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indice de las ponencias de 2005

La participación de las mujeres en los movimientos piqueteros en Argentina: alcances y límites de la resignificación de los roles femeninos

Ada Freytes Frey1 y Karina Crivelli2
Universidad del Salvador y Universidad de Buenos Aires

 

Introducción

La presente ponencia recupera algunos resultados preliminares de la investigación llevada a cabo en el marco del proyecto " El género en las organizaciones de trabajadores desocupados: ¿una cuestión pública o doméstica?"3. Dicha investigación toma como foco los movimientos "piqueteros" surgidos en la Argentina a partir de fines de la década del '90, planteando la relevancia de adoptar una perspectiva de género para su análisis.

Estos movimientos, integrados por trabajadores desocupados en condiciones de extrema pobreza, parecen desmentir algunas de las afirmaciones de la teoría sociológica y política reciente, que plantean la dificultad de articulación y movilización política de los desempleados y, por lo tanto, la virtual imposibilidad de que se transformen en actores con capacidad de influir en el escenario público de las naciones4. Pero a la vez, la presencia mayoritaria de mujeres en ellos (constituyen aproximadamente el 75 % de sus miembros), parece también poner en cuestión los estereotipos más tradicionales acerca de "lo femenino", que excluyen a las mujeres del ámbito público, asignándoles en cambio un rol privilegiado en la esfera doméstica. Esta "división del trabajo político" contribuye a la reproducción de las desigualdades de género y no es de extrañar que haya sido uno de los blancos más tempranos de los movimientos de mujeres.

No obstante, la revisión de los estudios sobre movimientos sociales protagonizados por mujeres durante la década del '80 en nuestro país (como por ejemplo, las Madres de Plaza de Mayo o las Ligas de Amas de Casa), pone de manifiesto que la participación de las mismas en el espacio público no implica necesariamente un cuestionamiento de los estereotipos tradicionales sobre los roles de género, en la medida en que, a veces, ni el contenido de las demandas ni los estilos de participación generan replanteos en las representaciones que asocian lo femenino al ámbito de lo doméstico5 .

Es así que nuestra investigación pone en el centro de la indagación los sentidos construidos a partir del involucramiento en los movimientos piqueteros: su objetivo principal es analizar las representaciones en torno al trabajo, la participación política y los roles asignados a varones y mujeres que sostienen dirigentes y referentes barriales6, examinando cómo tales sentidos son incorporados a las demandas y luchas de las organizaciones sociales examinadas7.

En esta ponencia tomaremos sólo uno de los puntos planteados: el impacto que la participación en los movimientos piqueteros ha tenido sobre el modo en que las mujeres se piensan a sí mismas y sobre los roles sociales que reivindican. Posteriormente, examinaremos algunos límites que encontramos en la resignificación de los roles femeninos a partir de la participación social, analizando la desigual intervención de las mujeres en las instancias de conducción de los movimientos.

Los datos sobre los que se asienta este trabajo provienen de una investigación empírica realizada con un diseño eminentemente cualitativo, a fin de captar los procesos de construcción de sentido por parte de los sujetos. Para ello se trabajó con un estudio de casos que abarcó cuatro organizaciones piqueteras (las características de las mismas serán discutidas en el próximo apartado), efectuando en cada una de ellas entrevistas en profundidad a dirigentes y referentes barriales (tanto mujeres como varones); observación -participante y no participante- en diferentes espacios de interacción social y situaciones de acción colectiva (asambleas, piquetes y movilizaciones); y análisis de documentos internos. El análisis siguió una lógica comparativa entre movimientos y entre dirigentes y referentes (tomando además en cuenta los diversos orígenes sociales y trayectorias políticas de estos últimos).

En el próximo apartado, antes de encarar la discusión de los temas centrales de la ponencia, caracterizaremos someramente el fenómeno de los movimientos piqueteros.

Movimientos piqueteros en Argentina: los casos estudiados

Los movimientos piqueteros surgen en Argentina hacia fines de los años ’90, como una de las más visibles manifestaciones de protesta frente a los efectos sociales devastadores de las políticas neoliberales implementadas por el gobierno de Carlos Menem a lo largo de dicha década. Tales políticas de ajuste estructural implicaron la expulsión del mercado laboral de gran cantidad de trabajadores, provocando un crecimiento sin precedentes del desempleo y la informalidad laboral.

En este contexto, en algunas localidades del interior del país especialmente afectadas por los procesos de privatización y “racionalización” de empresas públicas, comenzaron a ensayarse formas “novedosas” de protesta, como es el corte de ruta o “piquete”8. De ahí surge la denominación de "piqueteros", popularizada luego por los medios de comunicación. Estas primeras movilizaciones estuvieron protagonizadas por ex empleados y trabajadores de las empresas privatizadas, acompañados por otros miembros de la sociedad civil local9.

Hacia el fin del gobierno menemista y, luego, con el advenimiento del nuevo gobierno de la Alianza (1999), el epicentro del conflicto social se trasladó hacia la provincia de Buenos Aires. Comenzó entonces a darse una gran concentración de movimientos piqueteros en el conurbano bonaerense10. Estas nuevas organizaciones presentaban características diferenciadas con respecto a las del interior del país: eran más estables, estaban mejor organizadas y su base social estaba constituida por desocupados pobres.

Estos movimientos adquirieron aún mayor protagonismo y trascendencia pública a partir de la crisis institucional de fines de 2001, al convertirse en la representación socialmente reconocida de los sectores desempleados más pobres y más afectados por el modelo neoliberal. Hacia principios de 2002 estas organizaciones tuvieron un gran crecimiento gracias a la implementación de un amplio programa social (Plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados), que abarcó a aproximadamente 1.700.000 beneficiarios, destinado a paliar los efectos más graves de la crisis económica y a apaciguar la conflictividad social. Se trataba prácticamente de un subsidio al desempleo -de bajo nivel adquisitivo-, a cambio de cuya percepción los beneficiarios debían realizar cuatro horas diarias de "trabajo social" en el marco de una organización estatal (por ejemplo, municipios) o no gubernamental. En tanto los movimientos piqueteros fueron uno de los actores sociales involucrados en la administración y gestión de estos planes (un 8 % de los subsidios fueron manejados por ellos), dicho programa significó para ellos un aumento en los recursos disponibles para las actividades en los barrios y la organización política, dando lugar a un mayor desarrollo de las organizaciones existentes y a la aparición de otras nuevas.

Como ha quedado de manifiesto a partir de lo expuesto, no existe un único movimento piquetero, sino distintas organizaciones, con liderazgos, posturas ideológicas, estrategias y estructuras organizativas diversas. En nuestra investigación hemos trabajado con cuatro de ellas, de las cuales dos (MP1 y MP2) tienen una inserción territorial de larga data, en tanto sus dirigentes y militantes más antiguos se constituyeron como tales en procesos de toma de tierras fiscales del conurbano bonaerense durante los años '80. Actualmente, han desarrollado estructuras de alcance nacional. Ambas se diferencian por sus orientaciones políticas (la segunda se autodenomina "clasista"), aunque en ocasiones han tejido alianzas estratégicas. Las otras dos organizaciones estudiadas (MP3 y MP4), se constituyeron a partir del trabajo barrial de grupos de militantes sociales y políticos -muchos de ellos de clase media-, quienes, sin estar ligados a ningún partido político particular, decidieron comenzar a "ir a los barrios para organizarlos". Estos dos movimientos, que inicialmente estaban articulados en una coordinación común, se separaron en el 2004 por diferencias ideológicas y estratégicas.

La resignificación de los roles femeninos a partir de la participación social.

Las desigualdades de género se asientan en representaciones, normas y valores que contribuyen a su legitimación y reproducción en el tiempo11. En la base de la división sexual del trabajo nos encontramos, en efecto, con ciertos estereotipos histórica y socialmente construidos que plantean ámbitos de actuación "naturales" y diferenciados para varones y mujeres. Si la esfera pública en sus distintas manifestaciones (trabajo, política, producción intelectual, etc.) ha sido durante décadas -a partir del advenimiento de la sociedad industrial- el territorio de los primeros, la esfera doméstica, con sus distintas responsabilidades (maternidad; cuidado de los niños, enfermos y mayores; tareas cotidianas de administración y arreglo del hogar; contención y apoyo afectivo a los hombres de la familia), ha sido el reino de las segundas12.

La mayoría de las mujeres entrevistadas en nuestra investigación manifiestan haber sido socializadas según estos modelos tradicionales de "lo femenino" y "lo masculino", que se expresaban tanto en los mandatos recibidos como en las prácticas habituales en sus familias de origen. Veamos un ejemplo, expresado por una dirigente del MP2:

"Es como yo digo siempre, a nosotros nos criaron con una idea y mi abuela me decía 'vos... tenés que casarte, tener tu marido, tenés que cuidar tu hija, lavar la ropa, tenés que cocinar, lo tenés que atender' ...”.

Las preguntas que nos hacemos en este punto son: ¿cómo afecta la participación en los movimientos piqueteros estas representaciones sobre los roles femeninos? ¿Qué relaciones se establecen entre las construcciones de sentido en torno a lo que significa ser mujer y la participación en las organizaciones de desocupados?

De nuestra investigación se desprende que no hay una respuesta unívoca ni lineal a estos interrogantes. Por un lado, encontramos que, en el discurso de nuestras entrevistadas, su incorporación a los movimientos piqueteros y su involucramiento en las luchas sociales que éstos llevan adelante aparece fuertemente ligada al desempeño de roles tradicionales (la maternidad, el acompañamiento y la contención del marido o "compañero"), que de esta manera adquieren una connotación nueva. Por el otro lado, la participación en los distintos espacios de trabajo y movilización que proponen estos movimientos, llevan a las mujeres a rechazar ciertos estereotipos ligados a lo femenino y a poner en cuestión con sus prácticas algunos aspectos de la división sexual de tareas y responsabilidades.

Veamos esto con mayor profundidad. El rol que aparece mencionado con más fuerza en las distintas entrevistas, articulando y legitimando otros roles y actividades, es el de madre. Esto se advierte sobre todo en las dirigentes y referentes que comparten con los demás miembros de la organización un mismo origen social. Para ellas, la alimentación, el cuidado y la crianza de los hijos aparece como una preocupación y responsabilidad primordial. Y, en las circunstancias de crisis extrema que viven, tal responsabilidad se transforma -para ellas y, a sus ojos, para la mayoría de las mujeres que conforman la "base" de los movimientos- en el móvil para la participación en la lucha social y para el trabajo en el barrio13.

"...Pero también había que trabajar y hacer algo para no quedarnos en la casa, y salir a trabajar... por la necesidad... Es difícil... y tuvimos que juntarnos a ver qué hacíamos porque cuando tenés chicos no podés bajar los brazos".

Un segundo rol aludido repetidamente, pero con menor énfasis que el primero, es el de esposa o compañera del hombre: la mujer es la que apoya y contiene afectivamente en los momentos difíciles. En este punto es preciso mencionar un dato significativo: en tres de los movimientos analizados (MP1, MP2 y MP4) algunas de las dirigentes mujeres con mayor protagonismo son las compañeras de los principales líderes varones. En los dos primeros, estas dirigentes han conducido también el proceso de constitución de "espacios de mujeres", destinados a discutir diversos problemas que las afectan (desde las trabas "simbólicas" a su participación en pie de igualdad con los hombres, hasta cuestiones tales como salud reproductiva, planificación familiar, violencia doméstica y de género, etc.). Ahora bien, a pesar de la importancia de las actividades que ellas realizan, a menudo dan sentido a su acción como soporte y "facilitador" de las tareas de liderazgo y militancia de sus compañeros.

En el caso de otras dirigentes y, sobre todo, de las referentes barriales, la función de acompañamiento adquiere un significado nuevo en el contexto de la desocupación. Esta última tiene efectos desorganizadores sobre los hombres, al poner en cuestión roles (como el de "proveedor") y espacios tradicionales de valorización de la masculinidad: depresión, autoinculpación, alcoholismo, actitudes violentas son algunas de las problemáticas que evidencian recurrentemente los relatos. En este marco, son las mujeres las que se "ponen al frente" y asumen un rol activo de búsqueda de soluciones para las necesidades familiares.

"La crisis creo que nos golpeó muy fuertemente a todos, a las mujeres principalmente porque era doblemente el sufrimiento de la familia...Teníamos que salir nosotras a poner el pecho y pelearla hasta poder levantar a nuestros maridos de la depresión. Porque todo hombre que en su vida trabajó y que después se siente que no sirve para nada, ni para juntar cartón de repente, ¿no?... Porque es la dignidad del hombre, es el machismo que lleva adentro, y eso nosotras las mujeres nos pudimos superar y no decir: 'bueno, nos moriremos de hambre acá encerrados en estas cuatro paredes'."

Como se advierte en la cita anterior, ambos roles -madre y "esposa"- aparecen íntimamente relacionados, y tienen que ver con el lugar que la mujer ocupa en la familia. Los mismos sirven, no obstante, de articuladores para dar sentido a las nuevas prácticas que ellas desarrollan en los movimientos piqueteros.

En contraposición, como señaláramos anteriormente, estas nuevas prácticas llevan a cuestionar otros aspectos de los modelos tradicionales de "lo femenino", particularmente aquellos ligados al "confinamiento" en la esfera doméstica. En tal sentido, en las entrevistas, referentes y dirigentes tienden a rechazar la imagen de mujer que recibieron durante la socialización en sus familias de origen, caracterizada por la pasividad y la obediencia al hombre, la dedicación prácticamente exclusiva al cuidado y atención a los miembros del hogar, la responsabilidad sobre "las tareas domésticas".

Este rechazo tiene distintas razones: entre las dirigentes entrevistadas hay unas pocas que tienen una militancia feminista previa y cuyo trabajo dentro de las organizaciones está específicamente orientado a luchar contra los estereotipos de género. Sin embargo, en la mayoría de nuestras entrevistadas fue la participación en distintos ámbitos y actividades dentro de los movimientos piqueteros la que puso en cuestión tales mandatos familiares.

Por un lado, el involucramiento en las organizaciones implicó la salida del espacio estrictamente doméstico. Motivada inicialmente por la necesidad de buscar medios de supervivencia para la familia -y legitimada por lo tanto, como hemos visto, a partir de roles ya asumidos-, la participación en los barrios significó la gestación de una trama de vínculos de solidaridad y de lucha. El espacio de trabajo compartido permitió la emergencia de necesidades y problemáticas comunes, dando lugar con posterioridad a la creación de "espacios de mujeres" en tres de los movimientos analizados (MP1, MP2 y MP3).

Por otra parte, la intervención en el trabajo comunitario, en las movilizaciones y asambleas contribuyó a gestar conciencia de sus propias capacidades (frente a una percibida desvalorización previa): para las tareas barriales más ligadas a la solución de problemas inmediatos (ropero, merendero, comedor, emprendimientos de subsistencia), pero también para la organización y la participación política. En este sentido, la participación crea competencia política14: lo público también pasa a ser "asunto de estas mujeres", a partir de sentirse capaces -"competentes"- para intervenir en este tipo de actividades.

"...porque las mujeres tuvieron que participar en el piquete, pero como que… fue de gran ayuda para esa mujer para tomar esa decisión sería ¿no?... sentirse que es alguien, que es importante también, que puede hacer cosas, que no es lo mismo cuando estás encerrada entre cuatro paredes que todo lo que te dicen que sos, viste que a veces te la crees: 'que no servís para nada', '¿qué vas a hablar en una asamblea vos que no tenés dientes?' '¿que vas a hablar vos con un funcionario, que no tenés ni una zapatilla?"15

Por último, en aquellas organizaciones donde se implementó un espacio específico de discusión de la problemática de la mujer, los intercambios en este ámbito -reforzados por la realización de talleres y cursos, a menudo con participación de activistas feministas- contribuyeron a poner en cuestión explícitamente los estereotipos en torno a "lo femenino". La participación en estos espacios llevó a muchas mujeres a cuestionar las injusticias de género (por ejemplo, a identificar la división del trabajo y de roles recibida y asumida familiarmente como "machista" e "injusta") y a asumir la reivindicación de diversos derechos de las mujeres (por ejemplo, derechos reproductivos). Estas actividades también contribuyeron a crear en ellas la convicción de tener la capacidad política para asumir la defensa colectiva de tales derechos (por ejemplo, frente a los problemas que se van detectando de violencia familiar).

A partir de lo expuesto hasta aquí, queda en evidencia que la transformación en los roles asumidos por las mujeres tiene un fuerte contenido político: trabajo social en el barrio, participación en asambleas y otros dispositivos de representación, movilización y manifestación en las calles. En cambio, debido al contexto de desempleo estructural que afecta particularmente a estas familias, se advierten muy pocos cambios en su situación laboral. Tal como se ha indicado al caracterizar los movimientos piqueteros, una de sus conquistas -directamente ligada a su crecimiento como organizaciones sociales- ha sido la obtención de "planes sociales" para sus miembros. Dichos planes exigen como contrapartida la realización de ciertas actividades sociales, lo que en el caso de estos movimientos ha permitido concretar numerosas obras en los barrios, tendientes a la resolución de las necesidades básicas de los vecinos (comedores, roperos, huertas comunitarias, microemprendimientos). Son en estas acciones -que hemos llamado "trabajo comunitario o social"- en las que se han insertado las mujeres.

No obstante, la percepción de los "planes" ha afectado también la división tradicional de roles dentro del hogar. En tanto las beneficiarias de los mismos son mayoritariamente las mujeres, a menudo ellas se han convertido en las principales proveedoras de ingresos de sus familias, reemplazando o complementando al hombre en esta función. Si bien esta situación es vista por hombres y mujeres como un arreglo transitorio para sobrellevar la crisis económica (la aspiración general es que los hombres encuentren empleo en el mercado formal), el cobro de un subsidio mensual permite a las mujeres administrar al menos una parte -y, a menudo, una parte considerable- del ingreso familiar.

Por otro lado, algunos de los movimientos analizados han comenzado a dar impulso al desarrollo de proyectos productivos, acoplándose a un cambio en las líneas de política social impulsado por el actual gobierno (que busca un reemplazo paulatino de los planes sociales por políticas más activas, de apoyo a iniciativas generadoras de empleo, aunque sea precario). En este marco, algunas de las referentes barriales entrevistadas se refirieron a su participación en este tipo de proyectos, o bien a su aspiración a integrarse en los mismos, evidenciando una decisión de incorporarse a microempresas y cooperativas de trabajo. En tanto este tipo de iniciativas recién empieza a implementarse en los movimientos16, habrá que ver en el futuro qué impacto tienen sobre la incorporación al mercado laboral de las mujeres "piqueteras".

Para terminar este apartado es preciso señalar que la ampliación de los roles tradicionales o "salida de lo doméstico" que hemos discutido hasta aquí aparece como extremadamente difícil en el discurso de nuestras entrevistadas -tanto para algunas de ellas, como para las demás mujeres que participan en los movimientos-, requiriendo una verdadera lucha en el interior del hogar. En tal sentido, son recurrentes los relatos de los conflictos familiares que engendra la participación en las organizaciones: violencia familiar, acusaciones y discusiones que desembocan incluso en la ruptura de la pareja.

“Y ahí es donde empiezan a salir a la ruta... hay compañeras que te cuentan que las han cagado a palos y le decían '¡vos vas a buscar macho a la ruta, claro, con ese pibe!”.

En el próximo punto examinaremos un aspecto sumamente sensible, que permite evaluar en cierta medida los alcances que tiene esta reformulación de los roles femeninos al interior de los movimientos: la participación de las mujeres en la dirigencia de los mismos.

Límites y tensiones en la participación de las mujeres:
el acceso a los puestos de conducción

Como hemos mencionado en la introducción, las mujeres cumplen un papel fundamental en la conformación y visibilidad de los movimientos piqueteros, en tanto ellas constituyen aproximadamente el 75 % de sus miembros. No obstante, esta presencia mayoritaria no se encuentra reflejada de igual manera en la constitución de la dirigencia de las distintas organizaciones. Creemos que este es un punto donde se observan los límites en la resignificación de los roles femeninos que hemos discutido en el apartado anterior, y por eso profundizaremos en su análisis.

Las propias entrevistas que hemos realizado en nuestra investigación muestran que hay mujeres que cumplen papeles de liderazgo a nivel distrital y, en menor medida, nacional17. Pero, en general, en el ejercicio de estos roles están sobre-representados los varones. Por otra parte, los dirigentes con mayor presencia mediática y reconocimiento de la opinión pública nacional son, invariablemente, hombres.

Por el contrario, muchos de los referentes barriales son mujeres. En tal sentido, el espacio barrial aparece como un lugar de protagonismo femenino, tanto en la realización de las actividades cotidianas que lleva adelante cada movimiento (comedores, merenderos, roperos comunitarios, huertas y, en menor medida, emprendimientos productivos), como en la organización de las mismas. Dicha organización, como así también la representación de las necesidades y demandas del barrio en instancias más generales de agregación de intereses (mesas distritales o regionales), es precisamente la tarea de los y las referentes barriales.

Por otra parte, de las entrevistas se desprende que existe todo un proceso de construcción de legitimidad y reconocimiento por parte de las referentes barriales, el cual se basa precisamente en el trabajo en el espacio comunitario y en el establecimiento de relaciones de confianza y cercanía con los vecinos, a partir de la resolución de problemas concretos de diversa índole. En este proceso, se advierte una vez más la eficacia de los mecanismos de participación que hemos examinado en el apartado anterior: el involucramiento en las distintas actividades del movimiento (que incluye la participación en movilizaciones y asambleas) contribuye a gestar "competencia política" en muchas mujeres, que poco a poco asumen responsabilidades de conducción a nivel barrial. Esta conciencia de las propias capacidades se ve reforzada por las discusiones y talleres llevados a cabo en el marco de los "espacios de mujeres", en las tres organizaciones donde éstos existen.

"Y después nosotras decimos que colaboramos un montón porque muchos casos que nosotras hemos agarrado en el movimiento de desocupados, hoy las mujeres son dirigentes de su barrio, ayudó… ¿no? todo ese proceso que se hizo… [en el espacio de mujeres]".

Es preciso tener en cuenta, por otro lado, que una característica general del liderazgo en estos movimientos es que el mismo se asienta en relaciones "cara a cara", de mucha cercanía entre el dirigente y los demás miembros del movimiento. En tal sentido, tanto el referente barrial como el dirigente son personas a las que "siempre se puede acudir" para resolver problemáticas variadas. Sus intervenciones abarcan desde la satisfacción de necesidades básicas (alimentos, remedios para los enfermos, ropa, acceso a un plan social) hasta la escucha y la mediación ante conflictos personales, familiares o vecinales.

"...Como que soy la madre del movimiento (...) Es como que siempre encuentran en mí a la persona con quien pueden charlar... el oído para escuchar los reclamos o las carencias o los sufrimientos que tengan nuestra gente".

Como lo ilustra claramente la cita anterior, las capacidades de escucha y contención están ligadas, en los modelos de género tradicionales, a "lo femenino". Por eso es comprensible que estas mujeres puedan asumir con facilidad el rol de referentes barriales, a partir de la progresiva seguridad que les da su trabajo en el espacio comunitario. No obstante, como se ha dicho, este carácter "cercano" y "personal" del liderazgo está presente también en los dirigentes de los movimientos (aún en aquellos con mayor protagonismo en el espacio público nacional). Pero en este caso se suma un atributo más, que es la visión estratégica para definir la orientación política y los posicionamientos coyunturales del movimiento en su conjunto. No es de extrañar entonces que sean pocas las mujeres que acceden a estas posiciones, en tanto sigue subyacente en muchas de ellas la idea de que tal visión estratégica, así como otras competencias políticas es un "atributo masculino".

"Para mí vuelvo a repetir no es una cuestión de género, yo lo había discutido un par de veces con otras compañeras de otras organizaciones, como... 'ah, bueno, pero la cara visible siempre es un hombre'... Puede ser, pero digo, si vos me ponés a mí, digo, no es que yo no tenga la capacidad para hablar, pero si el compañero se desarrolla bien en su lenguaje y en su forma, y que para transmitirle a toda una sociedad, cuando te hacen un reportaje por la televisión en vivo, donde vos sabés que te están viendo miles de personas, tiene que saber cómo transmitir lo que vos estás reclamando en diferentes lugares, y el compañero es el más indicado para hacerlo, no pasa porque sea hombre o mujer, digo, tiene la capacidad para hacer eso. Entonces yo prefiero esos cinco minutos de prensa que le dan al compañero y que sea lo más claro posible...".

Frente a este tipo de posturas, las dirigentes y referentes que suscriben un ideario feminista -ya sea por una trayectoria de militancia previa, o bien por la influencia de las actividades llevadas adelante en los "espacios de mujeres"- critican la naturalización -y, por ende, legitimación- de las desigualdades que ellas vehiculizan. En efecto, si bien tales dirigentes reconocen que existen diferencias entre los hombres y mujeres que participan de los movimientos en términos de su capacidad de acción política, señalan que tales diferencias son producto de la desigual formación y experiencia en este campo y, por lo tanto, pueden ser revertidas a través de la propia participación en los movimientos y de una adecuada capacitación.

En la misma línea, estas dirigentes y referentes demandan una mayor participación de las mujeres en las instancias de conducción de los movimientos, señalando que, a menudo, las formas de involucramiento de estas últimas en las organizaciones reproducen actividades propias del espacio doméstico (alimentación, vestimenta y cuidado de los niños -y de otros vecinos-, colaboración en la atención primaria de la salud y en la prevención, pequeños emprendimientos productivos ligados a la satisfacción de necesidades básicas). En consecuencia, a sus ojos, se da en los movimentos piqueteros cierta lógica de reproducción de los estereotipos de género, que ellas buscan romper mediante la lucha por generar nuevas representaciones acerca de lo que significa ser mujer.

La persistencia de algunos de tales estereotipos se ve reflejada en las tensiones que varias entrevistadas mencionaron experimentar frente a las responsabilidades asociadas a los diversos roles que ellas cumplen: las tareas propias de la esfera doméstica (las responsabilidades como esposa, el cuidado de los chicos -que aparece como lo más difícil de delegar-, el arreglo del hogar) demandan un tiempo y una atención que conspira contra un mayor protagonismo al interior de las organizaciones.

“...L a que tiene un compañero en su casa ya está limitada porque cubrir reuniones implica mucho tiempo; implica también esto de la formación, de empezar a sentir el compromiso de ir a los lugares, a los espacios donde hay una formación para los compañeros que están dentro del movimiento. Y eso es tiempo, y eso implica que si tenés un compañero, el compañero tiene que estar de la misma manera comprometido como vos y aún así muchas veces no entiende que la compañera también pueda delegar los hijos a él o a algún integrante más de la familia y también, digamos, salir y formarse. Digamos, está más permitido en ellos que en nosotras...” .

En esta cita quedan en evidencia los límites de la resignificación de los roles femeninos que hemos discutido en el punto anterior. Se advierte en este caso la persistencia de un imaginario que asigna a la mujer la responsabilidad exclusiva sobre el trabajo reproductivo al interior del hogar. En tal sentido, la participación política y las tareas comunitarias aparecen como nuevas actividades que vienen a sumarse a las funciones tradicionales, generando en dirigentes y referentes una sensación de sobrecarga y agobio. Al mismo tiempo, en el caso en que marido y mujer tienen ambos una militancia activa, se prioriza la participación del hombre en la esfera pública, subrayándose el papel de "apoyo" que cumple la mujer.

A modo de cierre

Al comenzar esta ponencia nos preguntábamos en qué medida y de qué manera la participación de mujeres en los movimientos piqueteros genera cambios en los roles sociales que ellas asumen y a partir de los cuales se piensan a sí mismas. Luego de la discusión desarrollada a lo largo de estas páginas, no cabe duda de que dicha participación tiene la potencialidad de cuestionar algunos de los estereotipos sobre "lo femenino" en que la mayoría de las entrevistadas habían sido socializadas, particularmente aquellos que plantean ámbitos de actuación "naturales" y diferenciados para varones y mujeres.

Si bien se advierte cierta continuidad entre las tareas propias de la esfera doméstica, tradicionalmente designadas como "femeninas", y el trabajo social que las mujeres de los movimientos realizan en el espacio barrial, en este pasaje de lo privado a lo público se produce una verdadera resignificación de las prácticas, dándole una dimensión social a los problemas particulares o familiares. Lo mismo cabe decir de la persistencia de otros rasgos del modelo tradicional de mujer (la importancia asignada a los roles de madre y de esposa): ellos se transforman en un móvil para la participación, adquiriendo así nuevas connotaciones. Por otra parte, es preciso hacer notar que esta continuidad ha permitido la incorporación masiva de mujeres a los movimientos piqueteros, la cual hubiera sido imposible en un escenario de absoluta ruptura con sus experiencias previas.

Por otro lado, la apertura hacia el espacio público se ve reforzada por la participación en instancias de lucha social, todo lo cual contribuye a generar una "competencia política" en estas mujeres, como queda de manifiesto en los papeles de conducción que nuestras entrevistadas asumen en los movimientos, a distintos niveles. A esto se agrega, en tres de las organizaciones estudiadas, el funcionamiento de "espacios de mujeres", en los que se producen debates -a menudo con participación de militantes feministas- que contribuyen a poner en cuestión explícitamente los estereotipos de género, a la vez que constituyen instancias de formación política. En todo esto, advertimos un proceso en marcha, que está lejos de completarse aún.

En tal sentido, el punto 3 de este trabajo muestra la permanencia -aunque sea a un nivel implícito, como esquemas de "sentido común" que orientan las prácticas concretas- de ciertos "mandatos culturales" que designan a la mujer como única responsable de las tareas del hogar. De esta manera, las mujeres asumen nuevas prácticas y responsabilidades, pero éstas vienen a sumarse a las tradicionales. Este imaginario genera, como hemos visto, tensiones entre roles que limitan las formas de involucramiento de las mujeres en los movimientos y, sobre todo, su participación en los niveles dirigenciales más altos.

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Referencias:

1.- Licenciada en Sociología. Integrante del Área de trabajo sobre "Identidad y Representación" del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL-PIETTE), del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET). Buenos Aires, Argentina. Profesora en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Salvador. E-mail: afreytes@arnet.com.ar

2.- Licenciada en Sociología. Integrante del Área de trabajo sobre "Identidad y Representación" del CEIL-PIETTE, del CONICET. Buenos Aires, Argentina. Profesora en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. E-mail: karinacrivelli@ciudad.com.ar

3.- El proyecto es dirigido por el Mg. Osvaldo R. Battistini (CEIL-PIETTE) y el Lic. Alvaro San Sebastián (MOST Unesco, Argentina) y se enmarca dentro del programa de cooperación "Gobernancia, ciudadanía y movimientos sociales en Argentina", suscripto entre el CEIL-PIETTE, del CONICET y el IUED-NCCR IP8, Ginebra, Suiza, bajo la dirección del Mg. Osvaldo R. Battistini .

4.- CASTEL, R. (1997). Las metamorfosis de la cuestión social, Buenos Aires, Editorial Paidós.

5.- JELIN, Elizabeth. 1985. "Otros silencios, otras voces: el tiempo de la democratización en la Argentina", en Fernando Calderón G. (comp.). Los movimientos sociales ante la crisis., Biblioteca de Ciencias Sociales Nº 18, Mexico, UNU-CLACSO- INSUNAM

6.- Estas dos expresiones se refieren a figuras de conducción que hemos encontrado en todos los movimientos piqueteros examinados (a pesar de que los mismos difieren en otros aspectos de su estructura organizativa). Los dirigentes (también llamados líderes o "voceros", según la organización) son aquellos encargados de definir la orientación política y los posicionamientos estratégicos del movimiento frente a otros actores del espacio público. Los referentes barriales, en cambio, son los que tienen la responsabilidad de gestionar el "día a día" de la organización a nivel local. Tienen a su cargo un "barrio" (o una porción de él) y dedican la mayor parte de su tiempo a resolver las necesidades cotidianas de los habitantes de esta unidad territorial ligados al movimiento (vale decir, de los "adherentes" o miembros de base de las organizaciones).

7.- La investigación tiene un segundo objetivo general, que no recuperaremos en la presente ponencia: "Explorar cómo estas demandas [las de los movimientos] son reflejadas y atendidas en las políticas públicas dirigidas a los sectores pobres afectados por el desempleo".

8.- En realidad, el "piquete" había sido una metodología ampliamente utilizada en décadas pasadas en la Argentina por los trabajadores durante las huelgas, como medio de prevenir su boicot por parte de la patronal (a través de la contratación de trabajadores temporarios), o bien por parte de opositores internos dentro del sindicato.

9.- Ver CROSS, Cecilia. 2004. “La Federación de Tierra y Vivienda de la CTA: El sindicalismo que busca representar a los desocupados”, en Battistini, Osvaldo (comp.). El trabajo frente al espejo. Continuidades y rupturas en los procesos de construcción identitaria de los trabajadores, Buenos Aires, Prometeo Libros.

10.- Partidos de la provincia de Buenos Aires que rodean la Ciudad de Buenos Aires.

11.- ARIZA, M. y DE OLIVEIRA, O. (1999): “Inequidades de género y clase, algunas consideraciones analíticas”, en Revista Nueva Sociedad N° 164, Venezuela, Noviembre-Diciembre.

12.- Ver JELIN, E. (1994). “Familia: crisis y después...” en Wainerman, C. (comp..). Vivir en familia, Buenos Aires, UNICEF/Losada. Y también COLLIER, J., ROSALDO, M. y YANAGISAKO, S. (1997): “Is there a family? New Anthropological views”, en Lancaster y di Leonardo (comps.). The gender sexuality reader, Londres, Routledge.

13.- Esto no ocurre con las dirigentes que provienen de la clase media, las cuales tienden a justificar su participación a partir de un compromiso ideológico (militancia feminista, lucha por los sectores más pobres y excluidos, o ambas) - compromiso también presente, por supuesto, en las otras dirigentes-.

14.- Tomamos "competencia" en el sentido que le da Bourdieu. Tener competencia significa "tener el derecho y el deber de ocuparse de algo". Pero para él, esta competencia se asienta en el reconocimiento social de tales derechos y deberes, asociado a determinadas propiedades de los individuos. Los estereotipos femeninos que excluyen a la mujer de la esfera pública son, precisamente, productores de "incompetencia" política, en tanto legitiman no sólo a los ojos de los demás, sino también para ellas mismas, su exclusión de la política. Ver al respecto BOURDIEU, P. (1990). "Cultura y política", en Sociología y Cultura, México, Grijalbo.

15.- De las citas se advierte que muchas de estas mujeres deben luchar contra dos fuentes de producción de "incompetencia" política: su condición de mujer, pero también su extrema pobreza material, que se traduce en un escaso reconocimiento social.

16.- El MP1 es el que tiene una política más activa en este sentido. El MP2 está desarrollando, sobre todo, cooperativas de construcción, mientras que los restantes movimientos presentan una estrategia incipiente de armado de "microemprendimientos" más ligados a actividades de subsistencia (artículos de primera necesidad).

17.- Sólo los MP1 y 2, que son las organizaciones de mayor trayectoria y alcance territorial, tienen niveles definidos de representación "nacional". Por el contrario, los MP3 y 4 (surgidos de una matriz común) tienen una lógica de construcción política más centrada en lo local, aunque en el MP3 existen instancias de coordinación que articulan las experiencias de diversas zonas del conurbano bonaerense y del interior del país.

 

indice de las ponencias de 2005