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Los programas sociales de la revolución cubana
y su impacto en la justicia participativa

Nancy López Díaz y Mercedes Valdés Estrella
Universidad de la Habana, Cuba

 

El presente trabajo es parte de un conjunto de investigaciones que hemos realizado sobre las ideas y prácticas educativas en nuestro país asociadas a los impactos que la Revolución promovió en la intervención de la ciudadanía cubana en los procesos económicos, políticos y sociales.

La reflexión acerca de la educación y la transformación de los actores sociales en Cuba estuvo presente en intelectuales, pedagogos y educadores cubanos desde el mismo momento en que se enunciaron las primeras ideas constitutivas de nuestra nacionalidad y se expresaron las preocupaciones por los destinos de la isla. En la historia del pensamiento cubano son numerosas las referencias que aportan criterios de valor para el esclarecimiento de las ideas acerca de la educación, en la obra del Padre José Agustín Caballero, Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Enrique José Varona y ese cubano de excepción, José Martí, así como los continuadores de este legado a lo largo de la historia de Cuba.

Existe consenso en torno a que el desarrollo de capacidades y facultades en las personas producto de la educación varía en virtud de condiciones culturales y sociales, las cuales generan determinados valores creencias y conocimientos que deben estar en consonancia con los objetivos y características del proyecto social en que se desarrollan los proyectos educativos.

Asimismo, la educación propicia la maduración de la persona humana para que, a la vez que se educa, modifique las condiciones hacia un orden mejor y más útil, tanto en lo individual como en el ámbito social.

Ello está relacionado con los esfuerzos que se llevan a cabo, en diferentes países y especialmente en Cuba, que es el caso que nos ocupa, para intentar adaptar los fines de la educación a la realidad y las necesidades humanas en correspondencia con los avances de la ciencia y la técnica, con el objetivo de propiciar un desarrollo verdaderamente humano sin que nadie quede excluído.

La revolución cubana desde sus inicios se propone la transformación del universo educacional y sociocultural, en función de lograr la perfectibilidad del comportamiento humano y el logro del desarrollo integral del hombre.

Como resultado de esa estrategia en las décadas del 70 y 80 se logró el acceso masivo y gratuito de amplios sectores de la educación, así como el avance del perfeccionamiento del sistema nacional de educación. Por otra parte, se produjo el ascenso de amplios sectores anteriormente marginados a la vida laboral, política y cultural del país en constante renovación. Ello coincide con el proceso de institucionalización del poder revolucionario y el desarrollo de procedimientos que propician la participación más activa de la población en los procesos políticos.

Sin embargo, en la década del 90, con el inicio del período de crisis que vive el país en lo económico y social después de la pérdida de sus relaciones productivas, técnicas y científicas con el desaparecido bloque de países socialistas de Europa del Este y la Unión Soviética y el recrudecimiento del bloqueo norteamericano la cual trajo consigo un serio deterioro del nivel de vida de la población, y provocó en muchos casos la disminución ostensible del valor asignado a fenómenos de más alto vuelo (sociales, espirituales) y la hiperbolización del valor de todo aquello asociado con la satisfacción de las necesidades materiales individuales y familiares.

La situación descrita puso de relieve la necesidad de ahondar en la educación desde una nueva perspectiva, capaz de involucrar a personas que, producto de las condiciones del llamado Período Especial o de características específicas en los contextos sociales en que se desarrollan sus vidas, no se habían incorporado a ninguna de las opciones ofrecidas por el Sistema Nacional de Educación.

Esta nueva proyección devino en el desarrollo de los llamados “Programas Sociales de la Revolución” que pueden caracterizarse como un conjunto de proyectos alternativos, aplicables a corto y largo plazo, orientados a proporcionar a toda la población oportunidades para insertarse en el proceso de perfeccionamiento de la práctica educacional, la atención socio humanista y la difusión cultural atendiendo a las peculiaridades específicas de los diferentes sectores de la sociedad cubana.

Tales proyectos se dirigen a lograr la preparación integral de los estudiantes con sólidos conocimientos científico- técnicos en los perfiles mencionados, la formación de valores humanos y un elevado compromiso con la comunidad a la que pertenecen, en aras de un desarrollo humano donde prevalezcan la justicia social y la solidaridad.

Esto fue posible, en parte, por la prioridad que la educación ha recibido desde 1959 en la política del gobierno cubano que incluye la asignación prioritaria de recursos y, fundamentalmente, por el interés de nuestro gobierno en la preparación de los ciudadanos para su participación en el perfeccionamiento de la sociedad y los procesos de adopción de decisiones.

Los nuevos programas se dirigen, en lo fundamental, hacia la juventud. El aumento significativo del número de jóvenes desvinculados del trabajo y el estudio dio inicio a un programa esencial, la formación emergente de trabajadores sociales para suplir la carencia de los mismos, pues aunque existían, eran insuficientes para satisfacer las necesidades del país en las nuevas circunstancias que la crisis económica y las medidas implementadas por el Gobierno Revolucionario para enfrentarlas generaba.

Los primeros 1053 trabajadores sociales eran ellos mismos jóvenes desvinculados de toda labor socialmente útil, en algunos casos desorientados que, por diversas causas, no habían alcanzado una carrera universitaria o la habían abandonado, por lo tanto eran a la vez objeto y sujeto de las transformaciones. En su mayoría procedían de familias de obreros, no de profesionales. Para ellos esta noble misión representaba una vía de estudio y a la vez una fuente de empleo. Esta situación se repetía en las primeras promociones de trabajadores sociales de las diferentes escuelas del país. Las siguientes promociones fueron de jóvenes que provenían directamente de la enseñanza pre-universitaria.

Asimismo fue emprendido otro programa de máxima importancia, la formación emergente de maestros de primaria, secundaria básica y computación por el déficit existente de los mismos en el país analizado anteriormente y a tenor con los avances de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

La formación de instructores de arte, verdaderos promotores culturales de cada territorio, barrio, zona rural, así como de enfermeros y técnicos de la salud que por el contenido humano de su labor se hacen cada día más necesarios para garantizar el desarrollo cuantitativo y cualitativo del sistema nacional de salud, constituyeron también prioridades del estado cubano.

La municipalización de la enseñanza superior, una modalidad de educación válida para los jóvenes egresados de los cursos de maestros y otros programas, constituye una vía para la promoción popular de conocimientos pues acerca la universidad al municipio, al individuo, mediante la creación de sedes universitarias en todos los municipios del país que han devenido centros de animación cultural de los municipios.

Forman parte de esta nueva revolución otros programas como la distribución de TV y videos a las escuelas, la introducción de la computación en la enseñanza primaria, para lo cual fue necesaria la electrificación de las escuelas en zonas de montaña, la formación de profesores integrales de secundaria básica, la nueva estructura de la Feria del Libro de la Habana, la transmisión de tele clases y las escuelas de niños con algún tipo de retraso en el desarrollo físico motor e intelectual o su atención en casa por parte de sus madres que reciben por ello un salario del estado.

Defendemos la tesis de que las transformaciones constituyen una nueva Revolución Educacional y Socio cultural porque se adecuan a las condiciones histórico-concretas de Cuba de finales del siglo XX y principios del XXI y a las exigencias de la Revolución Científico-Técnica, el surgimiento de las nuevas tecnologías de la información, las comunicaciones y las reformas educativas que tienen lugar en el mundo. Este contexto nacional e internacional exigía la creación de nuevos y revolucionarios conceptos para transformar cuantitativa pero sobre todo cualitativamente tanto nuestro sistema educacional como otros mecanismos diseñados para propiciar la intervención activa de los ciudadanos en los procesos sociales a partir del fomento de su preparación integral y de la combinación de sólidos conocimientos científico-técnicos con la formación de valores humanos que les permitan un despliegue creador y multilateral de su subjetividad.

Bibliografia

Martí, José. Ideario Pedagógico. Ministerio de Educación. La Habana. Año de la Educación, 1961.

-D Angelo Hernandez, Ovidio S. Sociedad y Educación para el desarrollo humano. Publicaciones Acuario. Centro Félix Varela.La Habana 2001.

-Marinello, Juan. En prólogo al libro. La educación en la Revolución. La Habana, 1976.

-Ojalvo, M Victoria. Vigotski presente en la educación del futuro. Revista Cubana de Educación Superior. No 1. 1998.

-La Universalización de la Educación Superior Cubana CEPES. Soporte Digital. 2003.

-Vecino Alegret, Fernando. Conferencia especial. La educación superior en la búsqueda de la excelencia. Revista de educación superior No 1. 2002.

-Castro, Fidel. Acto de inauguración del programa de la universalización de la Educación Superior Cubana, 5 de enero 2003

------------------. Discurso en la clausura del 4to Congreso de la Educación Superior. La Habana, 6 de febrero 2004.Oficina de publicaciones del Consejo de Estado.

-Galindo, Carlos e Isaac, Sandra .En Cuba, un nuevo espacio para la animación. Las sedes universitarias municipales. Ponencia inédita.


NOTAS

López Díaz, Nancy y Valdés Estrella, Mercedes. La universalización de la educación superior en Cuba. Nuevas prácticas educativas en Valdés Menocal Célida y Roberto Sánchez Benítez. Ëtica, Política y Cultura desde Cuba, pág. 211

D’ Angelo Hernández, Ovidio. Educación para el desarrollo humano. Publicaciones Acuario. Centro Félix Varela. La habana, 2001, pág. 64

 

 

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