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indice de las ponencias de 2005

Mujeres Desbordadas:
Mobilizando la resistencia contra los recintos globales en la “fábrica sobre ruedas”

Jeffries, Fiona
Simon Fraser University, Canadá

traducción por Ivette Rossano G.
Tec de Monterrey Campus Chihuahua

RESUMEN: Esta ponencia analiza el transporte público como foco de recintos globales pero también de lucha feminista por una politica de circulación sin restricción. Tomando como ejemplo la formación transnacional del Sindicato de Pasajeros (BRU por sus siglas en inglés) iniciada en Los Ángeles y continuada en otras ciudades tales como Vancouver, me propongo identificar el rol significativo que las luchas por la circulación sin restricción juegan dentro de los movimientos de resistencia al neoliberalismo. Rastreando la relación entre la intensificación de los recintos globales y el control de la circulación proletaria --el cuál se efectúa de acuerdo a divisiones de género y raza--, mantengo que el BRU ejemplifica la centralidad de las luchas por la circulación dentro del capitalismo, situación que resuena de manera visceral en la nueva ola de leyes contra la vagancia dentro y a través de las fronteras. El surgimiento del BRU apunta a algunos de los retos y transformaciones pertenecientes al nuevo trabajo de organización por la justicia, particularmente en el caso de sujetos móbiles que no comparten necesariamente ni el mismo idioma ni espacios fijos comunes tales como el vecindario o la fábrica. Por lo tanto, las bases y el estilo de organización de este sindicato se relacionan a nivel más amplio con una política radical en proceso de ser reinventada, y cuyo objetivo es el de extender la lógica de la huelga general a la politización de los espacios cotidianos de lucha social --en este caso el transporte público. Así, el BRU extingue distinciones convencionales entre reforma y revolución, lo público y lo privado, y políticas de producción y de consumo.


El primer Sindicato de Pasajeros (BRU por sus siglas en inglés) se originó en Los Ángeles en 1993 con el afán de despertar la revuelta urbana más grande que la ciudad alguna vez ha visto. En el 2001 otro sindicato de conductores de pasajeros (BRU) se lanzó en Vancouver, galvanizado por un documental y de cara a cara con activistas de ambas ciudades; quienes se reunieron para discutir estrategias y luchas por el espacio nacional y político. Un movimiento fuertemente encabezado por mujeres, el BRU movilizaba el transito público especialmente el distrito del centro de la ciudad; transporte de multitudes urbanas post-fordistas como parte integral de segmentación y lucha. En Vancouver y L.A. el transporte público es, abrumadoramente, un espacio de circulación para los trabajadores y ocupado principalmente por mujeres, personas de color, y en Vancouver, por indígenas (BRU, 2004). Movimiento por y en la ciudad del movimiento feminista, hoy y desde el comienzo del movimiento capitalista. Las políticas de movilización/inmovilización, relacionadas en varios sentidos con la globalización contemporánea, están encapsulados en los lemas del Sindicato de Pasajeros de Vancouver como lo son “El derecho a viajar” y demandas concretas, como aquellas que ponen fin al “toque de queda” impuesto a los usuarios del transporte.

Atraído por la experiencia de las luchas por el transporte público, este texto explora las políticas de circulación en feministas anti-capitalistas organizando la “ciudad carcelaria” neoliberal (Davis, 1993). Mi análisis del BRU tiene lugar dentro del entendimiento de la globalización capitalista como el precedente histórico de la acumulación (Federici, 2004). Hoy podemos ser testigos de la continuación de estrategias capitalistas utilizadas en los documentos originales de títulos de propiedad de hace cinco siglos; las que provocaron movimiento masivo y produjeron nuevas formas de contención, criminalidad y resistencia urbana. Virtualmente en todas partes estamos presenciando la expansión de las prisiones, cinturones de seguridad y zonas de “no traspaso”: paredes alrededor de Bagdad, viciosas bardas fronterizas que separan Estados Unidos y México; Israel y Palestina, el electrónico “anillo de acero” londinense que rodea su centro financiero. Simultáneamente, la centralización femenina, y especialmente la de mujeres sujetas de racismo, como una estrategia de acumulación puede ser opacada en narrativas oficiales neoliberales pero es evidente en todas partes; en la comercialización de la agricultura, estratificación social y la migración de grandes sectores de servicios metropolitanos. Como lo comenta Silvia Federici (2002), la globalización neoliberal es catastrófica para las mujeres no sólo porque las instituciones dominadas por los hombres son incapaces de comprender la realidad femenina, sino porque sus objetivos principales separan a las personas de los medios de producción y la reproducción de éstos.

Para indagar en la relación entre la división del movimiento contemporáneo y el control de la circulación proletaria, recurro al análisis de Lisa Sánchez (2001) sobre los nuevos “actos urbanos divisorios” y “gobernabilidad espacial” para situar la resistencia civil a la privatización y control social tecnócrata en el neoliberalismo. Mantengo que el BRU ejemplifica la centralidad de las luchas por la circulación dentro del capitalismo, situación que resuena de manera visceral en la nueva ola de leyes contra la vagancia dentro y a través de las fronteras, y como legado del renacimiento del pensamiento y acción política en la aldea global. El movimiento electoral y estilo organizacional sugiere un proyecto concreto para la aserción de nuevas peticiones enfocadas a la justicia política de libre circulación en la ciudad post-fordista. Me enfoco principalmente en dos aspectos de ésta insurrección comunicacional: la visibilidad de la política y la elaboración de prácticas radicales de comunicación para relaciones democráticas.

Circulación, división y las nuevas segmentaciones

Siguiendo con la narrativa del capitalismo colonial, sujetos públicos y circulantes como hombres y privados e inmóviles como mujeres, los vagabundos han sido producidos histórica y jurídicamente, por la cultura popular y oficial como masculinos (Woodbridge, 2001). Hasta el siglo diecinueve y seguido de siglos de producción capitalista circulante e inmóvil, sujetos de largas luchas para consagrar las relaciones de propiedad privada, la lógica espacial de las divisiones, Sánchez (2001) señala, era crucial definir el “lugar apropiado” de las mujeres en la esfera privada y para el control de la sexualidad y reproducción. Mientras que la urbanización es discutible en el movimiento feminista, se opaca la presencia femenina como sujetos circulantes en los 500 años de historia primitiva de acumulación, que continúa hasta hoy dentro de la narrativa de la globalización capitalista. La circulación identificada con el capitalismo global, donde se encuentra el crimen del vagabundo y del viajero libre, es definida por la estratificación que produce no sólo en nuevas inestabilidades, pero en nuevas estrategias de diferenciación disciplinaria. “En el capitalismo tardío”, Sánchez menciona, “la lógica de la división ha resurgido en tecnologías de gobernabilidad espacial que unen las estrategias de manejo de la población con discursos que otorgan identidad, ciudadanía, comunidad y propiedad.”(Sánchez, 2001: 136). A través de la figura del sujeto urbano que se resiste a la circulación, articulado por el BRU, se observa el grado en el que se constituyen las redes de transporte – en conjunto con la innumerable vigilancia electrónica, ordenamiento civil, arquitectura como fortaleza y otras estrategias comunes- tecnología de las nuevas divisiones.

Si el BRU organiza eventos para mostrar cómo el espacio público de los autobuses supone las nuevas divisiones ¿cómo se pueden localizar los sujetos de lucha? Zugmunt Barman (1998) utiliza imágenes de turistas y vagabundos para ubicar la circulación como un sitio central de lucha dentro de la globalización. Esas figuras intentan descubrir la producción de nuevos segmentos opacos representados en la narrativa dominante que fetichisa la hiper-movilidad del capital, mercancías y riqueza global. Brigit Young (2001) utiliza a la servidumbre y a las amantes como metáforas para elaborar escalas complejas de diferenciación femenina en el capitalismo tardío. Estas metáforas binarias pueden ayudar a elaborar un análisis feminista de una circulación dispareja en términos no de simple integración/exclusión pero de la producción de nuevos segmentos a través de integración diferenciada.

La rebelión en Los Angeles en 1992 fue un factor detonante en la formación del Sindicato de Pasajeros BRU (Ramsay, 2000). Provocado por el veredicto de “no culpable” de cuatro policías acusados de golpear al motociclista de color Rodney King, quién estuvo al borde de la muerte en una carretera de L.A., el levantamiento expresó la furia popular en contra de apatía urbana de EE.UU. El ataque policiaco a King por atravesar una zona racialmente dividida en un automóvil desvencijado, fue excepcional para el incremento militar en la segmentada frontera de la ciudad. Thomas Dumm (1993) argumenta que los policias golpeando a King y la respuesta militar por parte del Estado hacia el levantamiento son inextricables de la larga historia de los movimientos de lucha capitalista. El miedo predominante de un movimiento sin reglas de las masas alcanza el inicio de las primeras batallas europeas del siglo XVI cuando las leyes vagabundas fueron declaradas para criminalizar la circulación proletaria. Solamente en esa ocasión la atención pública mundial fue atraída por una video grabación accidental que representaba gráficamente los actos en el recinto urbano.

La policía golpeando y el levantamiento cristalizaron la principal paradoja del capitalismo moderno: la confianza al abrir el flujo de personas y relaciones sociales son difíciles de mantener, ejemplificando el control de la circulación como un arma esencial del mandato capitalista en la reestructuración global. La expulsión masiva que ocurrió en el despertar del levantamiento hizo énfasis en la centralización política de libre lucha de circulación. Evidente en múltiples escalas de movimiento de justicia global, desde protestas callejeras en contra de la Organización Mundial de Comercio hasta la organización de justicia para los porteros, en tanto celebrado por la gran movilidad de la globalización capitalista que también abre espacios para su trasgresión, a lo que Saskia Sassen (2000) llama “las políticas de presencia”.

Visibilidad, dialogo y Políticas de Presencia

“¡Aquí estamos!” exclamaron los Zapatistas cuando se dieron a conocer ante el mundo en 1994.

Un movimiento anti-división en la era del TLCAN, los Zapatistas articularon políticas de presencia global y de re-pensamiento radical de políticas revolucionarias que sitúan la libre circulación, la que por supuesto incluye la libertad de expropiación, en el centro de la lucha. Inmediatamente los zapatistas participaron en una “red de articular un discurso” abierto a grupos e individuos interesados en la transformación radical (Lorenzano, 1998). A pesar de las diferencias geográficas, culturales y estratégicas, las políticas de visibilidad y reconstrucción de prácticas comunicativas radicales son también la insurgente práctica-pensamiento del BRU. Tanto para los zapatistas como para el BRU de Los Ángeles y Vancouver, se usa acción directa de tácticas organizacionales, haciendo visibles y motivando a los sujetos de transportación pública a una lucha común.

En sus escritos y discursos, el BRU constantemente puntualiza comparaciones entre las autoridades de tránsito y las autoridades del FMI y del Banco Mundial como una lógica adjunta, también conocida eufemísticamente como “ajustamiento estructural”, donde los pobres subvencionan cada vez más al rico (Burgos y Pulido, 1998; Roberts, 2005)

El BRU señala los desafíos de la justicia que organizan a través de componentes móviles y dispersos que no necesariamente comparten espacios fijos comunes como fábricas o vecindades. Tal como el organizador del BRU de Los Ángeles Martín Hernández explica: “desde la desindustrialización, los autobuses están en el último lugar de los espacios públicos donde personas asalariadas de diferentes razas todavía se mezcla.” (Davis, 1995:272). Las políticas de comunicación del BRU son significativas para reconocer la lucha poli céntrica del post-fordismo en contra de la “fábrica sin paredes”. La situación precaria del transporte para trabajadores dependientes, jornaleros, estudiantes, personas mayores y madres solteras – es la base de su modelo de dialogo organizacional. Aquí la diversidad de los sujetos desafía las peticiones falsas de unidad y representación de espacio convencional. Ciertamente, el BRU no pretende representar a los pasajeros pero sí abrir un espacio para la discusión de lucha por libre circulación y en contra del crimen.

Los organizadores y miembros del BRU portan camisetas brillantes, multilingües como una herramienta de reconocimiento y un símbolo de afinidad, no una exigencia por representación.

El BRU de Los Ángeles comenzó como un proyecto Central de Estrategia de Trabajo/Comunidad a principios de los 90s. El Centro surgió fuera de las luchas laborales de la ciudad durante el gobierno de Reagan y mantenía una fuerte posición analítica de raza, clase, género de la frontera económica post-fordista de L.A. Su crítica izquierdista radical del capitalismo norteamericano (incluyendo la unión tecnócrata del Movimiento Sindical Norteamericano – AFL-CIO), propulsó a la Central de Estrategia hacia espacios no convencionales de organización. Reconociendo y politizando Los Angeles como un sitio de intensa circulación laboral, donde mujeres del Sur Global proveen a la ciudad de una ventaja competitiva, su análisis de producción de relaciones sociales capitalistas dejaron 400,000 fuertes “fábricas sobre ruedas” (Mann, 2000) un sitio crucial para la justicia organizacional. Una nueva unidad social se convirtió en la base de afinidad del BRU junto con otras luchas cosmopolitas y comenzó a coordinar movimientos tales como aquellos que vencieron la Propuesta 187 sobre el racismo en Californa y la campaña de Justicia para los Porteros. Invocando la realidad en contra de la imagen dominante de globalización, el BRU busca confrontar las autoridades del transporte con un papel importante dentro de la segregación estadounidense: “la geografía del trabajo y del recorrido refleja el espacio del patriarcado, del racismo estructural y de la división del trabajo”. (Burgos y Pulido, 1998:80). Su campaña “sin asiento, no hay cuota”, documentada en el filme de Haskel Wexler “The bus riders union (1999)” , menciona específicamente las peticiones feministas sobre el transporte del distrito electoral – alumbrado público en las paradas de autobuses, guardias desarmados, el fin del atestamiento, acceso a guarderías infantiles – combinado de peticiones “transitorias” con tácticas legales y la organización radical de los pueblos.

En el 2001, el BRU de Vancouver surgió después de la presentación de “Bus Rider´s Union”, la que estuvo acompañada de discusiones por parte de los organizadores de L.A. El filme proyectaba el autobús como un lugar para el proletariado radical cosmopolita y su reportaje radical evocaba a una autorreflexión por culturas izquierdistas, proveyendo de un espacio único para organizaciones fronterizas alrededor de políticas radicales de circulación. Hizo visible la faceta de la ciudad generalmente negada, una voz de planes oficiales y narrativas articuladas de luchas feministas alrededor de la movilidad y ocupación de la ciudad norteamericana más globalizada. Los intercambios y cruces fronterizos integrados a documentados proyectos políticos radicales, fueron manifestados y extendidos con la expansión transnacional del BRU. En pantalla, los pasajeros de Vancouver se vieron a sí mismos como parte de una constitución social extraordinaria que al mismo tiempo los conectaba profundamente a un lugar pero no necesariamente a espacios de lucha social industrial-Guerra Fría como las fábricas o la nación-Estado. Estas representaciones sugerian que el autobús debería de ser un espacio para la elaboración, lo que Paulo Virno (2004) llama “esfera pública no-estatal”.

Vancouver, como la mayoría de las ciudades, experimentó una reestructuración sísmica a través del neoliberalismo de los 90s. La aglomeración de mega-proyectos viales, empezando con el altamente competido Skytrain – construído para hospedar una exposición mundial en 1986 cuyo tema muy global era “transporte”- junto con el recurrente financiamiento del servicio de autobús y la huelga de los transportistas, el proyecto político del BRU se hizo particularmente fuerte. Los activistas locales, muchos conectados con gente de movimientos anti-imperialistas y anti-pobreza, apoyaron la apertura de talleres en conjunto con el sindicato de BRU de Los Ángeles durante los días que se presentó el filme. Los activistas descubrieron una lucha compartida: la preferencia oficial por lo extremadamente costoso, veloces y llamativos trenes transportistas construidos por “sociedades públicas privadas” mientras que los servicios estatales de autobuses, los que mayormente transportan a los usuarios dependientes, cuentan con poco financiamiento y los costos bajaron aún más para el usuario debido a cuotas más altas y a la reducción del servicio. Estas ponencias propiciaron un entendimiento más profundo por parte de los sujetos dependientes del transporte tal como un proletariado post-fordista y el autobús como un espacio cosmopolita. Fuera de este hecho surgió localmente una visibilidad relevante respecto a la política, diálogo y presencia.

La práctica del BRU, la que estoy conceptualizando en este texto como su insurrección comunicacional, entabla acciones callejeras como demostraciones y teatral bloqueo del tráfico, y lo más significativo, lo que ellos llaman “organización de contacto directo”. Hablando de los pasajeros y conductores involucrados en un movimiento multilingüe organizando tácticas para movimientos urbanos. La campaña “nocturna” del BRU de Vancouver, por ejemplo, peleó por el “toque de queda” impuesto a los jornaleros – afanadores, guardias de seguridad, trabajadores de servicio industrial- con la eliminación de los servicios de transporte nocturno. Su dialogo se extendía a una investigación estratégica llamada “Investigación Testimonial” donde los organizadores hacían entrevistas a los pasajeros de autobuses y éstos narraban su experiencia y el análisis del sistema de transporte y sus sugerencias para mejorarlo. Esta estrategia de comunicación, yo creo, es integral al situar el transporte público como un nuevo campo común.

Fuera de ese hecho, el objetivo de investigación feminista surgió del lema-demanda del BRU por “el derecho de viajar” que busca ocupar espacios divisionales para enfrentar y cambiar el orden neoliberal. Las cuatro “demandas transitorias” del BRU de Vancouver articulaban concretamente a la lucha relevante de la vida de mujeres a través del análisis de la explotación de relaciones capitalistas de reproducción y producción. El movimiento sugiere un vertimiento de reforma/revolución binaria trabajando con experiencia concreta: 1. Defender y expandir los servicios públicos (más autobuses, tarifas mas bajas); 2. Fin del racismo en el transporte, 3. Defender la salud pública y la justicia del medio ambiente; 4. Por un sistema de transporte que ponga a las mujeres como centro de la planeación (Roberts, entrevista 1995).

El invierno pasado el BRU de Vancouver tuvo una “huelga de tarifa” oponiéndose al rápido incremento de las cuotas de transporte. Esto llevó a una estrategia de Huelga General a las calles mientras organizadores del BRU abordaban los autobuses e interrumpían “negocios como siempre”, y para demostrar y actuar sobre el poder material del transporte. Más de 5,000 pasajeros participaron negándose a pagar la cuota. Los huelguistas evitaban el skytrain. El skytrain tiene acceso a alta tecnología y es la ruta de transporte más vigilada por la policía . Inextricable de las luchas del BRU contra los mega-proyectos del tránsito tales como Skytrain, está la militarización del tránsito público y el crimen de sus usuarias ha incrementado desde el 11 de septiembre. Previamente al mayor recorte de los servicios públicos, la organizadora del BRU Martha Roberts, atestiguó, las autoridades han despegado una campaña de crimen para disminuir los usuarios y seguidores (Roberts, entrevista, 2005). Esta primavera, por primera vez se les dieron armas a los guardias del skytrain para patrullar la circulación, y las autoridades de tránsito incrementaron dramáticamente la multa por evasión de cuota.

Conclusion

Este escrito considera el transporte público como un lugar de división y lucha anti-capitalista, organizado por feministas. El BRU surgió en conjunto con un cambio general revolucionario a través de acción y el movimiento apoya a una multitud de personas que se resisten a la privatización y militarización de ciudades norteamericanas neoliberales y de alta seguridad después del 11 de septiembre. Aquí, las calles son un espacio político, el autobús es un lugar de lucha común y las mujeres desbordadas son peligrosos sujetos de globalización. La organización del BRU ejemplifica el movimiento como clase, raza, y lucha de géneros no solo en las fronteras sino en la expansión de los límites territoriales. Desde las primeras divisiones de los pueblos, la circulación ha sido una estrategia de resistencia a la violencia capitalista, y como Federeci argumenta, “… las mujeres emigrantes están teniendo éxito no solo exportando su mano de obra sino también sus batallas”. (2000:1032).

 

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