| indice de las ponencias de 2006
Mujeres y justicia global
Ann Ferguson
University of Massachusetts, U.S.A.
traducción: Juan G. Ramos y estheR Cuesta
Mi propósito en éste ensayo es investigar algunos de los varios movimientos sociales a nivel global que cuentan con la participación de mujeres en la lucha contra la globalización corporativa, algunas veces llamada “globalización desde abajo ”, para ver que tipo de conceptos y visiones de justicia social se presuponen y se abogan. Incluyo en mi marco los proyectos para la auto-ayuda y fortalecimiento de mujeres, los cuales, de alguna forma, desafían tanto al capitalismo como a la dominación del hombre. ¿Existe alguna forma de enmarcar estos movimientos para divisar una trayectoria histórica que pueda crear una visión unificada y que sea capaz de conseguirla? ¿Es decir, para desarrollar una visión alternativa que no sea simplemente utópica, sino una que pueda ser lograda a pesar de las fuerzas hegemónicas desplegadas en contra nuestra?
Aquí voy a concentrarme en las preguntas ideológicas concernientes a una visión alternativa de la justicia global. Los movimientos sociales radicales deben reunir fuerzas de argumentos morales en contra del orden existente y apuntar a injusticias aún según los conceptos de justicia existentes, los cuales se basan en una moralidad capitalista: por ejemplo, corrupción gubernamental, colusión de los intereses corporativos privados con aquellos políticos en democracias representativas que alegan servir los intereses de sus electoras/es, y los monopolios, de la forma en que WalMart se ha estado convirtiendo, los cuales toman las supuestas decisiones del mercado libre que no están disponibles para los consumidores ni para los trabajadores quienes deben sobrellevarlas.
Compararé y contrastaré tres diferentes paradigmas de justicia social que están siendo empleados actualmente por mujeres activistas en contra de aspectos de la globalización corporativa capitalista. Estos son la concepción neoliberal y libertaria de la justicia, la concepción liberal del bienestar social o social demócrata, y la concepción solidaria de la justicia. Aunque podrían ser atrayentes los tres paradigmas en pos de una efectividad moral y para movilizar a la gente en contra de las injusticias existentes, únicamente el último paradigma podría conllevar a una crítica radical exitosa del orden existente, el cual presenta una visión sistemática alternativa social y de economía política, así como una forma alternativa de globalización.
Los dos bandos principales que defienden la justicia de la democracia capitalista como una forma de economía política, los neoliberales y los social-demócratas, están en desacuerdo en cuanto a si deberían priorizar la libertad del individuo o la igualdad cuando existe un conflicto entre ellos en cuanto a la operación de la democracia capitalista, teniendo al primer grupo enfatizando la libertad y al segundo grupo la igualdad. Los radicales arguyen que las políticas sociales y económicas de ambos bandos defendiendo el capitalismo no podrían superar las dos críticas internas de la economía política capitalista que serán discutidas posteriormente y particularmente en la edad de la globalización corporativa. Los radicales sostienen que ninguna forma de capitalismo es capaz de entregar sus propios valores, ni libertad ni tampoco la igualdad, a la mayoría, y por ende la democracia capitalista no cumple con sus propios criterios internos para una justicia social.
Justicia como libertad: democracia capitalista libertaria/neoliberal
El principio fundamental de la justicia de las democracias capitalistas podría ser planteado como el derecho a una libertad igualitaria o libertades en un sistema político y económico basado en libertad individual de contrato, ya sea este económico, familiar o un contrato social de gobierno (véase John Rawls 1971, quien enmarca este primer principio de justicia como imparcialidad). De acuerdo con éste paradigma, libertades individuales políticas y civiles y el derecho a la propiedad privada deberían ser priorizados por sobre cualquier control gubernamental de las esferas políticas y económicas que podrían poner en riesgo estas libertades. El contrato social del gobierno debería ser una democracia representativa. Algunos críticos han argüido que las inigualdades masivas y las diferencias de clase que ocurren en el proceso de acumulación capitalista permiten a algunos adinerados en democracias capitalistas que realmente tengan la libertad de ejercer sus libertades civiles y políticas y que acumulen propiedad privada.
Justicia como igualdad: Democracia estatal del estado y del bienestar
Los defensores de la democracia social en el siglo veinte han venido tanto de la izquierda como del centro de aquellos que defienden la democracia capitalista (Berman 2003). Un estado capitalista de bienestar social, el cual provee una red de seguridad tanto en derechos económicos como otros derechos, tales como los beneficios de bienestar social o por desempleo, asistencia médica y educación pública, han sido defendidos ideológicamente como un forma de balancear los valores de la libertad e igualdad más equitativamente entre las clases dueñas y productoras de la sociedad. Algunas veces se lo defiende con la consigna que el sistema no necesita solamente promover únicamente el derecho negativo a través de la inferencia, sino que deberían proveer a todos, aún a los más pobres, el derecho positivo de tener la oportunidad de satisfacer sus necesidades materiales básicas y las herramientas que necesitan (salud, empleo, educación, vivienda) para escoger libremente, para perseguir sus metas en la vida. Los social demócratas promueven proyectos de desarrollo mundial con el propósito de garantizar, hasta al sector más pobre en las naciones pobres, el derecho en contra de la pobreza (Pogge 2003), y de esta forma promover una globalización capitalista la cual respeta la propuesta de John Rawls hacia una justicia social por medio de su principio de diferencia (Rawls 1971, 2001), la cual exige que los acuerdos institucionales deben beneficiar a los grupos o clases más afectadas. Los social demócratas tienen como objetivo reducir las vastas desigualdades en riquezas y al hacerlo, promueven un sentido de fraternidad o solidaridad entre los ciudadanos.
Los críticos radicales de los social demócratas y de los liberales en pro de un estado de bienestar social arguyen que los derechos al bienestar social son únicamente otorgados a las clases populares cuando la economía capitalista necesita apuntalar en contra de las recesiones, depresiones y resistencias populares a tal empobrecimiento (Durand 2005). Las exigencias del gobierno Keynesiano en cuanto a los gastos del déficit presupuestario que hasta ahora han sido el soporte de los estados de bienestar social ya no son compartidas, ya que éste tipo de política social capitalista está basada en impuestos por ingresos escalonados que cobran más impuestos a las corporaciones y a los adinerados. Pero el proceso de globalización corporativa permite a las corporaciones transnacionales que incrementen sus ganancias al retirarse de aquellos países con altos impuestos para ir a países con impuestos más bajos tras obtener contratos de otras fuentes para sus producciones y reducir los costos laborales. La competencia internacional por mano de obra barata y la necesidad de reducir los impuestos corporativos para reducir el escape de capital al exterior ha significado que la mayoría de las naciones capitalistas tuvieran que reducir los gastos para el bienestar social para evitar la acumulación de altos déficits. La mayoría han favorecido políticas económicas neoliberales: reducir los impuestos corporativos, privatizar los recursos nacionales y esperanzarse en que la creación de este nuevo capital privado creará incentivos para la expansión de corporaciones nacionales, las cuales crearán más fuentes de trabajo en el país. Pero dada la globalización corporativa, los sueldos reales de las clases populares han decrecido aún en los países ricos: las familias han podido afrontar los altos costos de la vida al tener más y más madres trabajando a tiempo completo en el campo laboral remunerado aparte de su trabajo sin remuneración en el hogar. Aún en las naciones ricas, tales como los Estados Unidos, el promedio de ingresos reales para las mayoría de la gente han decrecido, y existe el fenómeno de la feminización de la pobreza cuando las mujeres empobrecen desproporcionadamente en dicho proceso (Sklar and Sherry, 2005). Algunos críticos de los efectos de la globalización neo-liberal han llamado para un Fundo Global de Dividendos para garantizar los pobres del mundo alguno aceso a una porción minimal de los recursos globales (Pogge 2003).
Las críticas feministas del estado en pro del bienestar social, tales como las de Young (1990), también arguyen que la dispensación vertical del bienestar social se basa en el mérito percibido de los receptores y crea una burocracia con la clase profesional que convierte a los receptores en entes sin poder y los degrada, y de esta forma les hacen perder su autoestima. Las mujeres bajo asistencia social aparentarían ser dependientes sin merecimiento, ya que estarían viviendo del trabajo de otros, y distinciones se hacen entre aquellos que merecen o no merecen asistencia social (Fraser, with Gordon, 1997). El estado se presenta a sí mismo como el padre poderoso que entrega limosnas a la ciudadanía femeneizada y sin poder.
La crítica de la apariencia/realidad de la justicia capitalista
Aquellos en la tradición de teoría crítica marxista han montado “críticas inmanentes ” del capitalismo que también se aplican a la globalización corporativa capitalista. Una crítica inmanente apunta a una contradicción entre la apariencia o afirmación que cualquier principio de justicia es una operación y que la realidad que se practica ha subvertido el principio. El reciente escándalo de Enron en el cual los empleados que eran accionistas fueron víctimas de fraude por sus pensiones, sirve como un ejemplo del poder masivo de las grandes corporaciones y que sus altos ejecutivos pueden debilitar las políticas democráticas y las prácticas de negocios, las cuales representan los intereses de la mayoría de la gente, en vez de los intereses de la élite adinerada.
Las activistas han empleado las críticas inmanentes de la globalización corporativa capitalista para subrayar otros ejemplos del conflicto apariencia/realidad dentro de los sistemas de democracia capitalista. Primero, ellas se han organizado en contra de la impunidad de los perpetradores de asesinatos y violencia en contra de mujeres. La dominación masculina que ha acompañado todos los sistemas capitalistas existentes ha hecho muy difícil particularmente para que mujeres puedan defender sus derechos humanos. Esta es la situación de casi mil mujeres jóvenes, casi todas trabajadoras en maquiladoras, que han sido asesinadas con impunidad en Ciudad Juárez, México. Como ha demostrado el grupo de Madres por la Justicia de Nuestras Hijas, las autoridades políticas y legales mexicanas no están investigando estos casos seriamente y están tratando simplemente de crear un encubrimiento de esta violencia sistemática en contra de mujeres, así como la violación del derecho básico de la vida. Una situación similar está ocurriendo en Ciudad de Guatemala donde un nuevo grupo feminista de lesbianas, Lesbiradas, ha sido creado para desafiar la homofobia cultural y para trabajar en coalición con otros grupos compuestos mayormente por mujeres, para encontrar conexiones y desafiar la violencia sexual y de género en contra de homosexuales y lesbianas con la violencia en contra de mujeres. Cuando hablo sobre esta situación recientemente en la Universidad de Massachusetts, la co-fundadora Claudia Acevedo dijo que casi 20% de las mujeres asasinadas en los ultimos cuatros aňos han sido sospechadas de ser lesbianas: por eso la conexion entre la misoginía y homofobia en la violencia por género. La impunidad que tienen los perpetradores de violencia contra las mujeres es ejemplo de la división entre aparencia y realidad en las practices de justicia en capitalismo patriarcal actualmente.
Segundo, existen contradicciones entre la ideología y la realidad de la libertad para las mujeres, por ejemplo en derechos reproductivos. El derecho de tener control sobre el cuerpo de una al tomar decisiones reproductivas, ya sea en términos de sexualidad, control de natalidad o planificación familiar por medio del derecho al aborto, es severamente restringido para mujeres en estado naciones que prohíben o restringen el acceso al aborto o medios de anticoncepción. Ya que se presume la tolerancia de visiones conflictivas del bien, incluyendo a las religiones, el liberalismo político no ha podido garantizar justicia reproductiva para mujeres frente a las presiones del fundamentalismo religioso sobre gobiernos para mantener el aborto de forma ilegal, restringido o económicamente indisponible. En la teoría liberal la esfera económica del libre mercado capitalista está separada de la esfera política del gobierno, el cual pretende la defensa de los derechos civiles y políticos, pero en realidad, las corporaciones capitalistas y los gobiernos sacrifican dichos derechos ante gobiernos autoritarios y las religiones organizadas patriarcalmente, siempre y cuando puedan garantizar las ganancias requeridas. Organizando en resistencia ante esto, existen muchos proyectos de mujeres para mejorar los derechos de la salud reproductivos y que están operando como ONGs, tanto en los Estados Unidos como globalmente.
Una tercera contradicción entre la idea de una democracia política y la realidad del poder de los ricos para controlar las políticas sociales en naciones capitalistas es la parcialidad ubicua de clases que ocurre en las políticas sociales del medio ambiente, las cuales conllevan a muchos casos de injusticia medioambiental. Hay innumerables luchas en contra de parcialidades de clase en cuanto a las políticas medioambientales, y muchas de estas luchas están siendo lideradas por mujeres, que encuentran sus intereses prácticos de género (cf. Molyneux 2001) como madres para proteger el bienestar de sus familias que las conllevan a desafiar políticas que puedan afectar la salud de sus hijos. Al hallar vertederos de desperdicios tóxicos cerca de comunidades pobres, las cuales carecen de peso político, es un ejemplo de la injusticia en la distribución del poder político y los costos del desarrollo económico en el sistema capitalista. Otro ejemplo es la privatización y el alza de los costos para que las clases populares tengan acceso al agua, un proceso que en Bolivia eventualmente conllevó a tal resistencia popular que el gobierno neoliberal, el cual apoyaba ésta medida, fue derrocado. No tenemos más que mirar hacia México o América Latina para encontrar ejemplos del mismo tipo de parcialidades de clase y género en las políticas públicas. Los desastres de Katrina en Nueva Orleáns ocurrieron a pesar de tener un claro conocimiento de que diques e islotes que formaban barreras, así como otras reparaciones infraestructurales eran necesarios para prevenirlo. Sin embargo, dichas reparaciones no acontecieron ya que la mayoría de aquellos que estaban en peligro por esta negligencia eran afroamericanas/os o latinas/os y familias pobres encabezadas por madres solteras.
Contradicciones internas de la globalización capitalista: crecientes inigualdades económicas e injusticia laboral y los pobres
La segunda clase de crítica interna de los valores capitalistas está basada en las contracciones económicas internas del sistema capitalistas que hacen imposible la entrega de sus valores a las clases que no sean adineradas. La contradicción interna del proceso capitalista de economía política en un mundo de estado naciones es clave, si tenemos en cuenta que los llamados tratados de “libre ” comercio, los cuales son firmados por líderes políticos nacionales ante las presiones de las corporaciones multinacionales, permiten el escape libre de capital a través de fronteras nacionales, pero permite la restricción del flujo laboral en la forma de restricciones migratorias. Laborar, entonces, se convierte en algo “sin libertad ” en el sentido que el individuo es restringido en su libertad de seguir los mejores mercados y sueldos, y así la promesa burguesa de libertad para los trabajadores es socavada. Las clases trabajadoras nacionales se enfrentan unas a otras, mientras las multinacionales son libres para acumular ganancias y capital del trabajo de un grupo nacional y lo usan para obtener contratos para un futuro trabajo fuera del país de origen donde trabajadores puedan laborar por menos. Por ende podemos ver la resistencia al otorgamiento de amnistía para inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos por parte de muchos sectores de las clases trabajadoras que temen ser utilizados para socavar los sindicatos. También podemos apuntar a la rápida organización en ambos lados de la frontera de entidades y redes a favor de los derechos de los inmigrantes como una respuesta al debate actual en el congreso estadounidense sobre si se debería criminalizar a los inmigrantes ilegales o si se debería fortalecer la seguridad fronteriza, así como las grandes demostraciones de solidaridad a favor de los derechos de los inmigrantes en protestas durante la primavera del 2006 a nivel nacional en los Estados Unidos y en el llamado gran boicot americano para los derechos del inmigrante en el primero de mayo del 2006.
Ejemplos de organización por parte de la clase trabajadora para resistir y desafiar algunas de las contracciones internas del capitalismo abundan, no solamente con los esfuerzos organizativos de los sindicatos dentro de la nación, pero también en los esfuerzos para crear una solidaridad internacional entre sindicatos para apoyarse en sus respectivas campañas para la justicia social y económica. En el nombre de una igualdad ciudadana, dichas campañas para obtener sueldos justos e ingresos mínimos también han forzado a naciones estados a expandir sus redes de protección de bienestar social y desempleo, y así invocando una noción más amplia de justicia en conexión con la democracia social.
Un impresionante sindicato mexicano, el Frente Auténtico del Trabajo (FAT), ha forjado una coalición internacional con el United Steelworkers of America (los acereros unidos de América) y el United Electrical Workers (electricistas unidos) para combatir la tendencia a echarle la culpa a los “extranjeros, ” ya que es algo que acontece con otras clases trabajadoras nacionales que se encuentran con que sus trabajos se van a países pobres por medio de contratos laborales. En medida que viajan a los países y comunidades de cada uno, los representantes de cada sindicato ven más similitudes entre sus condiciones de explotados como trabajadores, como una forma de no concentrarse tanto en las diferencias. En el congreso de Women and Globalization/Mujeres y Globalización (en el Centro de Justicia Global, San Miguel de Allende, México) del 2005, Ángeles López, una organizadora local en una fábrica de zapatos en Guanajuato, México, enfatizó la comunidad creativa y el trabajo de educación laboral realizador por FAT alrededor de asuntos de género, raza y otras formas de opresión. Ella es una abogada que dicta cursos de educación popular a mujeres sobre derechos laborales de los trabajadores, pero también ha ayudado a organizar una red de justicia de género en la comunidad entre varias organizaciones comunitarias que ofrece educación popular en base de problemas de género, tales como la violencia doméstica, el medio ambiente y derechos de salud y reproducción. En áreas indígenas también discuten el racismo institucional. Este es un ejemplo en práctica de un análisis “interseccional ” feminista de sistemas de dominación y su conexión a la clase de análisis de justicia social y políticas de diferencia propuesto por Iris Young (1990), en vez de un simple análisis clásico de economía de izquierda de clase que resulta ser reduccionista. FAT ha criticado el modelo neoliberal de desarrollo capitalista actualmente empleado por el gobierno mexicano y ha exigido el regreso de subsidios para el bienestar social de los pobres que fueron eliminados por el gobierno tras la firma del tratado de NAFTA.
Crítica interna vs. externa: justicia como solidaridad
Las fuerzas de la globalización capitalista son la base de los fracasos de sociedades socialistas estatales en el llamado segundo mundo (USSR, China y Europa oriental) para sobrevivir. Como indicaron los autores del Midnight Notes Collective (2004) [Collectivo de notas de medianoche], el contrato social del bienestar social garantiza un índice reducido de explotación salarial en sociedades estatales capitalistas que no podían competir con lo que llamaban los “nuevos cercamientos ” por parte del capitalismo corporativo de los recursos que eran compartidos comunitariamente a nivel mundial, ya sean terrenos pertenecientes a comunidades indígenas en Nigeria o México o Colombia, o la eliminación de la habilidad colectiva de los trabajadores para defender las viviendas gratuitas en China o el servicio público de salud en México. La corrupción de los gobiernos autoritarios en países socialistas, el atractivo de la cultura consumista globalizada y la hegemonía militar occidental también han tenido una parte en la disminución de la fuerza de la visión estatal socialista como una alternativa al capitalismo. Desde el punto de vista de los valores, uno podría argüir que los valores colectivos en los regimenes estalinistas fueron enfatizados de sobremanera a costa de los derechos individuales mientras en las democracias capitalistas occidentales, particularmente en los Estados Unidos, ha habido un énfasis de sobremanera por el individualismo a costa de la solidaridad colectiva. Las crisis sobre ambas clases de desequilibrios de valores han alimentado visiones alternativas autónomas descentralizadas que no son clásicamente capitalistas ni socialistas, sino que apuntan a la promoción de la solidaridad colectiva y derechos individuales a través de una democracia participativa que reconozca la necesidad de una política de diferencia (véase Young 1990).
Los movimientos autonomistas han desarrollado otro paradigma de justicia social que podríamos llamar un modelo de justicia solidaria, que está basado en una visión descentralizada que vaya más allá del estado y de la economía capitalista. Consiguen esto al promocionar economías cooperativistas alternativas, la propiedad comunitaria de tierra y recursos naturales o dejarlos como “comunes ”—nadie es dueño—y visiones alternativas de una democracia política de forma más participativa y local, en base a municipios semi autónomos y comunidades y movimientos sociales flojamente conectados por la solidaridad a través del comercio justo y de coaliciones políticas en contra de la globalización neoliberal. Las visiones de éstas en políticas alternativas, espacios sociales y económicos son abiertamente anarquistas, y desean eliminar el estado y el poder político en su totalidad, o son visiones autónomas en las cuales las naciones estados que hasta ahora tenían la centralización del poder fueron evitadas a favor de la habilidad de tomar decisiones a nivel local y transnacional en base a redes de solidaridad desde abajo: como pequeños granjeros, sindicatos, cooperativas de trabajadores, e instituciones representativas de pueblo y comunidad.
Utilizo un método feminista histórico-materialista para entender el desarrollo de una concepción alternativa de la justicia social basada en visiones socialistas-anárquicas-feministas. Visiones y valores alternativos viables y sostenibles las cuales desafían los valores de una sociedad existente de una manera en la cual se debilitan las justificaciones para un orden económico existente solamente pueden basarse en el desarrollo real de las relaciones sociales alternativas de producción, es decir, modelos económicos que les dan a la gente un entendimiento real y no utópico de lo que es imparcial y justo. Marx criticó al programa social demócrata Gotha por su intento utópico de promover el principio de cada cual de acuerdo a sus necesidades, ya que él arguyó que el sistema capitalista, que recompensa al capital y no al trabajo, ultimadamente podría solamente promover los principios de justicia que estén basados en representar la inigualdades en las inigualdades, por ejemplo, en base a la propiedad o capital de uno, incluyendo el capital humano, o el trabajo/mérito. Pero mientras Marx concluyó que uno únicamente puede ofrecer críticas internas de la justicia capitalista, los nuevos espacios de economía política han abierto las posibilidades de una crítica externa de paradigmas de justicia capitalistas que elabora las normas de las relaciones sociales de estos espacios colectivos más igualitarios fuera de la lógica capitalista.
Los movimientos sociales en contra de la globalización corporativa que están basados en estos nuevos espacios son suficientemente fuertes para desafiar la justicia desigual en base a los derechos propietarios que la hegemonía de la economía política capitalista promueve. Estas economías políticas alternativas están operando dentro del paradigma de justicia como solidaridad, el cual Marx consideró utópico en el capitalismo: desde un cada quien de acuerdo a su habilidad hasta un cada quien de acuerdo a sus necesidades, siempre y cuando estén involucrados en promover el bien colectivo. Las iniciativas empresariales y las comunidades que están operando dentro del principio de solidaridad no son únicamente ejemplos aislados, sino que existen dentro de grandes redes que pueden apoyarse entre sí en cuanto a políticas autónomas y economía se refiere. Estos procesos están formando subjetividades alternativas en aquellos involucrados, aquellos que ven sus intereses propios como algo identificado íntimamente con el bien de todos, el colectivo “nosotros ”, en una manera que la democracia capitalista dominante no puede sostenerse a cause de los principios de la destructiva competencia individual que enfrenta a todos contra todos.
Estas redes alternativas incluyen cooperativas que pertenezcan a los trabajadores, así como bancos o fondos sobre los cuales están basados muchos de los proyectos para el fortalecimiento de las mujeres. Estas incluyen el adueñamiento, por parte de cooperativas laborales, de fábricas privadas abandonadas, las cuales entraron en quiebra por la globalización neoliberal en México y Argentina. También incluyen exigencias para la redistribución de tierras para pequeños agricultores sin tierra propia y trabajadores agrícolas, así como lo idea del colectivo o la propiedad comunitaria o espacios comunes, como lo han exigido los indígenas del movimiento Zapatista en Chiapas, México. Los movimientos de indígenas y trabajadores allí y en Brasil, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Argentina han creado economías en base a “presentes ” y colectivos, en vez de privatizar el trabajado doméstico de reproducción, como ocurre en colectivos comunitarios que ofrecen comidas a los desamparados, guarderías y escuelas de las cooperativas laborales como la que está operando actualmente en el barrio La Matanza de Buenos Aires, Argentina por el MTD, también conocido como el movimiento de trabajadores desempleados. Los Zapatistas y otros han exigido la protección del medio ambiente por medio de la creación y protección de bio-reservas que deberían ser vistas como espacios medioambientales comunitarios en vez de que las corporaciones multinacionales las privaticen o las degraden. Todos estos espacios autónomos de economía política están siendo llamados espacios nutridos por una “economía solidaria ” (véase Bowman and Stone 2004, 2006).
Muchas de las grandes bases materiales alternativas de economías cooperativas y de políticas democráticas localizadas y participativas—pensemos en la gran región semi-autónoma de Chiapas que es gobernada por la democracia participativa de los Zapatistas o en las miles de comunidades formadas en base a invasiones que se han tomado muchísimas tierras y que son manejadas, en un proceso similar, por los 1.2 millones de miembros del MST (Movimento sim Terra) en Brasil—se han desarrollado un entendimiento del concepto de una democracia económica, del manejo propio de los trabajadores, en una forma muy distinta a lo que ocurre en economías capitalistas desarrolladas. Aquí tales negocios/empresas cooperativas están en constante competencia con las corporaciones multinacionales y por ende con frecuencia deben subyacer a la lógica de las ganancias y competencia para crear jerarquías que no sean igualitarias entre la administración y el capital y también entre los trabajadores que son dueños y trabajadores temporales, los cuales van en contra de los valores cooperativos (véase Bowman and Stone, 2004 para una discusión de los problemas que enfrenta el complejo de la cooperativa Mondragón en España y otros).
En este sentido podemos ver como los países pobres en los márgenes del sistema capitalista global, esos que aún tienen alguna conexión a tradiciones de economías comunitarias por medio de la agricultura y a la producción para el consumo, han desarrollado movimientos sociales que están a la vanguardia de la crítica del capitalismo corporativo global por medio del concepto de fraternidad y solidaridad basado en cimientos de comunidad y una economía alternativa. Sin embargo, existen también movimientos creativos de sindicatos laborales que atraviesan las fronteras entre economías desarrolladas y que se están desarrollando las cuales apoyan a las cooperativas de trabajadores y la toma de fábricas inoperantes por parte de trabajadores, como ocurre con la alianza del Frente Auténtico de Trabajo (FAT) en México, discutido anteriormente, con el United Steelworkers of America (los acereros unidos de América) y el United Electrical Workers (electricistas unidos) en los Estados Unidos y Canada. El hecho es que existen más de 11.000 cooperativas manejadas por los propios trabajadores (en calidad de dueños de éstas) en los Estados Unidos, incluyendo compañías grandes como United Airlines, así como el creciente movimiento cooperativo del consumidor una vez más en los Estados Unidos demuestran que las contradicciones de la globalización capitalista, aún en el país más rico del mundo, están permitiendo el crecimiento de economías alternativas aquí que están empezando a sostener concepciones alternativas de justicia social. Gar Alperovitz (2005) arguye que los Estados Unidos han desarrollado lo que él llama la “mancomunidad escalonada ” de economías alternativas basadas en la promoción del bien público, la cual incluye no solamente las cooperativas, sino proyectos de desarrollo comunitario, corporaciones municipales y un gran sector de iniciativas sin fines de lucro.
La justicia social de los “otros ” marginados: el ejemplo del género
Un aspecto de las economías políticas alternativas creadas por los movimientos sociales a nivel global que también se conectan con las concepciones alternativas de la justicia social es la creciente atención a justicias de género, raza/etnia, clase, sexualidad e incapacitación que han sido desarrolladas por dichos movimientos y sus aliados académicos. Tanto feministas como gente de color han estado liderando los desarrollos de teorías académicas sobre políticas de diferencia y justicia social, más notablemente en los Estados Unidos (véase Young 1990, Butler 2004, hooks 1984, Mills 1997). Ellos han argüido que todas las formas de marginalización y subordinación de individuos por categorías construidas por la sociedad, tales como el género, raza, sexualidad y habilidad “normal ” deben ser desafiadas, así como la segregación material en base a dichas categorías, y la negación de una voz política a dichos grupos. Movimientos feministas a nivel global han hechos demandas de que los derechos de la mujeres sean vistos como derechos humanos (MacKinnon 2006, Kerr 1993), y de ésta manera que la violencia sexual y doméstica, así como los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, sean incluidos en la agenda mundial de derechos humanos y los derechos de paridad en representación política y que asuntos de pobreza, educación y salud, y que se discutan como éstas cuestiones han impactado desproporcionadamente a las mujeres.
Muchos de los movimientos sociales que están construyendo este paradigma autónomo de solidaridad y de justicia social han comenzado a sembrar la base material para economías políticas alternativas para promover tales propósitos y protecciones para aquellos grupos que hasta ahora han sido marginados. Los Zapatistas han exigido los derechos de autodeterminación sobres sus tierras las cuales han sido históricamente restringidas para ser usadas y no para la venta. En el caso de los derechos de las mujeres, algunos principios a destacar han sido el desafío de la división sexual laboral que les ha negado a las mujeres una representación política igualitaria. La ley revolucionaria de las mujeres de los Zapatistas insiste en la decisión reproductiva, el derecho a escoger con quien una contrae matrimonio y derechos en contra de la violencia doméstica. Otros movimientos sociales también han instaurado reglas colectivas y la vigilancia en las comunidades para eliminar o atacar la violencia doméstica y sexual.
Otro ejemplo de igualdad de género que está siendo considerada en el proceso de un movimiento social autónomo es el del Movimento Sim Terra (MST) en Brasil. Ellos han organizado una comisión encargada de asuntos de género dentro del movimiento, la cual ha presionado para llegar a un entendimiento que MST es un movimiento basado en la estructura familiar y no solamente en la individualidad de los trabajadores. De esta forma, tanto hombres como mujeres deberían ser vistos como participantes iguales en el movimiento y no solamente resaltar la participación de los trabajadores (hombres). Han instituido un código estricto en contra de la violencia doméstica y requiere que si algún trabajador (hombre) ha participado en algún acto de violencia doméstica en contra de su esposa que éste salga de la favela.
Algunos tipos de los llamados proyectos de “enpodermiento ” para mujeres que se están proliferando con rapidez en el mundo en desarrollo son las cooperativas de economías y cooperativas que ofrecen pequeños préstamos para dueños de pequeños negocios. Aunque éstos podrían ser criticados como simples medidas reformistas que no se conciernen con las persistentes causas estructurales de la feminización de la pobreza que surge por la globalización corporativa, de todos modos dadas las circunstancias adecuadas y en conjunción con otros movimientos sociales para la justicias, podrían proveer una base material alternativa para los valores de solidaridad y una visión alternativa de justicia social (véase Ferguson 2004). Por ejemplo, en la región de San Miguel de Allende, México hay una red de cooperativas femininas llamadas Mujeres Productoras. Su organisadora es Yolanda Millan, una de los miembros/as del comite coordinador por el Centro de Justicia Global. Tambien se representaron al encuentro sobre mujeres y globalización en verano 2005 dos cooperativos originados de los comunidades del base cristianos en el movimiento de la teología de liberación en los 1960s. Una de las representantes, Elisa Curiel de Campeche, platicó sobre como los cooperativos de mujeres se permitieron ser mas independiente de sus hombres y tener mas voz political en la defensa de los derechos indigenos en las luchas ambientales que tienen con los desarrollantes desde afuera y el gobierno neo-liberal. Otro grupo de mujeres de CEDESA, una red de campesinos pequenos, ha hecho educación popular sobre demandas por agua, tierra y educación desde los sesentas, y ha ayudado a sus miembros aprender como crecer y producer miel. Tambien organizan férrias de trocha por sus miembros/as que se hacen mas independiente de las fuezas de globalización.
Conclusión
Mi propósito en este trabajo ha sido subrayar las formas en que activistas están en la vanguardia de las luchas por una justicia global. Sus luchas involucran tanto criticas internas de las injusticias que violan los derechos humanos de las mujeres como ciudadanas, como trabajadoras, y como reproductoras biológicas, así como críticas externas de la justicia capitalista. Las críticas externas han creado una nueva visión de justicia basada en políticas de solidaridad. Este nuevo valor de solidaridad como una base para la justicia se está desarrollando desde economías políticas alternativas, las cuales han resistido el capitalismo corporativo desde una economía tradicional basada en el uso o han formado economías de resistencia alternativas, tales como economías en base a “presentes ” o cooperativas de trabajadores o comunitarias. Los movimientos sociales que utilizan dichas economías alternativas también tienen modelos políticos alternativos basados en la democracia participativa radical.
La idea Zapatista de “mandar obedeciendo ” sirve como modelo de un ejemplo de éste proceso, liderando desde abajo al obedecer o, en un sentido, sin jerarquías. A modo de evidencia de cómo los Zapatistas han desarrollado esta práctica en su proceso de redefinir las políticas autonomistas, podemos referirnos a la sexta declaración desde la jungla Lacandón, la cual salió durante el 2005 y es muy instructiva (EZLN 2005). Otro ejemplo es la forma en que se despierta la consciencia sobre las políticas de identidad, el cual fue empezado durante los movimientos feministas y para los derechos civiles en los Estados Unidos y avanzado por una compleja teoría interseccional de los sistemas semi-autónomos de dominación: raza, género, clase, sexualidad y nacionalidad. Esto ha influenciado muchos de los movimientos sociales contemporáneos de izquierda en la creación de coaliciones alrededor de exigencias basadas en asuntos de clase para una justicia de economía que no sea reduccionista y que también incluya exigencias para una justicia racial, de género y nacional en contra de estructuras económicas y políticas globales, neo-coloniales, patriarcales, y eurocéntricas, y que están experimentando con las diferentes formas de democracia participativa directa, incluyendo asambleas y comisiones que saquen a la luz los problemas del sexismo, racismo y discriminación sexual que les otorga un espacio aparte a las mujeres, gente de color y aquellos que se identifican como “queer ” para que puedan discutir sus asuntos.
Dentro de todo esto, la influencia ejercida por ideas feministas y el poder organizativo a nivel global y transnacional, desde los congresos mundiales de la ONU sobre la mujer y los congresos (encuentros) de feminismo Latinoamericano hasta las ONGs que están realizando esfuerzos de educación popular sobre los derechos humanos de las mujeres han sido extremamente importantes. Proyectos enfocados en mujeres, incluyendo las comisiones sobre género dentro de movimientos sociales mixtos de izquierda, han sido influenciados por y a la vez influencian estas teorías feministas. Aún cuando éstas son vendidas simplemente al nivel práctico como que satisfacen las necesidades humanas y materiales de las mujeres, sin que los que estén involucrados en ellas tengan en mente una visión radical específica ni revolucionaria, arguyo que éstas representan una posibilidad de una economía alternativa, una política alternativa y redes comunitarias opositoras que puedan convertirse en movimientos ya desarrollados para contrarrestar la globalización corporativa y una visión moral más contundente de un mundo mejor. Es por esto que el slogan de mucho de estos proyectos y movimientos sociales es: ¡otro mundo es posible! Y aún otros están diciendo: ¡otro mundo es necesario!
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