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indice de las ponencias de 2005
Desmitificar “La Crisis del Agua” para Visibilizar la Participación de la Mujer
Sonia Dávila Poblete
México
1. AGUAS CON LA “CRISIS DEL AGUA”
¡El agua se está acabando! Es el comentario más escuchado en la actualidad, mismo que va acompañado de imágenes que representan suelos secos o un grifo cuyo chorro de agua va disminuyendo hasta convertirse en escasas gotas que se secan, imágenes que por lo general muestran a mujeres, niños y ancianos de algún país en vías de desarrollo, ya sea del continente africano, asiático o latino americano. Estas imágenes además de hablarnos de los problemas de calidad y cantidad, nos muestran cómo ambos problemas redundan en la escasez del recurso y consecuentemente en la pobreza. Incluso nos muestran que en los lugares donde hay suficiente agua, el crecimiento de las ciudades y el consecuente incremento del uso del recurso está afectando a la naturaleza, vaticinando de esta manera que el principal problema de este siglo será la crisis del agua.
Empero ¿realmente estamos frente a una crisis del agua? ¿Cómo es posible que haya una crisis del agua cuando la esfera terrestre esta compuesta fundamentalmente de agua? la consabida respuesta es: “porque de ese total de agua, sólo 2.5% es para consumo y 97.5% es agua salada, lo que parece explicar el porqué de la escasez del recurso, pero: ¿cuánta agua realmente significa ese dos por ciento? ¿Este porcentaje es constante, después de la conclusión anual de cada ciclo hidráulico?
Después de buscar en diferentes fuentes encontramos que las estimaciones oficiales de la Monografía de la UNESCO1 calculan que el total de agua disponible en la tierra es de 577,000 Km 3/año, de los cuales 44,800 Km 3/año es agua dulce para consumo y estiman que de esta cantidad de agua, en 1995 se extrajeron 3,788 km 3 (aproximadamente 8.5%). De estos 3,788 km 3 que se extrajeron se consumieron 2,074 Km 3 y 1,714 Km 3 regresaron directamente a la naturaleza para reiniciar un nuevo ciclo hídrico. Estos datos muestran que evidentemente hay mucha más agua de la que se está extrayendo, pero también hay que señalar que cada año se pierde definitivamente un aproximado de 360 Km 3 (17%) del total de agua extraída, los que se pueden reponer en el siguiente ciclo hidráulico, siempre y cuando las descargas tanto de las industrias, como de las ciudades y de los agroquímicos –por orden de principales contaminadores- sean volúmenes controlables, como lo eran hasta hace dos décadas.
Ahora bien, sabemos que la cantidad de agua disponible no es igual en todas partes del mundo, porque las características topográficas naturales hacen que haya condiciones desiguales, hay regiones que tienen que enfrentar serios problemas de escasez de agua, tal es el caso del norte de Africa, la parte central de Asía (Bangladesh, Nepal y otros), por nombrar algunos, también hay otras que se caracterizan por tener constantes inundaciones, por ejemplo, el este asiático y Centro América, incluso hay muchos países que tienen zonas que sufren los efectos de escasez y de inundaciones al mismo tiempo, tal es el caso de Bolivia, Perú, México y otros, por lo que generalizar la“crisis del agua” puede ser incoherente dependiendo del lugar donde se vive, ya que para unos es problema de abundancia mientras que para otros es de escasez.
A esta desigualdad de la naturaleza hay que agregarle el problema de acceso al líquido vital, ocasionado por la construcción de obras de infraestructura para el desvío o entubamiento del cauce natural de los ríos. Este problema de accesibilidad al agua es sin duda uno de los principales problemas que tienen que ser resueltos por las mujeres y niñ@s siendo uno de los factores para la generación de conflictos, dado que de no ser atendido adecuadamente puede evolucionar en una verdadera crisis por el agua, donde la base del problema es el acceso al recurso, independientemente de la cantidad o calidad del mismo, ya que hay lugares que tienen mucha agua pero carecen de la infraestructura necesaria para abastecer de agua potable en sus domicilios o lugares cercanos o para proveer de riego a sus pobladores. También hay lugares que a pesar de tener mucha agua tienen problemas con la calidad del recurso.
Al acceso diferenciado, por regiones, hay que agregarle el problema de la distribución del agua, el cual según las agencias nacionales e internacionales, señalan que si en el mundo seguimos usando el recurso como hasta ahora (business as usual, en la expresión del habla inglesa) se avecinda una inminente “crisis del agua”, por lo que la Comisión Mundial del Agua nos advierte que para el 2025 se prevé que la extracción del recurso crecerá en 10%, de este porcentaje la distribución para el consumo industrial tendrá un incremento de 25%, mientras que el sector agrícola aumentará 9% y el consumo municipal2 tendrá un crecimiento porcentual de 100% en todo el mundo (World Water Council, 2000: XXII).
Después de la presentación de estos datos podemos comprender el porqué de los discursos y las campañas que hablan de que la “crisis del agua” se debe al mal uso que se hace de ella y por consiguiente todos l@s consumidor@s son igualmente responsables del deterioro de los recursos naturales. Sin embargo, debemos estar conscientes de que esta es una verdad a medias, porque, si bien es cierto que mucha gente desperdicia el agua, existe una gran diferencia entre el uso y el tipo de descargas que hace una unidad doméstica a la que hace una industria. Asimismo, en el sector agrícola hay una marcada distinción entre l@s agroproductores de riego y l@s de temporal, y dentro de éstos, entre l@s que usan insumos químicos de aquell@s que utilizan insumos orgánicos o naturales, dado que de ello depende la calidad del agua que drenan, donde –lógicamente—l@s agricultores de riego y l@s que utilizan productos químicos son l@s que usan más agua y l@s que más la contaminan, respectivamente, lo que coincide con la diferenciación socio-económica que existe entre dichos agroproductores.
Todo lo anterior, nos permite comprender que la tan pregonada “crisis del agua” tiene que ser desmitificada, ya que la escasez se debe más a las nuevas políticas de gestión del agua que del mal uso que la gente hace del recurso, como es el caso de las localidades rurales que se quedan sin agua, porque su fuente de abastecimiento fue desviada por la construcción de alguna presa, o sobreexplotada por los permisos de perforación otorgados a otr@ “usuari@” agrícola, a una industria o a un fraccionamiento de alguna ciudad aledaña. También hay escasez relacionada con el agua contaminada por los desechos y residuos tóxicos, porque en la mayoría de los países no existe un control real y efectivo con respecto a las leyes que deben regular las descargas, especialmente de aquellas emitidas por el sector industrial, de los municipios y de los insumos agrícolas.
2. LAS NUEVAS POLÍTICAS DE GESTIÓN Y EL CONTEXTO INTERNACIONAL
Cabe señalar que las nuevas políticas de gestión del agua, encargadas de regular el acceso, la distribución y el uso del recurso, no han sido diseñadas e implantadas de manera espontanea ni aislada, sino que son parte de lo que actualmente se definen como políticas básicas en las estrategias de desarrollo sustentable y están articuladas con otras que trascienden las fronteras de los países, al instaurarse dentro del modelo neoliberal y del esquema de la globalización mundial. Modelo económico que sostiene que los gobiernos de los países en vías de desarrollo deben aplicar medidas de “ajuste estructural” basado en la descentralización, privatización y la desregularización de los sectores (tales como los de servicios de agua potable y alcantarillado) tradicionalmente dirigidos por el Estado-nación. Es en este contexto que en 1991 las Naciones Unidas crearon el Secretariado Internacional del Agua y en 1992, en la Cumbre de Río, retomaron la Declaración de Nueva Delhi (1990) que establecía que la ordenación global debía basarse en las cuencas, por lo que en el Capitulo 18 de la Agenda 21 se acordó que para el año 2000 se tenían que establecer nuevas estructuras institucionales y jurídicas con miras de alcanzar los objetivos y metas de la Cumbre para el año 2025.
De esta manera, a partir de la reunión realizada en Dublín (1992) y la posterior, Cumbre de Río de Janeiro en el mismo año, la gran mayoría de los países refrendaron los Principios3 de la Declaración de Dublín que señalan: 1) el agua dulce es un recurso vulnerable y finito; 2) el desarrollo y manejo del agua debe estar basado en un enfoque participativo; 3) la mujer juega un papel central en la provisión del mismo y; 4) el agua posee un valor económico en todos sus usos.
A partir de estos Principios vemos que a todo lo largo de la década de los noventa y especialmente a partir de 1997 -cuando se realiza el Primer Foro Mundial del Agua en Marrakech, Marruecos- se instauraron reformas y cambios trascendentales en el campo de las políticas de gestión hidráulicas, mismas que fueron desarrolladas en el ámbito internacional e introducidas y adaptadas al país.
El logro de lo anterior implicaba una serie de medidas estratégicas en la administración pública, mismas que fueron realizadas en diferentes países y regiones, donde por ejemplo e l gobierno mexicano, a través de la Comisión Nacional del Agua (CNA), fue el primer país latinoamericano en diseñar e instaurar un plan estratégico que permitió afianzar una nueva forma de gestión del agua: el esquema político-administrativo basado en la delimitación de las cuencas hidrológicas. De tal manera que después de la reestructuración político-administrativa del sector hidráulico, se procedió a la creación de nuevas estructuras organizativas, como los trece Organismos de Cuenca (ex-gerencias regionales) y los veinticinco Consejos de Cuenca con sus Órganos Auxiliares, de los cuales destacan los 64 Comités Técnicos de Aguas Subterráneas (Cotas) en todo el país.
La creación de estas nuevas estructuras organizativas supone una noción de “gestión” y “participación” relacionada con el los cuatro Principios de Dublín-Río, donde el tercero que señala explícitamente la necesidad de tomar en cuenta la participación de la mujer, por tener un papel central en la provisión del recurso, brilla por su ausencia.
EL CONCEPTO DE PARTICIPACIÓN SOCIAL
Con el propósito de comprender cómo participa la mujer en el sector hidráulico, es necesario empezar por definir el concepto de “participación” y de reconocer que existe una gran brecha entre el sistema institucional de toma de decisiones y las formas de representación de la sociedad civil. En este sentido, es importante detectar cómo se construyen y articulan las numerosas acciones y movimientos tanto de las mujeres (como pobladoras urbanas o rurales, productoras campesinas, colonas, ecologistas u otras), así como de las diversas organizaciones alrededor de la defensa y/o apropiación –en nuestro caso– de los recursos naturales, que contribuyen al proceso de formación de nuevas maneras de participación. Sus necesidades de búsqueda de autonomía, descentralización de actividades, desconcentración del poder, libertad y respeto al medio ambiente, son los temas alrededor de los cuales se las reconoce, tomando un nosotros y nosotras como la base del compromiso que están edificando (De la Cruz, 1987).
Asimismo, estas nuevas formas de participación y de acción coexisten con agrupaciones reconocidas tradicionalmente, como las organizaciones de mujeres, las clases sociales, los grupos de interés, las asociaciones civiles y los partidos políticos, cuyas redes realizan la función de socialización y de compromiso en la participación de la mujer. Algunas de ellas se definen dentro de los mismos medios institucionales con el objeto de obtener la satisfacción de sus demandas, otras en cambio, plantean acciones en las que las formas de participación política, patrones de innovación cultural y medios de intervención social son redefinidos fuera de la “modernización institucional” (Melucci,1985).
En este sentido, las mujeres como sujetos sociales se esfuerzan por construir valores y normas culturales que, en la búsqueda por resolver sus problemas, se enfrenten a reglas y valores institucionales, o bien, negocian a través de ellos, relativizando sus propios valores y su condición de género con respecto a los de los “otros”, a través de sus discursos, metas y consecuencias. Así, las formas de interacción de estas mujeres que luchan por un espacio dentro de los movimientos sociales por la protección y conservación de los recursos naturales, contiene un proyecto de reorganización de las relaciones entre las políticas públicas implantadas por el Estado y las acciones llevadas a cabo por la propia sociedad, lo que lleva a redefinir el papel de la mujer, sus lazos entre lo público y lo privado, así como su relación con el manejo de los recursos naturales en general y del agua en particular.
Es decir si analizamos el concepto de participación a partir de la perspectiva de conflicto, el cual "existe en cualquier ámbito donde hay relaciones de poder y, por lo tanto, posibilidades diferenciales de distribución del mismo”, en el cual los grupos que lo poseen o se benefician de él y de los valores de una determinada estructura tratan de mantenerla respecto de aquellos que quieren cambiarla. Por ello, “desde el momento en que la participación trata de alterar la escala de valores existentes pasa a ser una forma de acción política. Al ser así, la participación puede verse como un encuentro entre categorías sociales, clases, grupos de interés y los establecimientos inmóviles" que compiten por determinados recursos, ya sea económicos, naturales u otros (Fadda Cori,1990:23).
Lo anterior permite ver la participación de la mujer desde diferentes enfoques, cuya gama varía desde aquellos que están en un extremo y que consideran que la participación es "un proceso de movilización de una comunidad [en nuestro caso de mujeres] que asume su papel de agente o sujeto de su propio desarrollo y lo concreta en proyectos propios" (Parra Escobar, 1988:37), a los que están en el otro extremo y que consideran que el control del proceso participativo es ilusoria, pues la real toma de decisiones queda en manos de los planificadores, ya sea de las burocracias gubernamentales o de las instituciones que dieron apoyos y fondos para el proceso de movilización.
Otros estudiosos de las ciencias sociales, consideran la participación como un proceso complejo y pluridimensional que se da a través de los grupos organizados en torno al acceso o la demanda, en nuestro caso, las mujeres por el agua, donde todos participan en la toma de decisiones desde el nivel que les corresponde incidir. Esto implica que, en un sentido más amplio, la participación de la mujer puede ser concebida como una intervención gubernamental en los procesos de toma de decisiones. Desde esta perspectiva, en la toma de decisiones de las políticas de gestión del agua los funcionarios institucionales encargados del recurso hídrico son los que presentan las propuestas, estrategias y acciones que se llevarán a cabo en el uso y distribución del recurso, e incluso en las formas de organización para cualquier tipo de participación. Al mismo tiempo, l@s usuari@s o l@s consumidores sólo pueden “tomar la decisión” de que si quieren o no participar en la realización de las acciones propuestas por las instancias gubernamentales. Esto implica que en un sentido muy restringido, la participación de la mujer -concebida como una intervención de las autoridades o funcionarios del sector hidráulico- en la toma de decisiones se transforma y se expresa en acciones específicas que se engloban como un conjunto de relaciones sociales, tanto de hombres y mujeres sin diferenciarlas.
Lo anterior nos muestra una forma de “participación restringida” que es cuestionable, ya que participar es fundamentalmente la capacidad de asumir la diversidad y el conflicto de la pluralidad de intereses legítimos y contrapuestos. Es también el proceso colectivo y total en el que las diversas categorías sociales intervienen en todos los ámbitos de la vida social y es, finalmente: la toma de decisiones desde el lugar que les corresponde en las estructuras de poder (Montalvo, 1981).
LA PARTICIPACIÓN DE LA MUJER
EN LAS ESTRUCTURAS ORGANIZATIVAS DEL AGUA
Señalabamos que las nuevas políticas de gestión plantean la creación de estructuras organizativas que supone una noción de “gestión” y “participación” relacionada con los cuatro Principios de Dublín-Río, empero, la puesta en práctica de las mismas nos muestran que el segundo y tercer principio basan su enfoque participativo en una “participación restringida” por la intervención gubernamental, donde las autoridades de la Comisión Nacional del Agua (CNA) han implantado una serie de mecanismos para la creación de las estructuras organizativas, denominadas Organismos de Cuenca y Consejos de Cuenca.
Estas estructuras organizativas, además de insertar nuevos esquemas de representación y negociación política, distintas a las que han existido tradicionalmente, propone una nueva gestión administrativa, por lo que ahora, en el sector hidráulico, la toma de decisiones ya no proviene de las autoridades de las entidades federativas: el gobernador y los presidentes municipales, sino de los Organismos y Consejos de Cuenca. Y las demarcaciones territoriales ya no dependen de la división geopolítica sino que está circunscrita a la delimitación de una cuenca, todo esto con el propósito de lograr una autonomía “relativa” frente a las estructuras administrativas de los estados y municipios.
Por otro lado, las estructuras organizativas parten del “reconocimiento legal” por tipo de uso del agua, donde la Ley de Aguas Nacionales (LAN) contempla como “usuari@s”únicamente a las personas físicas o morales que tienen “Título de concesión” para explotar, usar o aprovechar las aguas nacionales, en consecuencia las unidades domésticas tanto de las zonas urbanas como las rurales, así como los medianos o pequeños industriales que están conectados al sistema de agua potable y alcantarillado, no son considerados “usuari@s” ante la ley, por lo que en el sistema de representación y participación, todos l@s usuari@s y consumidores señalados anteriormente, son representados por los Organismos Operadores, que da el servicio de agua potable y saneamiento, estableciendo una relación empresarial frente a sus clientes: los usuarios domésticos, donde la mujeres tienen una participación preponderante y fundamental.
Lo anterior, además de mostrarnos una etapa de desposeimiento y privatización de los recursos naturales, establece un “tamiz” legal para restringir la participación ciudadana en general y de la mujer en particular, así como fomentar el involucramiento del sector empresarial, ya sea a través de los Organismos Operadores, industriales o agroindustirales. Es decir, al condicionar el reconocimiento de l@s “usuari@s” a los pocos que tienen Títulos de concesión, se da el primer paso decisivo para que la gran mayoría de la gente y especialmente la mujer no tenga ni voz ni voto con respecto a los planes y programas que se van a instaurar en sus ciudades o localidades y mucho menos en la cuenca en que vive, a pesar de ser ellas las que están directamente relacionadas con el agua, no sólo porque son las que más se encargan de los quehaceres domésticos, sino también, porque saben lo valioso que es el tener el agua en el domicilio en lugar de tener que pasar mucho tiempo recolectándola o pagando su aprovisionamiento por pipas.
Permítanme concluir diciendo que la “crisis del agua” tiene muchas facetas, una de las cuales es parte de una campaña nacional e internacional que obliga a tod@s l@s ciudadan@s y –especialmente- a la mujer, tanto en el ámbito doméstico, como en el productivo, a “corresponsabilizarse” del cuidado del agua, pero no a “participar” en la toma de decisiones de las políticas de gestión del recurso, por lo que es importante empezar a desmitificar los problemas de escasez del agua y a exigir que las estructuras organizativas generadas de las nuevas políticas de gestión cumplan con los Principios de Dublín-Río y contemplen la apertura de espacios participativos para la mujer. A su vez, nosotras debemos impulsar la creación de foros y espacios de reflexión para exigir que las políticas públicas que están siendo instauradas tengan una perspectiva de género, ya que estas políticas están elaboradas para dar una “participación restringida” a las mujeres, la cual sólo será modificada por nosotras mismas.
Finalmente hay que enfatizar que la desmitificación de los problemas y de la situación del agua, son la base para transformar las suposiciones, develar las formas de participación de la mujer y permitir su mejor ubicación en las estructuras de poder, sólo así cambiaremos las estructuras de poder que moldean las instituciones y por fin, nuestras voces abordaran las desigualdades sociales, económicas y culturales derivadas de las políticas de gestión que obstaculizan la igualdad y limitan nuestras vidas.
BIBLIOGRAFÍA
Comisión Nacional del Agua. (2004) Ley de aguas nacionales y su reglamento. México D.F.
Dávila Poblete, Sonia. (2005) El Poder del Agua: ¿Participación Social o Empresarial? México: Ed Itaca
De la Cruz, Rafael. (1987) "Os novos Movimentos Sociais: encontros e desencontros com a democracia." en: Sherrer-Warren e Krischke (orgs). Uma revolução no cotidiano? Os novos movimentos sociais na América do Sul. Editora Brasiliense. São Paulo.
Fadda Cori, Giulietta (1990). La participación como encuentro: discurso político y praxis urbana. Fondo Editorial Acta Científica Venezolana, Universidad Central de Venezuela. Caracas, Venezuela.
Melucci, Alberto. (1985) "The symbolic challenge of contemporary movements". Review of Social Research. Vol. 52, Nº 4, winter. New York: New School for Social Research.
Montalvo, Abner (1981). "De la participación a la autogestión". Revista Socialismo y Participación. Nº 13, marzo. Lima, Perú.
Parra Escobar, Ernesto (1988). "Participación comunitaria y desarrollo". En: Seminario Nacional de Participación Comunitaria, Participación comunitaria y cambio social en Colombia . Departamento Nacional de Planeación, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Asociación Colombiana de Sociología y Centro de Investigación y Educación Popular. Ed. Presencia Ltda., Bogotá.
UNESCO (2000). “Summary of the Monography: “World Water Resources at the Beginning of the 21st Century” Prepared In The Framework Of Ihp Unesco. (versión obtenida en www.ihp.org )
World Water Council(2000). The international water policy think tank. Brochure elaborated by World Water Council Secretariat, Marseille, France.
NOTES
1 Monografía “World Water Resources At The Beginning Of The 21st Century”, cuyos datos son reconocidos como la fuente de referencia oficial de las Naciones Unidas y de todas las instituciones del sector hidráulico.
2 Es importante hacer notar que el incremento del consumo del uso municipal proyectado, se debe a que además del crecimiento poblacional, hay cada vez más industrias (medianas y chicas) inscritas en el padrón de usuarios de los municipios.
3 Actualmente conocidos como los “Principios Dublin-Río”, por haber sido introducidos en la Declaración de Dublín y refrendados en la Cumbre de Río de Janeiro (1992)
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