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de las ponencias de 2006
Ciudadanía,
democracia y globalización
Margaret McLaren
Rollins College, EEUU
traducido por Mara Tubert
En la primavera de 2006 leí en mi periódico
local, el Orlando Sentinel, que de acuerdo a una encuesta
de las Naciones Unidas, 65% de las personas entrevistadas en
Perú dijeron que no sabían qué era la democracia.
Esto me hizo pensar sobre las diferentes maneras en la que se
usa el término democracia en el discurso público.
En la actual era de Bush, se ha utilizado la democracia como
un arma, como una excusa y como una justificación para
la intervención militar. A pesar de ello, los valores
del corazón de la democracia, igualdad y libertad, me
llegan como importantes piedras angulares de un sistema político.
Conforme reflexioné después sobre la respuesta
a la encuesta en Perú, no me sorprendí que más
de la mitad de los encuestados respondieran que no sabían
qué era la democracia ya que, entre más pienso
en ello, cada vez estoy más confundida. Este artículo
es un primer intento de pensar sobre algunas de las difíciles
y complicadas preguntas que rodean el tema de la ciudadanía
y la democracia en el contexto de la globalización.
En este contexto se vuelven incluso más
importantes estas preguntas sobre ciudadanía y democracia.
Este artículo examina tres modelos democráticos:
la democracia imperialista como fue impuesta en otras naciones
a través de la fuerza o de bloqueos económicos,
la democracia representativa donde hay un apoyo popular para
la democracia y cuya estructura política está
comprometida a proporcionar una representación igualitaria,
y una democracia económica en los casos donde el enfoque
va de la representación política y legal hasta
temas de justicia económica. Dadas las diferencias en
estos diferentes modelos de democracia no es demasiado sorprendente
que los encuestados que mencionamos antes afirmaran que no sabían
qué era la democracia; considero que esta “confusión”
es el resultado de las múltiples formas que toma la democracia
y las interrelaciones entre las esferas política, legal
y económica. La democracia imperialista importa los valores
del capitalismo a través de su agenda neo-liberal; la
democracia representativa aboga por los valores igualitarios,
pero se enfoca demasiado en la igualdad legal y la representación
política ser incapaz de alcanzar su propia promesa de
igualdad, debido a que los pobres, iletrados y sin educación
no pueden ejercer todos sus derechos políticos y legales;
por último, la democracia económica se preocupa
en primer lugar por la justa distribución de los recursos.
Democracia
Todos estamos muy familiarizados con la “democracia
forzada” o democracia imperialista. La actual ocupación
de Irak por parte de los EE.UU. es un claro ejemplo de este
modelo. Se remueve a un gobierno o líder en turno por
medio de una fuerza militar extranjera y entonces se escoge
al nuevo gobierno a través de una elección, aunque
la presencia militar todavía está presente para
asegurarse de que las elecciones sean democráticas. Una
segunda forma más insidiosa de imperialismo democrático
resulta de las demandas hechas por las instituciones económicas
globales para que un país cambie sus instituciones, sus
prácticas y sus políticas para poder recibir apoyo
financiero. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como
el Banco Mundial (BM) ponen ciertas condiciones para otorgar
préstamos. Para poder recibir préstamos, los países
deben estar de acuerdo con adoptar las políticas de ajuste
estructural. Éstas alientan la privatización de
las empresas poseídas por el gobierno y los servicios
que proporciona, cortes en el presupuesto gubernamental, aumento
de impuestos, liberalización del comercio y las reglas
de inversión, aumento en las tasas de interés,
reorientación de las economías para exportar,
cargo a los usuarios por servicios del cuidado de la salud y
educación, y eliminando los subsidios en artículos
de consumo tales como comida, combustible y medicinas .
Las políticas de ajuste estructural promueven
una agenda neo-liberarl con e énfasis en la privatización
de los bienes públicos. Aún más, las políticas
ayudan a las empresas multinacionales a ganar un punto de apoyo
al socavar a la actual infraestructura de un país como,
por ejemplo, después de que se han privatizado las propias
empresas estatales con frecuencia luego se venden a las multinacionales.
A pesar de que el FMI es una institución financiera internacional,
el voto pesa de acuerdo a la contribución y los Estados
Unidos son el accionista mayoritario, con más del 17%
de los votos. De esa manera las inclinaciones y tendencias de
los EE.UU. se ven reflejadas en las prácticas y las políticas
del FMI y del Banco Mundial con un aumento del individualismo,
de la privatización de empresas y productos y del capitalismo
neo-liberal. Así, los Estados Unidos, como un país
grande, poderoso y democrático está forzando a
la agenda neo-liberal en otros países a través
de su papel clave en las instituciones financieras internacionales.
Pero, ¿acaso esto significa que la democracia y el neo-liberalismo
tienen una conexión intrínseca?
La democracia como una institución política
(democracia representativa) defiende la transparencia, los debidos
procesos, la igualdad, los derechos civiles y una representación
política igualitaria. La democracia representativa toma
a la tolerancia como una de sus doctrinas principales y da la
bienvenida al pluralismo. Este tipo de democracia está
íntimamente alineado con el liberalismo y se caracteriza
por una división entre lo público y lo privado,
la separación de la iglesia y el estado, las reglas de
la ley, la prioridad del derecho sobre lo bueno y un énfasis
en lo individual. Un cuadro democrático promueve los
valores liberales y premia a la justicia, la igualdad y la ecuanimidad.
Es difícil objetar estos admirables valores y, en principio,
no me opongo a ellos .
Pero conforme muchos teóricos han señalado, el
ideal de igualdad es una meta que todavía no alcanzamos.
La democracia tan sólo es una representación verdadera
cuando aquellos a los que se ha privado de sus derechos, alcancen
un reconocimiento y derechos ciudadanos completos. En los Estados
Unidos este proceso de inclusión ha sido históricamente
muy lento y así continúa hasta hoy en día,
con los debates actuales en el Congreso sobre si extender o
no por completo los derechos civiles de las lesbianas y homosexuales.
Incluso en una democracia inclusiva, donde todos los miembros
tienen todos los derechos ciudadanos, no se pueden representar
de manera equitativa las voces y perspectivas de las minorías
en un sistema donde la “mayoría manda”. A
pesar de estas fallas, la democracia representativa al menos
mantiene la promesa de “libertad y justicia para todos”.
Para algunos países como Burna, lograr tener unas elecciones
libres y justas, así como derechos individuales, sería
una gran mejoría a la situación actual. La democracia
como sistema político podría ser compatible con
una variedad de sistemas económicos pero, en los EE.UU.,
viene acompañado con el capitalismo de libre mercado.
Sabemos que el capitalismo concentra su poder y riqueza en las
manos de unos pocos mientras que la mayoría lucha porque
los extremos se junten. Así que, la democracia y el capitalismo
parecen estar en desacuerdo. La condición del bienestar
liberal trata de mitigar la creciente separación entre
los ricos y los pobres con servicios sociales y beneficios.
Pero para que la democracia pueda alcanzar sus objetivos, su
compromiso con la ecuanimidad, la igualdad y la justicia, deberá
permear a la esfera económica así como a las esferas
legal y política.
Dentro de las naciones-estado particulares, la
democracia económica podría tomar la forma de
cooperativas agrícolas, así como de pequeñas
granjas famliares, de un cuidado de la salud nacionalizado,
educación gratuita y apoyo para los temas y luchas laborales.
No obstante, el Banco Muncial, el FMI y los acuerdos de comercio
internacionales menoscaban el apoyo para estas alternativas
a nivel global. No tan sólo estas instituciones financiares
desprecian a los sistemas económicos justos e imparciales,
sino que también impactan en el aspecto político
de la democracia. Leonor Briones, presidente de la coalición
para la liberación de la deuda en Filipinas comenta que:
“Los sistemas de políticas de ajuste estructural
más lógicas requieren de la represión de
los derechos democráticos. Esto se debe a que estas políticas
demandan de medidas fiscales, monetarias y económicas
drásticas que no podemos evitar, pero que provoca reacciones
muy fuertes por parte del público y se deben reprimir
tales reacciones. Esta es una producción conjunta de
la comunidad financiera internacional con la cooperación
de las élites locales y los líderes de nuestro
propio país”.
La relación entre la posibilidad de alcanzar un sistema
económico justo e imparcial dentro de un país
depende de la realización de un sistema con esas características
a nivel global; ellos están relacionados inextricablemente.
Ciudadanía
Al tenor de los distintos aspectos de la democracia
que he discutido han sobresalido diferentes versiones de ciudadanía.
Como un miembro de un país democrático imperialista
imponiendo su fuerza para hacer lo correcto, la obligación
del “buen” ciudadano podría ser un patriotismo
acrítico (si el término ciudadanía significa
lealtad a la propia nación-estado). El clima político
posterior al 9 de septiembre en los EE.UU. ejemplifica este
tipo de bienvenida tanto al acercamiento democrático
imperialista como a un patriotismo acrítico. Es probable
que no necesite recordarle a nadie que Bush justificó
su invasión a Irak invocando a la libertad, la justicia
y la difusión de la democracia, mientras que aquellos
que ejercían sus derechos constitucionales en los EE.UU.
para protestar en contra de la guerra o hablar sobre ella recibían
la etiqueta de antipatrióticos y se les revocaron algunas
libertades civiles. Es obvio que la noción de ciudadanía
como un acuerdo con las acciones y políticas del propio
gobierno no es algo que sea muy compartido, a pesar de la repercusión
negativa posterior al 9 de septiembre.
Las obligaciones y responsabilidades de la ciudadanía
en una democracia representativa podrían incluir la defensa
de procedimientos legales y políticos abiertos y justos
y de instituciones que, apoyando los medios de comunicación
imparciales, defiendan los derechos civiles para todos y protejan
las libertades civiles tales como la libertad de expresión,
de asociación y de religión. Por supuesto que
los ciudadanos deberán involucrarse activamente en los
proceso políticos a todos los niveles al votar en las
elecciones federales y locales, al estar al corriente de la
legislación actual y al poner un interés activo
tanto en las políticas nacionales como extranjeras. El
compromiso de la democracia representativa implica que los ciudadanos
continúen trabajando para la liberación de todos,
garantizando los derechos civiles y la igualdad para todos.
Sin embargo, como mencione con anterioridad, la democracia parece
incapaz de alcanzar sus propias metas a menos de que lidie con
la igualdad económica; el tema de la economía
tiene una posición ambigua entre lo nacional y lo global.
¿Puede la idea de ciudadanía, que históricamente
ha estado enlazada con la idea de nación.estado, aplicarse
también al el mundo?
El asunto de la ciudadanía mundial, también
denominado una “ciudadanía cosmopolita” o
“cosmopolitanismo”, disfruta en la actualidad de
un renacimiento en la discusión filosófica .
Esta idea ha tenido una historia filosófica comenzando
con los Cínicos y los Estoicos, y que ha continuado a
través de la improbable trayectoria de Emmanuel Kant,
Adam Smith, Jacques Derrida, Martha Nussbaum y Kwame Anthony
Appiah, entre otros. El bastante famoso Diógenes Laertius
(Diógenes el Cínico) afirmó: “Yo
soy un ciudadano del mundo”. Nussabaum en su ensayo “Patriotism
and Cosmopolitanism” (“Patriotismo y Cosmopolitanismo”)
delinea su discurso al decir que los ciudadanos del mundo deben
reconocer a una humanidad común y que de este reconocimiento
seguirá una obligación moral de ayudar a los demás.
Ella argumenta que las fronteras y límites de la propia
nación no deberían limitar el alcance de la preocupación
moral, con lo que el cosmopolitanismo vencería al patriotismo.
Yo estoy parcialmente de acuerdo con su conclusión, pero
no con su razonamiento. Nussbaum articula al cosmopolitanismo
como una creencia de la Ilustración sobre lo universal,
y esto involucra ver las propias particularidades como meros
accidentes de nacimiento. Creo que el cosmopolitanismo debe
reconocer las diferencias tanto como los puntos en común
entre las personas, y esto incluye las diferencias de poder
y prerrogativa, así como las culturales, étnicas
y religiosas. Los asuntos globales deberían preocuparnos
a todos, junto con los temas nacionales y locales. De hecho,
es difícil separar por completo a los temas nacionales
de los globales dado que la mayoría de los cuerpos internacionales
como las Naciones Unidas y el FMI están compuestos por
naciones miembros. Además, documentos internacionales
de los derechos humanos como la declaración de los derechos
humanos de la ONU, dependen de que las naciones adopten y se
adscriban a estos estándares internacionales. La ciudadanía
mundial involucra en forma activa permitir que los representantes
de la propia nación influyan en los cuerpos internacionales
para asegurar los derechos de las personas en esos otros países.
Aún más, involucra una influencia política
transnacional al hacer que se escuche la propia voz sobre las
políticas y acuerdos internacionales que tengan un impacto
negativo. El escenario para esto son las protestas internacionales
en contra de la Organización Mundial del Comercio (OMC)
y las reuniones en el Foro Social Mundial.
Las protestas dentro de los países también
mandan mensajes poderosos sobre los efectos del libre comercio
y del FMI. En la actualidad existen protestas en contra de los
EE.UU. y el libre comercio en Perú, Uruguay y Venezuela.
El presidente venezolano Hugo Chávez ha propuesto una
alternativa al tratado sin consolidar de libre comercio con
los EE.UU.; su iniciativa de “Petro-América”
vende combustible en términos preferenciales a otros
países en Sudamérica para promover la integración
y el desarrollo regional .
en Perú, los manifestantes bloquearon los caminos para
el tren de turistas que va a Machu Picchu (los hoteles Orient
Express localizados en Bermudas son los propietarios de
la compañía ferrocarrilera PerúRail). Los
campesinos bloquearon las vías del tren porque temen
que no van a ser capaces de competir con los productos agrícolas
subsidiados por los EE.UU. si se lleva a cabo el tratado de
libre comercio. Es claro que una acción local como la
de los granjeros en Perú envía un mensaje a nivel
nacional e internacional. Aún más, la opinión
popular en Perú conviene con la postura en contra del
tratado de libre comercio; el nuevo Congreso que comenzará
la gestión el 28 de julio, se opone con firmeza a este
tratado.
Quizás la ciudadanía cosmopolita
no sea el reconocimiento de lo universal sino de la lucha activa
en contra de ser consumida por ello. Las acciones de los agricultores
peruanos conectan sus preocupaciones locales particulares con
las políticas internacionales y ejercitan su derecho
a elegir un gobierno que sea comprensivo de sus preocupaciones
y de su derecho a protestar para llamar la atención internacional
al respecto.
Bajo la luz de esto, es verdaderamente sorprendente
que el 65% de los encuestados en la encuesta de las Naciones
Unidas en Perú afirmaran que no sabían qué
es la democracia. Quizás la encuesta debería medir
las respuestas manteniendo en mente la diferencia filosófica
entre saber (saber qué) y hacer (saber cómo).
Notas:
Robert Weissman: “Twenty Questions on the IMF” en
Democratizing the Global Economy. Ed. Kevin Danaher,
Common Courage Press: Filadelfia, 2001, p. 85.
Aquí quiero dar a entender que estoy de acuerdo con los
valores democráticos de la igualdad, la justicia y la
imparcialidad. Tengo algunas reservas sobre el énfasis
del liberalismo sobre lo individual, la división de lo
público y lo privado y la prioridad que le dan al derecho
sobre lo bueno.
Citado en Democratizing the Global Economy, p. 98.
Vea como ejemplo los ensayos en For Love of Country?
Ed. Joshua Cohen, Beacon Press: Boston, 2002; también
vea Cosmopolitanism de Kwame Anthony Appiah. Nueva
York: Norton, 2006.
Associated Press, junio de 2006.
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