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Tejiendo para Sobrevivir:
Mujeres Productoras de Cienegilla

Lisa Lungren and Audrey Trigg

Al parecer, ésta es una escena llena de contradicciones: Mujeres de ascendencia indígena, sentadas en el piso, tejen canastas de carrizo mientras sorben Coca Cola en botellas de plástico. Incontables niños juegan entre cactus y cabras mientras en el radio se escucha el sonido de una melodía de rock en inglés. Aquí en Cieneguilla, una comunidad rural del municipio de Tierra Blanca en el Estado de Guanajuato, lo tradicional y lo moderno chocan a diario. Este choque amenaza no sólo la cohesión de la comunidad, sino también la supervivencia de las tradiciones espirituales y colectivas que distinguen a este lugar de cualquier otro.

Es aquí en Cieneguilla donde las mujeres trabajadoras se están organizando para reviver el comercio y resistir así la imposición económica y cultural atraída por la globalización. Con un gran porcentaje de hombres adultos de Cieneguilla, que trabajan en los Estados Unidos, las mujeres desarrollan creativamente medios para complementar el ingreso familiar. Por generaciones, las mujeres han cosechado, tallado y tejido carrizo para hacer bellas y funcionales canastas.

Doña Virginia, artesana y organizadora de la cooperativa de tejedoras de canastas, recuerda que apenas hace tres décadas era mucho más fácil vender las canastas hechas en casa. Estos recipientes de carrizo se usaban comúnmente en todas las casas para llevar y almacenar verduras, tortillas y otros enseres domésticos. Con las ganancias de las canastas, las mujeres podían aumentar significativamente el ingreso familiar. Ahora, Doña Virginia y otras tejedoras enfrentan dificultades para vender sus artesanías. A medida que la liberalización  comercial introdujo la importación de baratas cubetas de plástico, el comercio local de canastas comenzó a declinar. Los recipientes de plástico de todos colores y tamaños, hechos en el extranjero están reemplazando ininterrumpidamente a las canastas de carrizo.

  canastas

Ante la ausencia de un mercado local, las artesanas de Cieneguilla han comenzado a buscar activamente oportunidades de venta alternas. Los miembros de la cooperativa, encabezados por Doña Virginia, están trabajando conjuntamente con Mujeres Productoras, una organización que trae a una tienda de San Miguel, artesanías hechas por mujeres de varias comunidades rurales. Ubicada en la Calzada de la Luz 42, la tienda de las Mujeres Productoras, exhibe muñecas hechas a mano, ropa, jabones y canastas. Las ganancias de la tienda van directamente a los artesanos y también a los talleres de capacitación abocados al desarrollo de destrezas.

Yolanda Millán, una de organizadoras iniciales de Mujeres Productoras, coordina los proyectos artesanales en varias comunidades. Gracias al apoyo de Millán, las mujeres de Cieneguilla pudieron acondicionar un segundo espacio de trabajo y recibir el capital y los materiales que necesitaban.

A fin de promover las ventas, las mujeres de la cooperativa también están aprendiendo a teñir y a añadir nuevos diseños que transforman las canastas en objetos decorativos. Su meta es expandir su mercado al turismo extranjero. A través de estos esfuerzos origanizativos, las tejedoras esperan poder mantener pronto a sus familias sin buscar trabajo fuera de casa.

Doña Zenaida, otro miembro de la cooperativa, explica que el tejido de canastas se puede hacer fácilmente mientras se prepara la comida familiar o se cuidan las cabras y ovejas. La artesanía del carrizo es una alternativa a otras formas de labor que exigen más físicamente y /o que requieren que las mujeres abandonen sus responsabilidades familiares. Estas mujeres necesitan estar en su propio hogar para cuidar a sus hijos y trabajar en el cultivo de subsistencia y la preparación de las comidas. Ellas hacen las tortillas y ponen la mesa para que se mantenga la comunión de la comida en familia.

La historia de las mujeres trabajadoras de Cieneguilla es de resistencia hacia las economías globalizadas. Con el incremento del movimiento de bienes a través de las fronteras nacionales, las economías de subsistencia local de las comunidades rurales se ven constantemente amenazadas. Ante las pocas oportunidades de trabajo local remunerado, los hombres y mujeres jóvenes a menudo emigran a los Estados Unidos. Al trabajar para preservar las artesanías tradicionales, las mujeres de las cooperativas artesanales pueden reinvertir directamente en fuentes locales de ingreso dentro de la misma comunidad. Si se mantiene la presencia local de las mujeres, ellas pueden seguir organizando las fiestas tradicionales religiosas, preservando así la riqueza cultural de sus comunidades.

Aunque los modernos medios de comunicación y la cultura popular son influencias implacables, pueden equilibrarse si se enfocan a la preservación de las tradiciones espirituales locales. La subsistencia de las tradiciones indígenas y las artesanías de Cieneguilla, constituye en sí misma una resistencia a la globalización.

 

retrato

 

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