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indice de las ponencias de 2005
Impactos de las políticas de globalización neoliberales en los acuerdos de la reforma agraria y la resistencia de mujeres del MST a estas políticas
Renata Gonçalves Honório
investigador con NEILS (Núcleo de Estudios de Ideologías y Luchas Sociales)
Para el Movimiento de los Trabajadores rurales sin Tierra (MTS), la lucha por la tierra es considerada una lucha de la familia, la cual incluye hombres, mujeres y niños. Los lineamientos del MTS mencionan la necesidad de construir un nuevo género de relaciones en el movimiento. Esta perspectiva cambia la vida de mujeres involucradas en algunos aspectos.
Desde el principio el MST ha hecho la lucha por la reforma agraria la prioridad de sus acciones. Esta lucha necesita, de acuerdo con los documentos del MST, la participación de los trabajadores rurales sin tierra. Estos documentos estimulan sobre todo la participación de mujeres en todos los niveles. La presencia femenina es visible sobre todo durante la ocupación de la tierra, cuando frecuentemente ellas están al frente en las confrontaciones armadas con los “clandestinos” y/o la milicia del estado.
El reconocimiento de la necesidad de participación de las mujeres es el resultado de un complejo y contradictorio proceso que aún persiste. Por una parte, en la fase inicial de su desarrollo el MST dijo muy poco sobre cuestiones de género. En sus primeras publicaciones, sobre la inexistente formación de la mujer, la llamada “cuestión de la mujer” estaba absente o era tratada como un asunto interno, por lo tanto no necesitaba ser publicado. En los ochentas, cuando se sabía poco sobre este movimiento, se organizó una Comisión Nacional de las Mujeres del MTS que presionó al movimiento para tener grupos de mujeres dentro de los campamentos y establecimientos de cada estado y exigió que los líderes en estos estados apoyaran a las organizaciones de mujeres en el movimiento.
Después de muchas juntas nacionales se llegó a la publicación, en septiembre de 1989, de la primera edición de las Normas Generales del MST, donde fue incluido un capítulo sobre la “articulación de las mujeres”.
Podemos identificar diferentes momentos y espacios en cuanto a la participación de las mujeres en este importante movimiento de lucha por la tierra. El primero de ellos corresponde a la fase del campamento, donde nuevas sociabilidades tienen que ser construidas, y el segundo es el establecimiento, cuando hombres y mujeres conquistan la tierra.
En este documento intentamos presentar concretamente las experiencias del rol de las inversiones en los campamentos del MST y después de estos, tratar la reducción de en la participación de las mujeres en los establecimientos. Nuestro objetivo es dar evidencia sobre las políticas implementadas por el estado Brasileño, sumiso a la globalización, tienen un acuerdo catastrófico en los acuerdos de la reforma agraria, sobretodo para las mujeres, ya que en este contexto predomina una erosión/reversión de la emancipación de las mujeres trabajadoras rurales. Enfrentando los obstáculos impuestos por el estado, las mujeres se organizaron en el MST y reaccionaron. Por una parte, discutiremos la experiencia de la lucha de las mujeres en Pontal do Paranapanema (estado de São Paulo) y, por otra parte, las posibilidades para el cambio con la implementación de nuevos modelos para el cambio de establecimiento que permitan la organización como en los campamentos donde hay una mayor igualdad entre hombres y mujeres. Este modelo aporta elementos de resistencia a la globalización neoliberal, lo que permite la emancipación de los trabajadores, sobretodo de mujeres que trabajan.
Deconstrucción de género en los campamentos
Los campamentos, resultados de las ocupaciones, se han convertido en un elemento generador de asentamientos, conforme presionan al gobierno para establecer asentamientos para así minimizar el conflicto rural. Los primeros días en el campamento están marcados por un sentimiento extraño; sobretodo por que la configuración del espacio interno del campamento es un poco diferente a la que ellos ya conocían, aunque la mayoría ha vivido en condiciones precarias anteriormente. Aunque no hay regla estricta, casi siempre las familias construyen sus casas de chabola o barracos usando plástico, al un lado de las familias con las que tienen amistad o son conocidos, etc. De acuerdo con la distribución de las familias, se abren las “calles”, se construyen los espacios comunitarios y se forman los Núcleos de Familias, lo que subdivide en sectores (disciplina, educación, formación, “frente masivo”, género, higiene, infraestructura, salud, cultura, mística) y se eligen representantes para formar parte de la Coordinación Política del Campamento. Todo esto constituye una “organicidad política" o un cuerpo político. Cada sector es coordinado hoy por un hombre y una mujer , quienes se encargan de identificar y resolver las dificultades encontradas en los Núcleos de Familias. Todos los miembros, independientemente de sexo, raza y religión están involucrados en las actividades del campamento. En estos primeros aprendizajes de la vida colectiva en los que hombres, mujeres y niños tienen la experiencia de la asignación de tareas. Las experiencias en los campamentos son muy importantes, por ser este el momento de empezar a vivir en colectivamente, lo que implica establecer algunas reglas para vivir juntos, materializadas en la “regularización interna”, la cual es determinada en asamblea y establece los códigos de conducta para cada miembro del campamento. La vida en el campamento tiene otras reglas, otras sociabilidades, otros aprendizajes que impongan la creación de la experiencia colectiva donde cada uno depende de todos y todos de cada uno. Un código para vivir juntos se arma con reglas apropiadas y las decisiones se toman en asambleas El campamento brinda a las mujeres la participación efectiva en actividades que generalmente son definidas como pertenecientes a un espacio público y éstas se consideran actividades masculinas. Es el momento y lugar donde las mujeres se acercan a un estatus de igualdad con los hombres. Ellas participan en la construcción de los barracos, rasgan la lona, participan en las comisiones, etc. En el proceso, el llamado espacio domestico privado también adquiere nuevas dimensiones. El campamento en si mismo confunde el espacio “privado” y el público. En este espacio demarcado los barracos tienen que ser construidos muy cerca, generando una enorme inconformidad por la perdida de privacidad. En cuanto a las desigualdades de género, la fase del campamento ofrece un nuevo aprendizaje: la misma incomodidad causada por la pérdida de privacidad es compensada por la imposibilidad de la bien conocida violencia domestica de la cual las mujeres son las principales victimas. Varios estudios muestran que estas mujeres son vistas como propiedad del hombre de la familia y como tales, son fáciles objetos de violencia, En el campamento, en contraste, cualquier tipo de violencia contra cualquier miembro está totalmente prohibida. Así que la persona (hombre o mujer) quien cometa cualquier acto de violencia será castigado y, en caso de que suceda otra vez, la persona será expulsada de la comunidad. La fase del campamento es también la de mayor participación de las mujeres: ellas participan en las juntas; dan su opinión y sobre todo experimentan debate político, un área de la cual siempre habían sido excluidas. Las mujeres completan tareas consideradas femeninas, relacionadas con la salud, educación e infraestructura. Por ejemplo, muchas coordinan la comida, el Pastoral (un tipo de asociación), la higiene, la escuela, etc. Sin embargo, mas allá de éstas tareas que podríamos llamar típicamente femeninas, en el campamento podemos observar la existencia de inversión de roles de género, como el caso de la patrulla de seguridad que fue apoyado por que la atribución de la fuerza física siempre se ha considerado una típica “función masculina”. Esta inversión es resultado de un amplio debate provocado por el Sector de Genero dentro del MST. Los campamentos son los movimientos donde se hacen los verdaderos cambios. Mucho más allá de las transformaciones relacionadas a la conciencia de clase, derivadas del proceso de auto reconocimiento como “los sin-tierras”, la vida en el campamento termina contribuyendo a formar nuevas relaciones de género, al menos contribuye a un cambio de cartas, que es una ruptura con la estática condición de inferioridad femenina que parecía “tan natural”.
Reconstrucción de los viejos roles sexuales en los asentamientos
Los asentamientos representan un resultado positivo para los trabajadores sin tierras contra el monopolio de los terratenientes. Es el movimiento de organización de una nueva sociabilidad, de un nuevo proceso que implica crear condiciones para quedarse en la tierra conquistada. A diferencia de los campamentos, los cuales ofrecen condiciones para modificar desigualdades de género, el asentamiento parece una regresión en tiempo y espacio en cuanto a la participación de las mujeres quienes ahora dicen que: “los esposos no permiten que participen”. Esta situación es muy similar a la cual Falquet ha observado, en cuanto a la división sexual del trabajo revolucionario. El autor, cuando analiza la participación de las mujeres en la guerra en el Salvador, da evidencia de que las relaciones sociales entre los sexos permanecieron invariables . Una observación más profunda nos permite observar que en los asentamientos muchos elementos característicos de la esfera privada son retomados. En el espacio del asentamiento dominan las relaciones de patriarcado. Las desigualdades entre hombres y mujeres son restablecidas de una manera explicita. Mientras los hombres van a las plantaciones, las mujeres están en la casa haciéndose cargo de las actividades domesticas. Ellas empiezan a ser dependientes de sus esposos, padres o amigos. Esto es lo que, por cierto, se muestra en el contrato de concesión del suelo: el hombre aparece como responsable por el lote mientras la mujer es un “dependiente”, situación que no es diferente del resto de las identificadas en Latinoamérica. La mayoría de las leyes de la reforma agraria parecen ser neutrales en cuanto a género, cuando se trata de definir a los beneficiarios en términos de algunos grupos sociales, como los leasehorders permanentes y los trabajadores pagados in las propiedades expropiadas. Sin embargo, sin excepción, la reforma agraria se refiere a estos grupos en forma masculina.
En el caso de Brasil, la legislación de la reforma agraria hasta 1985, estaba basada en el “estatuto de la tierra” de 1964, el cual daba prioridad a las cabezas de familias más grandes quienes querían dedicarse a la agricultura. Este criterio, de acuerdo con Deere, “discriminada contra mujeres, de acuerdo con normas culturales, si un hombre vive en una casa, el siempre será considerado la cabeza, una norma apoyada en el código civil de 1916” .
A través de este contrato, que esta en ley positiva, la propiedad pertenece al hombre y niega a las mujeres posibilidad de administración y comando. Otros criterios, como la cantidad de experiencia en agricultura, de acuerdo con Deere, también discrimina a las mujeres, ya que el trabajo de agricultura hecho por ellas -es o como familia sin sueldo o con sueldo temporal- ha sido siempre invisible y devaluado. Esto dificulta que las mujeres puedan probar su experiencia en agricultura. El autor expresa que la “discriminación contra la mujer era tal que los empleados de INCRA creían que las mujeres sin esposos o amigos eran incapaces de manejar la tierra, a menos de que tuvieran un hijo mayor, y no era poco común que las mujeres que perdían a sus esposos y todavía tenían hijos pequeños perder su derecho a permanecer en el asentamiento de la reforma agraria. Lo que es más, cuando el hijo mayor de la viuda era nombrado beneficiario, la mujer podría perder acceso a la tierra cuando el hijo se case y forme se propia familia” .
Esta exclusión de la mujer es justificada por los empleados de INCRA por la falta de espacio en los registros para poner los nombres de hombres y mujeres. La constitución de 1988 establece algunos cambios en relación a los beneficiarios de la reforma agraria; establece la igualdad del balance para el trabajo de ambos hombres y mujeres en el sistema de evaluación usado para seleccionar beneficiarios. Sin embargo, los datos muestran otra realidad.
Dependencia femenina anclada en el Estado patriarcal neoliberal
Políticas neoliberales implementadas por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso contribuyeron, a esto, en gran medida. El documento “ agricultura familiar, reforma agraria, desarrollo local para un nuevo mundo rural” reformula todo los proyectos de reforma agraria y presenta políticas desarrolladas basadas en la expansión de la agricultura basada en el mercado. El “nuevo mundo rural” empieza a ser responsabilidad de la esfera local (municipal y micro-regional) con el apoyo de inversiones federales, a través del Programa Nacional de Agricultura Familiar (PRONAF), y de lo nuevos “compañeros/socios” para la implementación y consolidación de asentamientos. Detrás de este plan, la cultura de negocios agrarios, de azúcar, caña y más recientemente de soya, ha sido consolidada. Para el gobierno, la cuestión agraria se volvió una cuestión de mercado a través de la creación del Banco da Terra (Banco de la Tierra ).la transformación capitalista de la agricultura adoptada por el estado brasileño da prioridad a los aspectos tecnológicos y económicos y los asentamientos adquieren formas donde tiempo y espacio son determinados por el modo de producción dominante. Más lejos de la sobre vivencia, es necesario producir para pagar los créditos y prestamos obtenidos del estado, del banco, etc. Podemos enfatizar que hasta en este mercado de tierra, debido a que los hombres son los dueños de los títulos, no hay accesibilidad para las mujeres. Además, el sistema también bloquea cualquier acceso al crédito del gobierno y/o negociación con bancos, etc. Entre 1996 y 2ñ 2002, solo 7% de las mujeres fueron beneficiadas por el Programa Nacional de Agricultura Familiar (PRONAF); en el 2002, de los títulos distribuidos por INCRA, 87% fueron para hombres; estos hombres también representaron el 93% de aquellos que obtuvieron tierra a través de el programa Cédula da Terra .
La lucha para permanecer en la tierra busca resultados rápidos y el aspecto económico es impuesto. Por lo tanto, los asentamientos pueden ser comprendidos como la expresión de un callejón sin salida en la lucha social: por un lado, contiene en si misma las posibilidades de sobrepasar las relaciones de explotación del trabajo pagado, uniendo a hombres y mujeres en la tierra y trabajando como familia, mientras también señala la posibilidad de democratización de la estructura agraria. Pero por otro lado, “los asentamientos, sobretodo en los noventas, no pudieron materializar todo su potencial” . En muchos lugares, hay un conflicto fuerte entre agentes de negocios agrarios y los trabajadores asentados. Muchos son en casos en los que los obreros asentados son obligados a negociar parcelas de su tierra para plantar caña de azúcar o soya para sobrevivir. Esta imposibilidad es el resultado de dificultades en lograr una política de la Reforma Agraria. A pesar de estos limites, algunos estudios demuestran que hubo modificaciones positivas en la vida de de las familias asentadas en cuanto a nutrición, asistencia medica y vivienda.
El decreto provisional 2109-52, implantado por Fernando Enrique Cardoso el 24 de mayo del 2001, prohibió expresamente la participación de los trabajadores asentados en conflictos agrarios, haciendo las dificultades antes mencionadas más fuertes. La adopción de este decreto provisional llevó a la criminalización de la lucha por la tierra. Al demandar que aquellos que han conquistado la propiedad de la tierra ya no se involucren en conflictos agrarios, este decreto también se convirtió en una de las medidas principales responsable por la movilización de estos trabajadores, con regard al apoyo que les han dado a los que siguen en campamentos. El resultado inmediato fue una restricción de las mujeres a las actividades domesticas, mientras los esposos irían a las plantaciones.
Mujeres marchando en contra del Estado neoliberal patriarcal
Desde el comienzo del gobierno de Fernando Henrique Cardoso hubo conflictos hubo conflictos sobre la cuestión de la lucha por la tierra. Mientras los trabajadores sin tierra se organizaron, el conflicto creció. La región de Pontal do Paranapanema se mostró como una de las regiones con mayores conflictos por tierra en los noventas. Uno de los aspectos de este conflicto es el incremento del numero de ocupantes de tierras, sobre todo empezó en la segunda mitad de los noventas. Los constantes conflictos sobre la propiedad de la tierra en Pontal, llevaron a algunos autores a atribuir la emergencia del MTS al “descubrimiento de Pontal” lo que acercó al movimiento a las élites políticas del estado más rico de la federación . La presencia del MTS en la región volvió a traer a otro actor político, el cual había permanecido en discreción hasta entonces: la Unión Democrática Rural (União Democrática Ruralista). Ambos actores, siguiendo el ejemplo de lo que estaba pasando en el resto de Brasil, acabaron politizando la lucha por la tierra. Esto sucedió por que “algunas agencias del aparato de estado – ejecutivo, legislativo y judicial – no podía ignorar más la existencia de la cuestión agraria, la cual genera conflictos y violencia en el campo”. Por una parte “los terratenientes, y en la otra parte los trabajadores sin tierras, presentados por ellos mismo como fuerzas sociales verdaderas” algo que fue reflejado directamente en forma de conflicto entre los tomadores de tierras, el estado y el movimiento.
En esta situación, las mujeres del MST hicieron algo que hizo cuestionar las políticas neoliberales de la región. La primera experiencia ejecutiva de las mujeres fue la ocupación de la tierra. La segunda fue una marcha que terminó con la ocupación de una agencia del Banco de Brasil (Banco do Brasil), in 1997. Ambas experiencias dejaron ver una serie de actividades que llevaron al cuestionamiento de la composición sexual adecuada de la estructura del Movimiento en la región.
Numerosos militantes, que fueron entrevistados, observaron que el año de 1996 fue crucial para el cambio de la forma en que las mujeres empezaron a actuar en la lucha por la tierra en Pontal. El episodio más frecuentemente citado es la ocupación de la granja Fazenda São Domingos, la cual resultó en otras acciones por las mujeres. Esta ocupación ocurrió en un periodo de intensa criminalización de los involucrados en la lucha por la tierra: “La mayoría de las personas que estaban de líderes en ese tiempo eran fugitivos ¿verdad? Y después que ellas harían una ocupación de tierra para demostrar que si arrestaban a los hombres, entonces las mujeres tendrían que ser arrestadas también por que los “muchachos” no estaban solos en el movimiento, ¿verdad? Las mujeres también estaban ahí, ¿verdad? (R. asentado trabajador y militante.).
Como miembros militantes y trabajadores asentados, “las mujeres se politizaron ellas mismas en el proceso de la lucha y se volvieron más entusiastas”. Después de esta ocupación siguieron con tres marchas compuestas solo de mujeres, ocuparon Bancos y Cortes con el objetivo de estimular la liberación de créditos del Programa Nacional para la Agricultura Familiar (PRONAF) para las áreas que se habían transformado en asentamientos recientemente. Mucho más allá de este objetivo inmediato, este proceso se convirtió en un símbolo de la lucha Internacional del Día de las Mujeres y estimuló el debate interno del movimiento, tanto en sus estructuras organizacional como en sus áreas de acción, más específicamente en los campamentos, con la participación de las mujeres en numerosos sectores, como ya antes mencionado, pero también pensando, de manera nueva en el asentamiento, como vemos en seguida.
“Nuevos” modelos: perspectivas de cambios
Más allá de los obstáculos, ya mencionados, para la participación de las mujeres en los asentamientos, es necesario considerar que los modos de distribución de la tierra estatales alejan a la gente de la vida colectiva. En el modelo rectangular o, en el lenguaje de los trabajadores asentados el “cuadro mudo”, las casas están a kilómetros de distancia entre ellas dificultando tener una vida colectiva. Las dificultades de transporte también son grandes, sobretodo afectan el viaje diario de los niños a la escuela. Desde este modelo el lote es un tipo de propiedad privada que impone una división sexual del trabajo que es ligeramente diferente al del campamento.
En la lucha contra esta desigualdad, numerosos movimientos sociales rurales han presionado por arreglos que hagan a ambos, hombre y mujer, responsables por el lote, eliminando la existencia de un “responsable” y un “dependiente”. Discutiremos el caso del MS, el cual, junto con las luchas relacionadas a la responsabilidad del lote, proponen un nuevo modelo de asentamiento, aspecto que consideramos fundamental para la alteración de las desigualdades de genero. Los nuevos modelos son una propuesta del MST para organizar los asentamientos de manera que se diferencien de los conocidos “cuadros mudos”. Este nuevo diseño puede contribuir a la de nuevos hábitos que lleven a cambios in relaciones de género. ¿Qué es nuevo en este modelo?
Primero, estimula la participación durante la elaboración y ejecución de la división del área de asentamiento. Algunas experiencias in los estados de Espirito Santo y Mato Grosso, y más recientemente, en el estado de São Paulo, muestran que esta es una forma realista y más flexible de organización de casas y cooperación. Sin embargo, supone una etapa previa del campamento, donde las familias estaban agrupadas de acuerdo a la amistad o parentesco y les asignaban lugares en el futuro asentamiento en base a esa organización. Hasta ahora INCRA ha asignado lotes de tierra por dibujos hechos al azar a familias individuales , lo que las apartaba y evitaba cualquier forma de vida colectiva. Estos dibujos por grupos representan para el MST el primer paso y el potencial para formas de cooperación entre las familias, por los aspectos sociales o los económicos.
Este nuevo modelo de asentamiento tiene como punto central, la organización de casas a través de Núcleos de Casas con un numero de familias que varia de las 10 a las 25, dependiendo del tamaño del área de asentamiento. A diferencia de las villas agrarias (Agrovilas) donde el lote esta lejos de la casa, en el Núcleo de Casas (Núcleos de Moradia) las casas están en los lotes. Este nuevo tipo es también diferente de la distribución tradicional donde cada casa esta lejos de la otra, perdida en medio del lote. Este modelo tiene el formato de un “rayo de sol”, con las casa vecinas formando un círculo y los lotes se encuentran atrás extendiéndose hacia fuera. Otro tipo de arreglo de casas es el de “Núcleos Habitacionais,” donde la casa no está dentro del lote, pero como el número de casas es pequeño, la distancia entre el lote y la casa disminuye.
Sin importar la opción, Núcleos habitacionais o Núcleos de casas, hay una aproximación de familias, que permite la implementación de áreas sociales donde se reservan espacios para instalar escuelas, celebraciones religiosas, deportes, etc. Para crear una vida colectiva muy similar a la del campamento, sobre todo por que esta forma de organización implica la creación de una regulación interna con códigos para vivir en comunidad, para evitar problemas, frecuentemente presentados en las Agrovilas, como en el caso de vagos animales de granja.
La distribución de familias por Núcleos ayuda a ahorrar un poco en la instalación y mantenimiento de la infraestructura. Por ejemplo, gastos relacionados a la instalación de líneas eléctricas y alcantarillas disminuyen y los autobuses escolares y de la basura tienen rutas mas cortas . Estos núcleos familiares forman la organización de la base del núcleo del asentamiento con la coordinación de dos personas, un hombre y una mujer. Así, se evita la costumbre patriarcal de solo tener hombres en la coordinación del asentamiento.
Este nuevo modelo tiene implicaciones directas para la organización colectiva de la producción, opuesto a los negocios agrícolas están sus prioridades agro-ecológicas, el intercambio de granos y semillas de plantación, el control político de créditos, la formación y nuevas formas de cooperación como el CPAs (Cooperativas de Producción Agrícola) como una forma de apoyar la producción de los trabajadores asentados . La Constitución brasileña garantiza la propiedad del título de la tierra al trabajador asentado. La propuesta del MST, en contraste, es romper con este mecanismo que da privilegio al lote de propiedad privada. Es el uso y disfrute de la tierra, y no la propiedad privada, lo que le permite a uno producir y vivir de la tierra. La tierra ya no es más el objeto de compra y venta. En cuanto a las relaciones de género, está propuesto que le titulo usufructo sea emitido en nombre de, ambos, hombre y mujer. Para el INCRA, hasta, recientemente (el 2003), el título del lote tenía que ser a nombre de la persona que ya estaba registrada, haciendo la relación patriarcal más fuerte, como mencionamos. El poner el título a nombre de ambos hombre y mujer hace posible que las mujeres tengan su propia profesión (granjera) y así en el futuro pueden garantizar su pensión de retiro. También pone a las mujeres en la misma posición que los hombres, y pueden discutir entre ellos, la destinación de los créditos, el planeamiento de los lotes y la producción.
Otro cambio básico el cual está directamente relacionado a las relaciones de género es la reducción de la división territorial del trabajo como resultado del género. En el capitalismo, la separación de la casa y el lugar de producción impone una división sexual del trabajo, en la cual, como nosotros observamos, la mujer está restringida a la esfera de reproducción y el hombre a la esfera de producción. En este nuevo modelo hay una fusión entre estas dos esferas: el lugar de trabajo (el lote) empieza en el patio de la casa. El regreso del Regimiento con las reglas para vivir y la proximidad de las casa, de nuevo, inhiben la violencia domestica tan difundida en la sociedad entera.
Así entonces, la nueva organización espacial de los asentamientos permite significantes cambios en las relaciones de género. Sin embargo, estos cambios, de acuerdo con líderes del Sector de Género, solo ocurrirán efectivamente si hay un trabajo constante que convine luchas sociales con la emancipación de las mujeres. La jerarquía de tratamiento prioritario para las llamadas cuestiones generales, que perjudican a las cuestiones “específicas” deben ser abolidas. Esta reformulación territorial puede abrir un espacio para una “revolución dentro de la revolución”.
El Sector de Género, en tal forma, juega un rol básico en este proceso de mutación, ya sea organizando el espacio o cambiando las relaciones de género. En los cambios simultáneos espaciales y sociales están insertadas de este Sector, entre los que puedo resaltar los siguientes: la garantía de que el registro y la entrega del documento de concesión del uso de la tierra es extendido a nombre de ambos hombre y mujer: para asegurar que los recursos, planeación, ejecución y control de los proyectos así como la producción sean discutidos por toda la familia. Lo que es más, el Sector tiene el objetivo de estimular la participación efectiva de las mujeres a través de actividades educativas sobre temas de género y clase social en todos los cuerpos políticos, ya sea en el movimiento entero, en el campamento, o en el asentamiento.
Las laboriosas tareas domesticas, que representan una de las preocupaciones del Sector de Género, pueden ser sustituidos en este nuevo modelo por cafeterías, lavanderías comunitarias, etc., atrayendo atención a la cuestión del modelo de familia burguesa que impone las tareas domesticas a los miembros individuales en las familias quienes, dominados por el patriarcado, obligan a las mujeres a realizarlas.
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