas vitales para
la vida. Para él, es el rechazo por parte del sistema de productividad
creciente a través de la competencia, lo cual es la raíz
de la pobreza. Empezamos con este acto de rechazo al pobre por parte
del sistema en el que vive. Luego podemos ver el bajo ingreso o la falta
de cualificación como las consecuencias de esta acción.
La importancia del punto de vista de Marx sobre la pobreza es que nos
da un reflejo de una característica del sistema capitalista que
produce pobreza, como lo es su implacable aumento de la productividad.
Habrá fluctuaciones, lógicamente en este incremento, por
lo cual lo importante es que debería haber un incremento secular.
En épocas prósperas cuando hay gran demanda, la pobreza
cae a pesar de la oleada en productividad; en épocas de recesión,
cuando la demanda afloja, la pobreza aumenta no obstante la interrupción
de inversión para productividad creciente, basada en el alto
nivel de productividad ya alcanzada. De esta manera, estas fluctuaciones
en la pobreza dejan intocable el papel básico de la productividad
creciente en la generación de pobreza.
2 Ser innecesario como la forma de miseria
Hay dos formas en que el aumento de la productividad produce
pobreza. La forma dominante es a través del cierre de oportunidades
para el empleo con un salario digno para aquellos que todavía
no lo tienen. La forma secundaria es a través de la pérdida
del empleo en un salario más alto. Tomando las dos formas juntas,
el efecto es que la productividad creciente cierra oportunidades para
los trabajadores que están en lo más bajo para avanzar,
mientras que aumenta las oportunidades para los trabajadores que están
más arriba para sufrir un revés. Este doble efecto surge
a través de un mecanismo sencillo: un aumento en la productividad
que hace a algunos trabajadores innecesarios para alcanzar un nivel
de demanda dado.
La forma dominante de producir pobreza que se acaba de
mencionar da cuenta del hecho de que alrededor del mundo el grupo de
gente a la que se le niega oportunidades para trabajar con un nivel
que le permita vivir ha llegado a ser enorme.3 El hecho de fondo aquí
es que la productividad creciente tiende a desacelerar la necesidad
de más manos y mentes. La gente está dejando diferentes
áreas de actividad no asalariada tales como la escolaridad, el
trabajo doméstico y la agricultura de subsistencia solamente
para entrar al creciente sector de trabajo informal o al mejor trabajo
asalariado de nivel de pobreza.
La forma secundaria que se mencionó da cuenta del
hecho de que otros están llegando a la pobreza no solamente provenientes
del trabajo no asalariado sino también de los despidos masivos
debido a los incrementos de productividad donde ya hay trabajo asalariado.
A medida que los trabajadores caen de sus antiguos trabajos a trabajos
nuevos, muchos de ellos detienen su corta caída al caer en trabajos
con salarios de pobreza. Aunque se salvan de la pobreza, su caída
hacia un nivel medio puede agravar la aglomeración en el mercado
laboral ya creado por la productividad creciente en este nivel medio.
Esto fuerza a otros trabajadores, que ya estuvieron en este nivel, a
caer en salarios de nivel de pobreza. Los recortes en repuesta a las
ganancias de la productividad crean una cascada de potencia humana a
un grupo de pobreza por debajo.
En cuanto a la producción de pobreza, no importa
si los aumentos de la productividad llegan por medio de tecnología
innovadora o por medio del aumento del ritmo de trabajo. Cuál
camino escoge una compañía para incrementarla, depende
de su circunstancias. En una firma que paga buenos salarios, frecuentemente
hay un esfuerzo para ganar sobre sus competidores a través del
aumento en la productividad proveniente de cambios tecnológicos.
Puede no ser capaz de competir aumentado la velocidad o bajando los
salarios debido a que el trabajo del tipo que necesita puede ser de
corto suministro y ser capaz de montar una resistencia efectiva contra
tales medidas. En contraste, una firma en un sector donde la norma es
los salarios bajos puede ser capaz de competir exitosamente a través
de llegar a la salarios aún más bajos. Además de
reducir los salarios, puede aumentar la velocidad para competir mejor.
Es menos probable tratar de aumentar la productividad a través
de la tecnología debido a que, en los sectores de salarios bajos,
hacerlo así frecuentemente representa serios desafíos.
Tender las camas en hoteles y vaciar las papeleras de las oficinas siguen
siendo trabajos intensos. Aquí la pobreza viene de una carrera
hacia el fondo, con los salarios.
Sin embargo, hay otro escenario familiar para las firmas
que pagan buenos salarios y que compiten a través de aumento
de productividad por medio de nueva tecnología. Tales firmas
frecuentemente hacen que su nueva tecnología se utilice en un
área del mundo con bajos salarios también para empezar
a competir a través de salarios bajos y a veces entonces a incrementar
velocidad. Estas áreas tienden a tener una oferta abundante de
gente que trata de ingresar al trabajo asalariado, debido a que sus
métodos tradicionales de producción no los sostienen.
Hay poco chance de que todos estos trabajadores potenciales puedan encontrar
empleo, debido a que los nuevos métodos de producción
son más productivos y por lo tanto demandan menos fuerza de trabajo.
Aquellos que sí encuentran empleo, con frecuencia obtendrán
salarios de pobreza así como excesivo ritmo de trabajo. La pobreza
resultante atraviesa el mundo hacia los incentivos que los salarios
altos dieron a la productividad creciente.
En estas varias formas, la productividad creciente en
una economía competitiva hace a los trabajadores innecesarios
y por lo tanto, pobres. Henry Mayhew, el gran observador del siglo XIX
sobre los pobres de Londres, habló sobre la “superfluidad
de los trabajadores” en los diferentes oficios. Su estimado era
que la mitad de los innecesarios estaba parcialmente empleada y que
la otra mitad estaba desempleada a lo largo del año.4 Aquellos
cuyo potencial se vuelve innecesario están desempleados, tanto
frecuentemente como por largo tiempo, en el sistema marcado por la competitividad
de aumentos de productividad. Esto no quiere decir que los tipos de
trabajos que los pobres desempeñan sean innecesarios para el
sistema reinante. Solo quiere decir que de vez en cuando algunos trabajadores
con bajos salarios pueden ser excluidos de los trabajos que el sistema
requiere.
Ser innecesario, así sea frecuentemente o por largo
tiempo, para la amplia tarea social de generar las ganancias que se
deben invertir en una productividad creciente no es una condición
económica impersonal distinta de la miseria personal de la pobreza.
La condición económica de ser superfluo es, como se anotaba
antes, un rechazo del pobre por parte del sistema económico,
y como cualquier rechazo, impacta a la gente personalmente por ser una
falta de reconocimiento. En este sentido, el teólogo de la liberación
Gustavo Gutiérrez nota “Así que, ¿qué
queremos decir con ‘pobre’? No creo que haya una buena definición
pero podemos aproximarnos a ella diciendo que los pobres son no-personas,
los in-significante, aquellos que no cuentan en la sociedad... .”5
Los pobres no son reconocidos por la voluntad de su ser de trabajar
para sostenerse, para tener un cierto rango de habilidades y para tener
necesidades que otros comparten. Al contrario, son rechazados por ser
superfluos, periódicamente o a largo plazo, para el sistema de
producción creciente competitivamente. Este no-reconocimiento
llega a ser la forma en que la miseria del pobre –la vivienda
pobre, la desesperación y un sistema de salud inadecuado- existe.
Decir que un trabajador es superfluo en lo que tiene que ver con el
mercado en el trabajo asalariado nos dice que la miseria de él
o de ella es del tipo que viene con tener que estar a un lado mientras
que los otros ganan reconocimiento positivo. El pobre no experimenta
la miseria sustantiva de la pobreza como un factor aislado sino como
la miseria cuya forma es el no-reconocimiento que implica el ser innecesario
en el mercado del trabajo asalariado.
3. Aplicaciones del punto de vista de la productividad
Es un asunto directo aplicar nuestra visión de
que la pobreza está enraizada en la productividad para una nación
uniforme simple. Suponga, sin embargo, que hay naciones con diferentes
formas de economía. ¿Cómo, si fuera posible, les
aplica entonces? O suponga que hay regiones o naciones en las cuales
los salarios básicos son mucho menores que en cualquier otro
lugar. Nuestra visión sobre la pobreza puede no aplicar a cada
región o nación separadamente. Pero si no es así,
¿cómo las relacionamos de tal manera que también
les pueda aplicar a ellas?
Primero, tomamos el caso de diferentes formas de economía.
Es vital enfatizar que solamente en las sociedades capitalistas la miseria
de la pobreza sí aparece en la forma de no reconocimiento implicada
en ser superfluo para el mercado laboral. En otras épocas y en
diferentes sociedades, la miseria del pobre tiene diferentes formas.
Un tema común, sin embargo, es alguna versión de no-reconocimiento
que da forma a la miseria sustantiva de la pobreza.
En la Europa pre-capitalista, había poco incentivo
para incrementar la productividad tanto que los señores eran
capaces de reproducir sus estilos de vida desde sus dominios, como los
burgueses eran capaces de vivir y comer bien basados en el comercio
y los campesinos eran capaces de subsistir en sus parcelas. Las crisis
surgían en la escasez creciente y no tanto sobre la producción
abundante. Cuando la escasez llegaba por las inundaciones, las guerras
o la pestilencia, el pobre no era reconocido como con quien se debía
compartir los recursos que quedaban, mientras que los nobles sí
podían mantener sus estilos de vida basados en sus tierras y
los burgueses podían obtener recursos en los abastecimientos
municipales. Para mantener su consumo, los órdenes superiores
de la sociedad dominaban a los órdenes inferiores, lo cual incluía
legiones de pobres. Para proteger las reservas municipales, los pueblos
aprobaban leyes para excluir a los campesinos de las medidas sobre las
hambrunas rurales. Braudel registra el caso de Troyes un poblado francés
que en un momento del siglo XVI dio a cada una de las personas que tenían
hambre y a los intrusos miserables una hogaza de pan y un trozo de plata
al tiempo que les decía que no regresaran antes de la siguiente
cosecha de granos.6
¿Qué, entonces, vamos a hacer de la pobreza
en la sociedades post-capitalistas? En la Cuba post-capitalista, la
baja productividad que compartía con otros países post-capitalistas
–cualesquiera hayan sido sus causas- garantizaba que habría
escasez en lo básico. Con la victoria de la revolución
cubana, sus líderes atacaron vigorosamente la “pobreza
sub-humana” heredada de antes, a través del suministro
a los pobres de vivienda, hospitales, agua, baños interiores
y facilidades para cocina, electricidad y educación. Después
de eso y antes de la dolarización de la economía cubana
a mediados de los noventa, lo cual llevó a que los dólares
de las remesas provenientes del extranjero jugaran un papel significativo
en la demanda de consumibles escasos, Cuba tuvo una distribución
de muchos recursos pesados en la dirección de oficiales y de
aquellos escogidos por distinciones en el trabajo. Debido a la baja
productividad, la distribución equitativa de los recursos tales
como vivienda adecuada, una variedad de alimentos, ropa bonita, muebles,
transporte y servicios de salud de buen nivel, no fue posible. Aquellos
no reconocidos como completamente iguales en este tipo de distribución,
eran los numerosos pobres. Ellos eran quienes tenían poco reconocimiento
político, más que, como en el capitalismo, aquellos percibidos
como superfluos en un mercado laboral asalariado.7
Ahora vamos al segundo caso, aquel de las diferencias
de salarios. La pobreza ha aumentado en años recientes no solo
por los despidos masivos en sectores que han aumentado su productividad
uniformemente sino también por estar expulsando a empresas de
baja productividad de un sector en el que la alta productividad se está
haciendo común. Ejemplos importantes de esta segunda tendencia
son las, así llamadas, economías en desarrollo. En India,
los agricultores cuyos subsidios fueron recortados por los regímenes
neo-liberales, dejan sus parcelas para aglutinarse en conjuntos urbanos.
No tienen otra opción debido a que la agricultura más
productiva pone productos más baratos en el mercado.8 El resultado
acumulativo es la creación de millones de lo que puede ser llamado
“trabajadores latentes”. Tienen que entrar a la fuerza de
trabajo moderna pero su potencial para entrar en ella deprecia el mercado
laboral moderno. Están fuera de una fuerza laboral más
tradicional sin haber hecho una transición completa hacia la
fuerza de trabajo moderna.
Los trabajadores latentes son superfluos debido a dos
aumentos en la productividad. Están dejando el sector donde tenían
sus trabajos tradicionales debido a la productividad aumentada en ese
sector. Sin embargo, las nuevas partes de la economía de su nación
no pueden aumentar posiblemente la demanda de trabajos, suficientemente
rápido para absorber a todos los trabajadores latentes. Una razón
importante para esto es que la nueva inversión está en
procesos más altamente productivos.
Ahora queremos conectar estos aumentos de productividad
que afectan a los trabajadores latentes, con la pobreza donde los salarios
son más altos. Algo de la pobreza en las partes del mundo con
salarios más altos puede derivarse del vuelo de capital hacia
las partes del mundo con bajo salario. Cuando las corporaciones se van
de una parte del mundo con altos salarios para producir en un lugar
con salarios más bajos, dejan detrás condiciones que contribuyen
a la pobreza. Una razón para esto es que aquellos que esperan
salir de los salarios de pobreza tenderán a tener menos oportunidad
de hacerlo debido a que los trabajos mejor pagados se desaparecieron
sin ninguna garantía de compensarlos creando trabajos en algún
otro lado de la economía. La pobreza que viene de esta forma
no parece que se deba a la productividad creciente sino a la ventaja
de salario comparativa de los países de salarios bajos. Si esto
es correcto, entonces la visión de productividad de la pobreza
no aplica aquí.
Es fácil, sin embargo, mostrar que esta falla es
solamente aparente. Tratamos, sin éxito, de explicar la pobreza
en el país con altos salarios ligándola directamente a
sus aumentos de productividad. Lo que ignoramos fue la posibilidad de
una relación indirecta que va a través del país
con bajos salarios. Los aumentos de productividad en un país
con altos salarios pueden, cuando sean transferidos a un país
con salarios bajos, minar los trabajos tradicionales y crear un gran
grupo de trabajadores latentes. La agricultura mecanizada tendría
este efecto con los agricultores de pequeñas parcelas. Con un
gran grupo del que se pueda escoger, los empleadores contratarán
con salarios bajos a los trabajadores latentes. Esto atraerá
a los capitales extranjeros para que inviertan en procesos de alta productividad
que puedan ser monitoreados frecuentemente en sus ganancias productivas
en el país de salarios altos. Será, entonces, incapaz
de absorber a todos los trabajadores latentes, asegurando que habrá
de todas formas fuerza de trabajo con bajos salarios. Así que
la pobreza en un país con altos salarios que se debe a vuelos
de capital tiene sus raíces en los aumentos de productividad
en el país receptor que tiene bajos salarios.
4. Bienestar para los desempleados y para el empleo con bajos
salarios.
Todavía hay objeciones que se tienen que manejar,
pero ahora son de naturaleza más formal. La primera presenta
el caso de un desempleo sin miseria, y la segunda concierne a un caso
de empleo con miseria. ¿Cómo maneja estos casos nuestro
concepto basado en el empleo? ¿Son ellos excepciones a la pobreza
como superfluidad?
La primera objeción tiene que ver con los esfuerzos
por mejorar la vida para el desempleado. Si ser pobre es ser superfluo
en el mercado laboral, entonces parecería que estamos enfrentando
una paradoja. Porque, se infiere que, cuando el bienestar social del
Estado mantiene al desempleado en indigencia, lo mantiene en la pobreza.
Los desempleados en algunos países europeos han sido capaces
de vivir de los munificentes seguros de desempleo, y en algunos lugares,
también les gusta que sus vecinos empleados también haya
disfrutado del servicio de salud que aporta la sociedad, de los cuidados
de los niños, de las mesadas familiares y de la vivienda. La
paradoja de la visión de superfluidad de la pobreza es que el
rasgo sustantivo de la pobreza –la miseria del indigente en lo
que se refiera a lo básico- desaparece a pesar del desempleo.
Adicionalmente, con los generosos beneficios del bienestar social, el
salario más bajo que la gente está dispuesta a devengar
por su trabajo aumenta sustancialmente.
Esta supuesta paradoja de pobreza sin miseria ignora un
rasgo importante del concepto de pobreza. Recuerde que donde hay pobreza
el no-reconocimiento inherente a ser superfluo en el mercado de trabajo
es la forma en la cual se experimenta la miseria que resulta de no tener
lo básico para la vida. Lejos de ser un no-reconocimiento genérico,
es más un no-reconocimiento que no está separado de la
miseria. Con el no-reconocimiento en el mercado laboral como su forma,
esta miseria es diferente de aquella del prisionero político,
de la del ermitaño que ayuna y de la del vagabundo medieval.
Todos ellos pueden carecer de lo básico pero cada uno experimenta
esta carencia de una manera diferente. En el concepto de pobreza, uno
no puede desdeñar ni la forma de no-reconocimiento ni la de sustancia
de miseria. Es, sin embargo, precisamente la miseria sustantiva de ser,
sin los medios para satisfacer las necesidades básicas, la que
está lejos del caso del desempleo mitigado por medidas de bienestar
social abarcantes. Por esta razón, el concepto de pobreza no
aplica aquí.
Esto puede parecer indicar que hay una forma de erradicar
la pobreza por medio de las distribuciones de bienestar social del Estado.
Sin embargo al principio, yo indicaba que la comprensión de las
raíces de la pobreza descartarían tal solución.
La cuestión es, entonces, ¿puede un sistema de desempleo
sin miseria ser algo más que una tregua fugaz de la pobreza?
Las fuerzas de poder deberían esperar debilitar
este sistema. Debido al alto umbral salarial en el cual la gente aceptaría
un trabajo, los empleadores perderían la oportunidad de obtener
ganancias al darle trabajo a un desempleado. Al darles este chance,
que ellos necesitarían en una economía internacional competitiva,
el Estado tendría que reducir su gasto en bienestar social, y,
con ello, el umbral de salarios en los cuales la gente aceptaría
un trabajo.9 Dentro del marco de estas consideraciones, el esfuerzo
para rechazar este sistema de desempleo sin miseria se volvería
irresistible. La ideología del mercado libre, incluyendo el del
trabajo, estaría ligado a la realidad de ganancias decrecientes
como argumentos para acabar con este sistema.
Fue tan así que, junto con otras naciones que tuvieron
que hacer sus reformas neoliberales, Alemania enfrentó una resistencia
no masiva para reducir sus amplios beneficios de desempleo en los albores
del siglo XXI. El desempleo sin miseria ya no aparece como una de las
varias posibles alternativas para el capitalismo. Más bien, aparece
como un arreglo excepcional que fue destinado a cubrir solamente un
breve lapso de tiempo de la historia capitalista.
La segunda objeción está relacionada con
el empleo con miseria, la cual reversa el caso del desempleo sin miseria
que se acaba de considerar. Si la pobreza implica tanto desempleo frecuente
como desempleo de largo plazo, entonces en el caso presente no hay pobreza.
En este caso, sin embargo, asumimos que algunos de los empleos estables
tienen salarios suficientemente bajos para dejar a los trabajadores
en una condición calamitosa usualmente asociada con la pobreza.
Sus empleadores habrían impedido contratar más trabajadores
con salarios dignos, salarios suficientes para vivir sin ayuda de caridad
o del Estado, aunque están contentos de contratarlos con regularidad
con salarios considerablemente más bajos.10 Con frecuencia, los
empleadores contratarían más gente si pudieran contratarla
con salarios más bajos. Las posibilidades de un empleo estable
aumenta a medida que el salario límite para el empleo baja más
y más. Esto hace posible la miseria de la pobreza sin el rechazo
por parte del mercado laboral y el no-reconocimiento en ese mismo mercado
laboral. ¿Esto no muestra que estábamos cometiendo un
error al hacer que la pobreza dependa del desempleo?
De hecho, estábamos en lo correcto. La razón
es que, por sí mismo, el trabajo por debajo de un salario digno
es insostenible. Tiene que haber medios de completar esos salarios bajos
para evitar incapacitar a los trabajadores que se los ganan. Si no ganan
lo suficiente para obtener lo básico, entonces ellos gradualmente
estarán en malas condiciones físicas y mentales para trabajar
y perderán su capacidad de formar una nueva generación
de trabajadores. Debido a que el empleo con miseria a largo plazo no
puede ser sostenido, no ofrece una objeción para nuestra visión
de pobreza. En vez de eso, lo que tenemos es un empleo de corto plazo
con miseria para el trabajador seguido del desempleo del trabajador
debido a su incapacitación. Esto es perfectamente compatible
con nuestra visión.
Adicionalmente, el trabajo con bajo salario no esperará
simplemente a que los recursos inadecuados drenen sus capacidades. Tiene
opciones adicionales. Escogerá estas opciones para responder
de manera correctiva para evitar la miseria. Tenemos que asumir que
el trabajador con bajo salario tiene una oportunidad para responder
de tal manera. Porque de lo contrario, el trabajo que paga poco se vuelve
una forma de crear peones, colocando esta opción fuera del mercado
de trabajo capitalista en el cual las opciones de los trabajadores no
son tan restringidas. Los trabajadores con estos salarios bajos podrán,
entonces, buscar un segundo o tercer trabajo para lograr un ingreso
adecuado. Tratarán, como en el caso de los Estados Unidos, de
completar el ingreso de un trabajo de bajo salario con cupos para guardería,
con estampillas para comida, con elegibilidad para ayuda médica,
con subsidios de arriendo y con créditos de impuestos ganados
por ingresos. Todos los miembros de una familia, aún a temprana
edad, trabajarán en una variedad de oficios menores para poder
sobrevivir. Si estas opciones no bastan, otras más riesgosas
aparecen: limpiar los parabrisas en los semáforos, vender partes,
robar automóviles y prostituirse. En suma, un trabajo de bajo
ingreso impele al trabajador a tomar medidas correctivas que ayudarán
a evitar la miseria de la pobreza. Por lo tanto, si los trabajos de
bajos salarios llegan a ser de largo plazo, no acarreará la miseria
de la pobreza.
5. Cooperación y bienes públicos
Ahora nos encaminamos hacia la tarea constructiva de proponer
para consideración una manera de reducir la pobreza y en últimas,
de erradicarla. Medidas como la seguridad social y los salarios dignos,
mandados como salarios mínimos, hacen su parte aquí sacando
a algunos pobres de la pobreza. El problema, sin embargo, es que si
tales medidas son suficientemente fuertes para tener más de un
efecto incremental sobre la pobreza, muy probablemente tendrán
el desempleo como un efecto colateral indeseado. Después de todo,
los empleadores sentirán la necesidad de aliviar la carga de
sus contribuciones para pagar por bienestar social o de las cuentas
de sus salarios más altos para alcanzar un salario digno. Entre
otras cosas, bajarán sus costos reduciendo sus fuerzas de trabajo
mientras que se aseguran de que no reducen la producción y por
lo tanto aseguran sus ingresos por las ventas. Con sus fuerzas de trabajo
menguadas, se requerirá aumento de la productividad. Su incremento
les permite recudir sus costos laborales generales a través de
la creación de desempleo con su potencial para introducir más
pobreza.
Parece claro entonces que la reducción de la pobreza
de una manera más importante debe ocurrir en el contexto de un
programa que desestimule tener que aumentar la productividad a través
de la competencia. También está claro que un programa
de reducción de productividad, tal como el de bienestar social
completo para el desempleado nunca será más que una reforma
efímera en el capitalismo, como ya lo sabemos. La conclusión
es que la reducción de la pobreza de una manera importante requiere
una de dos opciones solamente. Podríamos escoger tanto una versión
híbrida de capitalismo en la cual los límites sobre la
productividad no necesitan desestabilizar el sistema, o un sistema establecido
sobre bases diferentes a aquellas del capitalismo.
Aquí es menos importante decidir cuál de las dos podría
ser, que identificar uno de los cambios prominentes que se requiere
al limitar la productividad creciente. Poner límites en la productividad
tiene un impacto directo en lo que uno puede hacer para buscar una ventaja
competitiva. A pesar del número creciente de las maneras que
las corporaciones combinan para la competencia abrupta, queda una fuente
pre-eminente de cambio en el capitalismo de hoy. Dada la preeminencia
de la competencia, ¿qué serviría como dinámica
que pudiera desafiarla? La dinámica que se necesita en esta época
provendría de la cooperación y de la solidaridad, según
mi punto de vista. Las luchas por el bienestar y por salarios dignos
nos dan luces sobre lo inadecuadas que son. Su inhabilidad para superar
la pobreza simplemente regulando la competencia nos muestra la necesidad
de hacer que domine la cooperación en muchos sectores en los
que ahora domina la competencia.
La dinámica de la cooperación nos aleja
de la tendencia actual hacia la privatización, la cual integra
más y más actividad en la esfera competitiva. Debido a
la privatización global de los bienes públicos, tales
como los servicios y los sistemas de salud, hay inundación inevitable
de despidos masivos de las fuerzas de trabajo en muchos países.
Los salarios más bajos que resultan están justificados
como la forma de atraer inversionistas que pondrán a la gente
a trabajar en empleos de más alta productividad. Pero como anota
el anterior economista del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, “La
flexibilidad del mercado de trabajo fue diseñada para movilizar
a la gente desde trabajos de baja productividad hacia trabajos de alta
productividad. Pero demasiado frecuentemente movilizó a la gente
de trabajos de baja productividad hacia el desempleo... .”11 La
privatización no solamente sí genera desempleo, sino que
también profundiza la miseria de la pobreza haciendo escasos
los recursos como el agua potable y los cuidados de salud, aún
menos accesibles debido a que se vuelven artículos de consumo.
¿Cómo es que la cooperación juega
un papel en una alternativa para el mercado competitivo? La alternativa
dará un papel central a las metas que definen el tipo de sociedad
que la mayoría de nosotros quiere. Son muy diferentes de nuestras
metas privadas. Estas metas son tales que las compartimos deseándolas
con muchos otros. Por supuesto que compartir metas no sucederá
sin interacción; discutimos opiniones y forjamos compromisos
antes de que se extienda este compartir de metas. Una meta para nuestra
sociedad que surge de esta manera será aquella que la mayoría
de nosotros quiere no solamente para nosotros mismos sino también
para toda la sociedad, es decir, para todos. Es natural llamar a esto
una meta social. Será social en dos sentidos: por lo menos la
mayoría de nosotros comparte querer la meta, y cada uno de nosotros
que la quiera, la querrá para el resto.
Es fácil entonces ver cómo la cooperación
se articula donde hay metas sociales. No tiene sentido competir con
alguien para obtener una meta social para sí mismo, porque cuando
se alcanza una meta social, se logra beneficios para todos. Dos productores
pueden competir por una cierta parte del mercado para los tipos de bienes
que ambos producen. Supongamos que una sociedad democrática es
una meta social. Entonces dos ciudadanos no pueden competir para determinar
cuál de ellos obtendrá la sociedad democrática
resultante. Lo que pueden hacer es cooperar con aquellos que quieren
una sociedad democrática, dando los pasos necesarios para lograrla.
Si usted quiere una sociedad democrática para otros, y ellos
también la quieren para usted, entonces las condiciones se han
logrado para usted y para aquellos otros para buscar formas de cooperar
con el objetivo de realizar su meta compartida.
Para realizar una meta social, debe haber ciertas instituciones
que tengan capacidad de largo plazo para lograr el tipo de beneficio
que esperamos obtener con la meta. En el caso de una sociedad democrática,
una estructura institucional se organizará incluyendo parlamentos,
cortes, un aparato para votaciones, y una variedad de organizaciones
a nivel local más que en el centro de la actividad política
principal. Una estructura, tal como esta, para realizar una meta social
la llamamos un bien público. Organizamos la estructura que nos
dé una sociedad democrática sobre una base cooperativa;
de otra manera, habrá competencia por el poder que resultará
en una destrucción de la democracia, la cual requiere que el
poder sea ampliamente compartido. En general, tributamos de acuerdo
con nuestros medios para sostener los bienes públicos, mientras
que sus contrapartes privatizadas generalmente cobran a ricos y a pobres
lo mismo por sus servicios.12
La productividad creciente todavía será
necesitada en una sociedad en la cual la razón de cooperar sobresale
a través de la extensión de los bienes públicos.
Sin embargo, estos incrementos tendrán otro significado. Se requerirán
para obtener las, hasta ahora, no logradas necesidades humanas más
que para lograr las demandas por la competencia. La insuficiente y criminal
provisión de fondos de los bienes públicos alrededor del
mundo en las décadas recientes, la cual actuó como preludio
de la cantidad de privatizaciones, dejó a mucha gente sin lo
básico. No se aumenta la productividad en la entrega de los beneficios
de los servicios públicos simplemente para estar a la delantera
de los competidores sino porque es la única manera de satisfacer
necesidades relevantes. Si la productividad crece más allá
de lo que las necesidades lo requieren, los trabajadores pueden evitar
tanto la superfluidad frecuente como la permanente a través de
horas más cortas sin reducciones de los salarios.
Estamos visionando una sociedad en la cual la motivación
dominante es la cooperación en vez de la competencia. En ella,
la forma dominante de la actividad económica cambia de la búsqueda
competitiva de una productividad más alta a la búsqueda
cooperativa de metas sociales por medio de los bienes públicos.
En tal sociedad, puede haber eliminación de la pobreza, como
la conocemos, a través de la eliminación del desempleo
frecuente y del desempleo permanente. En ella, la cuestión de
si podría haber bienestar social completo para aquellos que de
pronto están desempleados, pierde importancia. La cuestión
de si el salario digno creará desempleo también pierde
relevancia. Si tuviéramos que enfrentar el desempleo nuevamente,
las razones tendrían poco que ver con la productividad creciente
generada por competencia. Entre tales razones estaría un agotamiento
de recursos del tipo que concierne a los ambientalistas, un grupo adverso
de países poderosos tratando de subvertir el dominio de la cooperación,
y un colapso interno de la democracia requerida por cooperación.
¿Se puede esperar eliminar la pobreza sin visionar
una sociedad en la cual se modere la productividad creciente a través
de la cooperación inherente a los bienes públicos? El
filósofo y economista Amartya Sen ha definido a la pobreza como
la privación de la capacidad.13 Según su visión,
podríamos eliminar la pobreza dándole capacidad a la gente.
Una de las capacidades que se necesita es, por supuesto, la de ser capaz
de encontrar un trabajo constante. Por lo tanto, un programa anti-pobreza
requiere, entre otras cosas, medidas para crear suficientes trabajos.
Nuestra visión de la productividad nos permite
clarificar que, para eliminar la pobreza dentro del capitalismo, la
adquisición de las capacidades necesarias dependerá de
algo más fundamental. Las medidas para crear suficientes trabajos,
así sea a través de la capacitación de individuos
o través de incentivos para empleadores para que aumenten las
fuerzas de trabajo, tendrá éxito solamente conteniendo
el impulso de incrementar la productividad resultante de la competencia.14
Porque de otra manera, la productividad creciente constantemente creará
trabajadores superfluos. Como veíamos, solamente reprimiendo
el impulso, sin hacer que las instituciones dominantes sean cooperativas,
es insostenible. Ganar la batalla contra la pobreza, aún según
la visión de la pobreza de Sen como la capacidad de privación,
descansa en romper los arreglos económicos actuales y visionar
un sistema dominantemente cooperativo. Sen parece renuente a aceptar
la necesidad de este cambio subyacente.
6. ¿Incrementalismo o el programa completo?
Para concluir, planteo un dilema para aquellos de nosotros
que quieren frenar la pobreza. ¿Deberíamos buscar un programa
de eliminación de la pobreza o deberíamos seguir con programas
incrementales? El programa completo ve el problema como productividad
creciente originada por la competitividad y la solución como
una economía en la cual la cooperación domine. El programa
completo deja atrás los consensos neoliberales, con sus énfasis
en mercados, no simplemente para regular los mercados sino para construir
nuevos consensos con un énfasis en bienes públicos.
Hay varios tipos de programas incrementales: educación,
capacitación para el trabajo, alimento, renta, y complementos
salariales para el cuidado de los niños, para los créditos
de impuestos y salarios auto-suficientes. Se pueden utilizar estos programas
para direccionar la pobreza dentro de un contexto en el cual la competencia
permanece dominante, a pesar de los límites que se le imponen.
Por ejemplo, el programa de establecer un salario mínimo sobre
una línea realista de pobreza limitaría la habilidad de
los empresarios de competir pagando salarios de pobreza. Aún
podrían competir presionando los salarios tan cerca del mínimo
como lo permitiera una contratación exitosa. Además, podrían
aprovechar el hecho de que el salario mínimo para escapar de
la pobreza sería menor en algunas partes del mundo que en otras.
Pero en ningún lugar “la carrera hacia el fondo”
llevaría a salarios de pobreza.
Tal regulación contendría, sin embargo,
las semillas de su propia destrucción. A pesar de limitar la
competencia por el trabajo, falla para llevar más allá
del cumplimiento a regañadientes para promover la cooperación.
La urgencia competitiva todavía dominante llegará a ser
el centro de un esfuerzo para erosionar cualquier consenso político
que haya surgido para imponer límites sobre el mercado laboral.
Las circunstancias en las cuales este esfuerzo se vuelve suficientemente
poderoso para cerrar esos límites pronto surgirán, permitiendo
la carrera hacia el fondo para llegar por debajo de la línea
de pobreza. Las ganancias de aquellos que ganen esta carrera abastecerán
la productividad creciente que el requerimiento de salarios dignos había
contrarrestado temporalmente.
El dilema aquí es que terminemos en problemas ya
sea que escojamos el programa completo o uno o más de los incrementales
para la reducción de la pobreza. El programa completo no es algo
para lo cual la gente parezca estar lista, ni nadie tiene una estrategia
clara para que la gente esté lista. En resumen, no se puede llevar
a la práctica inmediatamente. Los programas incrementales ya
sea que manden un salario digno, promuevan la capacitación de
ciudadanos o provean bienestar social, retardan la productividad creciente,
de una u otra forma. Esto los hace vulnerables hasta un retroceso fuerte
que proviene del ethos competitivo. Por ejemplo, la búsqueda
competitiva de salarios bajos llevó a más del 30% de declive
en el índice de inflación ajustada del salario mínimo
en Estados Unidos entre su punto más alto en 1968 y el 2004,
un período de tiempo en Estados Unidos en que la productividad
creció considerablemente y el salario de un trabajador promedio
descendió.
Mi respuesta al dilema es que debemos tratar las dos estrategias
de manera complementaria para enfrentar la pobreza. Deberíamos
ocuparnos de ellas juntos, si queremos evitar el posible grado de dificultades
que se acaba de mencionar. Tener como meta exclusivamente los programas
incrementales llevará finalmente a la visión pesimista,
de que incrementar la productividad continuará agitando la pobreza,
sin importar lo que hagamos. Al contrario, parecerá arbitrario
escoger el programa completo de construir una economía dominada
por los bienes públicos si hay alguna esperanza de eliminar la
pobreza a través de un programa menos radical.
Para evitar el pesimismo al cual pueden llevar los programas
incrementales, se nos dirá que hay países que han reducido
la pobreza significativamente. La pobreza en los Estados Unidos y en
Gran Bretaña es ahora considerablemente menor de lo que era hace
un siglo. Una combinación de crecimiento económico y de
programas incrementales anti-pobreza puede, o parece, que reduzca la
pobreza. Sin embargo, se necesita examinar este mejoramiento desde una
perspectiva global. Los países avanzados tecnológicamente
reducen la pobreza “exportándola” a otros países.
Esto sucede a través de un proceso de dos etapas. Primero, la
destrucción de viejas formas de producción a través
de transferencias de procesos nuevos desde países avanzados tecnológicamente,
crea millones de trabajadores latentes. Segundo, los salarios de pobreza
que esto permite, abaratan bienes y servicios importados hacia los países
tecnológicamente avanzados, lo cual es consumido por sus trabajadores.
Al vivir con bienes más baratos, estos trabajadores podrían
salir de la pobreza aún con salarios más bajos.
Esta redistribución de la pobreza alrededor del
mundo ciertamente no es progreso global. Una vez esto sea reconocido,
parecería que no hay escape del pesimismo, a menos, claro, que
tengamos la determinación de reemplazar la productividad creciente
por la competitividad con un arreglo más cooperativo.15 Es precisamente
uniendo el enfoque incremental con el programa completo de eliminación
de la pobreza que podemos evitar la desmoralización que podría
ocasionar el enfoque incremental solo.
Podemos, creo, estar de acuerdo en que los programas
incrementales, todos los cuales permiten el dominio por la competencia,
no resuelven los serios problemas para los cuales el programa completo
es una respuesta. Aún en países ricos avanzados tecnológicamente,
el mercado genera pobreza. Cuando los programas incrementales traten
de remediar esta falla del mercado, no sobrevivirán por mucho
tiempo de una manera saludable. No obstante, el programa completo, sin
los programas incrementales seguirá apareciendo como un gesto
desesperado. Puede llegar a ser más que esto solamente cuando
se tome conjuntamente con los programas incrementales. Puede ser un
ideal orientador a lo largo de su desarrollo, debido a que ocuparse
de ellos demuestra la necesidad de un cambio más radical que
el que plantea programa completo. Una vez suficientes personas estén
de acuerdo en que el programa completo es necesario, entonces será
posible ponerlo en marcha.
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