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La construcción y significación de los espacios de mujeres dentro de las organizaciones de desocupados
Cecilia Cross y Florencia Partenio*
Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Argentina
Resumen:
Las organizaciones de desocupados han supuesto un desafío a las formas clásicas de manifestación de los sectores populares. En los orígenes de estas organizaciones, la presencia de las mujeres ha sido mayoritaria. Con el andar de las experiencias, estas mujeres fueron asumiendo distintos roles en los espacios de trabajo comunitario (comedores, roperos, copas de leche, huertas, etc.) y en aquellas acciones directas que implicaban la aparición en el espacio público (cortes de ruta, marchas, acampes, etc.). En esta ponencia, nos proponemos indagar sobre los espacios de mujeres que se fueron construyendo al interior de cada organización, donde las mujeres visualizaron problemáticas en común. En este sentido, nos proponemos rastrear las significaciones que le atribuyen a estos espacios específicos de mujeres y las articulaciones que se fueron construyendo con otros movimientos de mujeres.
Para realizar este trabajo hemos elegido a cuatro organizaciones emplazadas en el conurbano bonaerense (aunque con presencia nacional) realizando entrevistas en profundidad con varones y mujeres dirigentes y referentes dentro de la organización, observaciones y participación en actos, asambleas, encuentros nacionales y reuniones de mujeres.
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Introducción
La conflictividad social a partir de mediados de los '90 estuvo caracterizada por la proliferación de formas novedosas de expresión del descontento social. En efecto, si hasta entonces los formatos tradicionales de la protesta eran los preponderantes (huelgas, manifestaciones encabezadas por sindicatos y partidos tradicionales, por ejemplo), en ese momento los cortes de rutas y calles se instalan como una de las formas privilegiadas de denuncia de los efectos de las políticas neoliberales sobre los sectores pobres y empobrecidos de la sociedad. A las organizaciones que adoptaron dicho modo de protesta, se las ha llamado "organizaciones piqueteras" las que se constituyeron en uno de los focos de resistencia más importantes frente al crecimiento del desempleo, la desigualdad y la pobreza. De esta forma las organizaciones piqueteras además de instalar la concepción de que el problema del desempleo tiene un carácter social se constituyeron como un espacio de denuncia de los vicios de la política tradicional, presentándose a sí mismas como una alternativa al "clientelismo político", y a las "dirigencias corruptas" de las instituciones políticas tradicionales.
Si bien estas organizaciones comparten muchos rasgos comunes- como las consignas políticas ya mencionados o la utilización de la política social como herramienta de organización – también son resultado de construcciones políticas diferentes1. En efecto, cada una de estas organizaciones responden a tradiciones políticas que les permiten orientar su acción en el espacio público, configurar alianzas y distinguir a los antagonistas entre los distintos grupos piqueteros y frente a los demás actores políticos, particularmente el gobierno nacional2.
Para la realización de este trabajo hemos trabajado con cuatro organizaciones del conurbano bonaerense – algunas de ellas con presencia a nivel nacional- que responden a construcciones políticas diferentes. Las denominaremos con nombres de fantasía, a fin de cumplir con el compromiso de confidencialidad establecido en el momento de realizar las entrevistas. Las organizaciones analizadas llevarán los siguientes nombres: Federación Sindical Piquetera (FSP), Línea Clasista del Oeste (LCO), Frente Piquetero del Sur. (FPS), y Línea Zona Sur (LZS). La primera de ellas – FSP- es una federación dentro de una central sindical, la segunda – LCO- es la corriente de desocupados de otro agrupamiento sindical vinculado a un partido político de izquierda. Los líderes principales de ambas fueron fogueados en las luchas por la vivienda que tuvieron lugar en la década del 80. El FPS y la LZS pertenecían a un mismo grupo piquetero que se fracturó en noviembre de 2003 en razón- principalmente- de su posición frente al gobierno nacional: Si para el FPS expresaba la continuidad de los anteriores y por tanto debía ser enfrentado con los mismos métodos, los líderes del LZS consideraban que la aprobación popular con la que contaba la figura del presidente no debía ser menoscabada. Actualmente, se encuentran en proceso de coordinación de acciones de lucha conjunta.
Desde sus orígenes, la presencia de las mujeres en estas organizaciones ha sido mayoritaria. Con el andar de las experiencias, ellas fueron asumiendo distintos roles en los espacios de trabajo comunitario y en tres de las cuatro organizaciones analizadas –es decir en todas, excepto la LZS- nos hemos encontrado con la existencia de ámbitos específicos de reunión y lucha de las mujeres piqueteras a los que hemos llamado "espacio de mujeres". Cada uno de ellos recibe un nombre específico, en la Línea Clasista del Oeste (LCO) se trata de la filial Matanza de una ONG de mujeres (a la que llamaremos "Asociación de Mujeres"), en la FSP "Secretaría de Género e Igualdad de Oportunidades" (aunque una de sus dirigentes nacionales, nos comentaba que en realidad debería llamarse "Secretaría de la Mujer) y en el FPS "Espacio de Mujeres en Lucha".
La Asociación de Mujeres funciona en forma articulada pero separada espacial y orgánicamente de la LCO. Lo que establece la relación entre una y otra es la presencia de reconocidas militantes de la LCO al frente de la asociación. Esta separación se comprende a partir de la conformación histórica de la organización en la que siempre ambos espacios estuvieron separados. La Secretaría de Género de la FSP está orgánicamente relacionada con la de la central sindical a la que la federación pertenece. Es interesante ver como si a nivel de la central la secretaría mencionada es llevada adelante por activistas feministas en la FSP, las dirigentes son referentes barriales muy cercanas al líder de la organización. De esta forma, las demandas suelen ser producto de transacciones entre unas y otras líderes. En cuanto al "Espacio de mujeres en lucha" su principal característica es que es un punto de encuentro con otras organizaciones de mujeres de otros movimientos que no necesariamente pertenecen al FPS. En este caso veremos más adelante como este tipo de construcción da una impronta particular a este espacio.
En esta ponencia, nos proponemos indagar- en primer lugar- sobre los espacios de mujeres que se fueron construyendo al interior de cada organización, donde las mujeres visualizaron problemáticas en común y debieron sortear una serie de obstáculos para afianzarse en su rol de militantes sociales y políticas. A partir de esto, en la segunda parte del trabajo rastrearemos las significaciones que las mujeres le atribuyen a estos espacios específicos y las articulaciones que se fueron construyendo con otros movimientos de mujeres.
1 - Las tensiones en torno a la construcción de los espacios de mujeres en las organizaciones de trabajadores desocupados .
Como fue señalado la presencia de las mujeres en las organizaciones piqueteras es ampliamente mayoritaria. En ellas, estas mujeres asumen diferentes roles en los espacios de trabajo comunitario relacionados con la reproducción material de la organización, por ejemplo en las tareas que desempeñan al frente de los comedores, en la administración de los programas sociales, en los "roperos comunitarios", etc. Su participación también puede ser observada en el espacio público, a partir de su presencia en los cortes de ruta, calles y puentes (los "piquetes"), en los acampes en plazas y edificios públicos, en las manifestaciones callejeras, por citar algunas acciones de protesta típicas de estas organizaciones. En tanto, en lo que respecta a la estructura organizativa de los movimientos, las mujeres están sobre-representadas entre los referentes barriales pero sólo muy pocas de ellas alcanzan las posiciones dirigenciales. Esta asimetría ha sido, como veremos, el impulso principal para la creación de los espacios mujeres.
Dichos espacios han surgido en general del trabajo conjunto de tres perfiles distintos de mujeres piqueteras. En primer lugar, entre aquellas que han vivido en el barrio durante casi toda sus vidas, encontramos dos de dichos perfiles. Las que han desarrollado actividades sociales y políticas en el territorio durante los '80 - en los procesos de toma de tierras- y en los '90 -como distribuidoras de alimentos otorgados por la asistencia social. Otras están haciendo su primera experiencia de militancia política social en estas organizaciones. Finalmente aquellas que provienen de experiencias de militancia y activismo feminista. Las mujeres de este último grupo pertenecen generalmente –aunque no siempre -a sectores medios y buscan contribuir en la generación de una nueva conciencia femenina entre las mujeres de las organizaciones piqueteras.
En el primer momento, la mayoría de estos espacios fueron generados a partir de las dificultades que encontraban las mujeres piqueteras para asumir un rol protagónico dentro de los movimientos, a pesar de su presencia mayoritaria en los plenarios y asambleas, así como en las actividades de protesta. La mayoría de los testimonios coinciden en resaltar sus dificultades para interactuar con los varones de la organización, especialmente aquellos que habían alcanzado un lugar de liderazgo. Por esta razón decidieron que era necesario reunirse "primero ellas solas", para analizar las razones por las cuales no se animaban a "hablar en voz alta" y a establecer claramente sus posiciones, tanto dentro de la organización como frente a los medios de comunicación. Posteriormente, el debate se fue deslizando hacia tópicos que no eran abordados en los movimientos (al menos no como demandas centrales) pero que las preocupaban y eran comunes a muchas de ellas y a muchas otras mujeres del barrio. De esta forma, se fue delineando una suerte de "agenda de género" que dio nuevo impulso a los espacios de mujeres. Estos nuevos tópicos se relacionan especialmente con cuestiones tales como la salud, la planificación familiar, la violencia de género y la doméstica, y la despenalización del aborto. Si bien estos temas pueden encontrarse expresados en la mayoría de los casos, los énfasis en cada uno de ellos están dados por las tradiciones políticas de cada una de las organizaciones. En efecto, en aquellos espacios en que se registra mayor cantidad de activistas feministas (como el FPS y la LCO) las demandas por la despenalización del aborto y contra la violencia de género tienen mayor peso. En la FSP en la que la presencia de militantes católicos es mas acentuada – a pesar de que cuentan en sus filas con militantes feministas de sólida formación- dichas demandas aparecen relegadas a un segundo plano, mientras que la violencia doméstica aparece como el tópico central. Sin embargo, la reflexión en torno a las posibilidades reales de las mujeres de alcanzar puestos de dirección en las organizaciones sigue ocupando un lugar de mucha preponderancia.
En la conformación de estos espacios las mujeres debieron enfrentarse a dos series de obstáculos: por un lado las propias tensiones de las mujeres referidas a sus diferentes roles vitales: como madres y esposas, como compañeras de militancia y como parte de una organización política. Cuando las mujeres participan en la generación de los ingresos familiares y en actividades políticas y sociales, la división sexual del trabajo resulta cuestionada, tanto en el seno del hogar como en el espacio comunitario. Este proceso involucra no sólo el conflicto con sus compañeros varones sino también un desafío a sus concepciones sobre lo que una mujer debe ser y hacer.
“La experiencia de estar en un movimiento, participar en una organización nos ayudó a romper el encierro en el que estábamos, y romper con los mandatos.”
(María, referente del FPS)
Por otro lado, el segundo obstáculo al que debieron (y deben aún) hacer frente es la desconfianza y oposición de los varones. Al principio los espacios de mujeres fueron percibidos por los varones como una amenaza para el liderazgo masculino:
"Ellos creen que nos juntamos a hablar mal de ellos y es lo que tienen que entender algún día... que no estamos trabajando para mujeres solas. Una de las cosas que me llevó a armar la Secretaría de Género es que ahora me puedo sentar con mi hija y explicarle lo que es un anticonceptivo, eso a mí me daba vergüenza... "
(Elisa, referente barrial y miembro de la Secretaría de Género, FSP)
Al mismo tiempo, la resistencia a la organización de las mujeres y su participación política provino muchas veces del seno del hogar. En el contexto de una cultura machista, que es así definida por las entrevistadas, la molestia de los varones (en tanto esposos o compañeros de las mujeres) frente a la salida de sus esposas del seno del hogar, se expresa bajo la forma de celos y sospechas como una forma de limitar su independencia:
“Salir a luchar por trabajo, por la comida de tus hijos tiene sus contras también, porque no es que toda la familia está feliz, algunas veces si y otras no. Entonces esa psicología que te hacen adentro de tu casa te hace percha, la familia, los hijos y el marido que dice ‘seguro que tenés a alguien...’”
(Clara, dirigente de la Asociación de Mujeres de laLCO)
Por otro lado, las mujeres no son indiferentes a estas demandas. Muchas veces sienten que reunirse aparte de los hombres es una suerte de "traición" hacia aquellos que además son sus compañeros en la lucha e inclusive parte de sus familias:
“ y yo decía, no… armar otra cosa paralela, no mi corazoncito esta acá en la junta Vecinal; a veces me decían que era traicionar armar otra cosa paralela, pero a la vez también quería porque tenia que armar un lugar específico para la problemática de la mujer ”
(Clara, dirigente de la Asociación de Mujeres de laLCO)"
Sin embargo, lo que resulta todavía más complejo es encontrar un espacio para discutir las demandas de las mujeres cuando la lucha por la subsistencia está lejos de ser ganada. El problema central es que muchas veces estos dos aspectos de la participación de las mujeres aparecen como alternativos uno de otro, lo que da lugar a un "proceso de jerarquización de demandas"3 que plantea una falsa dicotomía entre "cuestiones de género" y "cuestiones de clase". Este dilema así planteado alcanza muchas veces a las propias mujeres, y se constituye en un factor de desaliento y perplejidad para las mismas:
"El tema es qué vemos por urgente. Sí, todo bien, yo estoy totalmente de acuerdo con que 10 compañeros, veinte compañeros que se les cae el plan, es muy urgente y para la organización es grave, y que no te llegue alimento también es grave. Pero también es grave cuando una compañera viene golpeada, se tuvo que practicar un aborto..., para mi también es urgente y para un montón de compañeras”
(María, referente barrial del FPS).
De todas formas, cuando la participación de estas mujeres se halla consolidada éstas consiguen el respeto y consideración de sus compañeros y compañeras. Al mismo tiempo, la construcción de los espacios de mujeres han instalado aquellos aspectos que conforman la agenda de género antes mencionada como problemas políticos.
Sin embargo debe atenderse al hecho de que en la mayor parte de los casos estos nuevos roles se suman a los “tradicionales”, generando una carga cada vez más mayor de trabajo y responsabilidad sobre las mujeres. Esta triple jornada (como amas de casa, trabajadoras y agentes políticas y comunitarias) deja muchas veces a las mujeres en una situación de tensiones cruzadas que sólo puede enfrentarse a partir del profundo compromiso que sienten con las actividades que realizan. De esta manera, la sensación de participar en una lucha que tiene un sentido que las trasciende, se convierte en una apuesta a futuro, en el que finalmente conseguirán que su esfuerzo sea realmente valorado y considerado:
"Y no entienden que la lucha es para que el día de mañana ellos no pasen lo que pasan muchos chicos, no lo entienden. En el manual del colegio ya salió la historia de los piqueteros y le digo ¿ves hija? El día que vos tengas tus hijos te van a decir ¿Ma…la abuela estuvo ahí? Y vos te vas a sentir orgullosa (Elisa, referente barrial y Miembro de la Secretaría de Género, FSP.)
Como hemos dicho, en la Línea Zona Sur (LZS) no hemos encontrado un espacio de mujeres. Si bien en un primer momento ellos formaban parte de la coordinadora que agrupaba a otras organizaciones (como el FPS) y participaron en los primeros encuentros del espacio de mujeres de dicha coordinadora, cuando esta se quebró en noviembre de 2003 las principales activistas y “pioneras”4 de dicho espacio optaron por permanecer en el FPS. Adicionalmente, sus principales líderes eran ya en los tiempos de la Coordinadora, contrarios a la conformación de un espacio de mujeres.
De esta forma los problemas para constituir un espacio de mujeres en dicho movimiento parece haber estado condicionado por tres acciones principales: la ausencia de un grupo activista que propiciara su creación, la falta de motivación de las mujeres de la organización para estimularla, y la falta de voluntad política de sus líderes en el mismo sentido. No obstante, como hemos visto, los dos primeros puntos son más importantes para explicar la inexistencia de un espacio de mujeres en la organización que el tercero, dado que los líderes (sobre todo los líderes varones) no han sido tampoco en los otros casos, un gran apoyo para los esfuerzos de las mujeres de organizarse.
Sin embargo, es muy interesante considerar en qué medida los conflictos que hemos señalado en las otras organizaciones se encuentran también presentes en este caso. Aunque lo que hemos denominado "agenda de género" no aparece dentro de la plataforma política de esta organización, una de las líderes entrevistadas nos explicaba que ellas (las mujeres del movimiento) necesitan encontrar un espacio para "hablar acerca de lo que les pasa" pero "la lucha cotidiana no les deja tiempo para eso". Una vez más vemos como las preocupaciones de las mujeres son relegadas a un segundo plano, merced al establecimiento de una falsa oposición entre aquellas demandas que se refieren a su situación de pobreza (que se pretenden más amplias) y aquellas relacionadas con las desigualdades de género.
Entre la significación de los espacios y las articulaciones con otros movimientos de mujeres
En el apartado anterior hemos visto como la participación en los espacios de mujeres lleva a cuestionar las relaciones de género tanto al interior de las organizaciones como en el espacio doméstico. En este veremos como los espacios de mujeres son significados en cada una de las organizaciones en los que éstos existen, por ello no hablaremos de la LZS.
Como dijéramos al principio estos espacios deben su origen primordialmente a la acción de algunas mujeres que más allá de sus diversas procedencias fueron las primeras en detectar la necesidad de organizarse para atender las problemáticas derivadas de su condición de género.
Las “pioneras” o impulsoras de los espacios, reconocen la importancia de alimentar los encuentros entre las mujeres del movimiento porque permite “ver a cada mujer a través de sus propias palabras”, y traer del silencio y del ámbito privado sus problemáticas mas íntimas (principalmente los casos de violencia y aborto). En este proceso aquello que es vivido como privado se torna visible y adquiere un status público que habilita nuevas formas de enfrentar, procesar y significar la propia historia. Esta visibilidad se va logrando en el espacio mismo del encuentro, al “tomar la palabra” y poner en juego lo que Graciela Hierro5 denomina la propia experiencia. De esta manera, es en la participación que las mujeres emprenden un camino sin retorno6, que contribuye a que ellas tengan la sensación de “romper el aislamiento”, politizando el espacio doméstico.
Su tarea tiene entonces dos ejes centrales, al interior del movimiento y con las mujeres que lo componen. Es decir, los patrones culturales que combaten las enfrentan con los varones – principalmente los dirigentes – pero también son reproducidos por las actividades cotidianas que se llevan a cabo en la organización cuya división sexual del trabajo muchas veces es convalidada por las actitudes de las propias mujeres:
" Hasta los barrios el compromiso es fuertísimo de las compañeras. Pero a la hora de salir a cumplir reuniones, seguimos el modelo de que la mujer se tiene que hacer cargo de lo doméstico. Nosotras hasta en ‘El galpón’ [el centro comunitario donde se realizan las reuniones de la organización] todas las tareas que hacemos son tareas domésticas. ..nos hacemos cargo del merendero, nos hacemos cargo de la comida. Pero después la que tiene un compañero en su casa ya está limitada, porque cubrir reuniones implica mucho tiempo” (María7, referente del FPS y miembro del "Encuentro de Mujeres en Lucha")
Un tercer eje tiene que ver con la consolidación y crecimiento de los espacios de mujeres. Esto supone por un lado, el resguardo de un espacio propio y por otro, el la convocatoria a nuevas mujeres que se van acercando. Estos acercamientos son de dos tipos: a partir de militantes de la organización que se sienten interpeladas por la existencia del espacio de género y a partir de grupos activistas que se suman al movimiento para contribuir en la creación de una nueva conciencia femenina. Este último grupo tiene una fuerte presencia tanto en la FPS y el LCO.
En este punto, es importante rastrear la influencia de otras instancias que sirven para articular e instalar una “agenda de género” al interior de los movimientos. En la coordinación de las acciones, las mujeres referentes reconocen un “trabajo hormiga” y cotidiano, que plantea cuestionamientos al interior de los espacios de trabajo comunitario del movimiento. En este sentido, la influencia que tuvo la participación en instancias de articulación mayor generó cambios en las relaciones con los varones8. En las experiencias del FPS y LCO los varones, que al principio se mostraban muy reticentes, comenzaron a colaborar para que las compañeras puedan viajar a los Encuentros Nacionales de Mujeres. Las dirigentes se encargan de remarcar que muchas veces los compañeros toman este viaje como uno más o “como un paseo”, cuando en realidad esto forma parte de su “lucha política”.
Observamos entonces, la presencia de distintas articulaciones intersectoriales en torno a una “agenda de género” que congrega a diversas organizaciones. Tomando en cuenta las categorías desarrolladas por Chejter y Laudano9 podríamos pensar en cuatro tipos de articulaciones entre los espacios de mujeres de las organizaciones de desocupados y los movimientos de mujeres y organizaciones feministas:
a- Articulaciones fijadas anualmente y de corta duración como el Encuentro Nacional de Mujeres, donde convergen organizaciones feministas, organizaciones campesinas, organizaciones indígenas, organizaciones piqueteras, organizaciones de DD.HH., partidos políticos, etc. Observando las organizaciones estudiadas, notamos que todas participaron del último encuentro en Mendoza. Pero la LCO y la FSP estuvieron representadas por delegaciones muchisímo más nutridas que las de las otras organizaciones examinadas, y que además estaban compuestas por mujeres de todo el país, lo que se relaciona directamente con su mayor tamaño, su presencia nacional y su disponibilidad de recursos. Hay una correspondencia entre los relatos de las mujeres referentes, que confluyen al sostener la importancia de los encuentros como lugar en el que se dan “debates fuertes, se dá un proceso interesantísimo porque a las compañeras también se les quiebra la cabeza ”
b- Articulaciones específicas para una fecha particular10 que incluyen marchas o movilizaciones, que tienen lugar regularmente.
c- Articulaciones específicas en torno a un tema de agenda de género (violencia, represión, etc.), que a diferencia de los casos anteriores son coyunturales y sujetas a los acontecimientos políticos.
d- Articulaciones más restringidas y de mediana duración para acciones vinculadas a la capacitación, cooperación o formación.
Dichas articulaciones que atraviesan a todas las organizaciones van dejando algunas marcas en ellas que junto con las estrategias de acción desplegadas y las tradiciones políticas de las mujeres “pioneras” contribuyen a dotar de una impronta particular a los espacios de mujeres de cada una de ellas. Estas particularidades – que analizaremos a continuación- tienen que ver con la forma de construcción de los espacios (de abajo hacia arriba o viceversa, de afuera hacia adentro o internamente), su nivel de institucionalización y su lugar en la organización.
Para el caso de la Secretaría de Género de la FSP, es importante recalcar que su constitución fue realizada en un proceso de arriba hacia abajo. Es decir desde el nivel nacional se instruyó a los distritos para que conformaran espacios locales. Este hecho explica su alto nivel de institucionalización y reconocimiento formal, tanto por parte de la federación como de la central. Si bien este espacio es producto de la iniciativa de dirigentes nacionales, varones y mujeres, que consideraron necesario y adecuada su conformación su creación y consolidación no estuvo exenta de contradicciones respecto a su papel en la organización y sus áreas de competencia:
"La secretaría se llama Secretaría de Género e Igualdad de Oportunidades, yo siempre digo: tendría que ser Secretaría de la Mujer....yo digo que los varones hagan talleres de masculinidad porque no me pienso hacer cargo, yo creo que bastante nos tenemos que hacer cargo [las mujeres] de la doble jornada y de la triple jornada porque las víctimas de violencia fundamentales seguimos siendo nosotras y ahora nos hacemos cargo del sostén de familia y encima de la tarea comunitaria..." (Margarita, dirigente nacional de la FSP)
Además la construcción de arriba hacia abajo genera muchas tensiones por la heterogeneidad de posturas dentro del mismo espacio, lo que lleva a que las principales activistas reconozcan que todavía queda "mucho trabajo por hacer" :
"...tenemos que desdemonizar el concepto feminista, hay mucho mito, el feminismo es lo contrario del machismo, yo soy femenina y no feminista, cosas que uno puede escuchar de compañeras... las feministas son las marimachos, las feministas odian a las mujeres, bueno, esto es una constante y en realidad uno dice: el machismo es un modelo de opresión, de violencia, de discriminación hacia la mujer, en realidad el feminismo es un movimiento político de liberación, es un movimiento político revolucionario que plantea como deconstruimos ese modelo de opresión... "(Margarita, dirigente nacional de la FSP)
De esta forma, más allá de las dificultades para posicionar la secretaría a nivel de la federación y de la central, el trabajo al interior de la secretaría en el nivel de conciencia de las mujeres que allí participan es el principal desafío que enfrentan las pioneras de la FSP. En efecto, el hecho de que entre las principales impulsoras del espacio haya activistas feministas y ex militantes católicas genera un sin número de contradicciones. No menores son las tensiones generadas por el hecho de que muchas de las mujeres que participan lo hacen a partir de su afinidad personal con las líderes locales – que muchas veces son las esposas de los líderes varones locales- que generalmente son ajenas a la militancia de género. En cuanto a las articulaciones con otras organizaciones de mujeres debemos decir que en este caso observamos que éstas se dan principalmente en foros públicos y a través de las palabras de las principales dirigentes del espacio.
Por su parte en la experiencia del FPS, como ya habíamos mencionado, las articulaciones con otras organizaciones de mujeres son centrales y forman parte de las actividades habituales del espacio de mujeres. En efecto, observamos que en los talleres de salud sexual y reproductiva, encuentros, marchas y actividades artísticas en el espacio público, se coordinan frecuentemente con organizaciones campesinas –MOCASE, MOCACOR y Red Puna- agrupaciones de jóvenes feministas- Mujeres al Oeste- y grupos de mujeres de acción política- Mujeres Públicas. Además se retoman como referencia la experiencia histórica de organizaciones de mujeres latinoamericanas, especialmente de las mujeres del MST del Brasil a quienes deben su consigna "Cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede".
A diferencia del caso anterior, si bien los niveles de compromiso y conciencia no son totalmente homogéneos, las mujeres que participan del espacio lo hacen a partir de su convicción en relación a la necesidad de articular un espacio de lucha propio.
Los primeros encuentros se realizaron en los cortes que mensualmente realiza la organización, lo que les permitió a las mujeres de los distintos barrios encontrar un momento en el que reunirse, para discutir durante una hora sus inquietudes en tanto mujeres, militantes, madres. Ese fue el principio del "Espacio de Mujeres en Lucha". Con el tiempo, al irse consolidando, fueron abriendo la convocatoria a mujeres de otras organizaciones.
En oposición en lo que observáramos en la FSP el reconocimiento de este espacio fue muy complicado y resistido por los varones de la organización , sobre todo antes de la fractura de la coordinadora. Por eso se plantean sólo como un "espacio" y no como un "área de trabajo". Esto ofrece la ventaja de que la participación es voluntaria y supone un cierto compromiso y de que al ser un espacio más informal evitan "las bajadas de línea". A su vez, genera una carga adicional de trabajo para las mujeres del espacio porque las actividades realizadas no son reconocidas al mismo nivel del trabajo que se realizan en las "áreas". De este hecho también se deriva las dificultades para compatibilizar las actividades de la organización y del espacio, a pesar de lo cual las mujeres rescatan la importancia de seguir reuniéndose:
“Postergamos el encuentro de mujeres que se iba a realizar en Luján, para febrero y luego lo volvimos a postegar... Y aparece esto del tiempo, de postergar por las necesidades concretas y materiales. Pero de forma colectiva nos dimos cuenta de que es importante para el cambio social, ocupar los espacios, que los espacios están..." (Gabriela, referente barrial FPS y participante del Espacio de Mujeres en Lucha)
En lo que respecta a la construcción del espacio de la Asociación de Mujeres de Matanza, este es el resultado de una trayectoria que recorrieron las “pioneras” cuando decidieron conseguir un espacio propio en su barrio. La articulación posterior con una asociación de mujeres -con presencia nacional- contribuyó en una mayor institucionalización del espacio. Este modelo si bien es también de "arriba hacia abajo" en el sentido de que las principales impulsoras eran dirigentes importantes de LCO, es diferente a lo observado en el FSP en la medida en que estas eran "mujeres del barrio" y que el espacio se constituyó por fuera de la organización piquetera.
Por otra parte, la separación orgánica entre LCO y la Asociación, permitió soslayar algunas de las tensiones que encontrábamos en el caso de la FSP. Sin embargo, cuando se decidió la creación de la asociación las mujeres debieron enfrentarse a algunos comentarios que las trataban como "traidoras" a la causa de la Junta por "estar armando algo paralelo".
Además no han sido ajenas a algunos procesos en los cuales las demandas relacionadas con la condición de clase, se impusieron a las relacionadas con la condición femenina. Dos ejemplos de esto son por un lado la cesión de hecho del primer local de la Asociación a la LCO y las tensiones que se generan cuando frente a un caso de violencia doméstica aparecen las dudas sobre como actuar si el golpeador es un compañero.
Las articulaciones que fueron tejiendo abarcaron desde la capacitación11 hasta la confluencia en marchas y acciones con organizaciones de mujeres y feministas, por causas de violencia ejercida contra las mujeres.
En relación al lugar de la Asociación en la organización, si bien como hemos dicho una y otra son espacios diferenciados, hay una distribución de competencias que las vuelve mutuamente complementarias. La Asociación se ocupa de las cuestiones relacionadas con violencia de género y doméstica, lucha por la despenalización del aborto, formación en salud sexual y reproductiva, etc. La LCO se ocupa de la gestión y administración de la política social, y la interacción con los funcionarios públicos y las otras organizaciones sociales que actúan en el territorio. De esta forma, esta especialización es vista como una virtud y no como un problema por parte de las mujeres:
Por eso nosotros decimos, que nosotros lo que queremos es crear las mejores condiciones para que las mujeres salgan a luchar... Si viene una mujer con problemas de violencia pero que además no se puede ir de la casa porque no tiene laburo nosotras la mandamos a que también vaya allá [la LCO] y ellos si tienen un tema de violencia lo mandan acá... Todo lo que hacemos también tiene que con ver con el espacio donde nosotras no pudimos desarrollar... porque si bien estamos separados, si no fuera porque es tan grande este movimiento, nosotras nos hubiésemos crecido tanto, no existiríamos. (Clara, dirigente de la Asociación de Mujeres de laLCO).
De esta forma vemos como en esta construcción el hecho de que el espacio de mujeres y la organización nacieran casi al mismo tiempo junto con la clara separación en las competencias de cada una, permitió diluir muchas de las tensiones que observamos en los otros dos casos, si bien no eliminarlas del todo.
Reflexiones finales.
A lo largo de estas páginas hemos analizado como la conformación de los espacios de mujeres – o su ausencia- ponen en juego varios puntos de tensión. En primer lugar las resistencias y reticencias de los varones frente a la decisión de las mujeres de organizarse autónomamente. Luego el proceso mediante el cual las mujeres logran resignificar sus trayectorias poniendo en perspectiva social problemas que aparecían confinados al ámbito privado. Finalmente, fruto del intercambio entre mujeres provenientes de distintos sectores sociales y con trayectorias políticas disímiles, la aparición de nuevas preocupaciones y demandas que no formaban parte de la agenda política del movimiento y que comienzan a ser impulsadas desde estos espacios.
De esta forma, se comienza a delinear un nuevo rol de las mujeres en la organización, lo que supone a su vez el cuestionamiento de la división sexual interna del trabajo.
En segundo lugar, repasamos como este proceso es percibido por sus protagonistas y las implicancias que las articulaciones con otras experiencias y las tradiciones políticas de las organizaciones tienen en las formas de construcción de los espacios de mujeres en cada uno de los casos.
Este análisis nos permitió dar cuenta de las heterogeneidades internas y las tareas pendientes de cada uno de estos espacios.
Dichas tareas pendientes sin embargo, no pueden pensarse en forma aislada de la matriz societal en la cual se inserta la lucha de estas mujeres y de las organizaciones a las que pertenecen. La cuestión de la participación política femenina plena – es decir, también en espacios de decisión- sigue siendo un tema difícil de resolver y enfrentar, porque supone la superación de ciertos patrones culturales y sociales que se encuentran profundamente arraigados y que son reproducidos casi imperceptiblemente – pero de forma inexorable- en las prácticas cotidianas más ordinarias. El hecho de que en los espacios analizados exista conciencia de esto, nos parece el principal aporte que estas mujeres realizan a la siempre ardua lucha por una sociedad en la cuál varones y mujeres tengan el mismo derecho y posibilidad de luchar por el mundo con el que sueñan. A veces la lucha colectiva es el puntapié para revisar las relaciones de poder dentro del hogar, en el barrio, en la organización.
Por eso, frente a los discursos que postulan que la acción autónoma de las mujeres pone en riesgo la integridad de la organización, ellas responden organizándose más y organizándose mejor para luchar por un mundo sin opresión: ni de clase, ni de género.
* Cecilia Cross - Lic. en Ciencia Política, UBA. Becaria Doctoral Interna del CONICET y miembro del área “Representación e Identidad” del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL-PIETTE), del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET). Buenos Aires, Argentina, ceciliacross@hotmail.com
Florencia Partenio - Lic. en Sociología, UBA. Becaria Doctoral Interna del CONICET y miembro del área “Representación e Identidad” del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL-PIETTE), del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET). Buenos Aires, Argentina, fpartenio@hotmail.com
Notas
2Al respecto ver Ada Freytes Frey y Cecilia Cross " Políticas sociales y tradiciones ideológicas en la constitución de los movimientos de trabajadores desocupados" ponencia a ser presentada en 7º Congreso Nacional de Estudios del Trabajo, Asociación de Especialistas en Estudios del Trabajo, Buenos Aires, agosto de 2005.
3 Este concepto lo hemos desarrollado anteriormente en Cross, Cecilia y Partenio, Florencia “Mujeres y participación: Las organizaciones piqueteras y las relaciones de género”, ponencia presentada en Segundo Congreso Nacional de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, octubre, Publicada en CD.
4 Tomamos la noción de “pioneras” para hacer referencia al grupo que inicia las primeras acciones para convocar a las mujeres del movimiento a las asambleas o “espacios de mujeres” desarrollada por Norma Giarraca en "El Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha: protesta agraria y género durante el último lustro en Argentina" en Norma Giarraca comp. ¿Una nueva ruralidad en América Latina?, Clacso, Asdi, Buenos Aires, 2001
5 Hierro, Graciela (1998) Ética y Feminismo, Coordinación de Humanidades, Col. Diversa, UNAM, México.
6 Retomando la expresión de Karina Bidaseca, en “Piqueteras: Identidad, Política y Resistencia”, publicación electrónica en http://www.iade.org.ar/iade/Dossiers/movi/art.html, Buenos Aires, 2003.
7 Este como todos los nombres de las entrevistadas son ficticios, a fin de cumplir con el compromiso de confidencialidad establecido en el momento de realizar las entrevistas.
8 En el caso de la LCO, en los orígenes de la organización, las mujeres que formaban parte de la “Subcomisión de Damas”, luego del Encuentro Nacional de Mujeres del año 1991, plantean formar parte de la Comisión Directiva de la Junta Vecinal que luego daría origen a la organización. Los Encuentros Nacional de Mujeres s e realizan en Argentina desde 1986 en distintas ciudades del país, durante tres días se realizan talleres de discusión, actos, marchas y actividades. El origen del primer de ellos puede rastrearse en 1985, cuando un grupo de mujeres toma la iniciativa luego de asistir al Foro de ONGs en Nairobi (Kenya) y al III Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en Brasil.
9 Chejter, Silvia y Laudano Claudia (2002) Género en los Movimientos Sociales en Argentina, CECYM, Buenos Aires.
10 Día Internacional de la Mujer ( 8 de marzo); Día Internacional de Acción para la Salud de la Mujer (28 de mayo); Día por la despenalización del aborto en América Latina y el Caribe (28 de septiembre); Día Internacional por la no violencia hacia las mujeres (25 de noviembre)
11 Se vincularon con mujeres de la escuela de Psicología Social para realizar talleres de violencia familiar en los barrios.
indice de las ponencias de 2005
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