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indice de las ponencias de 2006
Filosofía terapéutica: Una alternativa de apoyo existencial a mujeres en prisión
Yolanda Angulo
Centro de Estudios Genealógicos, para la investigación de la cultura en México y América Latina, A. C.
Introducción
Cuando se aborda el tema de la necesidad de un mundo mejor, de manera casi natural, uno no puede menos que pensar en los proyectos que pueden hacerlo posible. De inmediato, ante nuestra absorta mirada surge un mar de posibilidades, entre las cuales hay que seleccionar una o unas cuantas, que sean viables, pues estamos ya cansados de utopías.
En este artículo expondré algunos lineamientos básicos de la terapia filosófica que servirán de guía para desarrollar un plan piloto que será aplicado a las internas del CERESO de Cd. Juárez, Chih. El propósito de este plan será atender ciertas necesidades interiores de las mujeres y estudiar las relaciones de poder que propiciaron la comisión de los delitos que las llevaron a la cárcel. En otras palabras, se tratará de indagar hasta qué punto la terapia filosófica puede constituir una herramienta útil en el plano individual, para ayudar a superar conflictos emocionales, encontrar el sentido de la vida de las mujeres presas y articular esos conflictos con las nuevas formas de “subjetividad criminal” emergente a partir del desarrollo del narcomenudeo, delito por el cual entran a prisión la mayoría de las reclusas.
I. Lineamientos generales de la terapia filosófica
Qué es . El esquema general de la terapia filosófica es el siguiente: un filósofo especializado ayuda a una persona o grupo que tiene problemas de carácter existencial. Tanto el filósofo como la persona que recibirá la ayuda deben reunir ciertos requisitos. El terapeuta debe estar capacitado en la aplicación de ciertas técnicas encaminadas a la solución de problemas. El cliente o la persona que solicita ayuda debe ser capaz de resolver sus problemas por sí solo o con la ayuda de otros. La asesoría del filósofo se requiere cuando los problemas llegan a un grado de complejidad mayor, como por ejemplo casos de conflictos fuertes de valores, contradicciones existenciales o falta de sentido de la vida. Sin embargo, dichos problemas no deben ser graves al grado de caer en la categoría de patológicos.
Cómo funciona . De acuerdo con el investigador canadiense Peter Bruno Raabe, los lineamientos que requiere el filósofo para aplicar este tipo de terapia, son tres:
- Debe construir una teoría normativa
- Debe ser capaz de reportar prácticas reales
- Debe ser capaz de delimitar la especificidad de su práctica y diferenciarla de otras.
En suma, la filosofía terapéutica incluye una teoría, una práctica y un método. Para poder aplicar esta terapia a un grupo humano en especial, como lo son las mujeres internas en prisión, habrá que hacer ciertos ajustes, debido al enfoque que he venido utilizando en otros trabajos, encaminado a la comprensión de las distintas formas de subjetividad femenina en la actualidad. Por consiguiente, y dado que hablamos concretamente del enfoque genealógico, la tríada formada por los tres elementos que incluye esta terapia, quedaría transformada de la siguiente manera:
1. La teoría podría equivaler a una arqueología
2. La práctica, además de la que se refiere a la propia asesoría, se puede inscribir en la relaciones de poder
3. El método, puede coincidir con una hermenéutica
1. Teoría
Un problema frecuente que se aborda en la discusión teórica de la terapia filosófica, tiene que ver con la función o el quehacer propio de la filosofía. Algunos ven esta vertiente como una forma de desprestigiar a la filosofía, o de “vulgarizarla”. Sin embargo, este enfoque está muy relacionado con el encasillamiento que a partir de la modernidad sufrió la filosofía, con el triunfo del racionalismo. En esta vertiente, la filosofía, como bien ha insistido Richard Rorty, se alejó de los problemas de la vida, se profesionalizó y se volvió un discurso sumamente especializado, comprensible sólo para unos cuantos iniciados. Pero, esto no siempre fue así. La filosofía desde sus inicios ha estado estrechamente vinculada con cuestiones existenciales. Ejemplos de ese tipo de práctica filosófica abundan, como veremos más abajo.
2. Práctica
En las últimas décadas, emergió la corriente denominada philosophical counseling, cuya traducción al español es “asesoría filosófica”, terapia filosófica o bien apoyo filosófico. El propósito de la terapia filosófica es reforzar la autonomía del sujeto mejorando sus capacidades de raciocinio. Esto contradice la idea de el proceso terapéutico constituya en sí mismo una tarea de enseñanza/aprendizaje, como algunos sostienen, pues dicha tarea debe ser –si se admite— una tarea adicional. La terapia filosófica introduce al sujeto en la investigación filosófica y le da pautas para llevar a cabo una introspección gracias a la cual sea capaz de resolver ciertos conflictos. Por razones como ésta, he preferido llamarle –contra la mayoría de las traducciones y de las tradiciones— “filosofía terapéutica”, para poner el acento en el hecho que se trata en primer lugar, de una filosofía cuyos fines son ayudar a las personas, en lugar de una terapia con tintes filosóficos. (De cualquier forma, por razones obvias, utilizaré ambas formas indistintamente)
En franca conexión con lo anterior, de esta práctica surge la pregunta si la asesoría filosófica es realmente una terapia. La respuesta es afirmativa siempre y cuando se tome el vocablo en un sentido distinto al de tratar a personas “anormales”, esto es, casos patológicos, para volverlas “normales”. Por un lado, desde el enfoque genealógico que se pretende introducir, las categorías de normal y anormal pasan por una profunda crítica y, por ende, transformación. Por otro lado, las relaciones en juego son razón-acción y no causa-efecto. También es terapia porque las personas que se han sometido a este procedimiento reportan mejoría en su estado de ánimo, emocional o en su funcionamiento en el mundo, lo cual está por probarse en el caso del plan piloto que aquí se expone.
Por último, si bien la palabra terapia (therapeia), que se deriva del griego therapeuein, significa “curar” o “sanar”, este sanar en la antigüedad incluía la psiche, el espíritu o alma. Raabe informa que significa “servicio”, por lo cual la relación médico/paciente se entendía en la antigüedad como dinámica, no como la mera aplicación de técnicas curativas por parte del médico (205). Esto nos lleva al intento de revitalizar la idea de relación en donde ambos actores ejercen un poder sobre el otro, pero siempre con propósitos bien definidos. En ese mismo sentido Marcuse afirma que: “El filósofo no es un médico; su trabajo no es curar a las personas sino comprender el mundo en el que viven […] Esta aclaración puede muy bien implicar una labor terapéutica. Y si la filosofía se tornara terapéutica, volvería realmente a lo suyo.” (H. Marcuse, El hombre unidimensional)
De la cita anterior se deduce no sólo la naturaleza descriptiva de la terapia filosófica sino una especie de normatividad, que se plantea a partir de una concepción de la filosofía que no se conforma con explicar o interpretar al mundo, sino ejercer un influjo real, tanto en la sociedad como en el individuo.
El proceso “curativo” consiste entonces en abrir temas y discusiones sobre el mundo, la sociedad y su funcionamiento, las relaciones que se establecen entre los individuos, el ser, la verdad, la vida, etc. En ese marco ambas partes se irán aproximando a problemas de infelicidad, conflictos morales y existenciales, pérdida de sentido de la vida y casos similares.
3. Método
Raabe centra la discusión en la pertinencia de la fenomenología o la hermenéutica como metodología, y si debe incluir un proceso de enseñanza/aprendizaje. No todos los asesores están de acuerdo en torno a la idea de que la Filosofía terapéutica tenga un método, por lo que se hace necesario aclarar qué se entiende por método. Si se trata de un fundamento sobre el cual erigir toda la terapia, me inclinaría a favor de sostener que no hay método, o que no debería haberlo, pues de lo contrario estaríamos regresando a la camisa de fuerza impuesta en la modernidad por la racionalidad. Si, por el contrario, se refiere a un procedimiento para construir una visión del mundo como base para la discusión, entonces sí hay –y debe haber— método. Sin embargo, aún en este caso, me gustaría sustituir la noción de método por la de enfoque, con lo cual se establece un deslinde y, por consiguiente una distancia con la idea de método impuesta por la filosofía y la ciencia modernas.
II. Elementos indispensables de la Terapia filosófica
Son ocho elementos los que propone Raabe como indispensables para la terapia filosófica:
1. La investigación filosófica. Por principio es necesario tener en claro una interpretación general del mundo. Pero este es realmente el final de la investigación, que debe estar presente desde el principio.
2. Capacidad mínima del cliente . La persona que se someta a la Terapia filosófica debe poseer capacidad de pensamiento autónomo y crítico, para dar cuenta de sus principios, comprender su comportamiento, sus decisiones y experiencias, y finalmente estar en condiciones de cambiar los marcos teóricos mediante la crítica y la creatividad. Raabe es muy claro al respecto:
“Si la terapia filosófica se trata de un filósofo asesorando a su cliente en un examen filosófico de su propia vida y pensamientos, y si el cliente lo hace en forma competente, entonces dicho cliente debe estar dispuesto a desarrollar las habilidades de raciocinio filosófico necesarias.” (207)
3. Relación de cooperación . Se requiere una visión de la existencia y la naturaleza humana. Dado el carácter social del ser humano, toda exteriorización, autoconocimiento e identidad, se da en el marco de la intersubjetividad, esto es, en la multiplicidad de relaciones que establecemos con los demás. La metáfora que se ha usado para describir la relación que se establece en un proceso de Terapia filosófica es la del baile, pues aunque una persona conduce, son dos las que logran la armonía.
4. Adaptación de la filosofía académica a la terapéutica . Este es un punto delicado, pues en la actualidad existe mucha resistencia y prejuicios para aceptar formas de filosofía aplicada. Por lo tanto, es necesario evitar el prejuicio de que si no se usa un lenguaje intrincado, oscuro y prácticamente incomprensible al lego, no se está haciendo filosofía. Pero realmente, supone un problema y una tarea adicional el que el filósofo de profesión aprenda a escribir filosofía de manera comprensible a la persona ordinaria. En otras palabras, ¿debe la filosofía popularizarse para llegar a públicos más amplios? ¿O debe permanecer en el restringido ámbito de la academia?
Muchos ejemplos en la historia de la filosofía muestran la existencia de una actitud que apoyaría el lenguaje sencillo, especialmente en épocas pasadas. Casos ilustres son Sócrates, Séneca, Aristóteles, Hume, Locke, etc.
Tal vez la crítica más importante a la hiper-especialización de la filosofía es que el uso de tecnicismos incomprensibles al grueso de la gente, la aleja de los problemas prácticos de la sociedad, confinándose a sí misma a tratar problemas técnicos de su propio discurso 211. Como mencionamos arriba, Rorty ha señalado este fenómeno, sugiriendo romper las ataduras que constriñen el discurso filosófico a pequeños círculos ilustrados que dejan de lado problemáticas sociales por considerarlas vulgares, con lo cual se aleja a la filosofía de la vida.
De la controversia anterior se desprende la pregunta por la naturaleza y función de la filosofía. ¿Es, o mejor dicho, debe ser una a actividad para filósofos o para el público en general? La respuesta dependerá de la función que cada cual indique. En la historia de la filosofía hay ejemplos de aquellos cuyo lenguaje resulta incomprensible y de otros claramente preocupados con la problemática social, que escriben en lenguaje común y son ampliamente leídos.
En el caso concreto de la Filosofía terapéutica, el filósofo debe ser capaz de articular problemas filosóficos complejos en un lenguaje comprensible al cliente, sin que ello suponga simplificar la filosofía al grado de volverla banal.
5. Proceso de enseñanza . Durante el proceso terapéutico, el filósofo se convierte en una especie de maestro, ya que va introduciendo el discurso filosófico indispensable para ayudar al cliente en cada caso específico. El cliente, por su parte, aprende a argumentar, a reconocer sus problemas, a tener mayor claridad sobre los mismos, con lo que se espera el desarrollo de la capacidad creativa, crítica y autocrítica.
6.Calendarización. La agenda debe ser amplia, flexible y los discursos y sistemas filosóficos que se usen deben ser amplios y variados.
7. Cambio y “progreso”. Aquí tenemos otro de los puntos más controversiales. ¿Debe la Terapia filosófica buscar el cambio? ¿Con qué criterios hablaremos de progreso? Es imposible que durante el proceso dialógico, no ocurran cambios, tanto en el cliente como en la persona que aplica la terapia. La meta es por lo tanto, el cambio, esto es la mejoría del cliente y los beneficios que eso le pueda acarrear. Por consiguiente, la noción de progreso estará dada por el mismo cliente quien reportará sentirse mejor, ser más feliz, haber logrado una mejor comprensión de sus problemas, haber resuelto conflictos familiares, etc.
8. Método. Por último, es necesario tomar conciencia de que no existe un solo método para la Terapia filosófica, así que dependerá del filósofo la aplicación de varios enfoques, pues la experiencia demuestra que apegarse a uno es prácticamente imposible, dada la diversidad de los problemas y de las personas que acuden solicitando ayuda.
De estos elementos, algunos son pertinentes al plan piloto que se pretende aplicar en el CERESO de Cd. Juárez, prácticamente sin necesidad de hacer grandes modificaciones. Otros, o bien resultan superfluos y, por ende, prescindibles, o requieren adaptaciones sustanciales.
III. El modelo de las cuatro etapas de Raabe
Raabe ha desarrollado, a lo largo de su práctica, un modelo en cuatro etapas:
1ª. Consiste en una especie de lluvia de ideas libre en donde el filósofo escucha las preocupaciones del cliente y éste se familiariza con el significado de Terapia filosófica.
2ª. El filósofo intenta dar solución a problemas inmediatos, a la manera de un experto en argumentación filosófica, que intenta transmitir al cliente.
3ª. El asesor se convierte en forma más explícita en maestro, ayudando al cliente a desarrollar su capacidad de razonamiento y los elementos filosóficos necesarios para que logre mayor independencia y sea capaz de llevar una auto-indagación.
4ª. El cliente está en condiciones de transitar de una interpretación cotidiana de sus problemas a una filosófica, cuestionar los valores y supuestos que han formado parte de su paradigma, para actuar con mayor conciencia ante la vida. Ahora podrá tomar sus decisiones sobre la base de la reflexión y la información, para finalmente hacer de la filosofía una forma de vida.
IV. Adaptación de la terapia filosófica a problemas específicos en un contexto distinto
En la actualidad existen varias nociones sobre la función de la filosofía. Una que claramente se relaciona con la modernidad, conforme a la cual, el quehacer filosófico está destinado a clarificar problemas lingüísticos o terminológicos del vocabulario filosófico. Otra, que con una misión más politizada colabora en el campo social con miras al cambio. Ejemplos de la última son la filosofía crítica y la filosofía terapéutica que hemos venido discutiendo.
Ahora bien, la terapia filosófica anglosajona se centra en la ayuda individual, a la manera de los psicoanalistas, psicólogos o psicoterapeutas. Sin embargo, me parece que en los países latinoamericanos o en vías de desarrollo, parecería un tanto superficial permanecer en ese nivel, pues lo apremiante de las situaciones obliga a buscar nuevos rumbos, por lo que otro tipo de filosofía tiene un enfoque más social pues busca el cambio económico, político y cultural.
Ahora bien, de la experiencia obtenida mediante la investigación de la mujer y el encierro, surgió la necesidad de reunir el enfoque social y el individual. El propósito consiste en aprovechar los resultados del trabajo teórico y de la investigación de campo para poder ayudar a las mujeres que fueron objeto de la investigación del encierro penitenciario, y al mismo tiempo lograr una incidencia de cambio social.
Las mujeres presas en el CERESO presentan características que las hacen candidatas viables a una terapia de grupo, que más bien podría denominarse “terapia filosófica comunitaria”, debido a la serie de factores que tienen en común, con lo cual se supera la desventaja de terapias grupales en donde se trata de individuos aislados con unos cuantos rasgos comunes.
En la literatura de la terapia filosófica la corporalidad no parece ocupar un papel central. No obstante, debido a las características especiales que presenta el grupo al cual se aplicará el plan piloto, cualquier tipo de terapia quedaría incompleta si se abocara a un tipo de reflexión filosófica que dejara de lado la materialidad, esto es, nociones como prácticas sociales, cuerpo y subjetividad.
Otra nota específica que aportaría un enfoque arqueológico-genealógico a la filosofía terapéutica, es la reconstrucción de las condiciones que motivaron la emergencia de cierto tipo de subjetividades, anteriormente inexistentes. En este caso, la “subjetividad criminal” femenina a la que nos estamos refiriendo, surge específicamente en el contexto del auge de maquiladoras y del narcotráfico en todo el País, pero especialmente en la frontera norte. Esto implica, al mismo tiempo, la detección de las redes de poder que se extienden en las sociedades contemporáneas y sus consiguientes juegos de saber y verdad que circulan en los distintos estratos sociales. Lo anterior culmina en nuevas formas de objetivación (qué se dice en los discursos) de mujeres cuyo modo de vida y subsistencia cae fuera de los marcos legales y de las prácticas socialmente aceptadas, y nuevas formas de subjetividad (qué clase de sujetos nuevos han emergido a partir de los discursos y las prácticas).
Para concluir, tomando en cuenta la propuesta de Raabe, la investigación filosófica y los requisitos de competencia mínima no presentan problemas. En cuanto a la relación cliente/asesor, lo primero que deberá abandonarse es la palabra “cliente” puesto que no se trata de un consultorio y su clientela en una relación laboral, sino de un servicio social al que las personas deberán acudir voluntariamente. En consecuencia, la adaptación del lenguaje filosófico deberá ser más radical debido al perfil del grupo y sus características socio culturales.
Lo anterior agudiza la necesidad de atender de manera especial el proceso de enseñanza-aprendizaje, en un marco de interacción y respeto mutuo. Por último, el cambio que se espera va mucho más allá de la problemática existencial que por lo general se atiende en los países donde la terapia filosófica es más popular, ya que, en nuestro caso, se inscriben en una problemática social muy intensa. En este contexto, se espera que el cambio experimentado a nivel individual a través de la terapia comunitaria, incida en un cambio de prácticas sociales y discursivas, tan indispensables para un mundo mejor.
V. Bibliografía
Foucault, Michel, Vigilar y castigar, Siglo XX!, México.
Foucault, Michel, Hermenéutica del sujeto, La Piqueta, Madrid.
Foucault, Michel, Arqueología del saber, Siglo XXI, México.
Foucault, Michel, Los anormales, FCE, México.
Marinoff, Lou, A Therapy for the Sane, how philosophy can change your Life, Bloomsbury, New York, London, 2003.
Rabe, Peter, Philosophy of Philosophical Counsenling, Tesis Doctoral, University of British Columbia, 1999.
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