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La brisa anárquica: movimientos utópicos
post-metafísicos emergentes como una metodología

Ryan Fritsch
McGill University, Canadá

traducido por

Kelly Fritsch, Institute for Critical Disability Studies, York University, Toronto, Canada

Carlos Fuentes, Faculty of Law, McGill University, Montreal, Canada

Carlos Perez, Ottawa Ontario

 

PREAMBULO

Hoy existe una resistencia política en la ciudad de Toronto la cual de identifica como utópica y estética. Tomando de una multiplicidad de ambientes, globalizados, sostenibles, artísticos y filósofos locales, el esfuerzo esta en el redescubrimiento y expresión una concepción renovada de la utopia y el pensamiento idealista cual el simultáneamente critico como constructivo, mientras también alcanzando mas allá de lo ideológico, teleológico o la visión totalitaria monoteísta.

En esta presentación les explicare que el utopismo estético está en muy buen estado en la ciudad de Toronto cercanamente relacionado a la filosofía escatológica de Emmanuel Levinas. La filosofía de Levinas altera la base del pensamiento metafísico – y por si la historia y el futuro del pensamiento utópico político – de un discurso de totalidad a uno de infinidad. El logra esto localizando el “fin” de la filosofía, no a través del estado o alguna fundación universal filosófica, pero en la fenomenológica incertidumbre acerca el “Otro”, al por cual soy responsable aun antes de mi mismo, y cual se manifiesta como un primer principio ético sin especificidad o al contenido inicial. Esto resulta en la reconceptualizacion de los términos en los cuales determinamos al “bien” social y la responsabilidad entre vecinos, ofreciendo el potencial de radicalmente rehacer la nociones de proximidad como consecuentes para reflejar mas cercanamente las realidades de nuestras vividas experiencias dentro de la existencia globalizada en una limitada planeta tierra. Es mi esperanza que cuando se hagan los vínculos entre Levinas y el movimiento que se identifica como utopismo estético, será entonces posible proliferar decisiones políticas y personales que vivirán y respirarán una brisa anarquista, y así, jamás subordinados o enteramente predecibles.

La intención de este ensayo no será la de repetir mi presentación en el congreso (el cual se enfocara primordialmente en la experiencia y construcción del movimiento social de Toronto), sino la de complementa aquella exposición de la base filosófica de Levinas (con el cual muchos no estarán familiarizados) en relación con el pensamiento utópico. En general, como una respuesta especifica al titulo de este congreso, “Otro Mundo es Necesario”. Leo esto, no como una demanda, pero como la expresión de un querer utópico cual no entiende bien lo que el termino “utopia” o “idealismo” pudiera significar en el mundo como filosofía post-modernista. La filosofía de Levinas es compleja, y a veces aparenta “invertir” la metafísica y mucho de los que es nuestro uso cotidiano de terminología común, a veces presumiendo una temporal linearidad. Hasta como un breve resumen del ensayo, es una difícil y densa lectura. Esta orientada a ser ayudante o acompañamiento a la presentación, la cual espero que será mas animada y concreta en la mejor tradición de la filosofía interpersonal.

 

“No soy yo quien resiste el sistema, como pensó Kierkegaard; es el otro” Emmanuel Levinas, Totalidad y la infinidad, 40.

1. “Otro mundo es necesario.”

No todas las esperanzas y sueños por un mejor mundo están encapsuladas en esta demanda, en su cuestionamiento sobre cual mundo es necesario, ¿es verdaderamente esta una pregunta? ¿Y no es esta pregunta la cual ya se ha repetido cada día desde los inicios de la civilización Helénica? Que novedad nos trae en términos materiales, tecnológicos, comunicacionales, políticos, filosóficos o culturales, presumiendo que preguntemos estas preguntas hoy día. Al final del siglo de las totalidades metafísico políticas, lo que queremos decir es que la pregunta a cambiado de algún modo, de un modo diferente ahora guiando hacia el aumento de libertades, el aumento de igualdad, y menos violencia simplemente por el reclamo y ejercicio? Entonces, en otras palabras, ¿que es el utopismo actual y por que las demandas por la utopía no aparentan ser suficiente?

La tensión entre la demanda proclamando que “otro mundo es necesario” y la pregunta sobre “¿cual mundo?” y la diferencia ilusoria entre las contendientes totalidades de la utopía y la distopía, donde la posibilidad de escape esta encerrada entre la demanda misma, la demanda entre el carcelero y el prisionero. La dialéctica del -- no uno más de tantos – existe explícitamente entre dos mundos políticos enlazados por una entendida flecha formal de tiempo: “esta” es la actualidad que lee la historia como la anticipación de la demanda. Este acto de transformación y traducción desde el pasado, a través la actualidad hacia el futuro se manifiesta como la necesidad – la necesidad, el lograr llenar alguna escasez conocida y vivida – del ser del presente político hasta el lograr aquella evangelizada hipótesis acerca el después: el mandato para aquello mas justo y mas ordenado, mas necesario y mejor. Esta ‘utopía del después’, la tan maligna utopía de calculable y idealista determinación teleológica histórica, es no mas el antitesis a la querencia por la clásica o conservadora ‘utopía de la nostalgia’. En cualquier visión, en la satisfacción de la querencia como necesidad para completar el incompleto o regresar al gran pasado, el futuro desconocido actúa de sirviente para del presente para abrumarse por el mismo (igual como la mas conocida re-visión histórica). El desconocido futuro es aquel mismo retardado y la posibilidad para escape o trascendencia – libertad, igualdad, fraternidad – se reduce a una política aislada adentro su propia esfera. O como Donald Rumsfeld mencionaba acerca la necesidad de violentamente anular peligrosos futuros aun no imaginados antes que pasen: “existen desconocidos desconocidos, aquellos cuales desconocemos desconocer… eso es [esta] ultima categoría que tiende a ser de las mas difíciles.”

La demanda por  ‘otro mundo’ y la necesidad por aquel mundo ser demandado son inseparable en esta lectura por cause del inmanentismo del concepto mundo cual choca el tiempo y el lugar, como en el viejo termino Ingles ‘root’ w(e)ourld derivado de la palabra Alemana Welt, Asia la unificación de la ‘edad del hombre.’ Como un gesto filosófico lisonjeando lo político, el ‘hombre’ esta puesto como la base para todas las preguntas y las necesidades del ‘yo’ razonando toda epistemología y ontología. Para Heidegger, “este gesto de base… no es noble; es el gesto de la clásica metafísica con respeto a la política que uno consigue en La Republica de Platon.” Esta es la clausura de la posibilidad del “otro mundo” en vez de la ampliedad a aquello, ya que la lucha para conseguir armonía entre el ‘yo’ y el ‘nosotros’ esta reducido a la búsqueda por la igualdad, una búsqueda donde el futuro no esta ya abierto al presente mismo mientras se va realizando. La necesidad que demanda “otro mundo” se pierde en este como el mero llenar alguna falta, mientras la querencia de obtener un otro mundo verdadero, otro, es decir aquel el cual no se ha poseído o necesitado, se colapsa dentro de esta necesidad de presentar una visión aún más comprensiva. Cualquier pregunta política entonces se mantiene atrapada en la forma de una demanda mientras la pregunta “cual mundo ?,” la pregunta de la pregunta por utopía no a sido preguntada sin su respuesta no haberse comenzado formularse propiamente, sin haber cerrado el propio futuro por el cual nombre habla y por el cual reclama su derecho como “mas gusto.” En otras palabras, el ‘decir’ – la activa búsqueda por la persistentemente y distante justicia – esta reducida a aquello el cual ya ha estado mencionando acerca aquello.

Tales políticas de acorralamiento son la experiencia del día en la parálisis del concepto de una utopía. ‘Visión’ y ‘revisión’ han sido desacreditadas (hasta en las formulaciones seculares) como imposible y violentos fines de estructuras auto-referenciales – “el entendimiento que engloba” -- mientras preferibles expedientes quedan sobre un proceso corriente y abierto del aparente amorfa y subjetiva arbitraria ‘visionario.’ La ‘necesidad’ por justicia y la querencia de obtenerla han sido fundados en un simulacro político que grotescamente copia su propio grave estado, alimentándose de su propia agonía y procreando no mas gracias a su propia acumulación como aquella del capital y la pobreza (5), borrando la posibilidad de aquella relación que se manifiesta “de la distancia remota, de la separación, ya que se alimenta aquel mismo, se pudiera decir, con su propia hambre” (T1 34). El negador y el negado son dos prisioneros dentro de la misma institución, “puestos juntos, form[ando] un sistema… negando mientras refugiándose en lo que se niega” (T1 41). Política, en esta formulación, esta trancada en una incesante interacción entre estructuras perfectas y estructuras anarquistas, entre objetos totales y relativismos totales, entre el ego y el ego-idéntico, faltando precisamente la diferencia de aquel diferente Otro. La expresada esperanza por ‘algún otro mundo’ se presta políticamente inerte a pesar de la intensidad de la demanda por aquel. Es entonces reducido a una intuitiva querencia que comparte una verdaderamente querencia de adquirir aquello cual es excluido de lo político, aquello cual no tiene lugar como ausente en aquello, pero incapaz de re-presentar estos actores ausentes sin a la vez totalizárlos en esta tan utópica visión. ¿Como es que el ningún-lado total idealista se estanca en el ningún-lado de la exclusividad política y de la no-representación ausente? ¿Como pudiera la utopía superarse ella misma?

2. Levinas y el otro como una base (an-arché)i

Cuando hablamos en el lenguaje de la responsabilidad sobre principios, fines y la ideal posibilidad de ‘otros’ mas allá de la violencia dialéctica fundamentada en lo metafísico, hablamos con Emmanuel Levinas. Para Levinas la posibilidad de utopía solo tiene cabida allá donde las preguntas metafísicas sobre las condiciones sociales ideales no alcanzan a llegar: más allá del ser en si mismo. Basándose en la fenomenología de Husserl y la ontología de Heidegger, Levinas afirma que, desde Platón, el pensamiento metafísico y la historia de la imaginación utópica ha sido un esfuerzo ontológico de reducir la felicidad humana a un modelo capaz de incluir todas las relaciones entre el ‘yo’ individual y el ‘nosotros’ social. Aunque hay una gran variedad de permutaciones ontológicas de este tema postuladas en términos históricos –tales como el Espiritu de Hegel, el Ser de Heidegger, en Bien de Plató y la Razón Categórica de Kant– todas argumentan desde y hacia el esencialismo y la aparente naturalidad de un ‘yo’ capaz de construir bases filosóficas y políticas en su individualidad (TI 43). A la vez, la igualdad de un ‘yo’ común a todas las personas (o ausente en las no personas) puede ser invocado para dictar limites a la libertad y equidad dentro del ‘nosotros’; y ofrece también las bases sobre las cuales el ‘otro’ extranjero puede ser colonizado, disciplinado y medido en su autenticidad. Eventualmente estos dictámenes se materializan en mandamientos; fundaciones normativas desde las cuales una autoridad puede sopesar la subjetividad de otros desde un ‘afuera’ no-lugar que privilegia su propia perspectiva. Todo intento de concebir una sociedad utópica pretende hablar desde un ‘afuera’ cuya imaginación está firmemente basada en la reducción de cada otro a lo mismo, incluyendo fundaciones metafísicas que compiten entre sí. Sociedades de tal utopismo se convierten en sociedades de las cuales ya se ha ‘dicho’ en lugar de abriese al proceso de ‘decir’, sociedades de totalidad tipifican la peor violencia del siglo XX, y que similarmente amenazan a escala global el siglo XXI. Esto no es más que la política para si misma, la clausura de la metafísica, y el clamor de ser totalizadora mientras opera fuera de si misma (TI 300; 212-14; OB 156-62). El idealismo cumplido reduce toda ética a política.

La tematización y conceptualización, las cuales son inseparables, no son pacificas entre si, por el contrario son la supresión o posesión del la otra… La ontología como primara filosofía es una filosofía de poder… La universalidad se presenta a si misma como impersonal; y esta es otra inhumanidad (TI 46).

La innovación en el pensamiento de Levinas, y su increíble importancia en el cuestionamiento de la pregunta utópica en nuestra era, proviene de su concepción fenomenológica de una metafísica que no empieza por la necesidad onto-ego-logica de un exigente ‘yo’ que llene lo que se identifica como una carencia en su sistema metafísico (así como toda literatura utopista desde Platón hasta Tomás Moro ha empezado como critica social). Por el contrario, la metafísica esta inerrablemente atada a un deseo de que el ‘yo’ exceda a si mismo con algo aún no poseído o conocido: el ‘otro’.

El otro metafísico es otro con cierta alteridad que no es formal, no es el simple opuesto de la identidad, y no esta formado por la resistencia a lo mismo, pero es anterior a toda iniciativa y todo imperialismo de lo mismo… El absoluto otro es el Otro. El y yo no forman un número. La colectividad en la cual yo digo “tu” o “nosotros” no es el plural de “yo” (TI 38-9).

Aunque comparte la creencia fenomenológica de Heidegger (contra Aristotélica) de que la contemplación del Ser se ejecuta a través de la experiencia sensorial del inagotable existencialismo de la vida cotidiana; el deseo por el otro necesariamente precede al Ser porque la experiencia del yo es solo posible a través del otro. Cualquier intento del yo de encapsular o cubrir al otro (tal como lo propuso Sartré en El Ser y la Nada) es cometer el mismo error Heideggeriano de afirmar que “el ser es inseparable de la comprensión del ser… [y por consiguiente] precisamente marc[ando] la cumbre de un pensamiento donde lo finito no refiere a lo infinito” (CPP 52). Necesitar algo es conocerlo como una hambre o falta que demanda su satisfacción mediante la ingestión y digestión. El deseo esta marcado como la experiencia de la distancia entre dos seres, es una pasión que se mantiene en la permanencia de esa distancia y encuentra su satisfacción ella.

El tributo que Levinas presta al infinito y al inconocible al distinguirlos como simultáneos a la emergencia del ‘yo’ es instrumentalmente similar a la relación Cartesiana entre cogito y Dios. Al final de su Primera Meditación, Descartes describe al ‘yo’ como el prisionero encerrado en una cárcel oscura, un estado primordial en cual ninguna luz es capaz de iluminar la noción del propio yo. No hay explicación de cómo este estado a priori puede ser conocido por el inconciente.

Sin embargo, la Tercera Meditación provee los medios de escape cuando se hace al ‘yo’ conciente de la existencia de Dios como idea del infinito que ya se encuentra en la mente humana. Para ambos Descartes y Levinas, la presencia del infinito en la mente es ubicada y recibida con una pasividad sin intención que es pasividad en si misma, “la pura pasividad que precede la libertad es responsabilidad. Pero esta es una responsabilidad que no debe nada a la libertad; es mi responsabilidad por la libertad de otros” (CPP 136). A su vez, la interioridad y a la alteridad tienen una relación que es no-violenta e irreducible (TI 210-12). Es la distancia entre el propio yo y la inhabilidad de realmente captar o comprender el infinito lo que produce al ser (TI 220). Pero esta comprensión no es una prueba de la existencia de Dios tanto como es un reconocimiento de una presencia en la mente que es ruptura fundamental o excepción a todo pensamiento categóricoii. ¿Qué es la ruptura entonces?

Para Levinas es fenomenológicamente imposible llamar ‘Dios’ a esta ruptura porque el ‘yo’ no puede contener al infinito en si mismo o experimentar lo inexperimentado (CPPA 53-54; 160-62; TI 48-51). Por el contrario, Levinas pone al Dios de Descartes en el Otro, ese El o Ella al cual esta dirigido el primer “¡Estoy aquí! ¡Mírame!”, al cual el primordial ‘hay’ (‘il y a’) está dirigido, y cuya respuesta es siempre una sorpresa desde fuera de mi propia experiencia. El otro toma el rol de lo sagrado, infinito, inconocible sin embargo experiencial en su sentido más intimo (cara a cara). El Otro, como Dios, resiste la habilidad de proponer una perspectiva del ‘afuera’; un concepto claramente enunciado en la ‘Ciudad de Dios’ de San Agustín como una alternativa superior a la corrupta y banal ‘Ciudad del Hombre’. En su lugar, el hombre se convierte en el sitio de la infinidad

Al pensar en la infinidad, el yo piensa mas de lo que piensa. La infinidad no entra en la idea de la infinidad, no es comprendida; esta idea no es un concepto. La infinidad es el radical y absoluto otro. La trascendencia de la infinidad con respecto al ego, separado de esta y pensando en esta, constituye el la primera evidencia de su infinites. La idea de infinidad no es entonces la única que no en seña nuestra propia ignorancia sobre ella. Ella ha sido puesta en nosotros. No es una reminiscencia. Es una experiencia en el radical sentido del término: una relación con el exterior o con el otro, sin que esta interioridad sea integrable con el mismo… La experiencia de la idea de infinidad ocurre en la relación con el otro. La idea de la infinidad es la relación social (CPP 54).

El Otro, quien “me domina en su trascendencia es luego el extraño… con el cual estoy obligado” (TI 215). El encuentro con el otro no puede ser reducido a la tesis de la intencionalidad defendida por Husserl, que lo pone entra la noesis (la mirada intenciona) y la moema (los objetos a los cuales transmito mi intención), porque hay mucho más en esta persona que su rostro o simplemente una absolutamente relativa subjetividad. Este ‘exceso’ o ‘plusvalia’ del encuentro intimo (cara a cara) –un exceso que ocurre en toda experiencia subjetiva– siempre resiste mis categorías o mi visión porque no puede ser reducido en una representación totalizadora. Cuestiona el ‘yo’ y lo mismo (TI 195). El rostro es apenas una cara del inconocible ego que está adentro. La experiencia vivida es en si misma infinita. “La manera en la cual el otro se presenta a si mismo, excediendo la idea del otro en mi, aquí nombramos el rostro… El rostro del Otro a cada momento destruye y desborda la plástica imagen dejándome a mi” (TI 50-1). El cara a cara es una final e irreducible relación cuyo concepto no puede ser cubierto. Pero como este encuentro es constituido mutuamente, no es violento; y como tal “mantiene la pluralidad del mismo y del otro” (TI 203) y “hace posible el pluralismo de la sociedad” (TI 291).

La consecuencia de este encuentro no es una demanda de visión, sino la necesidad de lenguaje. La inconocibilidad del otro resiste entonces imágenes de si mismo, elude la habilidad de comprenderlo totalmente (OB 78), y en su lugar demanda que yo me dirija a mi mismo como si fuese él. Levinas llama a esta conversación entre otros ‘ética’, el ‘discurso que procede de la absoluta diferencia… [y] trasciende la visión” (TI 195-195). La búsqueda por la utopía se localiza entonces en un discurso ético del infinito donde la idea de la perfección

excede la concepción, desborda el concepto; designa la distancia: la idealización que hace posible es un paso al limite, es decir, trascendencia o el paso al absoluto otro. La idea de lo perfecto es una idea de infinidad… no es reducible a la negación de lo imperfecto; la negatividad es incapaz de trascender. La transcendencia designa una relación con una realidad indefinidamente distinta de mi propia realidad, incluso sin que la distancia destruya la relación y sin que la relación destruya la distancia (TI 41-2).

Este discurso ético expone como “el idealismo cumplido reduce toda ética a política” en la cual el Otro y Yo son reducidos a meros actores de “momentos en un sistema, y no su origen” (TI 216-217). Esta es la esencia del pensamiento político de Levinas. Es un fundacionalismo anti-fundacional. Sin esta fuente constante de resistencia, la multiplicidad pierde su significado y todo el lenguaje, política y discurso sirve apenas para contribuir a su propia absorción por el universal Estado. “La introducción del nuevo en una idea, la idea de la infinidad, es el puro trabajo de la razón. El absolutamente nuevo es el Otro” (TI 219).

En resumen, Levinas muestra como la expresión de utopía es inmanente en el mundo y expresada como una necesidad deja a la política para si misma en el preciso momento en que es el deseo de superarla es más evidente. Sin embargo, este gesto anti-fundacional no conduce a un relativismo absoluto porque el Otro, infinitamente inconocible y a la vez experimentable por mi, está inevitablemente en relación conmigo. Esta relación es ética en si misma y esta mantenida a través de nuestra mutua y constitutiva presencia como entidades fenomenologicamente localizables. Ninguna visión del rostro del otro bastará como completa representación que le haga justicia en su diferencia. En su lugar, usamos al lenguaje en su infinita maleabilidad y falibilidad para expresar nuestras necesidades y deseos. Como siempre ocurre una reducción entre lo que se dice espontáneamente y lo que históricamente se dice haber comunicado, el lenguaje siempre desborda y se traiciona a si mismo, resistiendo cualquier intento de traducir adecuadamente y contener al otro. Le ética de la alteridad es entonces un llamado a lograr relaciones con otros que están excluidos de la común comunión: comunicación, comunidad y camaradería. Esta llamada sentida como un deseo por lo infinito, por una base (arché), por una responsabilidad y justicia que existe simultáneamente entre todos los Seres y que nos demanda considerar la existencia diferente del Ser reducida a algún principio colonizador. Esta llamada por aquello que esta por venir en lugar de aquello que está ya propuesto o preasumido es la reforma de la utopía como metafísica del infinito y no una metafísica de lo total. Esta llamada, dirigida a todos, es la verdadera posibilidad de una política pluralista y anti fundacionalista que resista cualquier táctica obscurezca sus fundaciones y envuelva al otro, tal como sucede en el discurso de la ética intersubjetiva de Jurgen Habermas. Levinas, en su

fundación del pluralismo no cuaja aislada de los términos que constituyen la pluralidad. Mientras se mantienen contra la totalidad que podría absorberlos, los deja en comercio o en guerra. En ningún momento se postulan como causas de si mismos (TI 221).

Esto abre las posibilidades del discurso social a una imaginación juguetona, heterogénea, creativa y radical. Solo aquello que está por venir tiene esperanza de superar, exceder el futuro como futuridad misma hecha presente.

  • La utopía como metodología política

Si ya no es lo “absolutamente nuevo” ¿cuál es el otro? ¿Cómo se hace para introducir lo nuevo en lo político, y entonces como usa uno la política para generar lo nuevo? La infinidad de la experiencia fenomenológica, como la responsabilidad y las éticas de alteración cambian el concepto de la utopía como una estrategia para demostrar “el poder” en vez de “el deber” y se le opone a la pragmatopiana y teleologica “es”. Pero si las éticas de alteración tematizadas por definición, entonces ¿cómo hace uno para trasladarlo a una metodología política capaz de movilizar colectivos e instituciones para actuar? ¿“Cual significado”?, pregunta Levinas, ¿“puede una comunidad tomar en diferencia sin reducir la diferencia? ” (OB 154). Se pudiera hacer política de esta utopía?

Dos vínculos se presentan en este esfuerzo. Primariamente, la pregunta de la pregunta sobre la política, como propuesto por Philippe Lacoue-Lebarthe y Jean-Luc Nancy en los 1980’s, preguntando si la política ya contiene el tipo de discurso de ruptura y reconstrucción que Levinas ejemplifica como la ética y que la define reenergizando el impulso de la utopía. Secundariamente, es necesario considerar la creatividad de la utopía para ejercer respuestas políticas alternativas fuera de las bases establecidas a modo de gesto estético. Esta en este ultimo concepto de Levinas donde filosofía reforma la utopía como un estilo ético de pensamiento que toma un profundo carácter – casi neumático – la brisa anarquista siempre sopla ligeramente.

Acerca el primer punto, el trabajo La ética de la deconstrucción de Simon Critchley es bastante útil. Critchley pregunta si la deconstrucción, la cual presentación es semejante a los esfuerzos continuos el ‘dicho’ con el irreducible excedente lenguaje, “falla en tematizar la cuestión de la política como una pregunta – queriendo decir, como un lugar de contienda, antagonismo, lucha, conflicto y distensión en un terreno verídico o empírico” (ED 189-190). La respuesta a esta pregunta es “no” a lo tanto que la deconstrucción, como ‘el decir’ de Levinas, expone el preguntar como el origen del pensamiento puede ser identificado con el ser ontológico de Heidegger. Exponiendo esta pregunta, deconstruccion revela la pregunta de la pregunta colocando el pensar en relación con el otro. Pero este pasaje a través de lo indeciso no ofrece ningún contenido político sustantivo, no es nada mas el notar que la locura que es el momento de la toma de decisión (ED 199-200). Para Lacoue-Labarthe y Nancy, la deconstrucción tiene políticas ‘re-tratadas’ (le politique) pero ha fallado el ‘re-sobrepasar’ su esencia (le politique) en algo que no sea la metafísica (ED 206-7 ; 214-15). Una plena lectura de la respuesta Lavinisiana sobre este reto legítimamente pregunta si la filosofía de Levinas no lleva al silencio politizado por la cual culpo a su antecesor Martin Buber.

La filosofía de la estética de Levinas ayuda en parte para resistir el dominio de las estructuras irreales de sus tendencias, pero falla en un aspecto importante: la creatividad artística mantiene abierto el espacio en al cual la relativa ética es mas poderosa (cf. 77. 84). La gran falta de responsabilidad entre la actividad y el proceso ético del “actuar” contra la reducible y representativa práctica del “decir”  produce lo que Wayne Hudson llama la “utopía excedente” (11). Este excedente, encontrado en todos los materiales culturales como subproducto de la creatividad artística, ayuda a generar la practica de la utopía constituida por la razón (critica) y la imaginación (re-creación o re-iteración) ya que reconoce que el “decir” del artista es inmediatamente traicionado como un “decir” una vez que se expresa como un objeto fenomenológico. (12) El artista, naturalmente reconoce este efecto como una corolario de aquello cual compela a la movilización y la creatividad hacia más trabajos. Entonces, como un programa de constructivismo político, este utopismo:

Depende en establecer un simple arreglo institucional en a través las numerosas organizaciones que lo consideran, evaluando y rediseñando propuestas para reformar la vida cotidiana organizacional… aunque ninguna utopía total podrá ser lograda (RU 6).

Toda actividad entonces sigue siendo una empresa contemporánea, pero con la importante adición de una utopía impulsiva la cual de-formaliza al tiempo mismo, el cual sobrepasa ‘la narrativa y el tiempo’ como una forma de resistencia anti-fundacional (13). De acuerdo con Levinas, el ‘tiempo’ de la historia universal permanece como la base ontológica de la cual existencias particulares se pierden (TI 55), y nada mas es cuando “el hombre verdaderamente se acerca al Otro del cual lo desenterró de la historia” (TI 52). El impulso de la utopía como ética y como critica propone momentos fenomenológicos en el sistema, sin la idea de reconstruirlo, más bien de hacerlo trascender itinerantemente con la intención de después ser sobrepasado.  Momentos constructivitas como el “decir” entonces hace conflicto con otros parecidos momentos, nunca tratando de aportar la respuesta de múltiples problemas aparte de ofrecer otra respuesta conflictiva del margen una dialéctica normal predominante y convencional. Estos momentos promueven conocimientos de opciones éticas para las existentes tipos de perfección dentro de contextos específicos y cuales exponen de otra manera reclaman fundaciones auto-referenciales y métodos tan frecuentemente escondidos por el simulacro social. El resultado es el abandono de uno entre la metafísica o el idealismo como un monismo – particularmente en el sentido del “esteticismo nacional” proclamado por Heidegger en forma eminente y colectiva – en preferencia de des-agregación y pluralidad (RU 27-28) cual “abre el paso para la perspectiva de utopía organizacional de comunidades no-uniformizadas” de la “culturas criticas” y “una concepción tensional de la ciudadanía como grupos de comportamientos distribuidos en vez de una sola ética” (RU 77-79 ; 92-94). Tal vez podemos decir que Levinas se refería a la “relación sin relación” (TI 271) donde la “ética como óptica” es últimamente relevada como los estilos éticos del pensamiento (14). El conflicto de estas utopías en el plano lingüístico producen valores que son tan vitales para las negociaciones de nuestro mundo contemporáneo de excesivas verdades. No es la pregunta “¿qué hacemos ahora?”, con la cual Foulcault nos dejó. Más bien la pregunta es “¿ahora que podemos hacerlo todo, que haremos?” que se hizo Nietzsche. Esto va al corazón de la filosofía de Levinas, la cual cuestiona “La semántica de la forma verbal ‘ser’ – inevitables estaciones de la razón – como la máxima autoridad que deciden lo que es el significante” (EN, 198). Entonces, en vez de ofrecer la imaginación social en el imagen de un circulo cerrado, este utopismo refleja el imagen de la imaginación Derridiana, el constante pliegue y repliegue sobre la fabrica social, la cual sin embargo es productiva en vez de plenamente repetitiva.  La utopía como política siempre es un gesto de la fenomenológica ética del otro infinito como una responsabilidad y proximidad a otros y llamados a la creación sin límite.

  • Posdata: uTOpía

Siempre da placer el poder decir que un ensayo no es un trabajo de pura especulación. Existe hoy en la ciudad Canadiense de Toronto un activo movimiento político que se auto-identifica como desvergonzadamente utópico y estéticamente imaginativo. En su libro uTOpía: Hacia un Nuevo Toronto (15), ellos aportan una serie de experiencias imaginando como aplicando la estética utopía en una gran variedad de contextos sociales, instituciones, proyectos y políticas. Sus esfuerzos son trabajos de ambos carne como concreto, o lo que pudiéramos ser provocados a caracterizar como ‘la carátula’ y el ‘dicho.’ Esta simultaneidad de sus esfuerzos presta testigo un sentido de infinita responsabilidad fenomenológica, incorporando dentro sus proyectos estéticos, la globalización de la producción y el consumo, la sostenibilidad ecológica, la democracia, la economía creativa, y la construcción de nuevas formas comunales. Sus proyectos son múltiples y rápidos, con tramas ambiciosas y ampliamente transformadoras. Sus miembros son de diversos campos, desde académicos y activistas sociales, pasando por trabajadores y desamparados, hasta pobres y ricos; incluso forma parte el alcalde de la ciudad de Toronto. En el congreso, hablaré sobre la experiencia del proyecto aquí descrito en relación a la filosofía de Levinas y la reforma de la utopía, con consideración particular a la dimensión legal (o su falta) en sus esfuerzos.


 

Notas referenciales y bibliografía

Una profunda lectura del utopismo de J.S Mills y Bentham a la luz de le sigue puede ser conseguido en el primer capitulo de John Llewelyn, Las Medias Voces de la Conciencia Ecológica : Una lectura Quismatica de la responsabilidad en el vecindario de Levinas, Heidegger y otros (Londres : Imprenta Académica MacMillan, 1991).

Febrero 12 del 2002, Noticias breves del Departamento de Defensa; en respuesta a la pregunta los vínculos imaginarios entre el gobierno de Saddam Hussein y el suministro de armas para la destrucción en masas para terroristas. Trascripción accesible por Internet (última verificación el 15 de junio de 2006): http://www.defenselink.mil/transcripts/2002/t02122002_t212sdv2.html .

Simon Critchley, La Ética de la Deconstucción (Londres : Blackwell, 1992), 203 (de aquí en adelante ‘ED’).

Emmanuel Levinas, La Totalidad y la Infinito : Un ensayo sobre la Exterioridad (Pittsburg : Imprenta Universidad Duquesne, 1969), 34 (TI). También me referiré al siguiente importante libro de Levinas, designado por las iniciales de los títulos: Aparte de ser o la esencia mas allá (Pittsburg : Imprenta Universidad Duquesne, 1981)(OB) ; Entre Nous : Pensando del Otro (Nueva York : Imprenta Universidad de Columbia, 1998) (EN ; Colección de ensayos filosóficos (Pittsburg : Imprenta Universidad Duquesne, 1998) (CCP).

Jaques Derrida, ‘La violencia y la metafísica’ en Escritos y Diferencias : Ensayo sobre la Pensamiento de Emmanuel Levinas (trad. Alan Bass) (Londres ; Routledge, 1978), 79-80 (WD).

Un ejemplo útil se encuentra en las amplias contemplaciones de objetos comunes y cotidianos en Swanns Way de Proust.

Hilary Putnam, ‘Levinas y el Judismo’ en Simon Critchley (ed.) Acompa~nte Cambridge sobre Levinas (Londres : Imprenta Universidad de Cambridge, 2002), 42 (CCL).

Consultar a Jonathan Loesberg, Un retorno a las Estética: Autonomía, Indiferencia y el Postmodernismo (Stanford : Imprenta Universidad de Stanford, 2005).

El tratado estético central de Levinas es la corta y densa ‘La Realidad y su Sombra’ en CPP.

Un ejemplo popular y representante del cual es Richard Florida, El Surgimiento de la Clase Creativa: Y como esta transformando el trabajo, la Recreación, la Comunidad, y la Vida Cotidiana (Nueva York : Libros Básicos, 2004). Que este cambio se expresa en términos de una « clase » es bastante revelante, in en vacíos instantes un ejemplo donde una ética utópica pudiera intervenir para dar reconocer, no tanto una nueva « clase », pero un nuevo código de la vida o existencia socio-económica que reta esta marco ideológico y entonces limitando su potencial para cambios fundamentales y organizacionales.

Wayne Hudson, La reforma de la Utopía (aldershot : Ashgate, 2003) 2-4 (RU).

El ejemplo mas claro de esto fuera Jackson Pollock, a quien vemos en esta manera como tratando de literariamente capturar el momento del inmediato decir a través de cualquier conversión. Su estilo kinetico se pudiera describir como un evidente intento de saltar el cañón abismal entre el decir – actuando o haciendo – y lo dicho, el acto interpretativo cual no puede ser reducido a una descripción proponente. Pero aun estas obras fueron canonizadas, y típicamente caracterizadas como « algo que ni joven pudiera hacer. » Esto es bastante chistoso, ya que esta es la elogia mas alta posible dentro de la teoría que les atento en presentar dentro este trabajo.

Aquí existe una útil comparación entre el post-estructuralismo de Levinas y el estructuralismo de Marxista hecho considerando la noción del tiempo en utopía de Ernst Bloch. Un prefigurar del Tiempo y Narrativa de Paul Ricouer, sin embargo, la noción del tiempo como puesta por Bloch re-inscribe el historicismo Marxista de vuelta en su sistemática imaginación, en vez de liberándose de aquel. Por ejemplo, las primeras palabras de la obra El Espíritu de Utopía de Bloch, comienzan con la formulación la cual es reprensible de acuerdo con la presentada teoría: « Yo soy, nosotros somos. Y eso es suficiente. » Una sostenida consideración de la resistencia y lo estético es encontrado en Isobel Armstrong, Lo Estético Radical (Oxford : Blackwell, 2000). Aun otra comparación útil a Levinas fuera la obra Eros y Civilización de Herbert Marcuse en relación con la noción central de la ‘querencia’ de Levinas.

¿Donde pudiemos localizar este esfuerzo en la taxonomita de la ética como una filosofía? Probablemente, si a caso algún lado, fuera en las meta-éticas donde Levinas es empatico en que es en la relación entre otros la cual es ética ; y no que la ética es de ser un producto de aquella relación. Como el Otro es infinito, la ética de aquello es el principio filosófico primario. Una consideración que vale la pena a la relación entre la ética y la imaginación, lean la obra de Nathan Tierney titulada; Los Ideales Éticos y la Imaginación: Prospectos para un Unificado Entendimiento Filosófico y Psicológico (Nueva York, Imprenta SUNY, 1994).

Jason McBride y Alana Wilcox (eds.), uTOpía : Hacia un Nuevo Toronto (Toronto : Coach House Books, 2005).


NOTAS DEL TRADUCTOR

i El autor utiliza aquí la raíz griega ‘arché’ (que significa base o fundación) para mostrar como el ‘otro’ es una fundación anti fundacional, una an-arquía. Nota del traductor.

ii Un ejemplo útil serian las extensas contemplaciones de objetos comunes y cotidianos en “Por el camino de Swann” de Marcel Proust.  

 

 

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