indice de las ponencias de 2005
Un Lugar para expresarnos abiertamente:
El Encontrar el Activismo Femenino donde el Norte
Se Encuentra con el Sur
Mary E. Frederickson
Miami University of Ohio
Julio 2005
Reseña: Hace ochenta años un considerable número de activistas, eruditos y organizadores de trabajadores arguyeron que el futuro del movimiento laboral estadounidense dependía de la organización exitosa de las mujeres trabajadoras en el sur de los Estados Unidos. En 2005, se desarrollan argumentos extremadamente similares sobre el papel importante que está siendo desempeñado por mujeres jóvenes que entran a trabajar en las fábricas maquiladoras y talleres (sweatshops) del Global South (el tercer mundo/mundo subdesarrollado) donde se trabaja un número excesivo de horas a cambio de un jornal insuficiente. Divididos por tiempo y lugar, estos dos grupos de trabajadoras comparten el legado de pagar los costos humanos de la industrialización y la globalización. En ambos grupos una significativa minoría de mujeres respondió a los cambios económicos y sociales con que se enfrentaban al volverse activistas y luchadoras. La organización colectiva, la educación laboral, y la cooperación entre mujeres eran instancias cumbres del activismo feminista en procura de la justicia social y económica en los Estados Unidos a mediados del siglo veinte. El éxito de estos esfuerzos dependía de que las mujeres pudieran encontrar lugares donde desarrollar una conciencia histórica, hallar sus voces y expresarse abiertamente. Las experiencias de las mujeres trabajadoras en el sur de los Estados Unidos durante las décadas de los 20, 30 y 40, proveen modelos concretos para las mujeres del Global South hoy en día.
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El movimiento laboral estadounidense empezó a prestar atención cuidadosa al Nuevo Sur tan temprano como en 1880, cuando un elevado número de fábricas rápidamente construidas empezó a saturar el paisaje, como “perlas de un collar”, en un arco que eventualmente se extendió del sur de Maryland al este de Tejas. Los organizadores de trabajadores que fueron mandados a la región al principio del siglo veinte lucharon para establecer sindicatos en una región declaradamente adversa a la sindicalización y que dependía mucho del trabajo infantil-juvenil. Desde Tejas en 1911, un organizador escribió, “El sindicalismo es un fracaso completo…más o menos un tercio o más de la mano de obra consiste de niños, la mayoría de ellos demasiado joven para ingresar en un sindicato”.1 Las urgencias de la Segunda Guerra Mundial hicieron que el trabajo infanto-juvenil fuera menos práctico y se cambió el enfoque a las mujeres jóvenes que entraban en grandes a las fábricas entre las edades de 14 y 16 años. Gradualmente una plétora de activistas, eruditos y escritores, al igual que representantes de organizaciones de mujeres, alianzas para la enseñanza de trabajadores, y organizaciones políticas pusieron su atención en el sur, arguyendo que el futuro del movimiento laboral estadounidense dependía de la organización exitosa de miles de mujeres jóvenes llegando en grandes números a talleres y fábricas en toda la región. La industrialización del sur ocurrió rápidamente, las inversiones dieron mucha ganancia, e incentivos estatales y locales atrajeron manufactureros como un imán.
En 2005, activistas, eruditos y organizadores laborales desarrollan argumentos extremadamente similares sobre el importante papel desempeñado por las mujeres que entran a las fábricas maquiladoras, corporaciones y sweatshops del Global South. 2 A mediados de los 1960, sin ser casualidad, al mismo tiempo que la industria del sur se integraba racialmente, numerosas compañías cruzaron la frontera a México en búsqueda de mano de obra aún más barata, para escapar de los sindicatos estadounidenses, para encontrar un personal maleable y aprovecharse de los incentivos económicos ofrecidos por los gobierno mexicano tanto a nivel estatal como local. Al igual que hace un siglo cuando el traslado de Nueva Inglaterra al sur de los Estados Unidos resultó en ganancias más altas y una competitividad más aguda, así también las incursiones en el Global South dieron enormes beneficios a los balances de las empresas. En 2005, las publicaciones comerciales aconsejan que los industriales sigan mirando al sur para encontrar “el camino más rápido a mejores ganancias con un mínimo de gastos y responsabilidades”. Pocos de estos artículos abiertamente discuten las ventajas específicas de que las mujeres constituyan la mayor parte de los trabajadores. El lugar de la mujer en los anuncios de las maquiladoras se encuentra entrelíneas, escondido en “una enorme cantidad de trabajadores… disponibles a ganar salarios muy competitivos”.3
Las experiencias de las mujeres trabajadoras de los 1920, 1930, y 1940, proveen modelos históricos para las empleadas contemporáneas de las maquiladoras. A pesar de los enormes obstáculos para organizarse, una importante minoría de mujeres respondió a los cambios económicos y sociales que afrontaban al mirar hacia el activismo y ciertas formas de resistencia a la explotación. La organización colectiva, la educación laboral, y la cooperación femenina eran las instancias cumbres del activismo femenino en procura de justicia socioeconómica en el sur de los Estados Unidos. Más importante, el éxito de los esfuerzos en cada una de estas áreas dependía de que las mujeres trabajadoras pudieran encontrar lugares donde verse como parte de la historia laboral, y “expresarse abiertamente”.
Las historias de las vidas de las mujeres en el sur de los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo 20 y las de las mujeres de las maquiladoras del siglo 21 siguen narrativas sorprendentemente paralelas. En cada región las mujeres emigraron de zonas rurales a las fábricas; en ambos lugares las mujeres muchas veces eran las primeras personas de sus familias que trabajaban en fábricas, y no infrecuentemente las primeras que ganaban dinero en efectivo. Todas las mujeres involucradas, a través del tiempo ylugar,han trabajado por sueldos tan bajos que no podían mantenerse a ellas mismas ni a sus familias a un nivel mínimo necesario para vivir; en ambos casos estos salarios les proveían más dinero en efectivo que cualquier otro trabajo disponible con la posible excepción de la prostitución.4
En el sur de los Estados Unidos, las mujeres blancas llegaron a las fábricas racialmente segregadas desde familias cuya situación económica empeoraba; al igual que en el Global South actual el decreciente nivel de vida y movilidad a través de las generaciones traza las vidas de las trabajadoras de las maquiladoras. En ambas regiones las mujeres llegaban a la adolescencia en comunidades donde la religión daba vigor a las ideas tradicionales sobre la autoridad masculina y la sumisión femenina. En el sur de los Estados Unidos muchas de estas mujeres venían de familias donde las severas costumbres para criar a los hijos acostumbraban tanto a los varones como a las niñas a la violencia física y emocional. En ambos lugares, el número de incidentes de explotación dentro de la familia aumentaron exponencialmente durante los frecuentes períodos de crisis económica.
La naturaleza colonial de la industrialización en el sur de Estados Unidos, donde una mayoría de los manufactureros tenían sus bases fuera de la región, significaba que las condiciones de trabajo en fábricas y talleres del sur operaban a una diferencia de salario de 1:4 cuando se comparaban con las fábricas norteñas. En el Global South la diferencia es aún más grande. De hecho, algunos trabajadores ganan el 10% de lo que ganan los que hacen el mismo trabajo en el norte. En ambas áreas las mujeres han llegado a las fábricas con la esperanza de tener trabajo y ganar en efectivo, al igual que mejorar su nivel de vida y de lograr cierta medida de autonomía personal. En el sur de Estados Unidos un sistema de segregación racial de trabajo apartaba los trabajos industriales para los trabajadores blancos.Pero los industriales empleaban a trabajadores negros durante épocas de huelga y tomaban ventaja completa de la mano de obra de reserva que les esperaba al otro lado de la línea de color. En los 1920 y 1930 incitaban a los trabajadores sureños blancos en contra de los trabajadores mejor pagados del Norte y también en contra de otros trabajadores que ganaban aún menos a través de la región a medida que la industrialización se extendía del estado de Maryland a Virginia, a las Carolinas, luego más al sur hasta Georgia, Alabama y Mississippi, y al oeste a Tennessee, Arkansas y Tejas. Este patrón se repite ahora debido a que los trabajadores mexicanos compiten contra los trabajadores norteños en Estados Unidos y los trabajadores aún más al sur, a medida que las maquiladoras se extienden por América Central.5
En el sur de los Estados Unidos los industriales practicaban una forma del paternalismo que aunque severo y áspero, parece relativamente benévolo cuando se compara con las prácticas gerenciales en una economía de mercado global que hace hincapié en
“la actualización individual”, lo que les absuelve a los manufactureros de responsabilidad. Al principio del siglo veinte la mayoría de los dueños de fábricas tenían nombres y rostros; las estructuras corporativas fomentan el anonimato industrial. Los dueños de fábricas del siglo veinte muchas veces construían comunidades enteras para los trabajadores. Algunos rápidamente habían construido pequeñas casas de madera sin agua corriente y alcantarillas, pero otros proveían viviendas bien hechas, escuelas, nuevas infraestructuras, sistemas de agua, tratamiento de aguas residuales, parques e iglesias. Estas amenidades atraían a los trabajadores a los pueblos manufacturerosy ayudaban a regular la mano de obra, vigilando el comportamiento y controlando los actos individuales dentro de una comunidad cerrada a “forasteros” donde los organizadores de trabajadores no penetraban fácilmente. 6
¿Cómo entonces, dentro de este paisaje histórico del sur consistente en salarios bajos, antisindicalismovirulento, y enorme apoyo estatal para la industria, se movilizaron las mujeres a resistir la opresión y modificar el mundo en que vivían? Primero, los sindicatos gradualmente llegaron a comprender el papel clave que las mujeres trabajadoras iban a desempeñar en organizar a los trabajadores del sur. Segundo, las mujeres trabajadoras de una amplia extensión de industrias: textiles de algodón, medias, ropa, rayón, tabaco, y fábricas de enlatados, eran reclutadas para participar en programas independientes de educación laboral organizados por activistas de fuera y dentro de la región. Y tercero, las organizaciones nacionales y regionales de mujeres dedicadas a la cooperación de las clases sociales y diferentes razas trabajaban para mejorar las condiciones de trabajo y vivienda para las mujeres trabajadoras del sur.
La organización colectiva
Los sindicatos que se estaban formando en el sur de Estados Unidos inicialmente negaban la importancia de las trabajadoras. Tan temprano como 1900, sin embargo, durante huelgas ysuspensiones de trabajo en tres docenas de fábricas de algodón, las mujeres desempeñaron papeles claves de liderazgo.
Miles de mujeres trabajadoras participaron en todas las suspensiones de trabajo antes de la Primera Guerra Mundial, la ola de huelgas en textiles del sur de 1927 a 1934, batallas de trabajo después de la Segunda Guerra Mundial, y más tarde en luchas en las décadas de los Derechos Civiles de los 1960 y 1970. Las mujeres desempeñaban múltiples papeles en estas luchas, llevando a veces a cientos de trabajadores, hombres y mujeres, de las fábricas; o caminando en las primeras filas de los desfiles de huelguistas, o llenando puestos muy visibles en los grupos de piqueteros. Sin duda, las acciones de las mujeres trabajadoras fueron sumamente importantes en las luchas de los trabajadores en el sur durante todo el siglo 20. 7
Cierto número de campañas sindicales se enfocó específicamente en las mujeres trabajadoras. En 1946, por ejemplo, la “Operación Dixie” se enfocó específicamente en los beneficios sindicales para las mujeres trabajadoras en las compañías textiles del sur. Esto era en una época cuando el 75% de los trabajadores sindicalizados de la industria textil estaba en el norte, mientras casi tres cuartos de todos los trabajadores de dicha industria se empleaban en el sur, donde solamente el 15 a 20 por ciento de la industria tenía sindicatos. Un folleto de 1946 preparado por El Sindicato de los Trabajadores de la Industria Textil, TWUA (Textile Workers Union of America) proclamaba “ES POR ESO QUE CASI LA MITAD DE LOS 400,000 MIEMBROS DEL TWUA SON MUJERES”. Esfuerzos específicos para atraer a la mujer del sur a los sindicatos tuvieron mucho éxito, aunque esta campaña, como muchas que habían venido antes y las que vendrían, fue ardua, con conflictos dentro de los sindicatos, acciones policiales en contra de los sindicatos, y empleadores que reaccionaron al movimiento con violencia armada y listas negras. 8
Las organizadoras trabajaban en estrecha colaboración con trabajadores activistas en el sur. Líderes heroicas, como la “Combativa” Mother Jones, la mártir Ella Mae Wiggins, y la maternal Lucy Randolph Mason, llamaron la atención sobre los asuntos de la mujer en el trabajo, el hogar, y la comunidad. Pero era en el lugar de trabajo y en barrios de clase trabajadora que las mujeres forjaban las conexiones necesarias para la acción colectiva. La resistencia a la explotación tenía un poderoso efecto multiplicador en los lugares de trabajo y en las comunidades donde las mujeres transformaban su autonomía como trabajadoras en actos de enfrentamiento. Las mujeres trabajadoras del sur, al igual que sus predecesoras en el norte gradualmente cambiaron los términos de sus trabajos al expresarse abierta, o silenciosamente entre ellas mismas, o de manera alborotada, durante huelgas o suspensiones de trabajo.9 Hoy en día en comunidades del Global South, nuevas líderes, como la “Combativa” Martha Ojeda, defensoras de las mártires de Cuidad Juárez como Mireille Rocatti, Lourdes Portillo, Alma Mejia, y Yesenia Bonilla de Honduras una vez más están destacándose y tomando riesgos con el fin de lograr la justicia económica a través de organizaciones independientes o en federaciones sindicales, tales como el Frente Auténtico del Trabajo (FAT).10
La educación de los trabajadores
Las mujeres industriales del sur aumentaron la efectividad de sus acciones a nivel local al conectarse con los programas de educación de los trabajadores establecidos en la región después de la Primera Guerra Mundial. La Liga Nacional de Sindicatos de Mujeres, i.e., The Nacional Women’s Trade Union (NWTUL), Brookwood Labor College y la Bryn Mawr Summer School eran programas nacionales que auspiciaban las iniciativas del sur para organizarse a medida que la región se hacía más industrializada. La Southern Summer School for Women Workers in Industry ( SSS ) fue establecida en 1927, como un programa residencial para entrenar a líderes del tipo grass rootsa organizar sindicatos, comprender la historia laboral y la economía, y hablar en público. En 1932, la Highlander Folk School estableció un programa de educación para trabajadores en Tennessee que ayudaba a ambos hombres y mujeres y reunía a líderes de trabajo y activistas de toda la región. Ambas escuelas, la Southern School y Highlander manejaban programas educativos en numerosas comunidades locales y también proveía auxilio directo a los trabajadores que estaban en huelga.11
Durante los años 1920 y 1930, la Southern Summer School era un lugar donde las mujeres trabajadoras y activistas de todo el sur se reunían cada verano. Las estudiantes compartían sus historias individuales y llegaban a verse como parte de una larga historia de lucha y activismo laboral. Saber del pasado las potenciaba a actuar en el presente, a creer que podían proporcionar a sus hijos un futuro diferente. La escuela fue fundada por un grupo de educadores y activistas de varias clases sociales y orígenes geográficos. Al traspasar fronteras de clase, región, y eventualmente también raciales, estas mujeres adoptaron posiciones sociales “afiliativas”, término desarrollado por Edward Said, que expresaba que el individuo se mueve de una identidad individual (legado filiado) a una entrega a la justicia económica sinceramente humanitaria.12 Los trabajadores que asistían a la escuela eran muchas veces líderes de sus sindicatos y de organizaciones locales de la comunidad. El trabajar juntos les daba una visión más amplia de lo que era posible: ponerse en contacto con organizaciones regionales y nacionales, obtener información legal esencial, perfeccionar destrezas organizativas, y tomar control de sus propias vidas.
Hoy en día los grupos que procedían de la Southern Summer School y la Highlander Folk School de los 1920's y 1930's, la Southern School for Union Women y el Highlander Research and Education Center, al igual que STITCH - Women Organizing for Social Justice in Central America y US/ LEAP - Labor Education in the Americas Project, el United Electrical Workers Union (UE)-FAT La bor Workshop and Studies Center, y la AFL -CIO Solidarity Centers en Guatemala y El Salvador están trabajando para terminar con la discriminación contra las mujeres en el trabajo y para a ayudar a las mujeres trabajadoras a llegar a ser fuertes líderes de sindicatos. Todos estos grupos afirman las experiencias de cada una de las trabajadoras y el poder de lo colectivo. Cada uno de estos grupos provee entrenamiento para líderes y programas de investigación y educación con énfasis trasnacional en comunidades por todas las Américas.13
La cooperación feminista
La educación y organización dirigidas solamente a la mujer eran sumamente importantes para las mujeres trabajadoras que tenían que negociar con un movimiento laboral controlado y movilizarse contra una estructura industrial dominada por los hombres. Las alianzas de distintas clases sociales se mostraron particularmente útiles cuando las mujeres trabajadoras tenían que navegar terrenos poco familiares. Las mujeres trabajadoras eran muy adeptas a conseguir el apoyo de organizaciones de distintas clases sociales para recursos educacionales e información sobre estrategias y tácticas. Grupos como la Nacional Consumer League (NCL) proveían información sobre cómo organizar boicoteos y campañas de etiquetas; La League of Women Voters (LVW) proveía información sobre los procedimientos gubernamentales y legislativos; la YMCA organizaba docenas de “asociaciones industriales” por el sur, muchas en comunidades donde era difícil si no imposible organizar un sindicato. Muchas veces estas asociaciones cuestionaban los salarios, las horas, y asuntos de salud y seguridad en las industrias locales al conseguir apoyo de las mujeres progresistas pertenecientes a la clase socialmedia y alta.14
Mientras la cooperación entre clases sociales en el sur nunca reemplazó la unidad entre hombres y mujeres en fábricas y sindicatos, tales alianzas llegaron a ser recursos a los cuales las mujeres trabajadoras podían acudir a buscar más educación y destreza. Al mismo tiempo, estas alianzas transformaron a mujeres activistas de diferentes clases sociales, les ayudó a crear puestos sociales afiliativos, desarrollar la capacidad dediscutir, y a comprometerse con la justicia social y económica. Para las mujeres que participaban, estas organizaciones de mujeres ofrecían un espacio social en que podían articular sus opiniones, tomar posiciones, discutir, concluir compromisos y crecer.
Hoy día, las organizaciones feministas sinceramente humanitarias incluyen la Coalition for Justice in the Maquiladoras, Women on the Border, la Coalition of Labor Union Women (CLUW), la Colectiva Feminista Binacional y La Mujer Obrera, la Association for Women’s Rights in Development (AWID), el Comite Fronterizo de Obreros (CFO)-Committee of Women Workers, al igual que otros grupos establecidos desde hace muchos años como la YWCA y la League of Women Voters, ambos con iniciativas globales que se enfocan en mujeres y desarrollan las destrezas de liderazgo por medio de programas de educación e intercambio.15
Conclusión
Separados por tiempo y lugar, estos grupos de mujeres trabajadoras del sur compartían el legado de pagar los costos humanos de la industrialización y la globalización. Este es un patrón de desarrollo que mira hacia atrás y hacia adelantedurante el transcurso del tiempo: de Inglaterra a Nueva Inglaterra, de Nueva Inglaterra al sur de los Estados Unidos, del sur de Estados Unidos a México y luego a la América Central y a la América del Sur, y, simultáneamente alrededor del mundo. ¿Qué se puede aprender de doscientos años de historia industrial en términos de la resistencia femenina a la opresión económica? En la Southern Summer School, en 1927, la trabajadora textile de Virginia, se preguntaba, “¿Debemos de pasar la vida haciendo ricos a otros, mientras nuestrospropios deseos se posponen”? Ochenta años más tarde, la trabajadora hondureña Alma Mejia, arguía que “las compañías trasnacionalessiempre han querido explotar a la mujer y pagarle menos. Recientemente,” ella relata, “había dos o tres compañeros … que hablaban abiertamente de las necesidades de las mujeres”. El lugar donde el norte y el sur se encuentran cambia constantemente, pero el significado del activismo femenino no cambia. Hoy en el Global South, la cooperación femenina a través defronteras implica atravesar diferentes confines, y requiere nuevas formas de organización, pero, como escribió recientemente una socia de la UE, Lynda Leech, sobre su organización de mujeres trabajadoras “Hands Across the Boarder”: “Que la historia se repita, venciendo a la opresión”. Las activistas de hoy necesitan acceso a la disputada y suprimida historia laboral de “otros sures”, porque mientras cada generación crea su propio futuro, la conciencia histórica de los trabajadores, activistas y miembros sindicales puede adelantar la lucha en procura de la justicia económica.16
Notas finales
Este trabajo está dedicado a Susan Porter Benson, querida amiga, historiadora laboral y profesora, quien trabajó infatigablemente para comprender el pasado y para formar mundos nuevos para las mujeres trabajadoras. Su muerte, el 20 de junio de 2005, ha dejado un gran vacío.
1 Citado en la obra de Mary Frederickson, "I know which side I'm on": Southern Women in the Labor Movement in the Twentieth Century", in Women, Work and Protest: A Century of US Women's Labor History, Ruth Milkman, ed., NY: Routledge, 1985, p. 158.
2 "Where the Borders of Class, Race, Age and Sexuality Meet" and "Elvia R. Arriola, "Voices from the Barbed Wires of Despair: Women in the Maquiladoras, Latina Critical Legal Theory and Gender at the U.S.-Mexico Border", (pdf) 49 De Paul Law Review 729-815 (2000); and Arriola, "Becoming Leaders: the Women in the Maquiladoras of Piedras Negras, Coahuila," reprinted from Frontera Norte-Sur, October 2000, available at http://www.womenontheborder.org/articles_resources.htm; Altha J. Cravey, 1998. Women and Work in Mexico’s Maquiladoras. Rowman and Littlefield, Inc. See also, Michelle Haberland, "Abstract: Heading South: A Gendered Vision of the US Textile and Garment Industries' Move to Mexico " at http://lanic.utexas.edu/project/labor95/haberland.html.
3 "Discover the Cost-Saving Benefits of Mexico Manufacturing with Maquiladoras", Maquiladora Management Services, http://www.madeinmexicoinc.com/ (June 2005).
4 Delores Janiewski, Sisterhood Denied: Race, Gender, and Class in a New South
Community, Temple University Press, 1985; Jacquelyn D. Hall, "Disorderly Women: Gender and Labor Militancy in the Appalachian South." Journal of American History, 73, Sept. 1986, pp. 354-82; on women in maquiladoras; Daniel LaBotz, "Women Maquiladora Workers," Mexican Labor News and Analysis Special Issue on Women Workers, May 16, 1999 , 4:9.
5 Véase Global Perspectives on Industrial Transformation in the American South, Susanna Delfino and Michele Gillespie, (eds.), Univ. of Missouri Press, 2005.
6 Jacquelyn D. Hall, James Leloudis, Robert Korstad, Mary Murphy, Lu Ann Jones, Christopher B. Daly, Like a Family: The Making of a Southern Cotton Mill World, Chapel Hill: UNC Press, 1987, 2000.
7 Para aprender más sobre el organizarse en el sur véase: Clete Daniel, Culture of Misfortune, Cornell, ILR Press, 2001; Michael Honey, Southern Labor and Civil Rights, Univ. of Illinois Press, 1993; Janet Irons, Testing the New Deal: The General Textile Strike of 1934 in the American South, Univ. of Illinois Press, 2000; Robert Korstad, Civil Rights Unionism: Tobacco Workers and the Struggle for Democracy in the Mid-Twentieth Century South, UNC Press, 2003; and Leon Fink, The Maya of Morgantown, UNC Press, 2003.
8 On Operation Dixie, véase Barbara S. Griffith, The Crisis of American Labor: Operation Dixie and the Defeat of the CIO, Temple University Press, 1988; quote from Frederickson, "I know which side I'm on", p. 173.
9 Mary Frederickson, "Heroines and Girl Strikers: Gender and Organized Labor in the Twentieth Century South", en Labor in the South, Robert Zieger (ed), University of Tennessee Press, 1991.
10 Elizabeth Hollander, "Outlook: 'Hellraiser Martha Ojeda'", Mother Jones (Nov.-Dec., 1999), http://www.motherjones.com/news/outfront/1999/11/outfront.html#martha; Mariclaire Acosta Urquidi, " The Women of Ciudad Juárez" (Paper No. 3 / May 2005), Center for Latin American Studies, UC Berkeley; STITCH, Excerpts from "Women Behind the Labels" Worker Testimonies from Central America, Women Behind the Labels: Worker Testimonies from Central America . See Dale Hathaway, Allies Across the Border: Mexico 's "Authentic Labor Front" and Global Solidarity South End Press, 2000, and also Dan La Botz, " Mexico 's Labor Movement in Transition", Monthly Review: An Independent Socialist Magazine (June 2005), 57:2, pp. 62-72.
11 Para las escuelas de verano para mujeres véase Joyce Kornbluh and Mary Frederickson , Sisterhood and Solidarity: Workers Education for Women, 1914-1984. On the Southern Summer School, véase Frederickson, A Place to Speak Our Minds , forthcoming Indiana Univ. Press. Para estudiar la historia Highlander's véase: John Glenn , Highlander: No Ordinary School , Univ. of Tennessee Press , 1996 . Para información sobre el trabajo trasnacional actual de Highlander Research and Education Center "Across Races and Nations" véase: http://www.highlandercenter.org/r-arn.asp
12 Janet Zandy discute las comprensiones de Said en "An Essay about Triangle Fire Poetry," Modern American Poetry Online Companion to Anthology of Modern American Poetry, Cary Nelson, (ed.), Oxford Univ. Press, 2000, http://www.english.uiuc.edu/maps/index.htm, n. 16.
13 STITCH: Women Organizing for Worker Justice and US/LEAP: About Us/Join Us in the Fight for Worker Rights Worldwide; información sobre la UE-FAT véase UE and Mexican FAT federation organize mutual support and Robin Alexander and Peter Gilmore, "An International Approach to Economic Justice: The UE-FAT Strategic Organizing Alliance, disponible en http://www.uwm.edu/Course/448-440/uefat.html; for the AFL-CIO Solidarity Centers, véase http://www.solidaritycenter.org/.
14 Véase Anne F. Scott, Natural Allies: Women's Associations in American History, Univ. of Illinois Press, 1992 and Robin Goodman, World, Class, Women, Routledge-Falmer Press, 2004.
15 Información sobre la Coalition for Justice in the Maquiladoras se encuentra en http://www.coalitionforjustice.net/ ; en cuanto a Women on the Border, véase: http://www.womenontheborder.org/ ; La Mujer Obrera's website is: http://portal.mujerobrera.com/ ; para la Association for Women's Rights in Development véase: http://www.awid.org/ ; y para información sobre el trabajo hecho por el Comite Fronterizo de Obreros (CFO)-Committee of Women Workers véase: http://www.cfomaquiladoras.org/english%20site/aboutcfo.en.html . The Binational Feminist Collective es un grupo independiente organizado para promover los derechos humanos de las mujeres en la industria maquiladora concerniente asuntos de género. The Binational se asocia con la organización no gubernamental CITTAC ( Centro de Información para Trabajadoras y Trabajadores A.C) in Baja California.
16 Citado en: Frederickson, A Place to Speak Our Minds and STITCH, Women Behind the Labels: Worker Testimonies from Central America .
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