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indice de las ponencias de 2005
Lógicas Nacionales y Transnacionales en las tierras fronterizas de Yakima
Serena Maurer
Universidad de Washinton, EEUU
traducción por Florencio Noceti, Argentina
RESUMEN: En las tierras fronterizas interiores del valle de Yakima del Estado de Washington en los Estados Unidos, lógicas nacionales flexibles que aparecen en debates sobre inmigración como los representados por las cartas de lectores del periódico local reproducen al tiempo que cuestionan las construcciones hegemónicas, liberales y neo-liberales, de la nacionalidad y la diferencia. Estas lógicas simultáneamente permiten y desafían el despliegue capitalista transnacional de flexibilidad en la búsqueda de ganancias que conforma las condiciones materiales en las tierras fronterizas de Yakima. Mientras las mujeres inmigrantes mexicanas que viven en el Valle cuestionan estas lógicas al exponer la materialidad de su migración y al representarse a sí mismas como sujetos transnacionales o incluso sin fronteras, también toman, al tiempo que desafían, las narrativas culturales y materiales, liberales y neo-liberales, que conforman sus vidas transnacionales.
El Transnacionalismo en las Tierras Fronterizas
Desde el comienzo del siglo 20, trabajadores mexicanos han migrado al valle de Yakima en el centro del Estado de Washington de los Estados Unidos, para recolectar los espárragos, cerezas, manzanas, peras, bayas y lúpulos que alimentan la economía agrícola del estado que hoy asciende a 5.230 millones de dólares. Hasta los 60s, los inmigrantes mexicanos en el área (como a través de los Estados Unidos) eran en su mayoría hombres que iban al valle durante las temporadas de cosecha de primavera, verano y otoño y abandonaban el área en los meses de invierno en búsqueda de trabajo en otras partes de los EE.UU. o de regreso en Méjico. En las últimas décadas, el número de mexicanos migrando hacia el área se ha elevado, cantidades crecientes de mujeres se han unido a la población migratoria del valle, y más inmigrantes se han estado asentando por períodos largos o permanentemente en el área. En lugar de desalentar la migración Méjico-EE.UU., como predijeran académicos y políticos neo-liberales, la liberalización de la economía mexicana y la creciente permeabilidad al dinero y los bienes de la frontera EE.UU./Méjico ha alentado a los mexicanos, particularmente a las mujeres, a migrar hacia el norte al reducir la capacidad de los mexicanos para hacerse cargo de sí mismos y de sus familias en Méjico y al fomentar vínculos a través de la frontera que facilitan la migración Méjico-EE.UU. Al mismo tiempo, varias políticas de inmigración de los EE.UU., todas declaradas como medios para proteger al estado-nación de los EE.UU. mediante la restricción de la inmigración mexicana, han incrementado aún más el flujo de mujeres mexicanas inmigrantes con sus hijos hacia los EE.UU. y las han alentado a asentarse por períodos largos o permanentemente. Algunos estudios indican que la mayoría de los mexicanos indocumentados que se encuentran tanto migrando hacia como residiendo actualmente en los EE.UU. son mujeres. En el Estado de Washington, la mayor concentración de las cantidades crecientes de mujeres mexicanas indocumentadas se está asentando en el Condado de Yakima.
Por su creciente asentamiento en el valle de Yakima las mujeres y hombres mexicanos están transnacionalizando el espacio local, creando tierras fronterizas internas con el estado-nación. Esta transnacionalización está conectada al cambio de la composición de género de la comunidad migratoria. Como es más probable que las mujeres inmigrantes trabajen en plantas de embalaje, almacenamiento y procesamiento de frutas y vegetales y no en granjas locales, simbolizan un movimiento migratorio fuera de los campos y hacia los pueblos, desafiando las fronteras culturales y económicas de raza, clase y nacionalidad existentes en el valle e incrementando las interacciones sociales y económicas entre los residentes inmigrantes y no-inmigrantes del valle. Como las tierras fronterizas EE.UU./Méjico del norte de Méjico y el sudoeste de los EE.UU., las tierras fronterizas contemporáneas de Yakima están crecientemente caracterizadas por múltiples ejemplos de coexistencias, interdependencias y cruzamientos culturales y económicos. Los residentes inmigrantes y no-inmigrantes del valle dependen del trabajo y el consumo de unos y otros en los bancos, restaurantes, agencias inmobiliarias, hogares y organizaciones de salud y servicio social locales tanto como en la industria agropecuaria. Y las tradiciones culinarias, feriados, actividades religiosas, lenguaje y producción artística de los inmigrantes mexicanos, están definiendo cada vez más el paisaje cultural del valle a la par de las prácticas culturales de la inmigración europea y asiática y de los nativos americanos que han caracterizado a la región en el pasado.
Lógicas nacionales flexibles
Las lógicas culturales que afloran en los debates locales sobre inmigración en cartas de lectores del periódico local (el Yakima Herald-Republic), re-crean y re-posicionan las fronteras entre nativos y foráneos a través de lógicas nacionalistas, generizadas y sexualizadas, de diferencia racial. En debates sobre una ley del estado de Washington para conceder status de residencia estatal a estudiantes indocumentados para el propósito de tuición intra-estatal en colegios y universidades públicas, los residentes del Valle a ambos lados del debate responden a los cambios en la población del Valle que alteran los límites nacionales, recomponiendo construcciones hegemónicas históricas y contemporáneas, liberales y neo-liberales, de la ‘diferencia’ mexicana y la pertenencia nacional americana. En estas re-composiciones, definen al ciudadano ‘americano’ trabajador, obediente y responsable por sobre y en contra del mexicano haragán, criminal e irresponsable. Los opositores de la ley sitúan a todos los inmigrantes mexicanos como “extranjeros ilegales” criminales por sobre y en contra de los cuales se define el americano, mientras acogen en la comunidad nacional al ‘hispano’ asimilado descendiente de inmigrantes mexicanos. Los ponentes acogen en la comunidad nacional de americanos a los hijos ‘casi americanos’ de los inmigrantes al tiempo que definen a estos niños ‘inocentes’ contra sus padres inmigrantes ‘ilegales’. Entre líneas en estos y otros debates del Valle sobre inmigración hay caracterizaciones veladas de la mujer inmigrante mexicana como la depositaria de la “extranjeridad” contra la que se definen la nación estadounidense y el nacional americano. En estas caracterizaciones, la mujer inmigrante mexicana hiper-reproductiva y criminal ha venido al Norte a robarles a sus legítimos receptores ciudadanos recursos de salud, educación y asistencia social financiados por los contribuyentes.
La flexibilidad que estas lógicas liberales y neo-liberales evidencian al moverse atrás y adelante a través de los dos lados de los debates sobre inmigración del Valle de Yakima emerge de y retro-alimenta discursos y prácticas capitalistas de flexibilidad que conforman la relación de los residentes inmigrantes y no-inmigrantes del Valle con su trabajo y consumo en las tierras fronterizas transnacionales tanto como las historias de trabajo y consumo de los inmigrantes en Méjico. Como ha sostenido Frederic Jameson, la flexibilidad es una característica central de la “lógica posmoderna del capitalismo tardío” (en Aihwa Ong 1999: 18). David Harvey (1989) sostiene que el capitalismo global emplea la flexibilidad como un Nuevo medio de producir ganancia. La flexibilidad define las filosofías y prácticas corporativas contemporáneas, la organización y el manejo de la producción y el trabajo, y las tendencias de consumo. Da forma a la relación de los trabajadores con el capital en Méjico y en los EE.UU. y en su migración Méjico-EE.UU. En Méjico, la “maquilización” de los procesos de trabajo asalariado que resulta en sueldos bajos, inseguridad laboral y horarios de trabajo “flexibles” forma las condiciones contemporáneas bajo las que los hombres y mujeres mexicanos están migrando hacia el norte. En las tierras fronterizas de Yakima como en otros lugares de los EE.UU., el trabajo de granja de los inmigrantes mexicanos es también altamente “flexible,” caracterizado por sueldos bajos, ausencia de beneficios y falta de seguridad laboral y cobertura bajo leyes de protección al trabajador. Mientras las lógicas que informan los debates sobre tuición intra-estatal del Valle de Yákima surgen de un contexto modelado por estas relaciones materiales flexibles y funcionan para reproducir estas relaciones, también desafían aspectos particulares de la construcción cultural y material hegemónica del estado-nación, como, por ejemplo, a través de los intentos de los que proponen la ley de re-posicionar a los estudiantes inmigrantes indocumentados como “residentes” para los propósitos de la tuición intra-estatal y a través de la inclusión de los ‘Hispanos’ dentro de la comunidad nacional por parte de sus oponentes.
Lógicas transnacionales, consentimiento y contestación
En “Mexican Migration and the Social Space of Postmodernism” (“ La Migración Mejicana y el Espacio Social del Postmodernismo”), Roger Rouse (1996) explica que la creación de “zonas de frontera” dentro del estado-nación por parte de la globalización tiene el potencial de desafiar las nociones populares de diferencia entre un “nosotros” nacional y un “ellos” no-nacional. En mis entrevistas con ellas, las mujeres inmigrantes mexicanas en el Valle de Yakima ofrecen historias de migración y subjetividad transnacional que tanto toman como cuestionan construcciones locales hegemónicas, liberales y neo-liberales, de ‘americanos’ y ‘mexicanos’. Las explicaciones de las condiciones económicas transnacionales que dan forma a la migración de mujeres mexicanas hacia el Valle son centrales en estas historias. En estas explicaciones, las mujeres mexicanas del Valle argumentan que, por una parte, sus razones para migrar son multifacéticas y están imbricadas en relaciones culturales/materiales complejas y que, por otra, su migración es impulsada por la necesidad de localizar las oportunidades de trabajo pago que les permita sostenerse a si mismas y a sus familias.
Por ejemplo, Margarita1 explica “yo no tenía ninguna intención de inmigrar. Porque era mi vida...era...toda mi familia vivía en Méjico”. Más bien, argumenta, su migración emergió de una “necesidad” que “viene a raíz de muchas cosas”, una necesidad impulsada por la urgencia de proveer para ella misma y para su hijo pronto a nacer. Al re-escribirse a sí misma como una trabajadora productiva que cruza las fronteras en busca de un empleo que le permita cuidar de su familia, Margarita rechaza las figuraciones de todos los mexicanos como “ilegales haraganes” que se inscriben entre líneas en los debates sobre tuición intra-estatal en el Valle de Yakima. También desafía representaciones hegemónicas en el Valle de las mujeres inmigrantes mexicanas como sanguijuelas que universalmente desean vivir en los EE.UU. como un medio de aprovechar los recursos de salud, educación y asistencia social financiados por los contribuyentes de los EE.UU. Lo hace al invertir las construcciones neo-liberales de la ‘responsabilidad personal’ de los americanos y la ‘irresponsabilidad’ de las mujeres inmigrantes mexicanas apoyando lógicas de inmigración hegemónicas del Valle Yakima a través de su construcción de la migración hacia el norte de las mujeres mexicanas como un ejemplo del ‘hombre’ capitalista neo-liberal ‘americano’, trabajador y determinado. Mientras que esta movida desafía las lógicas neo-liberales de la diferencia racial que impulsa la exclusión de la comunidad nacional de las mujeres inmigrantes mexicanas por parte de los que debaten la tuición intra-estatal, simultáneamente reproduce lógicas neo-liberales de responsabilidad personal para situar a la mujer inmigrante mexicana como responsable.
Otras mujeres mexicanas del Valle se hacen eco de la representación de Margarita de la migración de las mujeres mexicanas hacia los EE.UU. como fundamentalmente formada por su urgencia por encontrar un empleo que les permita cuidar de sus hijos, empleo que no pueden asegurarse en Méjico. Mirabel explica:
Bueno, allá (en Méjico), ¿cómo puedo explicárselo? Hay poco trabajo. ...y pagan poco. Si no hay trabajo... si una no tiene empleo... ¿cómo va una a alimentar a sus hijos? ...Porque allá el gobierno no lo ayuda a una. ¿Qué va una a hacer? Una va a robar, una va a matar para tener el dinero para comprar comida para que sus chicos coman.
El argumento de Mirabel apunta a las maneras en que las mujeres mexicanas están lidiando con los efectos de género del ajuste estructural en Méjico. Méjico comenzó a instituir un conjunto de medidas de ajuste estructural en 1980, medidas que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional alentaron a los funcionarios estatales mexicanos a adoptar como medios para afrontar su substancial deuda externa. Enfocadas en la reducción de barreras para el comercio y la inversión exteriores y el repliegue del estado, las medidas bajaron salarios, limitaron servicios sociales y otros programas financiados por el estado, revisaron las políticas impositivas existentes, redujeron el acceso a los subsidios y el crédito público, devaluaron el peso, y privatizaron las empresas públicas. Como explican Carlos Heredia y Mary Purcell (1995) en “Structural Adjustment in Mexico”(Ajuste Estructural en Méjico) (http://www.irvl.net/Mex1.htm ), la primera década del programa fue caracterizada por despidos masivos y un descenso dramático en los salarios. En medio de la declinación en los salarios y el incremento del desempleo, Méjico ha visto un incremento drástico en la pobreza. Enlazada al ascenso de la pobreza ha estado la creciente inequidad en la distribución del capital, como lo evidencian indicadores que demuestran que un pequeño sector de billonarios mexicanos de elite posee bienes superiores al ingreso combinado del aproximadamente veinte por ciento de los mexicanos que viven en la extrema pobreza. En la producción de esta brecha es central la inhabilidad de las micro, pequeñas y medianas empresas mexicanas para competir con importaciones extranjeras baratas mientras las políticas de ajuste estructural han disminuido su acceso al crédito (reservando los préstamos a los productores orientados a la exportación) e incrementado las tasas de interés para atraer inversores extranjeros y/o reducir su retirada de Méjico.
Como las feministas marxistas han sostenido acerca del ajuste estructural en el Sur Global, el programa de ajuste estructural de Méjico redujo drásticamente la habilidad de las mujeres para cuidar de sí mismas y de sus hijos. Lo hizo reduciendo los fondos públicos para los programas estatales que permiten a las mujeres pobres cumplir con sus responsabilidades de género para el trabajo reproductivo. Como otros programas de ajuste, el de Méjico se enfocó en la reducción del gasto para los programas públicos así llamados “no-productivos” como la salud (Heredia y Purcell 1995). Mientras los fondos estatales para la salud cayeron del 4,7 al 2,7 por ciento del presupuesto durante la primera década del programa y el Banco Mundial urgió al estado mexicano a privatizar servicios de salud particulares, la malnutrición creció drásticamente entre los mexicanos pobres para quienes el cuidado la salud privada era económicamente inaccesible (Heredia y Purcell 1995).
La expresión de ansiedad de Mirabel sobre cómo pueden las mujeres mexicanas alimentar a sus hijos cuando no hay empleos disponibles y el estado no “la ayuda a una” debe ser leída en el contexto del repliegue de los apoyos estatales para el trabajo reproductivo bajo el ajuste estructural. Cuando no hay empleo disponible, la pobreza es rampante, y el estado recorta su apoyo para familias pobres, los códigos de género dictan que son las mujeres las que tienen que dar con una manera de alimentar y cuidar a sus familias. Al demostrar que las mujeres como ella misma eligen migrar en busca de empleo en lugar de “robar” o “matar para tener el dinero para comprar comida para que sus chicos coman,” Mirabel rechaza las figuraciones de los inmigrantes mexicanos del Valle como criminales haraganes al oponer estas figuraciones a las actividades ilegales que representa como la única alternativa de las mujeres para cumplir con sus responsabilidades de trabajo reproductivo. Como Margarita, Mirabel invierte las representaciones hegemónicas del Valle de las mujeres inmigrantes mexicanas como irresponsables al re-escribir la migración de las mujeres mexicanas como adhiriendo a la ética neo-liberal de género de la responsabilidad personal. En ambos casos, las mujeres mexicanas del valle tanto invocan como cuestionan la lógica neo-liberal de la responsabilidad personal al re-situar la migración a los EE.UU. como un ejercicio ejemplar de la responsabilidad personal en tanto que familiar, un ejercicio en el que las mujeres mexicanas renuncian a las personas y a las vidas que quieren en Méjico a cambio de la inseguridad, el peligro, la soledad, la falta de familiaridad y de certeza de la migración y la vida en EE.UU. precisamente para cumplir con su cometido de encontrar el empleo que les permita mantener a sus familias.
‘El Nuevo Mexicano’ y ‘El hombre no tiene fronteras’
Además de insistir en un análisis material de la migración mexicana hacia el Valle de Yakima que a la vez invoca y fuerza un cuestionamiento de las construcciones hegemónicas en el Valle de pertenencia nacional americana y ‘diferencia’ mexicana, las mujeres mexicanas del Valle ofrecen figuraciones de sí mismas que problematizan los límites nacionales y a la vez toman y desafían las representaciones de cuestiones nacionales que se inscriben entre líneas en los debates sobre inmigración del Valle. Por ejemplo, Lola se representa a sí misma como un ejemplo de “el Nuevo Mejicano,” que recoge y elige prácticas que considera deseables del ‘viejo’ mexicano y de los ‘nuevos’ contextos de los EE.UU. que dan forma a su vida. Ella explica: “Ni todo lo Nuevo es bueno, ni todo lo Viejo es, bien, malo. Ni tampoco todo lo viejo es hermoso, ni todo lo nuevo malo, más bien, una trata de encontrar las cosas buenas en lo que tenemos y en lo que podemos adquirir... y esto nos permite ser más sanos.”
Al construirse a sí misma como un “Nuevo Mexicano” que se rehúsa a situar las ‘viejas’ maneras mexicanas y las ‘nuevas’ maneras americanas en una relación dicotómica las unas con las otras, Lola rechaza los binarios mexicano/americano y los llamados a la asimilación que emergen en los debates sobre la ley de tuición intra-estatal del Valle de Yakima. Mientras los que se oponen a la tuición intra-estatal sitúan a los ‘hispanos’ asimilados como ‘americanos reales’ y los que proponen la ley figuran a los estudiantes indocumentados como ‘casi’ o ‘ya’ americanos (asimilados), Lola se representa a sí misma como un yo múltiple, flexible que toma tanto de las prácticas culturales ‘americanas’ como de las ‘mexicanas’ para armar una subjetividad que rechaza la lógica de la asimilación. Su rechazo, sin embargo, también toma lógicas hegemónicas del Valle sobre inmigración en tanto que debe reproducir nociones locales de diferencia mexicana y americana para armar su yo transnacional ‘Nuevo Mexicano’.
Paloma ofrece otra figuración de la multiplicidad y flexibilidad de la mujer inmigrante mexicana:
...nosotros, ya somos mestizos. Ya somos hijos de… este descendiente de españoles y de este descendiente de aquéllos que vienen de otro lugar, pero ya nos hemos convertido en mestizos. Somos todos mestizos, esta es la clasificación que somos. Y somos nómades, ¿cierto? Porque vamos de un lugar a otro. Viajando de un lugar a otro. Y el hombre no tiene fronteras. De esta manera... vienen amnistías y amnistías y no le permiten a uno cruzar (la frontera) y... levantan el muro de Berlín como han hecho. El hombre no va a tener fronteras porque el hombre es libre... los seres humanos son libres y van a ir a donde quieran.
La figuración de Paloma de sí misma y de otros mexicanos inmigrantes como seres humanos sin fronteras y ‘libres’ ofrece un tipo de respuesta a las transnacionalidad del Valle de Yakima diferente de la que se encuentra en las lógicas que alimentan los debates sobre tuición intra-estatal. En lugar de trabajar para re-trazar las fronteras nacionales entre americanos y mexicanos, como aquellos que debaten la tuición intra-estatal, Paloma da cuenta de la transnacionalidad que define su vida invocando una identidad de ‘mestizo’ que, como “El Nuevo Mejicano” de Lola, a la vez recrea y desafía las construcciones hegemónicas racializadas del sujeto nacional sobre las que se apoyan las visiones locales de la ‘comunidad imaginada’ nacional. Al igual que el “Nuevo Mexicano” de Lola, la auto-representación de Paloma como un ‘mestizo’ tanto, por una parte, emerge de las condiciones transnacionales que dan forma a su vida en las tierras fronterizas como, por otra, le ofrece medios para dar cuenta de y para imaginar su propia relación con esa transnacionalidad. Pero Paloma también se mueve más allá de la mezcla de dos identidades nacionales del ‘mestizo’ que problematiza los límites al escribir una noción universalizante de la ‘raza’ humana como un pueblo sin fronteras. Con esta última movida, invoca la noción liberal de libertad en la que descansa la construcción de los americanos de aquellos que debaten la tuición intra-estatal para desestabilizar los límites, sexualizados y generizados, de raza que los oponentes y proponentes de la tuición intra-estatal trazan en torno al cuerpo de los ‘hombres’ que consideran dignos de semejante libertad.
Los dos conjuntos de lógicas que aquí rastreo –el de las que emergen en los debates sobre tuición intra-estatal y el de las que afloran en mis entrevistas con mujeres mexicanas del Valle- ambos toman y desafían construcciones hegemónicas liberales y neo-liberales, generizadas y sexualizadas, de ciudadanía racializada. Los oponentes y proponentes de la tuición intra-estatal reproducen y re-escriben lógicas nacionalistas de pertenencia al re-trazar las líneas de inclusión que regulan las relaciones de los americanos, los ‘hispanos’ y los inmigrantes mexicanos con el estado-nación. Las mujeres mexicanas del Valle cuestionan las taxonomías nacionalistas de sujetos globales que se suscriben estas lógicas de pertenencia argumentando que ellas toman ‘diferentes’ maneras mexicanas y americanas al fabricar su yo transnacional. Mientras el argumento de Paloma de que ‘el hombre no tiene fronteras’ fuerza al máximo las lógicas de inmigración del Valle, también, confía en y reproduce nociones liberales de libertad (nociones que continúan siendo vaciadas de inequidades prácticas de raza, sexo, y género) incluso cuando trabaja para subvertirlas. A través de este proceso de invocación y rechazo, los dos conjuntos de lógicas flexibles de inmigración que emergen en las tierras fronterizas de Yakima demuestran las maneras en que emergen de, posibilitan y ponen en cuestión la búsqueda de ganancia del
capitalismo transnacional en Méjico, los EE.UU. y el espacio transnacional entre ambos.
1 En el interés de la confidencialidad y particularmente porque trabajo dentro y en contra de discursos y prácticas del estado-nación que marcan a muchas de las mujeres que entrevisté para este proyecto como “extranjeros ilegales”, que son, por tanto, deportables, todos los nombres que uso para las mujeres que entrevisto aquí son seudónimos.
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