| indice de las ponencias de 2006
programa
Autonomía, soberanía e integración popular y socialista de las naciones y pueblos:
Alternativa al neoliberalismo imperialista
Orlando Cruz Capote,
Subdirector, Instituto de Filosofía CITMA
La presente ponencia tratará de incluirse en la extensa bibliografía contemporánea que aborda el problema del Estado Nación, la Identidad Nacional y las autonomías locales – también estatuales y federales -, así como su vínculo indisoluble con la soberanía y urgente integración de las múltiples diversidades nacionales, autonómicas, étnicas, de género, sexo, raciales, comunitarias, etc., que transgreden, de forma natural o violenta, los diversos cuerpos societarios.
Este trabajo polemiza acerca de la existencia, legitimidad y la perdurabilidad de estos conceptos y realidades, conociendo que los debates han ido declinando hacia la esfera cultural, que debe estar presente pero no de forma exclusiva ni excluyente. Se trata de reorientar la discusión hacia la permanencia y necesidad de tales esencias y fenómenos como un procesos de construcción social que, a pesar de los diversos avatares, léase avances, estancamientos y retrocesos, mantienen plena vigencia interactuando con los procesos globalizadores y a contracorriente de la crítica despiadada de los grupos y sectores intelectuales – “ thinks tanks” o tanques pensantes - más conservadores del capitalismo transnacional neoliberal.
La realidad globalizadora actual y el discurso teórico y político adverso a la Identidad , la autonomía y la soberanía.
En el mundo contemporáneo cuando se amplían y se profundizan los complejos y dinámicos procesos de las variadas globalizaciones – no todas actuando homogéneamente, sino más que todo, realizándose de formas asimétricas, con ritmos disímiles en zonas y tiempo, los Estados naciones, la Identidad Nacional y las autonomías de numerosos países y pueblos está padeciendo una degradación y atomización acelerada como consecuencia, fundamentalmente, de la realidad y del discurso teórico e ideopolítico que emana de los efectos adversos de la hegemónica globalización capitalista neoliberal.
Los conceptos que reflejan, aunque no en todas sus aristas, los fenómenos reales de la multiculturalidad, la transfronterización, la heterogeneidad y las complejas diversidades e identidades existentes hoy, provenientes algunas del pasado histórico pero que se encuentran en un franco tránsito hacia una pretendida dominación unilateral homogeneizante, han invadido la cotidianidad de la vida social y ciudadana en un numeroso grupo de naciones del planeta, aunque los impactos más negativos se aprecian con mayor nitidez en el Tercer Mundo y en las zonas periféricas de los países industrializados.
Tales procesos, frutos en buena medida, de los incontrolados movimientos migratorios masivos (de las zonas rurales hacia las ciudades, de los países más pobres hacia los más opulentos), las guerras civiles y las intervenciones militares extranjeras, el intenso comercio internacional (desmedido, desigual y asimétrico para la periferia y los bolsones tercermundistas), la rapidez, cantidad y capacidad de los medios de transporte, la avalancha informática, el creciente flujo turístico y la incesante invasión transnacional mediática, entre otros factores, que caracterizan al Fast World actual están incidiendo en una visión subestimante y, a la vez, deprimente sobre los nacionalismos (incluyendo el populismo), los sentimientos y convicciones patrióticas, las tradiciones histórico-culturales originarias y más genuinas - las populares están tratando se que sean reducidas a un simple folclor -, las creencias, ritos y los mitos nacionales.
El denominado “nomadismo identitario” se está produciendo con un carácter y una forma contraproducente, porque aunque muestra una movilidad, diversidad y entrecruzamiento interesante, proclive a un intercambio provechoso, es también demostrativo de fuertes luchas por los espacios logrados o por conquistar, así como por los sentimientos de racismo, discriminación, xenofobia y exclusión presentes, en mayor o menor medida, en todas las sociedades.
El discurso de la posthistoria – impuesto por los neoconservadores, los postmodernistas de derecha, los del pensamiento blando y reformistas de variado espectro – ha determinado las barreras absolutas entre lo público y lo privado, difuminando lo primero, puesto que sugiere que incuestionablemente el Estado nación, las autonomías y los gobiernos locales – de variado tipo - ha agotado todas sus potencialidades como principales agentes organizados del desarrollo económico social y que el mercado es uno de los referentes históricos – el otro sería la democracia occidental burguesa – de la legitimación de la dominación transnacional neoliberal.
“El resultado de [tal] estrategia política [neoliberal] para la instrumentación del Estado y de sus aparatos, conduce a sospechar que la humanidad en su conjunto – en cuanto que toda ella [supuestamente] se encuentra inmersa y afectada en diverso modo y grado por un irrefrenable proceso de globalización mundial -, es prisionera de un dilema mayúsculo, pues debe decidir entre ampliar los horizontes de acción, participación, deliberación y decisión democrática, o someterse de una vez por todas al círculo hipnotizador que produce el mercado a partir de la seducción creada por el mundo maravilloso de las mercancías.”
El colapso de los proyectos del autodenominado “socialismo real”, la pérdida de legitimidad del Estado nación – fuerte, providencial y benefactor -, la desintegración de Estados multinacionales, en pequeños y débiles estados nacionales – o mucho menos que eso, promovidos increíblemente por los diseñadores de la Aldea Global -, así como el decaimiento relativo de los movimientos nacionalistas revolucionarios (no estamos mencionando los fundamentalistas o radicalistas) con la consabida aparición, resurgimiento y fortalecimiento – paradójicamente multiplicados – de las identidades heterogéneas, representadas por los nuevos movimientos sociales y políticos que abarcan disímiles grupos y sectores de la sociedades – el Forum Social Mundial es un ejemplo de esa diversidad -, han derivado a un corrimiento hacia las identidades culturales, tanto regionales como locales, estas últimas de forma predominante, aunque con una lenta reanimación de los intentos integracionistas regionales.
En especial, a los gobiernos del denominado Tercer Mundo – o aquellos países que se pretenden arrastrar a ese status de subdesarrollo y dependencia como sucede con las naciones del este europeo (los ex - socialistas) y la zonas periféricas del Norte Industrializado – se les orienta a que se reduzcan a cumplir funciones policiales para controlar a las masas populares y también a los desempleados y discriminados, marginales y excluidos; suprimir sus prerrogativas para decidir la planificación, regulación y control de las economías; invalidar y/o violar las leyes estatales, federales y autonómicas - las provinciales, municipales, distritales y locales también - ; eliminar sus derechos para determinar los emplazamientos (cuales y donde) de nuevas industrias y servicios (incluidos los bancarios, culturales e informáticos).
Asimismo, se les indica la ubicación, con la cantidad incluida, de las inversiones de capital transnacional, casi siempre hacia la propiedad privada, de las nuevas tecnologías, sobre el mercado destinatario, su comercio, que están privilegiando al sector privado de la oligarquía local; así como eludir las normas ecológicas o de protección medio ambiental, entre otras restricciones.
Hay que recordar que en el Consenso de Washington, logrado en un seminario celebrado en la capital de los EE.UU. en la década del 90, con la participación del Instituto para la Economía Internacional , el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), representantes de la Asociación del Tratado Internacional de Aranceles y Servicios (GATT), luego transformada en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y economistas latinoamericanos se habló que en el “(…) redimensionamiento del Estado se identifican: la disciplina fiscal, la priorización de los gastos públicos, la reforma tributaria, la liberalización financiera, el régimen de cambio, la liberalización comercial, la inversión extranjera directa, la privatización, la desregulación y la propiedad intelectual, lo cual lo lleva concluir que concurra a una “drástica reducción del Estado y a la corrupción del concepto de Nación, así como la máxima apertura para la importación de bienes y servicios y a la entrada de capitales de riego” lo cual implica una “soberanía absoluta del mercado.”
Todo ello conlleva a un proceso de desnacionalización y desindustrialización de las tradicionales naciones y zonas industriales. De esta forma se produce un traslado o exportación de las empresas productivas y de servicios a los países, regiones y localidades donde la mano de obra es más barata y porque, además, es donde se pueden imponer altas cotas de represión – abiertas, crueles y desembozadas – contra las débiles sociedades políticas y civiles que están muy desprotegidas y desorganizadas.
Sin embargo, los movimientos sociales y políticos de nueva factura han subestimado y otras veces obviado que, fundamentalmente, solo sobre la base de una integración de lo diverso, de lo autonómico o local con lo nacional y estos a su vez con lo internacional, es y será posible una resistencia única y poderosa – articulando la heterogeneidad de estas organizaciones y/o movimientos - ante la hegemónica globalización capitalista neoliberal.
La solución en esta fase de “culturalización de conflictos”, sería la subordinación relativa y la necesaria complementación / integración de las autonomías, las soberanías y todo ello sin perder las diversas identidades nacionales y tantas otras autóctonas que nos recorren.
Ello sin obviar que la crítica principal a este modelo neoliberal hegemónico de globalización parte, evidentemente, de esa capacidad para organizar a diversas fuerzas políticas y sociales de carácter local, regional, nacional y mundial, que han demostrado una formidable y creciente resistencia tanto teórica como política, al señalar que la globalización no tiene que ser un proceso que transcurra desde una rayana hegemonía a un inevitable sistema de dominación múltiple del capital como ha venido ocurriendo.
Los intelectuales, los líderes de izquierda – de amplio espectro ideopolítico –, los demócratas y progresistas, así como las organizaciones de base, aquellos que construyen el poder desde abajo, han puesto en entredicho ciertos esquemas dominantes en la reflexión político-social e histórica, pronunciándose por una globalización solidaria, humana, pacifica e integracionista en el que el tema de la democracia popular – teoría y práctica - sea un principio de legitimidad para que un mundo mejor sea necesario, posible e imprescindible.
Los que vivimos en este planeta y tiempo histórico sabemos que la época de la globalización transnacional capitalista neoliberal es también un período de intensa mundialización natural de la humanidad y de procesos simultáneos de globalizaciones altercapitalistas, otros antiglobalizadores absolutos, así como de verdaderos “agujeros negros” societal-civilizatorios a los cuales no han penetrado, o lo han realizado en muy poca cuantía, estos fenómenos transnacionalizadores. En estos los efectos son pobres aún o se les ha contrapuesto una enorme resistencia tradicionalista (religiosa, étnica, tribal, y local y nacionalista) consciente e inconsciente.
Pero, la denominada “norteamericanización”, la “europeización” o la transnacionalización en términos de “glocalización” y la “indigenización” no solo pretenden allanar las diversidades y heterogeneidades, sino “parasitar” más que todo estas diferencias regionales, nacionales - locales y culturales con vistas a obtener esperanzas de productividad, efectividad y ganancias, mayor plusvalía según Carlos Marx. El autor Leslie Clark plantea que “(…) En cierta medida, la globalización económica ha cambiado (…) al facilitar la incorporación de socios locales a las redes transfronterizas de las corporaciones globalizantes y al permitir que estas aprovechen las ventajas de los socios y recursos locales, ventajas que pueden compartir con las elites locales.”
En muchos casos, además de la realidad actuante, se hacen verdaderos discursos teórico-políticos y “científicos” que pretenden tener como punto de partida una totalidad, subestimándose u omitiéndose las partes o componentes del sistema de dominación múltiple del capital, disminuyendo arbitrariamente sus desigualdades, asimetrías, inequidades y, más que todo, las tendencias alternativas – críticas, gubernamentales y no gubernamentales (ONGs) de la sociedad política y la sociedad civil.
También se resta importancia a la acción de los Estados naciones populares, las autonomías, los esfuerzos de cooperativas locales autogestionarias – de mayor o menor dimensión - de las potencias emergentes, de los procesos integracionistas y de los diversos actores tradicionales y modernos, locales y regionales, nacionales y mundiales que desean un Nuevo Orden Internacional, así como del funcionamiento del multilateralismo y de la necesidad de un reajuste más democrático y justo de los diversos escenarios mundiales y regionales.
En ese contexto se resaltan los problemas esenciales de la independencia, soberanía, la autonomía y la urgencia de que se respeten los derechos ajenos a construir las sociedades colectivas que entiendan – en un marco jurídico que no afecten a terceros - , sobre la sabe de la mayor democracia directa posible y necesaria. Una democracia real y justa, de equidad, de libertad y justicia social en donde los individuos y los colectivos construyan sus ordenamientos y normativas jurídicas y éticas.
La movilización de la sociedad civil, en sus múltiples variantes y diversidad, como importante fuerza dinamizadora tiene que desempeñar un mayor rol en el proceso integracionista desde un comprometimiento que tenga sus raíces en lo local, lo nacional, tránsito de lo universal. Ello es tan necesario porque la mayoría de los discursos desde el poder han quedado en una promesa postergada, han sido cuestionados y han caído en una incredibilidad frustrante. Solo con el apoyo decidido de los movimientos sociales y políticos contestatarios al sistema de dominación múltiple del capitalismo se podrá catalizar y rescatar desde las masas populares la cultura política alternativa de un nuevo y positivo redimensionamiento del Estado nación, la identidad nacional, las autonomías, las soberanías y la urgencia de la integración de lo diverso.
La riqueza y complejidad de la realidad nos muestra paradojas que pueden ser aprovechadas – fortalezas que pueden ser desafiadas o debilitadas desde dentro – para brindar una respuesta y un accionar, no solo diagnosticador y propositivo, sino de tomar la iniciativa histórica.
La defensa de lo “local” o lo “nacional”, hasta lo regional, también transita por el riesgo que esta sea usufructuada y reutilizada por los políticos nacionalistas y/o populistas (aunque también por los nacionalistas de la peor especie, por ejemplo los fascistoide) y, especialmente, por la denominada burguesía nacional y/o la interior, que tienen el objetivo de contrarrestar y minar el activismo de la clase obrera – en su nueva configuración y dimensión -, y de los movimientos sociales y políticos antiglobalización.
Cualquier iniciativa “nacional” o local, de los “movimientos nacionalistas” y otros, que se desvinculen del poder estructural y de los intereses del capital transnacional, fundamentalmente del imperialismo norteamericano, deviene en una falsa dicotomía de lo extranjero y lo nacional, de lo nacional y lo local, y puede llevar a la conclusión de que el capital nacional virtualmente es sinónimo de nación.
Así los intentos de los movimientos sociales, los partidos u organizaciones de izquierda y de la intelectualidad progresista de accionar la lucha antiglobalizadora transnacional negando el rol de la lucha de clases o el enfoque clasista de sus plataformas políticas, invalida o tuerce equivocadamente el camino hacia una resistencia y desarrollo activo-efectivo de la alteridad al hegemonismo capitalista neoliberal y que es, asimismo, un signo de debilidad de la actual ideología de la izquierda alternativa mundial. Es lo que denomina el estudioso Gerard Greenfield, como el empleo de “(…) la retórica del antiimperialismo sin desafiar al capitalismo.”
En algunos países y regiones el redimensionamiento del Estado nación toma el rumbo de una transformación gerencial del orden público nacional – caso de Thailandia en Asía. Esta construcción de un nuevo nacionalismo basado y disfrazado en un modelo gerencial de gobernabilidad va más allá de un sistema-método autoritario que defiende únicamente los grandes negocios de la oligarquía burguesa en un país. Se convierte, y es así en la mayoría de otros modelos nacionales y regionales, en una estrategia para insertar profundamente al capital “local” – nacional con mixtura regional y transnacional (Nick‘s asiáticos) – en la internacionalización capitalista. Y de tratar que esa reorganización del Estado - nación opere como un agente de primer o segundo orden, con el fin de sesgar las protestas antiglobalizadoras y, muy especialmente, la omitida confrontación antagónica entre el trabajo y el capital, entre el obrero-asalariado y el capitalista.
De forma paradójica muchas demandas de la heterogénea izquierda planetaria contra la hegemonía del capitalismo transnacional coinciden – o se hacen coincidir por algunos actores sociales – con los intereses nacionalistas del capital “local” o nacional. El sentido de la contradicción que trata de ocultarse es la existencia de una supuesta burguesía nacional en un mundo cada vez más transnacionalizado, en la que ella es igualmente nacionalista e internacionalizante. Olvidándose la sentencia del politólogo Nicos Poulantzas que “(…) No puede haber duda de que la política burguesa enfrentada cara a cara con la nación está sujeta a los peligros de sus intereses particulares: de hecho, la historia de la burguesía se caracteriza por una continua oscilación entre la identificación con – y la traición a – la nación (…).”
Concepción que es reforzada por una afirmación de Bob Jessop cuando explica que para comprender el sentido de la clase capitalista local transnacionalizada y los cambios que han transformado a la burguesía nacional en una burguesía interior, es necesario saber que “(…) Esta burguesía interior no es totalmente dependiente del capitalismo externo –como lo es la burguesía compradora [importadora] -, la cual carece de una base propia de acumulación y está económica, política e ideológicamente subordinada. Tampoco es lo suficientemente independiente para jugar un rol de liderazgo en ninguna lucha antiimperialista genuina (como lo es la burguesía nacional). Esta posición intermedia no significa que la burguesía interior carezca de algún grado de independencia. Al contrario, tiene su propio basamento económico y sus bases de acumulación locales y externas y mantiene sus propias orientaciones políticas e ideológicas nacionales opuestas al capital norteamericano (…)”, y no solo a este, según los casos.
Esta definición de burguesía interior - concepto operacional – permite realizar dos dimensiones críticas de la misma: la integración –paulatina y acelerada – con los circuitos del capital extranjero y, la posesión de su propio fundamento económico y bases de acumulación en el país y en el extranjero.
Todo ello nos conduce a corroborar que es sumamente importante, desde el ángulo táctico y estratégico, que los movimientos sociales y políticos antiglobalización comprendan que el capitalismo transnacional se apropia de la defensa de lo “local” como un medio de relegitimarse. Por ello una visión estrecha, dogmática y esquemática de la lucha frontal o de posiciones, con las respectivas políticas de alianzas y compromisos, de los diversos movimientos alterglobalizadores hacia el nacionalismo y las apelaciones a la soberanía nacional, con pretendidas ínfulas de defenderse ante lo extranjero, más la autosuficiencia nacional – entre otras consignas ideológicas donde el pragmatismo parece ser lo dominante – puede promover alternativas que refuerzan la lógica metabólica del capital y del capitalismo transnacionalizado. Sin una mirada concienzudamente crítica cualquier política de izquierda en este mundo tan complejo puede perderse y convertirse en un boomerang más peligroso que la parálisis de pensamiento y acción.
Cuando se pierde el enfoque clasista del análisis nacional, regional e internacional y se utilizan términos ambiguos para denominar a los explotados y oprimidos, como “gente indigente”, “ordinaria” y hasta “marginal” o “pobres”, se puede identificar a éstos con el ideal y la realidad de la nación, extrayendo la lucha de clases, siempre presente, de la ecuación alternativa que es, indudablemente, un punto de partida fundamental de la problemática del proceso globalizador capitalista transnacional neoliberal.
Los vínculos entre homogeneización y pluralidad, entre universalismo y particularismo, han cambiado en el sentido de la multiculturalidad que ya no solamente abarca aquella históricamente establecida – la que signaba las resistencias radicales indígenas o la de los mestizos nativos nacionales, incluidas élites de poder -, que no obstante continúan existiendo, sino la otra que convoca a una diversidad cultural, étnica y nacional que no son obstáculos irremediables para la modernización en el sentido positivo de los cuerpos societales. Porque todos ellos pueden asumir, y de hecho lo hacen, formas paralelas-alternativas que conviven en armonía o desarmonía, efímeramente o no, con las contradicciones endógenas y exógenas presentes.
Y además porque la multiculturalidad e hibridación de los sistemas de vida están constantemente interpenetrándose e interceptándose de forma natural o violentamente. La heterogeneidad sociocultural y los desafíos de las costumbres surgen no solamente por la influencia exterior sino porque en cada región, nación y localidad coexisten varios códigos semánticos, se articulan redes complejas y heteróclitas de prácticas civilizatorias y signos, de préstamos de transacciones culturales muy diversas y universales, entre otras. Esta hibridación, a veces no completamente articulada o lograda, no elimina el desigual acceso a la riqueza de las diferentes clases, grupos, sectores, segmentos y estratos sociales, su explotación, alienación/enajenación, opresión y marginación, pero está exigiendo una reformulación de las concepciones que separaban maniqueamente lo extranjero de lo nacional, lo popular de lo elitista y lo tradicional de lo moderno.
En estos “nuevos” sistemas societarios, muchos de ellos transitando hacia formas económico-sociales y científico-técnicas superiores, hay apropiaciones mutuas de conocimientos, simbologías, mitos, creencias, cultos, religiones y culturas, por lo que la modernidad o la postmodernidad no son obligatoriamente entes sustitutivos de las tradiciones preexistentes en los pueblos del Tercer Mundo y, en especial, los latinoamericanos y caribeños, y ni siquiera en las sociedades industrializadas. Existe una tendencia a un intercambio creciente de saberes y conocimientos entre las culturas indígenas y oriundas acerca de la medicina natural, elementos curativos a través de la fuerza de la energía mental, etc., creencias, además de nociones más adecuadas – ecológicamente – de cómo debe comportarse el hombre en su entorno natural, pero diverso y plural, y los descubrimientos científicos más avanzados de las civilizaciones y culturas adelantadas tecnológicamente – las del mundo occidental industrializado fundamentalmente – que brindan también elementos valiosos de sabidurías y formas educacionales-culturales aprovechables.
Todos estos saberes, los tradicionales y los modernos unidos, sirven como conocimientos alternativos y de complementariedad que pueden ayudar a salvar a la humanidad de múltiples enfermedades, desastres biológicos, desequilibrios psicológicos y hecatombes ecológicas.
La historia que se construye debe entonces dejar de ser exclusivamente reflejo de la autoconciencia occidental – del Norte rico – que tanto ha gustado de edificar e imponer metarrelatos de sí misma a partir de sus propios referentes nacionales, culturales e históricos. Las otras historias, las de las naciones asiáticas, africanas, de Oceanía y las oriundas de América del Norte, Latinoamérica y el Caribe – enclaustradas muchas veces en sus propios esquemas tradicionales, en parte por la exclusión y explotación a que han sido sometidas -, y lo más esencial, la historia de los explotados, marginados y excluidos de cualquier relato y protagonismo – los hombres y mujeres sin historia - deben incorporarse como expresiones relevantes de espacios y temporalidades trascendentes para toda la humanidad.
Conclusiones
Los complejos y contradictorios procesos globalizadores y otros fenómenos sociales y culturales del mundo actual; y las metodologías, teorías y conceptualizaciones que se utilizan para comprender, interpretar e intervenir de una forma u otra en todos ellos, con el objetivo de paliar y transformar sus impactos en beneficio de los bloques socioclasistas populares, no dejan lugar a dudas que la deslegitimación y desintegración del Estado nación, la no integración y todo lo que atomice y desarticule, solo conviene a los centros de poder del capital transnacional que no ha vacilado en fortalecer sus principales estados naciones, multiplicar sus aparatos de dominación y control, así como ensanchar y sobredimensionar los Estados Supranacionales o Transnacionales – la Unión Europea , por ejemplo – para aumentar sus prerrogativas sobre los escenarios nacionales, regionales e internacionales a través de sus principales instrumentos de presión, sometimiento y explotación a lo interno y lo externo de sus sociedades.
El marxista de origen húngaro István Mézáros nos los corrobora al plantear que, a pesar de “(…) las fantasías neoliberales relativas al “retroceso de las fronteras”, el sistema del capital no sobreviviría una única semana sin el fuerte apoyo del Estado.” Hecho demostrable, por demás, cuando nos percatamos que los gastos públicos de los países desarrollados son mayores que en los países en vías de desarrollo y que los instrumentos de control, de dominación y de represión se perfeccionan hacia dentro de las principales potencias capitalistas o imperialistas en su afán de perfeccionar el sistema y su funcionamiento a costa de la clase trabajadora en sus propias naciones y de los pueblos oprimidos del Tercer Mundo. El crecimiento, tanto en burocracia como en términos de gastos monetarios, de algunos Departamentos del gobierno de los Estados Unidos – del Tesoro, el de Defensa (Pentágono), Seguridad y Comercio - son una muestra de ese redimensionamiento, léase fortalecimiento, que ha permitido que ese país pueda ejercer nuevas y más poderosas medidas proteccionistas, altos gastos militares y políticas de coerción hacia el exterior en defensa de las casas matrices – dueños del mayor porciento de inversiones - de las corporaciones transnacionales que radican en su territorio.
Por lo tanto, la existencia y accionar del Estado Nación Popular en el espacio y tiempo, presente y futuro inmediato y mediato, es una necesidad trascendente para el destino de la Identidad Nacional y Cultural, para la co-existencia de las múltiples diversidades identitarias y para una integración regional, nacional y local más complementaria y justa de esa heterogeneidad.
Para el marxismo y otras elaboraciones teóricas válidas que aportan hacia esa dirección, las estructuras y las funciones del Estado capitalista – y más que todo de la lógica metabólica del capital y sus vestigios pre-capitalistas - deben ser destruidas y ser sustituidas por un nuevo Estado nación, comunista en esencia, que conduciría paulatinamente hacia su propia extinción. Pero las predicciones de Carlos Marx acerca de ese ocaso terminal no están dadas en la actualidad y solo sería una visión futurista - utópica del horizonte.
En ese camino pueden encontrar espacios muchas propuestas, sobre todo aquellas que amplíen los marcos democráticos populares directos de convocatoria, movilización, dirección y decisión. Nadie debe sentirse con la verdad absoluta en su poder: la unidad en la diversidad, sobre la base de la equidad, la justicia social y el respeto mutuo serían parte importantes de posibles alternativas.
El sistema capitalista no se ha globalizado de manera análoga para todas las naciones donde el está presente, sino que actúa y actuará asimétricamente por naturaleza propia. “(…) Unas de las contradicciones y limitaciones más importantes del sistema se refiere entre la tendencia globalizante del capital transnacional en el dominio económico y la dominación continua de los Estados nacionales, como estructura total del comando del orden establecido”, porque “(…) el fin de la “modernización del Tercer Mundo” acentúa un problema fundamental del desarrollo del capital (…)” donde este “(…) se ha mostrado incapaz de completar su propio sistema en la forma de capitalismo global, o sea, como la regulación aplastantemente económica de la extracción del trabajo adicional (surplus labor) como plusvalía (surplus value).” Porque además todo diálogo “(…) con relación “al mundo policéntrico, bajo el principio de algún tipo de igualdad entre Estados, pertenece al mundo de la fantasía (…) el “pluralismo” en el mundo del capital nada significa sino la pluralidad de capitales que no admite ninguna consideración de igualdad.”
Por lo que, afirma István que “(…) llegamos a un nuevo estadío histórico en el desarrollo transnacional del capital: aquel en que ya no es posible evitar el enfrentamiento de la contradicción fundamental y la limitación estructural del sistema. O sea, el fracaso de constituir el Estado del sistema del capital en sí como el complemento de sus aspiraciones y articulación transnacionales, de modo que se superen los antagonismos explosivos entre Estados nacionales que caracterizaron el sistema de forma constantemente agravada a lo largo de los dos últimos siglos.”
La frase “piense globalmente, actúe localmente” es un cínico rejuego semiótico e ideológico de esa hegemónica globalización neoliberal que solicita a los tercermundistas que dejemos los asuntos estratégicos – los globales, los regionales y nacionales – al accionar decisorio de los centros de poder imperiales, con los Estados Unidos al frente como unívoca y tiránica potencia política - militar. Es un vacío teórico y práctico de ese discurso neoliberal hablar de la “inevitabilidad de la globalización multinacional”, la “impotencia de los gobiernos nacionales”, “los nacionalismos intolerables” y las “pandemias étnicas”, porque es necesario tomar como eje central las relaciones con las comunidades nacionales en sus vínculos regionales (integracionistas), con el objetivo supremo de tratar de resolver la construcción de un Nuevo Orden Internacional, un multilateralismo funcional justo e imponer el respeto a la paz, la justicia social y la equidad, asi como poner fin a las guerras y brindar una solución armónica-complementaria de los derechos inalienables de los Estados naciones, los grupos étnicos nacionales, regionales y locales y las múltiples diversidades sociales-culturales.
Son tantas las contradicciones y antagonismos del sistema capitalista y su modo de producción – enajenante y alienante - de índole socio-clasistas, étnicos y nacionales, raciales, de orígenes civilizatorios, sexos, generacionales, entre otros, que solo el camino socialista coherente e integral, democrático real, “(…) dentro del marco de una planificación global, dirigida activamente por todos los individuos,” será la respuesta idónea para evitar el fin de la humanidad y construir entre todos un mundo mejor, más justo y equitativo. El verdadero mundo de la libertad humana.
NOTAS
Serbín, Andrés “Tendencias y contratendencias del sistema internacional: una mirada desde América Latina y el Caribe”, Presidente de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES), Conferencia Magistral impartida en la inauguración del Seminario Académico Internacional “Diplomacia y Relaciones Internacionales en el Gran Caribe”, Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García, MINREX-Cuba, La Habana , 5 de diciembre del 2005.
Las teorías del fin de la historia, del fin de las ideologías, el choque de las civilizaciones, etc.
Jorge Velásquez Acosta Democracia y Mercado ¿Nuevos modelos de legitimidad?, en Ob. Cit., p. 204.
Entre ellos podemos mencionar: los indigenistas, étnicos, raciales, ecologistas, alterglobalización capital transnacional neoliberal, los antibélicos, sindicales, comunitarios, barriales; los antideuda externa, feministas, homosexuales (gays); los campesinos (como el Movimiento Sin Tierra, del Brasil), los movimientos anti –Tratados de Libre Comercio (como el que se desarrolla en América Latina contra el NAFTA o ALCA), los religiosos (como la Teología de la Liberación , en el subcontinente Latinoamericano y caribeño), las Abuelas de la Plaza de Mayo y las Madres de la Plaza de Mayo, ambos en Argentina, los pro – derechos humanos, etc .
La primera reunión de lo que se llamó Consenso de Washington, se desarrolló entre los días 6 y 7 de noviembre de 1989, en la capital estadounidense.
Informe del Embajador del Brasil, Paulo Nogueira Batista. “El consenso de Washington, una visión neoliberal de los problemas”, en Jorge Wilson Pereira de Jesús A Reforma do Aparéelo de Estado, 1998; en Thalia Fung La dinámica de la sociedad civil y el Estado a principios del siglo XXI, Ob. Cit., p. 91.
Colectivo de Autores (GALFISA) Las trampas de la Globalización , [Instituto de Filosofía], Editorial José Martí, La Habana , 1999.
Martin Hopenhayn ¿Integrarse o subordinarse? Nuevos cruces entre política y cultura, En Cultura, política y sociedad. Perspectivas latinoamericanas, (Daniel Mato, Compilador), CLACSO, Buenos Aires, 2005, p. 21.
Leslie Clark The Transnational Capitalist Class, Blackwill, Oxford , 2003, p. 256.
Gilberto Valdés Gutiérrez El Sistema de Domi9nación Múltiple del Capital, Tesis de Doctor en Ciencias Filosóficas, Instituto de Filosofía, CITMA, 2000.
Gerard Greenfield Bandung de vuelta: Imperialismo y nacionalismo antiglobalización en el sudeste asiático, en El Imperio Recargado, Editores Leo Panitch y Colin Leys, Socialist Register (2005), CLACSO, 2005, p. 196.
Nidhi Aeosrivonge “Thai Nationalism Under the Trend of Globalization”, 1229, 5-11 de marzo, Metichon Weekly, ISSUE, 2004, p. 33.
Nicos Poulantzas State, Power, Socialism, Verso, London - New York , 2000, p. 117.
Bob Jessop Nicos Poulantzas:Marxist Theory and Political Strategy, Macmillan, London , 1985, p. 172.
István Mézáros Socialismo o barbarie. La alternativa al orden social del capital, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana , 2005, p. 13.
István Mézáros, Ob. Cit., p. 15.
Ídem. Prefacio a la Edición Latinoamericana , p. XVII.
Ídem ., p. 25.
Ídem., p. 20.
Las masas populares participando, genuinamente representadas, convocantes y convocadas, en permanente estado de movilización, controlando y tomando decisiones cruciales, estratégicas y tácticas.
Ídem., Prefacio a la Edición Latinoamericana , p. XVI.
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