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EL MEDIO AMBIENTE Y EL FEMINISMO POST-COLONIAL: Ejemplos de la Resistencia de las Mujeres en el Tercer Mundo

Colleen Mack-Canty
Universidad de Idaho, EEUU

 

El feminismo occidental se interesa cada vez más en lo que se conoce como feminismo post-colonial. Este énfasis en el feminismo sirve para extender el análisis de la intersección entre sexismo y etnia, clase y heterosexismo, para incluir los todavía negativos factores del colonialismo occidental (Schutte 1998, 65). El “post,” en post-colonialismo, no indica que el colonialismo haya terminado sino más bien que todavía existen legados coloniales. En un discurso post-colonial, fenómenos recientes como la economía capitalista global, el desarrollo de proyectos en el hemisferio sur y eventos como el racismo del medio ambiente en los Estados Unidos, son vistos como “neo-coloniales.” Pueden ser vistos como “…una continuación de la expansión europea que comenzó en 1942” (Harding 1998,154; LaDuke 1993).

En los Estados Unidos se puede apreciar la preocupación académica sobre el post-colonialismo con la publicación de varios números especiales que le dan realce en diferentes periódicos feministas (ej: Hypatia: Edición Especial: Cruzando la Frontera: Retos Feministas Multiculturales y Postcoloniales a la Filosofía (Parte I y II), Primavera 1998 y Verano1998; Signs: Edición Especial: Feminismos Postcoloniales, Emergentes e Indígenas, Verano 1995; Signs: Edición Especial: Globalización y Género, Verano 2001 y Women’ s Studies Quarterly:Edici ó n Especial: Trabajo de la Tierra: Las Mujeres y los Medio Ambientes. 2001). Más ejemplos de feminismo postcolonial se encuentran en eventos como la reciente creación de una Red de Conocimiento Feminista, llevada a cabo por un grupo de editores de periódicos de estudios de la mujer para facilitar la comunicación, incluyendo la impresión de artículos de un periódico al otro (Hall 2003). Además, varias conferencias feministas en los Estados Unidos se han enfocado en un aspecto específico: el feminismo internacional . Un claro ejemplo es la Conferencia Nacional de Estudios de la Mujer de 2005 titulada “La Mujer y el Medio Ambiente: Globalizándose y Movilizándose” en la cual se presentó a la famosa ecofeminista y portavoz anti-globalización, Vandana Shiva como la presentadora clave.

En una escala global, las cuestiones feministas post-coloniales han ganado algo de importancia política visible. Por ejemplo, la Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer llevada a cabo en Beijing en septiembre de 1995, usó una plataforma de acción importante para el feminismo post-colonial que fue adoptada por las 165 naciones y la multitud de ONG’s (Organizaciones No Gubernamentales) representadas. Una de las acciones post-coloniales específica fue la preocupación por el medio ambiente que dice: “justicia del medio ambiente para las mujeres, promoviendo el desarrollo sostenible y dirigiendo el impacto desproporcional de los problemas ambientales en las mujeres y las comunidades pobres.”

El feminismo post-colonial funciona más allá de las fronteras geográficas e intelectuales. Intelectualmente, cuestiona estructuras familiares y a menudo cómodas (Narayan y Harding 1998a, 1). Paralelamente, la crítica post-moderna de reivindicación del conocimiento universal es una en la que se juzga el paradigma científico por sus afirmaciones de universalidad, argumentando que sus alegaciones sobre el conocimiento son simplemente conocimientos que se han desarrollado por un grupo de gente en un contexto histórico específico (Harding 1998). La economía capitalista global y sus impactos son de crucial importancia para las feministas post-coloniales. Estas feministas nos alertan del hecho de que en el llamado mundo en desarrollo, las mujeres y sus hijos en particular son seriamente afectados por la escasez de comida, el alto costo de vida, la disminución de servicios y la erosión de las condiciones económicas y medioambientales.

Una razón en particular por la que la degradación ambiental afecta a las mujeres desproporcionadamente es porque las actividades de las mujeres a menudo incluyen la adquisición de agua y madera combustible. Debido al incremento de la deforestación, las mujeres se ven obligadas a recorrer distancias más largas para obtener madera. En Sudáfrica por ejemplo, a las mujeres generalmente les toma entre siete y nueve horas el realizar estas tareas, teniendo que caminar entre 12 y 38 millas por carga y se ha registrado que cada carga puede llegar a pesar 147 libras. Esto, por supuesto, significa menos tiempo para el cuidado de sus niños, educación, trabajo remunerado u otras actividades (Goodland 1995).

El feminismo post-colonial mira a estos efectos negativos de nuestra historia colonial/neo-colonial, expresados en mujeres del tercer mundo, como un foco apropiado para el feminismo contemporáneo. Desde sus localidades particulares, las mujeres del tercer mundo que se resisten a los impactos neo-coloniales adversos, entienden los costos del desarrollo y cómo estos costos ocurren. Ellas pueden (y lo hacen) brindarnos conocimiento empírico valioso con respecto a los efectos negativos de proyectos de desarrollo.

Las bases políticas de las mujeres para atenuar los efectos coloniales se pueden ver en países primer mundistas y tercermundistas. Los impactos de la globalización que ocurren en el llamado mundo “desarrollado” de los Estados Unidos, a menudo afectan a personas que todavía sufren de un colonialismo anterior: los nativo-americanos, afro-americanos e hispanos. En los Estados Unidos, el Movimiento de Justicia del Medio Ambiente, que es un movimiento que responde a la ubicación desproporcionada de proyectos contaminantes para gente de color y/o barrios pobres, cuenta como sus activistas con un número preponderante de mujeres. Asimismo, la globalización, vista por muchos como un colonialismo actualizado, se ha visto acompañada de un gran crecimiento en el activismo de las mujeres en contra de actividades de desarrollo en el “sur.”

En el mundo “en desarrollo”, donde los impactos neo-coloniales adversos a menudo engendran protestas por parte de mujeres del tercer mundo (Rocheleau et al. 1996), algunos de los ejemplos más populares están en movimientos medioambientales y ecológicos. Dos movimientos muy conocidos son el movimiento Chipko en India y el movimiento Green Belt en Kenia. El movimiento Chipko se describe aquí por Vandana Shiva, de India, quien simultáneamente es considerada por los académicos como una de las más importantes activistas en anti-globalización (Mohanty 2003) y según algunos la más prominente ecofeminista conocida internacionalmente. (Dryzek 1997)

El movimiento Chipko empezó en la década de los 70 cuando se organizaron las mujeres de los pueblos en la zona de los Himalayas en India para proteger sus bosques de las hachas de los contratistas. Chipko, que significa “abrazo”, era una forma de resistencia no-violenta. Las activistas abrazaban los árboles poniendo sus cuerpos en el camino de las hachas de los contratistas. El movimiento Chipko, que es una extensión de la resistencia sin violencia, tradicional de Gandhi, ha llevado a muchas campañas de este tipo de desobediencia civil de mujeres indias a llamar la atención de las prácticas de “desarrollo” que destruyen sus bosques, divisiones de aguas, y suelos, sus sustentos y sus culturas (Shiva 1988).

El movimiento Green Belt fue establecido por el Consejo Nacional de las Mujeres de Kenia (NCWK es su acrónimo en inglés) en el Día de la Tierra en 1977 para combatir la desertificación, que es el proceso en el cual la tierra productiva se convierte en desierto debido al mal uso (World Watch 2003: 201). Consecuentemente, el movimiento Green Belt ha creado una red a nivel nacional en Kenia de 6,000 viveros de campo que han trabajado para prevenir la desertificación alentando la forestación y la conservación del suelo y el agua en comunidades rurales.

En 1999, se estimó que las 50.000 mujeres miembros de Green Belt habían plantado más de 20 millones de árboles y que mientras algunos han sido cosechados, otros todavía siguen en pie. El movimiento Green Belt fomenta el no-pacer (mantener el ganado en corral para controlar el abono) y el cultivo orgánico como medios para mejorar la fertilidad del suelo y la producción de comida. Además, fomenta a los granjeros a plantar variedades de cultivo nativo que se adaptan a las condiciones locales y pueden manejar las sequías y otros impactos que amenazan el suministro de comida. Miembros del grupo venden plantas de semillero desde sus viveros, ganando así no solo una fuente para leña, pero también una fuente de ingreso independiente.

La organización Green Belt también trabaja para construir la confianza en si mismas de las mujeres y crear las condiciones para una mayor equidad de género en el hogar y la esfera pública. “Implícito en la acción de plantar árboles,” dice Wangari Maathai, fundadora del movimiento Green Belt y ganadora del Premio Nóbel de la Paz, “está la educación cívica, una estrategia para otorgar poder a la gente y darles un sentido de tomar el destino en sus propias manos, removiendo sus miedos..... [para que las mujeres] puedan controlar la dirección de sus vidas (World Watch 2003, 51).

Mientras que el movimiento Chipko en India y el movimiento Green Belt en Kenia son bastante conocidos, las mujeres del tercer mundo se han involucrado en una multitud de acciones como éstas para protestar en contra de los impactos neo-coloniales, pero no son muy conocidas. Como ilustración de esto tenemos a la Unión Nacional de Trabajadoras Salvadoreñas (UNTS), una ONG que entrena a mujeres del área rural en El Salvador y Honduras sobre como usar plantas medicinales alternativas y naturales, así como comida encontrada localmente. El retorno a la medicina natural es un movimiento controlado por las mujeres. Son las mujeres campesinas las que saben sobre las cualidades curativas de las plantas locales y pasan este conocimiento a sus hijas....También es una clara protesta en contra de los servicios de salud salvadoreños así como en contra del modelo de desarrollo económico que adopta mecanismos de medicina occidental. Por ende, el movimiento es percibido, correctamente, como una iniciativa controlada por mujeres que luchan contra los intereses del Gobierno, radicalmente (Steel en Warren 2000:26). Un desconocido número de movimientos en su mayoría nunca son registrados y transmitidos a lectores occidentales.

Vandana Shiva , después de haber conducido un extensivo estudio empírico sobre los efectos de las estrategias occidentales de desarrollo agrario en India, argumenta que el desarrollo occidental es verdaderamente un “mal desarrollo: un desarrollo “privado de……”” un principio de conservación o principio ecológico. Shiva argumenta que el mal desarrollo descansa sobre varias suposiciones falsas como: la naturaleza es improductiva, la agricultura orgánica basada en ciclos de naturaleza de renovación de períodos de pobreza, sociedades de mujeres, campesinos y tribus incrustadas en la naturaleza son similarmente improductivas. La afirmada “falta de producción” no está basada en la demostración de que la gente que trabaja cooperando produce menos bienes y servicios para sus necesidades. En su lugar, se asume que la producción solo puede darse cuando es mediada con la tecnología para la producción de comodidades aún cuando dicha tecnología destruye la vida.

Shiva presenta el ejemplo de un río estable y limpio que no es visto como una fuente productiva. El río necesita desarrollarse con diques para ser productivo. Las mujeres que comparten el río como un medio para satisfacer las necesidades de agua de las familias y la sociedad no son vistas como involucradas en la labor productiva. Solo cuando los ingenieros y otros expertos en manejo del agua se involucran, el uso del agua se vuelve productivo. Asimismo, los bosques naturales permanecen improductivos hasta que son desarrollados en plantaciones mono-culturales de especies comerciales. El mal-desarrollo, en el paradigma de Shiva, analiza todo trabajo que no produce beneficios y capital como trabajo improductivo. El trabajo de la auto-renovación de la naturaleza y el trabajo de las mujeres para producir sustento en un proyecto de reproducir diariamente las especies que aseguran las necesidades vitales básicas, es desatendido en el paradigma del mal desarrollo acogido por el capitalismo industrial.

Estudios del Movimiento de Justicia del Medio Ambiente en los Estados Unidos, un movimiento que responde al racismo ambiental, muestra que las mujeres, especialmente las de bajos ingresos y las mujeres de color, compensan el preponderantemente alto número de participantes activos en este movimiento ( Di Chiro 1993, 109). Los movimientos de las bases políticas en contra de los desperdicios tóxicos, a menudo cuentan con mujeres que toman acciones para cerrar vertederos de desperdicios tóxicos, previniendo el asentamiento de incineradores de desperdicios peligrosos y la influencia de procesos de producción de compañías y prácticas de eliminación de desperdicios. Las políticas de mujeres, en esta clase de protestas, tienden a comenzar con su mundo de experiencias diarias (Hamilton 1990). Se pueden encontrar muchos ejemplos de esta clase de activismo en los Estados Unidos tanto en la literatura feminista como en la del medio ambiente (De Chiro 1993).

Un ejemplo de este fenómeno puede ser observado al final de los años 80s, cuando las mujeres del sur de Los Ángeles, quienes no tenían previa experiencia política o poca educación formal, se organizaron exitosamente para prevenir que en su ciudad se construyera un LANCER (incinerador de 13 acres que podría quemar 2.000 toneladas de desechos municipales) que sería ubicado en su pobre comunidad residencial llena de gente negra e hispana. Cynthia Hamilton (1990, 220-221), que estudió este evento, observa que:

Para estas mujeres, las cuestiones políticas eran personales y bajo este punto de vista, llegaban a ser cuestiones feministas. Estas mujeres, al final, estaban peleando por lo que creían era “correcto” mientras que los hombres decían que era razonable. La coincidencia en los inicios del feminismo y ecología… encontraron una forma de expresión y desarrollo en la conciencia de estas mujeres a través de su preocupación de tener a la Tierra como hogar, el reconocimiento de que todas las partes del sistema tienen un valor igual [y]… que el capitalismo tiene un crecimiento con costos sociales. …Ellas desarrollaron sus críticas del patriarcado, en práctica. Para confrontar la necesidad de igualdad, estas mujeres obligaron a los hombres que les otorgaran un nuevo nivel de reconocimiento –que no puede ser simplemente descartado de las preocupaciones de la clase social de mujeres trabajadoras.

Una activista anti-LANCER llamada Robin Cannon, explicó que además de los planificadores de la ciudad, “[m]i esposo no me tomó seriamente al principio tampoco. El vio un grupo grande de mujeres reunidas y asumió que no se podría dar nada por hecho. … Después de seis meses, todos [nos] tomaron seriamente al final. Mi esposo tuvo que aprender a dedicar más tiempo para cuidar de los niños….” Otra activista, Charlotte Bullock, afirmó que “los trabajos de la gente estaban siendo amenazados… pero dije, “yo no voy a ser intimidada”. La salud de mi niño está primero… eso es más importante que mi trabajo.” (Tomado de Hamilton 1990, 217 y 220).

El racismo del medio ambiente es practicado más extensivamente en Reservaciones Indias dentro de los Estados Unidos. Además de los efectos adversos de este tipo de racismo sufrido por africanos, hispanos y asiáticos-americanos en nuestro país, más de la mitad de Indios de Estados Unidos viven en comunidades con uno o más sitios que no tienen control de desechos tóxicos (Warren 1997,3). Actualmente, en este país existe una considerable destrucción de las tierras nativas. Mujeres nativo-americanas; quienes se desenvuelven entre los líderes de estos movimientos por justicia en el medio ambiente, en particular, enfrentan riesgos en su salud inmediatos, (ej. contaminación de leche materna) por la presencia de actividades contaminantes como excavaciones de minas para energía nuclear dentro o cerca de su reservaciones (Warren 1997, 10). Según Winona LaDuke (1993, 98 ) (Ojibway), co-dirigente de la Red de Mujeres Indígenas, una cadena local de mujeres Nativas y de las Islas del Pacífico, directora del Proyecto de Recuperación de Suelo con Tierra Blanca y candidata para vicepresidente del Partido Verde de los Estados Unidos,

Alrededor del mundo y en América del Norte, la gente nativa es el centro de la presente crisis medioambiental y económica…. Gente indígena permanece frente a la línea de batalla del esfuerzo norteamericano por proteger nuestro ambiente. Entendemos claramente que nuestras vidas y la de nuestras futuras generaciones son totalmente dependientes de nuestra habilidad para continuar resistiendo el colonialismo e industrialización de nuestras tierras.

Las mujeres nativas son una fuerza positiva y esperanzadora dentro de esta resistencia. Las mujeres, de muchas tribus distintas, independiente de su trabajo en el Movimiento de Justicia del Medio Ambiente, han reiterando su posición en la vida comunitaria, al contrario de algunos efectos coloniales que causaron una seria caída dentro de varios siglos de dominación blanca. En las décadas pasadas, ha crecido el sentido de las mujeres nativo-americanas como grupo, tanto en las Reservaciones como dentro de las Comunidades Intertribales Urbanas Indias (Allen 1986) (Laguna Pueblo/Sioux). Hoy las mujeres ejercen funciones como miembros del concejo o jefes tribales dentro de por lo menos un cuarto de las tribus federalmente reconocidas. En la parte urbana, en comunidades extra tribales, se ha presentado una elección generalizada de mujeres de las tribus como parte del comité de Gobierno de los Centros Indios Urbanos. Además, las mujeres nativas son muy activas en áreas como: tratamiento de alcohol, restauración de valores culturales y organización en contra de la degradación del medio ambiente en tierras de las tribus, así como su forzada esterilización. Este es un trabajo absolutamente esencial para los nativos americanos, el mismo que se ha visto en peligro de extinción desde la llegada del hombre blanco.

El popular video universitario titulado “Proteger a la Madre Tierra” se presenta como un informe de la continua batalla entre nativo-americanos y el Gobierno de los Estados Unidos. En este video se evidencia como los Shoshones Occidentales están trabajando para prevenir pruebas nucleares en sus tierras. Aún cuando esta tierra fue legalmente retenida en el Tratado del Valle Ruby en 1863, los Shoshones tienen que reclamar su posición en la Corte Suprema de los Estados Unidos, la cual exige 24 millones de acres y la supervivencia de los ancianos. La película se presenta como testigo de la determinación y fuerza de la gente Shoshone que se enfoca en las hermanas Dann, Carrie y Mary, quienes lideran la pelea hacia el Gobierno que quiere recortar su tierra ancestral para convertirla en terreno de pruebas nucleares. Las hermanas exhiben su profunda convicción de que los Shoshones Occidentales han mantenido sus raíces y sus tradiciones orales dentro de ese terreno. Mientras que la película es un relato legal, se puede presentar también como un retrato personal de la gente tradicional Shoshone a través de sus lazos con la tierra en su confrontación con las tropas del Gobierno de los Estados Unidos dentro del lado de pruebas nucleares en Nevada. Las hermanas y la gente Shoshone en general se manejan bajo el principio de que la tierra es vida a nivel espiritual y económico.

El desarrollo económico, que frecuentemente perjudica a la habilidad de las mujeres para sustentar necesidades básicas para su hijos y ellas mismas, plantea preguntas importantes sobre como el feminismo del primer mundo occidental debe entender y comprometer los continuos efectos de la historia colonial con la persistencia del neocolonialismo económico y sus relaciones políticas (Narayan and Harding b1998,1). En su intento por entender la ubicación/situación de muchas de las mujeres del tercer mundo, el feminismo post-colonial hace uso de diferentes análisis. Aumentando al análisis feminista Marxista, algunos de estos académicos demuestran que la relación entre el proceso de la acumulación de capital y la división social de trabajo debaten que el otorgamiento de poderes económico y social de las mujeres es necesario para un desarrollo económico ‘real’ que debe tomar lugar en el tercer mundo (Sen y Growan 1987, 84 citado en Barker 1998, 84). Otra rama de la literatura, frecuentemente ecofeminista, demuestra que la relación entre las mujeres es el desarrollo sostenible (ver Braidotti et al. 1994; Shiva 1989), especialmente en la efectividad de la prácticas de siglos realizadas en las granjas por distintas mujeres. Esta literatura deconstruye la noción que desarrollo significa progreso y critica la creencia que dice que el capitalismo industrial es un proceso natural en el cual la reconstrucción medioambiental es frecuentemente necesaria para un efecto que se propague.

Ambos acercamientos tienden a trabajar con documentación empírica. Algunos de estos estudios por ejemplo son material para señalar factores terminales en salud que son riesgosos para estos grupo humanos que presencian un nivel bajo de radiación, pesticidas, toxinas y otros contaminantes. Algunos proveen información que demuestra como el desarrollo de las políticas del primer mundo constantemente resultan en políticas y prácticas que directamente contribuyen a la inhabilidad de las mujeres para proveer soporte adecuado para si mismas así como para su familia.

La metodología feminista generalmente beneficia el análisis que empieza con las perspectivas personificadas de las comunidades de mujeres pobres de color dentro de naciones afluentes y neo-coloniales. La propuesta de empezar con las voces de mujeres, da lugar al paradigma más incluyente que piensa en una visión más concreta y expansiva del concepto de justicia social (Monhanty 2003). Esto da lugar a la posibilidad de un desarrollo sostenible, porque las mujeres involucradas son generalmente aquellas cuyas prácticas por siglos han permitido que la tierra se vuelva a llenar mientras proveen sus propias sustancias para los humanos.

Para examinar algunos de los ejemplos del trabajo en activismo de las mujeres, se puede decir que ellas toman generalmente estos tipos de acciones políticas con bases no electorales porque sus varias preocupaciones y fuentes políticas no tienen lugar dentro de las estructuras tradicionales de las mismas (Cohen et al. 1997). Las mujeres frecuentemente tienen preocupaciones que son ignoradas por los políticos. Relativamente, muchas mujeres carecen de dinero o conocimiento específico necesario para tomar una postura dentro de una esfera política formal que incluye actividades como: cabildeo, levantamiento de fondos para candidatos o votos. Por otro lado, dentro del nivel local del activismo político, las mujeres generalmente son líderes y/o la mayoría de la afiliación. Estas “[m]ujeres a menudo juegan una parte importante dentro de acciones comunitarias porque es sobre cosas que ellas las conocen mejor…” (Hamilton 1990, 217). Las mujeres dedican más tiempo en el hogar o en labores comunitarias que el hombre y usualmente, son las primeras en darse cuenta de los nocivos efectos que causan los desperdicios tóxicos o la contaminación en el aire o el agua en la naturaleza humana o inerte. Por lo tanto, son las mujeres quienes generalmente en nombre de sus hijos o comunidades, trabajan para revertir estos efectos (Gottlieb 1993; Seagar 1993).

El feminismo post-colonial es un importante punto de tensión dentro del feminismo, particularmente en este tiempo de crecientes economías globalizadas que van acompañadas del caos del medio ambiente que causa destrozos en la tierra de la gente del tercer mundo. Este feminismo implícitamente trabaja para disolver la dicotomía naturaleza/cultura a través de voces personificadas de profesionales de este mundo, las mujeres que actúan para atenuarla, en particular, los efectos culturales de ambos: colonialismo y neo-colonialismo que han causado un daño medioambiental indescriptible a sus propios recursos naturales.

Como se ha manifestado anteriormente, estos profesionales del tercer mundo son a menudo adeptos a tomar acciones que mitiguen la devastación del medio ambiente causada por el neo-colonialismo/globalización. Por lo tanto, no es sorprendente que muchas de las preocupaciones del feminismo post-colonial estén cercanamente entretejidas con las del ecofeminismo. Muchos proyectos llevados a cabo por mujeres del tercer mundo para resistir los nocivos efectos de desarrollo, han sido vistos también como ecofeminismo. Las antologías del ecofeminismo contienen trabajo por y sobre la resistencia de las mujeres en proyectos de desarrollo mal concebidos (ver Caldecott y Leland 1983; Warren 1997). Irene Diamond y Gloria Orenstein (1990, xi) explican que “[e]n muchas formas, los esfuerzos de las mujeres en el… tercer mundo son, por necesidad, así como por esfuerzos ecológicos. Por el hecho de que la vida de muchas mujeres están íntimamente involucradas en tratar de sostener y conservar el agua, la tierra y los bosques, ellas entienden el costo inmediato de saque[ando] la riqueza natural de la Tierra.” Vandana Shiva aconseja que las mujeres del Tercer Mundo están comprometidas a realizar esfuerzos de sobrevivencia que al mismo tiempo son esfuerzos para la protección de las mujeres y el medio ambiente (1988, 47). Esto se da porque en lo que se denomina proyectos de “desarrollo” hay “destrucción en la productividad de las mujeres por la remoción de su gestión de control de tierra, agua y bosques, así como por la destrucción ecológica del suelo, agua y sistemas de vegetación que han afectado en la productividad y renovabilidad de la naturaleza.

Nosotros, en los Estados Unidos, no podemos cambiar nuestro pasado colonial, pero podemos trabajar para prevenir su aplazamiento. Podemos vivir más sencillamente. Podemos incrementar nuestra conciencia medioambiental así como la de otros al entender “como el mal desarrollo” toma curso y todas sus repercusiones. La siguiente acción esta en una vía, particularmente en el nivel académico para empezar. Podemos mirar a teóricos feministas, quienes discuten que se debe poner más atención a las prácticas de las mujeres y analizar desde sus perspectivas que producirán más teorías/explicaciones/entendimientos políticos- unos que analizan la actual situación de las mujeres, particularmente algunas creadas a costa de proyectos “mal desarrollados”.

 

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