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Bienes Públicos Mundiales y Interés Propio

Milton Fisk
Indiana University

Es común tratar de entender la pobreza definiéndola teniendo en cuenta solamente los ingresos. Esto tiene el efecto de limitar nuestra habilidad para abordar el tema de la pobreza en un nivel práctico. Respondemos a la pobreza a través de programas que se supone que, o bien aumentan los ingresos para aquellos que se encuentran en los niveles más bajos, o bien aumentan sus oportunidades para ganar más. Estos programas son importantes no solamente para reducir la miseria de los pobres sino también para ayudar a un cierto número de ellos a escapar de la pobreza. A pesar de los programas, la producción continúa creando un flujo de nuevos reclutamientos para los rangos de pobreza.

El ingreso es definitivamente una consideración importante aquí, pero no es tan importante como las circunstancias que favorecen la producción de la pobreza. Es difícil, sin embargo, identificar la manera como la pobreza surge debido a que esto enlaza la pobreza con una característica central de nuestro sistema económico. Más bien, hablamos de las medidas re-distributivas que favorecen a los pobres a través de los beneficios directos así como de programas de capacitación. Introducimos créditos a los impuestos para transferirlos a ellos así como subsidios de vivienda, planes gratis de salud, y capacitación para hacerlos más flexibles en el mercado laboral.

Obviamente, aquellos que no quieran distorsionar los mercados laborales y de servicios contestarán a todas estas medidas. Aquellos que quieren mitigar la pobreza se sienten obligados a batallar en contra de estos oponentes. El efecto sobre el tema de la pobreza es centrar la atención en la redistribución. Aún si la defensa del apoyo para el pobre tiene éxito a pesar de los ataques de los puristas del mercado, el sistema continúa produciendo pobreza.

1. Pobreza y trabajos

¿Cuál entonces es la forma en que el sistema produce pobreza? Para responder a esta pregunta necesitamos empezar con una idea más defendible sobre la pobreza. Esto significa tratar de evitar identificar a la pobreza con ingresos bajos o aún con un potencial humano no desarrollado. Estas ideas centran nuestra atención demasiado estrechamente en la persona pobre. Necesitamos mirar, más bien, en la dirección de la relación que la persona pobre tiene con las características sobresalientes de su ambiente. Luego lo que sobresale es el tipo de tratamiento que experimenta la persona pobre. Con esto en mente, podemos pensar en la pobreza como un tipo de relacionamiento más que como un estado de la persona pobre en sí mismo.

Hay un lado negativo del tipo de relacionamiento que es la pobreza. Al menos en la pobreza moderna, el sistema que reina rechaza a la persona pobre. Ser tratado como un excluido, como a quien no se quiere, como si se fuera innecesario o desechable, es la forma general de este rechazo. En muchos casos, el rechazo es a largo plazo, pero muy frecuentemente, es un rechazo intermitente. Además, hay varios tipos de exclusión, pero la pobreza es una exclusión de un tipo especial. El sistema que impera rechaza a la persona pobre específicamente para la participación en las tareas que reúnen a las personas para satisfacer sus necesidades.

Lógicamente, hiere profundamente a los seres humanos ver a alguien como si no fuera necesario en el esfuerzo de cooperación para satisfacer necesidades. Sin embargo, hay una manera de pensar que puede reducir el dolor de esta exclusión. Consiste en que aquello que es responsable de hacer que alguien sea sacrificable es el sistema mismo que tiene la gente para permitirse vivir por debajo, más que en la venganza de los seres humanos. Este pensamiento está muy lejos de ser una racionalización sin fundamento sobre el dolor de la exclusión. El sistema logra lo que él considera progreso rechazando constantemente como si fueran desechables, a aquellos que tienen voluntad de trabajar dentro de ese sistema.

Para concretar esta noción de pobreza, la noción de superfluidad que emplea no puede permanecer como que ésta se refiere a las tareas en general. Tiene que ser una noción de superfluidad relacionada con los trabajos, en el sentido de trabajo asalariado. Después de todo, estamos hablando aquí de la pobreza en la sociedad de hoy, la cual es dominantemente capitalista. El trabajo asalariado es una característica esencial de esta sociedad. Más que relacionar la pobreza inicialmente con el ingreso o con la capacitación, la propuesta aquí es relacionarla con los trabajos en el sentido de trabajo asalariado.

Sería demasiado simple decir que pobres son aquellos sin trabajo, debido a que sabemos que, por lo menos en países como los Estados Unidos, la mayoría de los pobres han tenido empleo en algún momento. Este empleo es, sin embargo, episódico más que de largo plazo. Las razones para esto son varias. Por ganar demasiado poco para pagar las cuentas, un empleado puede renunciar para buscar un trabajo que le pague mejor. Habiendo trabajado suficiente tiempo como para obtener beneficios de salud o incremento de salario, un empleado puede renunciar a su trabajo para buscar una nueva contratación. Por llegar tarde o por perder varios días de trabajo para ocuparse de las necesidades de su familia, un empleado puede ser despedido por ausentismo. El rechazo que caracteriza a la pobreza es entonces asociado con desempleo frecuente o de largo plazo.1

Referirse al desempleo es solamente un primer paso hacia la explicación de cómo el sistema produce pobreza. Uno también necesita referirse a la manera como el desempleo surge en la economía. Una economía que busca simplemente satisfacer necesidades puede evitar el desempleo. A medida que los trabajadores se vuelven más productivos en una economía como a la que nos referimos, pueden reducir sus tiempos de trabajo sin reducir su estándar de vida. Se evita tener que excluir a la gente del proceso de trabajo y de sus productos. Por lo tanto, se evita la pobreza en el sentido adoptado aquí de ser innecesario en el sistema de trabajo asalariado.

Sin embargo, el sistema económico en el mundo es muy diferente porque entre sus características están las ganancias y la competencia. Las unidades de una organización que compiten con éxito obtendrán ganancias e invertirán, por lo menos algunas de ellas, para incrementar las fortalezas de capital que utilizan en la producción. Para asegurar que seguirá compitiendo con éxito, la unidad de una compañía invertirá algunas de sus ganancias en bienes de capital que incrementarán la productividad de su fuerza de trabajo. Querer lograr el crecimiento de los bienes de capital a través de la competencia, tiende luego a llevar a la productividad creciente. Esto generalmente significa obtener una cantidad dada de un producto o servicio con menos horas de trabajo. Sin embargo, debido a que es difícil comparar diferentes bienes y servicios excepto en términos de sus valores económicos, es mejor pensar en incrementar la productividad a medida que se obtiene más valor agregado al producto o servicio por cada hora de trabajo dedicada a él. Con una productividad más alta, una unidad de una organización puede esperar vender más barato que sus competidores. En muchas industrias, tales como la de automóviles y la de agricultura en Estados Unidos, la productividad ha aumentado mucho de repente, y por lo tanto se ha reducido la necesidad de empleados, aún ante incrementos de la demanda.

En El Capital Marx elaboró estas relaciones entre capitalismo, trabajo asalariado, productividad, desempleo y pobreza.2 Su punto de vista se encuentra en claro contraste con la visión de que la pobreza es la falta de algo en una persona pobre, ya sea un ingreso adecuado o de capacitación en áreas vitales para la vida. Para él, es el rechazo por parte del sistema de productividad creciente a través de la competencia, lo cual es la raíz de la pobreza. Empezamos con este acto de rechazo al pobre por parte del sistema en el que vive. Luego podemos ver el bajo ingreso o la falta de cualificación como las consecuencias de esta acción. La importancia del punto de vista de Marx sobre la pobreza es que nos da un reflejo de una característica del sistema capitalista que produce pobreza, como lo es su implacable aumento de la productividad. Habrá fluctuaciones, lógicamente en este incremento, por lo cual lo importante es que debería haber un incremento secular. En épocas prósperas cuando hay gran demanda, la pobreza cae a pesar de la oleada en productividad; en épocas de recesión, cuando la demanda afloja, la pobreza aumenta no obstante la interrupción de inversión para productividad creciente, basada en el alto nivel de productividad ya alcanzada. De esta manera, estas fluctuaciones en la pobreza dejan intocable el papel básico de la productividad creciente en la generación de pobreza.


2 Ser innecesario como la forma de miseria

Hay dos formas en que el aumento de la productividad produce pobreza. La forma dominante es a través del cierre de oportunidades para el empleo con un salario digno para aquellos que todavía no lo tienen. La forma secundaria es a través de la pérdida del empleo en un salario más alto. Tomando las dos formas juntas, el efecto es que la productividad creciente cierra oportunidades para los trabajadores que están en lo más bajo para avanzar, mientras que aumenta las oportunidades para los trabajadores que están más arriba para sufrir un revés. Este doble efecto surge a través de un mecanismo sencillo: un aumento en la productividad que hace a algunos trabajadores innecesarios para alcanzar un nivel de demanda dado.

La forma dominante de producir pobreza que se acaba de mencionar da cuenta del hecho de que alrededor del mundo el grupo de gente a la que se le niega oportunidades para trabajar con un nivel que le permita vivir ha llegado a ser enorme.3 El hecho de fondo aquí es que la productividad creciente tiende a desacelerar la necesidad de más manos y mentes. La gente está dejando diferentes áreas de actividad no asalariada tales como la escolaridad, el trabajo doméstico y la agricultura de subsistencia solamente para entrar al creciente sector de trabajo informal o al mejor trabajo asalariado de nivel de pobreza.

La forma secundaria que se mencionó da cuenta del hecho de que otros están llegando a la pobreza no solamente provenientes del trabajo no asalariado sino también de los despidos masivos debido a los incrementos de productividad donde ya hay trabajo asalariado. A medida que los trabajadores caen de sus antiguos trabajos a trabajos nuevos, muchos de ellos detienen su corta caída al caer en trabajos con salarios de pobreza. Aunque se salvan de la pobreza, su caída hacia un nivel medio puede agravar la aglomeración en el mercado laboral ya creado por la productividad creciente en este nivel medio. Esto fuerza a otros trabajadores, que ya estuvieron en este nivel, a caer en salarios de nivel de pobreza. Los recortes en repuesta a las ganancias de la productividad crean una cascada de potencia humana a un grupo de pobreza por debajo.

En cuanto a la producción de pobreza, no importa si los aumentos de la productividad llegan por medio de tecnología innovadora o por medio del aumento del ritmo de trabajo. Cuál camino escoge una compañía para incrementarla, depende de su circunstancias. En una firma que paga buenos salarios, frecuentemente hay un esfuerzo para ganar sobre sus competidores a través del aumento en la productividad proveniente de cambios tecnológicos. Puede no ser capaz de competir aumentado la velocidad o bajando los salarios debido a que el trabajo del tipo que necesita puede ser de corto suministro y ser capaz de montar una resistencia efectiva contra tales medidas. En contraste, una firma en un sector donde la norma es los salarios bajos puede ser capaz de competir exitosamente a través de llegar a la salarios aún más bajos. Además de reducir los salarios, puede aumentar la velocidad para competir mejor. Es menos probable tratar de aumentar la productividad a través de la tecnología debido a que, en los sectores de salarios bajos, hacerlo así frecuentemente representa serios desafíos. Tender las camas en hoteles y vaciar las papeleras de las oficinas siguen siendo trabajos intensos. Aquí la pobreza viene de una carrera hacia el fondo, con los salarios.

Sin embargo, hay otro escenario familiar para las firmas que pagan buenos salarios y que compiten a través de aumento de productividad por medio de nueva tecnología. Tales firmas frecuentemente hacen que su nueva tecnología se utilice en un área del mundo con bajos salarios también para empezar a competir a través de salarios bajos y a veces entonces a incrementar velocidad. Estas áreas tienden a tener una oferta abundante de gente que trata de ingresar al trabajo asalariado, debido a que sus métodos tradicionales de producción no los sostienen. Hay poco chance de que todos estos trabajadores potenciales puedan encontrar empleo, debido a que los nuevos métodos de producción son más productivos y por lo tanto demandan menos fuerza de trabajo. Aquellos que sí encuentran empleo, con frecuencia obtendrán salarios de pobreza así como excesivo ritmo de trabajo. La pobreza resultante atraviesa el mundo hacia los incentivos que los salarios altos dieron a la productividad creciente.

En estas varias formas, la productividad creciente en una economía competitiva hace a los trabajadores innecesarios y por lo tanto, pobres. Henry Mayhew, el gran observador del siglo XIX sobre los pobres de Londres, habló sobre la “superfluidad de los trabajadores” en los diferentes oficios. Su estimado era que la mitad de los innecesarios estaba parcialmente empleada y que la otra mitad estaba desempleada a lo largo del año.4 Aquellos cuyo potencial se vuelve innecesario están desempleados, tanto frecuentemente como por largo tiempo, en el sistema marcado por la competitividad de aumentos de productividad. Esto no quiere decir que los tipos de trabajos que los pobres desempeñan sean innecesarios para el sistema reinante. Solo quiere decir que de vez en cuando algunos trabajadores con bajos salarios pueden ser excluidos de los trabajos que el sistema requiere.

Ser innecesario, así sea frecuentemente o por largo tiempo, para la amplia tarea social de generar las ganancias que se deben invertir en una productividad creciente no es una condición económica impersonal distinta de la miseria personal de la pobreza. La condición económica de ser superfluo es, como se anotaba antes, un rechazo del pobre por parte del sistema económico, y como cualquier rechazo, impacta a la gente personalmente por ser una falta de reconocimiento. En este sentido, el teólogo de la liberación Gustavo Gutiérrez nota “Así que, ¿qué queremos decir con ‘pobre’? No creo que haya una buena definición pero podemos aproximarnos a ella diciendo que los pobres son no-personas, los in-significante, aquellos que no cuentan en la sociedad... .”5 Los pobres no son reconocidos por la voluntad de su ser de trabajar para sostenerse, para tener un cierto rango de habilidades y para tener necesidades que otros comparten. Al contrario, son rechazados por ser superfluos, periódicamente o a largo plazo, para el sistema de producción creciente competitivamente. Este no-reconocimiento llega a ser la forma en que la miseria del pobre –la vivienda pobre, la desesperación y un sistema de salud inadecuado- existe. Decir que un trabajador es superfluo en lo que tiene que ver con el mercado en el trabajo asalariado nos dice que la miseria de él o de ella es del tipo que viene con tener que estar a un lado mientras que los otros ganan reconocimiento positivo. El pobre no experimenta la miseria sustantiva de la pobreza como un factor aislado sino como la miseria cuya forma es el no-reconocimiento que implica el ser innecesario en el mercado del trabajo asalariado.


3. Aplicaciones del punto de vista de la productividad

Es un asunto directo aplicar nuestra visión de que la pobreza está enraizada en la productividad para una nación uniforme simple. Suponga, sin embargo, que hay naciones con diferentes formas de economía. ¿Cómo, si fuera posible, les aplica entonces? O suponga que hay regiones o naciones en las cuales los salarios básicos son mucho menores que en cualquier otro lugar. Nuestra visión sobre la pobreza puede no aplicar a cada región o nación separadamente. Pero si no es así, ¿cómo las relacionamos de tal manera que también les pueda aplicar a ellas?

Primero, tomamos el caso de diferentes formas de economía. Es vital enfatizar que solamente en las sociedades capitalistas la miseria de la pobreza sí aparece en la forma de no reconocimiento implicada en ser superfluo para el mercado laboral. En otras épocas y en diferentes sociedades, la miseria del pobre tiene diferentes formas. Un tema común, sin embargo, es alguna versión de no-reconocimiento que da forma a la miseria sustantiva de la pobreza.

En la Europa pre-capitalista, había poco incentivo para incrementar la productividad tanto que los señores eran capaces de reproducir sus estilos de vida desde sus dominios, como los burgueses eran capaces de vivir y comer bien basados en el comercio y los campesinos eran capaces de subsistir en sus parcelas. Las crisis surgían en la escasez creciente y no tanto sobre la producción abundante. Cuando la escasez llegaba por las inundaciones, las guerras o la pestilencia, el pobre no era reconocido como con quien se debía compartir los recursos que quedaban, mientras que los nobles sí podían mantener sus estilos de vida basados en sus tierras y los burgueses podían obtener recursos en los abastecimientos municipales. Para mantener su consumo, los órdenes superiores de la sociedad dominaban a los órdenes inferiores, lo cual incluía legiones de pobres. Para proteger las reservas municipales, los pueblos aprobaban leyes para excluir a los campesinos de las medidas sobre las hambrunas rurales. Braudel registra el caso de Troyes un poblado francés que en un momento del siglo XVI dio a cada una de las personas que tenían hambre y a los intrusos miserables una hogaza de pan y un trozo de plata al tiempo que les decía que no regresaran antes de la siguiente cosecha de granos.6

¿Qué, entonces, vamos a hacer de la pobreza en la sociedades post-capitalistas? En la Cuba post-capitalista, la baja productividad que compartía con otros países post-capitalistas –cualesquiera hayan sido sus causas- garantizaba que habría escasez en lo básico. Con la victoria de la revolución cubana, sus líderes atacaron vigorosamente la “pobreza sub-humana” heredada de antes, a través del suministro a los pobres de vivienda, hospitales, agua, baños interiores y facilidades para cocina, electricidad y educación. Después de eso y antes de la dolarización de la economía cubana a mediados de los noventa, lo cual llevó a que los dólares de las remesas provenientes del extranjero jugaran un papel significativo en la demanda de consumibles escasos, Cuba tuvo una distribución de muchos recursos pesados en la dirección de oficiales y de aquellos escogidos por distinciones en el trabajo. Debido a la baja productividad, la distribución equitativa de los recursos tales como vivienda adecuada, una variedad de alimentos, ropa bonita, muebles, transporte y servicios de salud de buen nivel, no fue posible. Aquellos no reconocidos como completamente iguales en este tipo de distribución, eran los numerosos pobres. Ellos eran quienes tenían poco reconocimiento político, más que, como en el capitalismo, aquellos percibidos como superfluos en un mercado laboral asalariado.7

Ahora vamos al segundo caso, aquel de las diferencias de salarios. La pobreza ha aumentado en años recientes no solo por los despidos masivos en sectores que han aumentado su productividad uniformemente sino también por estar expulsando a empresas de baja productividad de un sector en el que la alta productividad se está haciendo común. Ejemplos importantes de esta segunda tendencia son las, así llamadas, economías en desarrollo. En India, los agricultores cuyos subsidios fueron recortados por los regímenes neo-liberales, dejan sus parcelas para aglutinarse en conjuntos urbanos. No tienen otra opción debido a que la agricultura más productiva pone productos más baratos en el mercado.8 El resultado acumulativo es la creación de millones de lo que puede ser llamado “trabajadores latentes”. Tienen que entrar a la fuerza de trabajo moderna pero su potencial para entrar en ella deprecia el mercado laboral moderno. Están fuera de una fuerza laboral más tradicional sin haber hecho una transición completa hacia la fuerza de trabajo moderna.

Los trabajadores latentes son superfluos debido a dos aumentos en la productividad. Están dejando el sector donde tenían sus trabajos tradicionales debido a la productividad aumentada en ese sector. Sin embargo, las nuevas partes de la economía de su nación no pueden aumentar posiblemente la demanda de trabajos, suficientemente rápido para absorber a todos los trabajadores latentes. Una razón importante para esto es que la nueva inversión está en procesos más altamente productivos.

Ahora queremos conectar estos aumentos de productividad que afectan a los trabajadores latentes, con la pobreza donde los salarios son más altos. Algo de la pobreza en las partes del mundo con salarios más altos puede derivarse del vuelo de capital hacia las partes del mundo con bajo salario. Cuando las corporaciones se van de una parte del mundo con altos salarios para producir en un lugar con salarios más bajos, dejan detrás condiciones que contribuyen a la pobreza. Una razón para esto es que aquellos que esperan salir de los salarios de pobreza tenderán a tener menos oportunidad de hacerlo debido a que los trabajos mejor pagados se desaparecieron sin ninguna garantía de compensarlos creando trabajos en algún otro lado de la economía. La pobreza que viene de esta forma no parece que se deba a la productividad creciente sino a la ventaja de salario comparativa de los países de salarios bajos. Si esto es correcto, entonces la visión de productividad de la pobreza no aplica aquí.

Es fácil, sin embargo, mostrar que esta falla es solamente aparente. Tratamos, sin éxito, de explicar la pobreza en el país con altos salarios ligándola directamente a sus aumentos de productividad. Lo que ignoramos fue la posibilidad de una relación indirecta que va a través del país con bajos salarios. Los aumentos de productividad en un país con altos salarios pueden, cuando sean transferidos a un país con salarios bajos, minar los trabajos tradicionales y crear un gran grupo de trabajadores latentes. La agricultura mecanizada tendría este efecto con los agricultores de pequeñas parcelas. Con un gran grupo del que se pueda escoger, los empleadores contratarán con salarios bajos a los trabajadores latentes. Esto atraerá a los capitales extranjeros para que inviertan en procesos de alta productividad que puedan ser monitoreados frecuentemente en sus ganancias productivas en el país de salarios altos. Será, entonces, incapaz de absorber a todos los trabajadores latentes, asegurando que habrá de todas formas fuerza de trabajo con bajos salarios. Así que la pobreza en un país con altos salarios que se debe a vuelos de capital tiene sus raíces en los aumentos de productividad en el país receptor que tiene bajos salarios.


4. Bienestar para los desempleados y para el empleo con bajos salarios.

Todavía hay objeciones que se tienen que manejar, pero ahora son de naturaleza más formal. La primera presenta el caso de un desempleo sin miseria, y la segunda concierne a un caso de empleo con miseria. ¿Cómo maneja estos casos nuestro concepto basado en el empleo? ¿Son ellos excepciones a la pobreza como superfluidad?

La primera objeción tiene que ver con los esfuerzos por mejorar la vida para el desempleado. Si ser pobre es ser superfluo en el mercado laboral, entonces parecería que estamos enfrentando una paradoja. Porque, se infiere que, cuando el bienestar social del Estado mantiene al desempleado en indigencia, lo mantiene en la pobreza. Los desempleados en algunos países europeos han sido capaces de vivir de los munificentes seguros de desempleo, y en algunos lugares, también les gusta que sus vecinos empleados también haya disfrutado del servicio de salud que aporta la sociedad, de los cuidados de los niños, de las mesadas familiares y de la vivienda. La paradoja de la visión de superfluidad de la pobreza es que el rasgo sustantivo de la pobreza –la miseria del indigente en lo que se refiera a lo básico- desaparece a pesar del desempleo. Adicionalmente, con los generosos beneficios del bienestar social, el salario más bajo que la gente está dispuesta a devengar por su trabajo aumenta sustancialmente.

Esta supuesta paradoja de pobreza sin miseria ignora un rasgo importante del concepto de pobreza. Recuerde que donde hay pobreza el no-reconocimiento inherente a ser superfluo en el mercado de trabajo es la forma en la cual se experimenta la miseria que resulta de no tener lo básico para la vida. Lejos de ser un no-reconocimiento genérico, es más un no-reconocimiento que no está separado de la miseria. Con el no-reconocimiento en el mercado laboral como su forma, esta miseria es diferente de aquella del prisionero político, de la del ermitaño que ayuna y de la del vagabundo medieval. Todos ellos pueden carecer de lo básico pero cada uno experimenta esta carencia de una manera diferente. En el concepto de pobreza, uno no puede desdeñar ni la forma de no-reconocimiento ni la de sustancia de miseria. Es, sin embargo, precisamente la miseria sustantiva de ser, sin los medios para satisfacer las necesidades básicas, la que está lejos del caso del desempleo mitigado por medidas de bienestar social abarcantes. Por esta razón, el concepto de pobreza no aplica aquí.

Esto puede parecer indicar que hay una forma de erradicar la pobreza por medio de las distribuciones de bienestar social del Estado. Sin embargo al principio, yo indicaba que la comprensión de las raíces de la pobreza descartarían tal solución. La cuestión es, entonces, ¿puede un sistema de desempleo sin miseria ser algo más que una tregua fugaz de la pobreza?

Las fuerzas de poder deberían esperar debilitar este sistema. Debido al alto umbral salarial en el cual la gente aceptaría un trabajo, los empleadores perderían la oportunidad de obtener ganancias al darle trabajo a un desempleado. Al darles este chance, que ellos necesitarían en una economía internacional competitiva, el Estado tendría que reducir su gasto en bienestar social, y, con ello, el umbral de salarios en los cuales la gente aceptaría un trabajo.9 Dentro del marco de estas consideraciones, el esfuerzo para rechazar este sistema de desempleo sin miseria se volvería irresistible. La ideología del mercado libre, incluyendo el del trabajo, estaría ligado a la realidad de ganancias decrecientes como argumentos para acabar con este sistema.

Fue tan así que, junto con otras naciones que tuvieron que hacer sus reformas neoliberales, Alemania enfrentó una resistencia no masiva para reducir sus amplios beneficios de desempleo en los albores del siglo XXI. El desempleo sin miseria ya no aparece como una de las varias posibles alternativas para el capitalismo. Más bien, aparece como un arreglo excepcional que fue destinado a cubrir solamente un breve lapso de tiempo de la historia capitalista.

La segunda objeción está relacionada con el empleo con miseria, la cual reversa el caso del desempleo sin miseria que se acaba de considerar. Si la pobreza implica tanto desempleo frecuente como desempleo de largo plazo, entonces en el caso presente no hay pobreza. En este caso, sin embargo, asumimos que algunos de los empleos estables tienen salarios suficientemente bajos para dejar a los trabajadores en una condición calamitosa usualmente asociada con la pobreza. Sus empleadores habrían impedido contratar más trabajadores con salarios dignos, salarios suficientes para vivir sin ayuda de caridad o del Estado, aunque están contentos de contratarlos con regularidad con salarios considerablemente más bajos.10 Con frecuencia, los empleadores contratarían más gente si pudieran contratarla con salarios más bajos. Las posibilidades de un empleo estable aumenta a medida que el salario límite para el empleo baja más y más. Esto hace posible la miseria de la pobreza sin el rechazo por parte del mercado laboral y el no-reconocimiento en ese mismo mercado laboral. ¿Esto no muestra que estábamos cometiendo un error al hacer que la pobreza dependa del desempleo?

De hecho, estábamos en lo correcto. La razón es que, por sí mismo, el trabajo por debajo de un salario digno es insostenible. Tiene que haber medios de completar esos salarios bajos para evitar incapacitar a los trabajadores que se los ganan. Si no ganan lo suficiente para obtener lo básico, entonces ellos gradualmente estarán en malas condiciones físicas y mentales para trabajar y perderán su capacidad de formar una nueva generación de trabajadores. Debido a que el empleo con miseria a largo plazo no puede ser sostenido, no ofrece una objeción para nuestra visión de pobreza. En vez de eso, lo que tenemos es un empleo de corto plazo con miseria para el trabajador seguido del desempleo del trabajador debido a su incapacitación. Esto es perfectamente compatible con nuestra visión.

Adicionalmente, el trabajo con bajo salario no esperará simplemente a que los recursos inadecuados drenen sus capacidades. Tiene opciones adicionales. Escogerá estas opciones para responder de manera correctiva para evitar la miseria. Tenemos que asumir que el trabajador con bajo salario tiene una oportunidad para responder de tal manera. Porque de lo contrario, el trabajo que paga poco se vuelve una forma de crear peones, colocando esta opción fuera del mercado de trabajo capitalista en el cual las opciones de los trabajadores no son tan restringidas. Los trabajadores con estos salarios bajos podrán, entonces, buscar un segundo o tercer trabajo para lograr un ingreso adecuado. Tratarán, como en el caso de los Estados Unidos, de completar el ingreso de un trabajo de bajo salario con cupos para guardería, con estampillas para comida, con elegibilidad para ayuda médica, con subsidios de arriendo y con créditos de impuestos ganados por ingresos. Todos los miembros de una familia, aún a temprana edad, trabajarán en una variedad de oficios menores para poder sobrevivir. Si estas opciones no bastan, otras más riesgosas aparecen: limpiar los parabrisas en los semáforos, vender partes, robar automóviles y prostituirse. En suma, un trabajo de bajo ingreso impele al trabajador a tomar medidas correctivas que ayudarán a evitar la miseria de la pobreza. Por lo tanto, si los trabajos de bajos salarios llegan a ser de largo plazo, no acarreará la miseria de la pobreza.


5. Cooperación y bienes públicos

Ahora nos encaminamos hacia la tarea constructiva de proponer para consideración una manera de reducir la pobreza y en últimas, de erradicarla. Medidas como la seguridad social y los salarios dignos, mandados como salarios mínimos, hacen su parte aquí sacando a algunos pobres de la pobreza. El problema, sin embargo, es que si tales medidas son suficientemente fuertes para tener más de un efecto incremental sobre la pobreza, muy probablemente tendrán el desempleo como un efecto colateral indeseado. Después de todo, los empleadores sentirán la necesidad de aliviar la carga de sus contribuciones para pagar por bienestar social o de las cuentas de sus salarios más altos para alcanzar un salario digno. Entre otras cosas, bajarán sus costos reduciendo sus fuerzas de trabajo mientras que se aseguran de que no reducen la producción y por lo tanto aseguran sus ingresos por las ventas. Con sus fuerzas de trabajo menguadas, se requerirá aumento de la productividad. Su incremento les permite recudir sus costos laborales generales a través de la creación de desempleo con su potencial para introducir más pobreza.

Parece claro entonces que la reducción de la pobreza de una manera más importante debe ocurrir en el contexto de un programa que desestimule tener que aumentar la productividad a través de la competencia. También está claro que un programa de reducción de productividad, tal como el de bienestar social completo para el desempleado nunca será más que una reforma efímera en el capitalismo, como ya lo sabemos. La conclusión es que la reducción de la pobreza de una manera importante requiere una de dos opciones solamente. Podríamos escoger tanto una versión híbrida de capitalismo en la cual los límites sobre la productividad no necesitan desestabilizar el sistema, o un sistema establecido sobre bases diferentes a aquellas del capitalismo.
Aquí es menos importante decidir cuál de las dos podría ser, que identificar uno de los cambios prominentes que se requiere al limitar la productividad creciente. Poner límites en la productividad tiene un impacto directo en lo que uno puede hacer para buscar una ventaja competitiva. A pesar del número creciente de las maneras que las corporaciones combinan para la competencia abrupta, queda una fuente pre-eminente de cambio en el capitalismo de hoy. Dada la preeminencia de la competencia, ¿qué serviría como dinámica que pudiera desafiarla? La dinámica que se necesita en esta época provendría de la cooperación y de la solidaridad, según mi punto de vista. Las luchas por el bienestar y por salarios dignos nos dan luces sobre lo inadecuadas que son. Su inhabilidad para superar la pobreza simplemente regulando la competencia nos muestra la necesidad de hacer que domine la cooperación en muchos sectores en los que ahora domina la competencia.

La dinámica de la cooperación nos aleja de la tendencia actual hacia la privatización, la cual integra más y más actividad en la esfera competitiva. Debido a la privatización global de los bienes públicos, tales como los servicios y los sistemas de salud, hay inundación inevitable de despidos masivos de las fuerzas de trabajo en muchos países. Los salarios más bajos que resultan están justificados como la forma de atraer inversionistas que pondrán a la gente a trabajar en empleos de más alta productividad. Pero como anota el anterior economista del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, “La flexibilidad del mercado de trabajo fue diseñada para movilizar a la gente desde trabajos de baja productividad hacia trabajos de alta productividad. Pero demasiado frecuentemente movilizó a la gente de trabajos de baja productividad hacia el desempleo... .”11 La privatización no solamente sí genera desempleo, sino que también profundiza la miseria de la pobreza haciendo escasos los recursos como el agua potable y los cuidados de salud, aún menos accesibles debido a que se vuelven artículos de consumo.

¿Cómo es que la cooperación juega un papel en una alternativa para el mercado competitivo? La alternativa dará un papel central a las metas que definen el tipo de sociedad que la mayoría de nosotros quiere. Son muy diferentes de nuestras metas privadas. Estas metas son tales que las compartimos deseándolas con muchos otros. Por supuesto que compartir metas no sucederá sin interacción; discutimos opiniones y forjamos compromisos antes de que se extienda este compartir de metas. Una meta para nuestra sociedad que surge de esta manera será aquella que la mayoría de nosotros quiere no solamente para nosotros mismos sino también para toda la sociedad, es decir, para todos. Es natural llamar a esto una meta social. Será social en dos sentidos: por lo menos la mayoría de nosotros comparte querer la meta, y cada uno de nosotros que la quiera, la querrá para el resto.

Es fácil entonces ver cómo la cooperación se articula donde hay metas sociales. No tiene sentido competir con alguien para obtener una meta social para sí mismo, porque cuando se alcanza una meta social, se logra beneficios para todos. Dos productores pueden competir por una cierta parte del mercado para los tipos de bienes que ambos producen. Supongamos que una sociedad democrática es una meta social. Entonces dos ciudadanos no pueden competir para determinar cuál de ellos obtendrá la sociedad democrática resultante. Lo que pueden hacer es cooperar con aquellos que quieren una sociedad democrática, dando los pasos necesarios para lograrla. Si usted quiere una sociedad democrática para otros, y ellos también la quieren para usted, entonces las condiciones se han logrado para usted y para aquellos otros para buscar formas de cooperar con el objetivo de realizar su meta compartida.

Para realizar una meta social, debe haber ciertas instituciones que tengan capacidad de largo plazo para lograr el tipo de beneficio que esperamos obtener con la meta. En el caso de una sociedad democrática, una estructura institucional se organizará incluyendo parlamentos, cortes, un aparato para votaciones, y una variedad de organizaciones a nivel local más que en el centro de la actividad política principal. Una estructura, tal como esta, para realizar una meta social la llamamos un bien público. Organizamos la estructura que nos dé una sociedad democrática sobre una base cooperativa; de otra manera, habrá competencia por el poder que resultará en una destrucción de la democracia, la cual requiere que el poder sea ampliamente compartido. En general, tributamos de acuerdo con nuestros medios para sostener los bienes públicos, mientras que sus contrapartes privatizadas generalmente cobran a ricos y a pobres lo mismo por sus servicios.12

La productividad creciente todavía será necesitada en una sociedad en la cual la razón de cooperar sobresale a través de la extensión de los bienes públicos. Sin embargo, estos incrementos tendrán otro significado. Se requerirán para obtener las, hasta ahora, no logradas necesidades humanas más que para lograr las demandas por la competencia. La insuficiente y criminal provisión de fondos de los bienes públicos alrededor del mundo en las décadas recientes, la cual actuó como preludio de la cantidad de privatizaciones, dejó a mucha gente sin lo básico. No se aumenta la productividad en la entrega de los beneficios de los servicios públicos simplemente para estar a la delantera de los competidores sino porque es la única manera de satisfacer necesidades relevantes. Si la productividad crece más allá de lo que las necesidades lo requieren, los trabajadores pueden evitar tanto la superfluidad frecuente como la permanente a través de horas más cortas sin reducciones de los salarios.

Estamos visionando una sociedad en la cual la motivación dominante es la cooperación en vez de la competencia. En ella, la forma dominante de la actividad económica cambia de la búsqueda competitiva de una productividad más alta a la búsqueda cooperativa de metas sociales por medio de los bienes públicos. En tal sociedad, puede haber eliminación de la pobreza, como la conocemos, a través de la eliminación del desempleo frecuente y del desempleo permanente. En ella, la cuestión de si podría haber bienestar social completo para aquellos que de pronto están desempleados, pierde importancia. La cuestión de si el salario digno creará desempleo también pierde relevancia. Si tuviéramos que enfrentar el desempleo nuevamente, las razones tendrían poco que ver con la productividad creciente generada por competencia. Entre tales razones estaría un agotamiento de recursos del tipo que concierne a los ambientalistas, un grupo adverso de países poderosos tratando de subvertir el dominio de la cooperación, y un colapso interno de la democracia requerida por cooperación.

¿Se puede esperar eliminar la pobreza sin visionar una sociedad en la cual se modere la productividad creciente a través de la cooperación inherente a los bienes públicos? El filósofo y economista Amartya Sen ha definido a la pobreza como la privación de la capacidad.13 Según su visión, podríamos eliminar la pobreza dándole capacidad a la gente. Una de las capacidades que se necesita es, por supuesto, la de ser capaz de encontrar un trabajo constante. Por lo tanto, un programa anti-pobreza requiere, entre otras cosas, medidas para crear suficientes trabajos.

Nuestra visión de la productividad nos permite clarificar que, para eliminar la pobreza dentro del capitalismo, la adquisición de las capacidades necesarias dependerá de algo más fundamental. Las medidas para crear suficientes trabajos, así sea a través de la capacitación de individuos o través de incentivos para empleadores para que aumenten las fuerzas de trabajo, tendrá éxito solamente conteniendo el impulso de incrementar la productividad resultante de la competencia.14 Porque de otra manera, la productividad creciente constantemente creará trabajadores superfluos. Como veíamos, solamente reprimiendo el impulso, sin hacer que las instituciones dominantes sean cooperativas, es insostenible. Ganar la batalla contra la pobreza, aún según la visión de la pobreza de Sen como la capacidad de privación, descansa en romper los arreglos económicos actuales y visionar un sistema dominantemente cooperativo. Sen parece renuente a aceptar la necesidad de este cambio subyacente.

6. ¿Incrementalismo o el programa completo?

Para concluir, planteo un dilema para aquellos de nosotros que quieren frenar la pobreza. ¿Deberíamos buscar un programa de eliminación de la pobreza o deberíamos seguir con programas incrementales? El programa completo ve el problema como productividad creciente originada por la competitividad y la solución como una economía en la cual la cooperación domine. El programa completo deja atrás los consensos neoliberales, con sus énfasis en mercados, no simplemente para regular los mercados sino para construir nuevos consensos con un énfasis en bienes públicos.

Hay varios tipos de programas incrementales: educación, capacitación para el trabajo, alimento, renta, y complementos salariales para el cuidado de los niños, para los créditos de impuestos y salarios auto-suficientes. Se pueden utilizar estos programas para direccionar la pobreza dentro de un contexto en el cual la competencia permanece dominante, a pesar de los límites que se le imponen. Por ejemplo, el programa de establecer un salario mínimo sobre una línea realista de pobreza limitaría la habilidad de los empresarios de competir pagando salarios de pobreza. Aún podrían competir presionando los salarios tan cerca del mínimo como lo permitiera una contratación exitosa. Además, podrían aprovechar el hecho de que el salario mínimo para escapar de la pobreza sería menor en algunas partes del mundo que en otras. Pero en ningún lugar “la carrera hacia el fondo” llevaría a salarios de pobreza.

Tal regulación contendría, sin embargo, las semillas de su propia destrucción. A pesar de limitar la competencia por el trabajo, falla para llevar más allá del cumplimiento a regañadientes para promover la cooperación. La urgencia competitiva todavía dominante llegará a ser el centro de un esfuerzo para erosionar cualquier consenso político que haya surgido para imponer límites sobre el mercado laboral. Las circunstancias en las cuales este esfuerzo se vuelve suficientemente poderoso para cerrar esos límites pronto surgirán, permitiendo la carrera hacia el fondo para llegar por debajo de la línea de pobreza. Las ganancias de aquellos que ganen esta carrera abastecerán la productividad creciente que el requerimiento de salarios dignos había contrarrestado temporalmente.

El dilema aquí es que terminemos en problemas ya sea que escojamos el programa completo o uno o más de los incrementales para la reducción de la pobreza. El programa completo no es algo para lo cual la gente parezca estar lista, ni nadie tiene una estrategia clara para que la gente esté lista. En resumen, no se puede llevar a la práctica inmediatamente. Los programas incrementales ya sea que manden un salario digno, promuevan la capacitación de ciudadanos o provean bienestar social, retardan la productividad creciente, de una u otra forma. Esto los hace vulnerables hasta un retroceso fuerte que proviene del ethos competitivo. Por ejemplo, la búsqueda competitiva de salarios bajos llevó a más del 30% de declive en el índice de inflación ajustada del salario mínimo en Estados Unidos entre su punto más alto en 1968 y el 2004, un período de tiempo en Estados Unidos en que la productividad creció considerablemente y el salario de un trabajador promedio descendió.

Mi respuesta al dilema es que debemos tratar las dos estrategias de manera complementaria para enfrentar la pobreza. Deberíamos ocuparnos de ellas juntos, si queremos evitar el posible grado de dificultades que se acaba de mencionar. Tener como meta exclusivamente los programas incrementales llevará finalmente a la visión pesimista, de que incrementar la productividad continuará agitando la pobreza, sin importar lo que hagamos. Al contrario, parecerá arbitrario escoger el programa completo de construir una economía dominada por los bienes públicos si hay alguna esperanza de eliminar la pobreza a través de un programa menos radical.

Para evitar el pesimismo al cual pueden llevar los programas incrementales, se nos dirá que hay países que han reducido la pobreza significativamente. La pobreza en los Estados Unidos y en Gran Bretaña es ahora considerablemente menor de lo que era hace un siglo. Una combinación de crecimiento económico y de programas incrementales anti-pobreza puede, o parece, que reduzca la pobreza. Sin embargo, se necesita examinar este mejoramiento desde una perspectiva global. Los países avanzados tecnológicamente reducen la pobreza “exportándola” a otros países. Esto sucede a través de un proceso de dos etapas. Primero, la destrucción de viejas formas de producción a través de transferencias de procesos nuevos desde países avanzados tecnológicamente, crea millones de trabajadores latentes. Segundo, los salarios de pobreza que esto permite, abaratan bienes y servicios importados hacia los países tecnológicamente avanzados, lo cual es consumido por sus trabajadores. Al vivir con bienes más baratos, estos trabajadores podrían salir de la pobreza aún con salarios más bajos.

Esta redistribución de la pobreza alrededor del mundo ciertamente no es progreso global. Una vez esto sea reconocido, parecería que no hay escape del pesimismo, a menos, claro, que tengamos la determinación de reemplazar la productividad creciente por la competitividad con un arreglo más cooperativo.15 Es precisamente uniendo el enfoque incremental con el programa completo de eliminación de la pobreza que podemos evitar la desmoralización que podría ocasionar el enfoque incremental solo.

Podemos, creo, estar de acuerdo en que los programas incrementales, todos los cuales permiten el dominio por la competencia, no resuelven los serios problemas para los cuales el programa completo es una respuesta. Aún en países ricos avanzados tecnológicamente, el mercado genera pobreza. Cuando los programas incrementales traten de remediar esta falla del mercado, no sobrevivirán por mucho tiempo de una manera saludable. No obstante, el programa completo, sin los programas incrementales seguirá apareciendo como un gesto desesperado. Puede llegar a ser más que esto solamente cuando se tome conjuntamente con los programas incrementales. Puede ser un ideal orientador a lo largo de su desarrollo, debido a que ocuparse de ellos demuestra la necesidad de un cambio más radical que el que plantea programa completo. Una vez suficientes personas estén de acuerdo en que el programa completo es necesario, entonces será posible ponerlo en marcha.