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indice de las ponencias de 2006
Las tradiciones revolucionarias en América Latina
y el socialismo en el siglo XXI
Olivia Miranda Francisco
Instituto de Filosofía, Cuba
Introducción
(...) la tradición es. Contra lo que desean los tradicionalistas, viva y móvil. La crean los que la niegan para renovarla y enriquecerla. La matan los que la quieren muerta y fija, prolongación de un pasado en un presente sin fuerza, para incorporar en ella su espíritu y para meter en ella su sangre .
José Carlos Mariátegui. “Heterodoxia de la tradición”, en: Peruanicemos al Perú, Empresa Editora Amauta, Lima, 1985 , p. 161.
A raíz de la caída del Muro de Berlín, en 1990, Fidel Castro insistía en que
“Las ideas revolucionarias ni están vencida, ni mucho menos, están pasando por un momento difícil, pero volverán con más firmeza, y volverán más rápido cuanta más injusticia haya en el mundo” 
En ese mismo año afirmaría:
(...) las ideas del socialismo son las más justas del mundo y esas ideas se irán abriendo paso. Tendrán avances, tendrán retrocesos, pero al final serán las ideas prevalecientes en el seno de la humanidad que quiera ser humana de verdad, de un hombre que quiera ser solidario y no una fiera, y esa sociedad de fieras no tiene futuro. 
Entre los errores que Fidel Castro consideró esenciales en lo que inicialmente se presentó en la Unión soviética como un proceso de perfeccionamiento del socialismo y terminó con su desintegración, destacaba con mucha fuerza que no era posible hacer
(...) cualquier cambio (...) de una sociedad, si usted empieza destruyendo la historia del país. Imagínense que nosotros empezáramos destruyendo la historia del país [...] a ignorar a los mártires del país [...] a los que dieron su vida por la causa de la patria [...] 
Desde La historia me absolverá, Fidel Castro había insistido en el papel de las tradiciones revolucionarias históricas e ideológicas cubanas y latinoamericanas en el proceso de transformación de la sociedad – iniciado en Cuba partir del triunfo de enero de 1959 que Martí sintetizó radicalizándolas a fines del siglo XIX para devenir en factor esencial de lo que hemos denominado articulación entre el ideario del Maestro y la ideología del proletariado en el siglo XX. En 1991 afirmaba:
(...) si no comenzamos a comprender el propio proceso de nuestra revolución, y el proceso de desarrollo de la conciencia, el pensamiento político y revolucionario de nuestro país durante cien años, si no entendemos eso, no sabemos nada de política” 
Si la revolución política nacional-liberadora y antiimperialista tenía sus raíces en las tradiciones nacionales y muy especialmente en el pensamiento martiano, la revolución social y el modelo de república encontraron sus fuentes nutricias en la ideología del proletariado y en su proyección socialista, a partir de su adecuación a esas raíces histórico-culturales y a la situación presente.
A menos de una década de la caída del Muro de Berlín, contra los vaticinios del derrumbe de la Revolución Cubana , del fin de la historia y de la ideología revolucionaria, parafraseando a Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, podía ya afirmarse que Un fantasma recorre América Latina, el fantasma del socialismo. Ese fantasma fue tomando cuerpo en el proceso de transformación política, económica, y cultural que se incrementa con el triunfo electoral en 1998 de Hugo Chávez, punto de partida de la Revolución que dio vida a la República Bolivariana de Venezuela con la aprobación por las masas populares de la nueva constitución el 20 de diciembre de 1999.
La tradición independentista de unidad nacional e integración continental en la América del Sur contra la dominación colonial española y los esfuerzos por establecer una república de justicia social - uno de cuyos propulsores principales fue entonces Simón Bolívar- era retomada por Chávez y sus colaboradores , como punto de partida de un proceso nacional liberador y antiimperialista, que luego del enfrentamiento victorioso al golpe de estado del 11 de abril del 2002, el petrolero de fines de ese año, devendría, de hecho, el comienzo de un período de transición del neocolonialismo imperialista, hacia la necesaria proyección socialista del proceso, proclamada por Chávez en el 2005, como vía para la creación de ese mundo mejor, no sólo posible, sino sobre todo necesario - reclamado por los explotados y marginados del planeta cada vez con mayor claridad en cuanto a sus rasgos caracterizadores, especialmente en lo que concierne al antiimperialismo, en los Foros Sociales celebrados en Brasil desde el 2001.
En los tres lustros que median desde la destrucción de la URSS y el campo socialista, hasta hoy, en sus antiguos predios se ha desatado el capitalismo salvaje en su nueva forma neoliberal. Se trata de la misma receta que ha fracasado estrepitosamente en América Latina, demostrando la imposibilidad que el sacro santo “libre mercado” diera solución a los graves problemas continentales, y propiciando, por el contrario, la profundización de la ya enorme brecha entre ricos y pobres en el interior de cada pueblo del continente y entre Norte y Sur.
Las consecuencias casi inmediatas del vertiginoso incremento de la pobreza, la miseria y la marginalización de las masas populares, del saqueo aun mayor de las riquezas, propiciadas neoliberalismo han sido la incorporación a la lucha contra el imperialismo y sus aspiraciones de recolonización de la forma mundializadota , hegemonista y neofascista que este sistema de dominación planetaria ha asumido en el mundo unipolar de hoy, y con ella, el surgimiento, desarrollo y radicalización de nuevas fuerzas incorporadas al sujeto de los procesos de cambio y transformación sociales, reformistas o revolucionarias y de las formas de lucha en el continente.
El fracaso de los intentos por imponer el ALCA a nivel continental, la creciente oposición a la firma de los TLC - con los que el imperialismo norteamericano trata de revertir su fracaso continental, en aquellos países cuyos gobiernos se han plegado a sus exigencias históricamente, son ejemplos de la nueva correlación de fuerzas que, con sus avances y retrocesos, se ha ido conformando paulatinamente en el continente, a favor de las fuerzas progresistas y revolucionarias del continente.
La nueva forma de integración regional latinoamericana, el ALBA, propuesta por Hugo Chávez, apoyada por Cuba y por algunos gobiernos latinoamericanos y caribeños, de forma creciente – dirigida a influir en las diversas esferas de la sociedad: económica, sociocultural, de los derechos humanos fundamentales como la educación y la salud -, como alternativa al ALCA, y más recientemente los Tratados de Comercio de los Pueblos que Evo Morales ha planteado como alternativa a los TLC, constituyen elementos que fortalecen el enfrentamiento de los pueblos latinoamericanos a los afanes hegemonistas del imperialismo norteamericano, devenido centro del sistema de dominación imperialista planetario.
En todos estos procesos continentales, subyacen las ideas de unidad e integración bolivarianas concebidas como factor importante para el triunfo de las luchas nacional liberadoras contra España; y el desarrollo de estas ideas por José Martí que propiciaron el tránsito del antianexionismo -de alguna manera presente en el pensamiento bolivariano y de otras figuras latinoamericanas y caribeñas -, al antiimperialismo, al develar parte de los rasgos esenciales de la etapa superior del capitalismo, incluidos algunos de los económicos - develados por Lenin de forma más completa y profunda años más tarde. Es esta una de las razones por las cuales, junto a las ideas de Bolívar, Hugo Chávez se refiere constantemente al pensamiento martiano.
La obra de los fundadores del marxismo y el leninismo en Cuba: Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena y de sus continuadores hasta Fidel Castro, deviene ejemplo de lo que en Cuba hemos denominado articulación entre las tradiciones revolucionarias cubanas en su expresión más avanzada en el pensamiento maduro de Martí y la ideología del proletariado. El pensamiento de Fidel Castro es la expresión culminadora de este proceso en Cuba. Luego de declarado el carácter socialista de la Revolución Cubana , Fidel Castro afirmaba que:
(…) sin las tradiciones no habría podido nuestro pueblo […] convertirse en el primer país socialista de América Latina; último en liberarse del coloniaje español, primero en liberarse del imperialismo yanqui” .
Pero además insistía en que
(...) no se habría podido ni concebir siquiera la revolución cubana —un acontecimiento que parecía muy difícil (...) para muchos constituía un imposible— (...) si no es partiendo de las ideas esenciales y de los principios del marxismo.
La influencia martiana trascendió las fronteras de su Isla natal. Conocedor de las ideas martianas, en la obra del peruano José Carlos Mariátegui - la figura de mayor relieve entre los fundadores del marxismo y el leninismo en América Latina -, pueden encontrarse no pocos elementos presentes en el ideario martiano, junto a nexos de ruptura y superación, tal y como ocurre en la obra de Mella y Villena, hijos sobre todo del cambio de las condiciones histórico concretas de los dos momentos del devenir histórico latinoamericano en que vivieron y actuaron: fines del siglo XIX y la cuarta década del pasado siglo 
Uno de los temas en que es posible constatar con mayor claridad los nexos de continuidad, superación y ruptura entre el pensamiento del demócrata antimperialista cubano y el marxista y leninista peruano, es precisamente el problema del indio, en el contexto de la problemática de la identidad cultural nacional y continental en la América Latina y sus nexos con la teoría de la revolución y el ideal de república.
Los procesos de la Revolución Bolivariana en Venezuela encabezada por un militar mestizo de indio y negro, y la que se propone desarrollar Evo Moral indio aymará devenido dirigente sindical cocalero en Bolivia, bajo el rótulo de revolución democrática y cultural, ambos líderes de movimientos de masas integrados por diversos sectores socio clasistas y grupos étnicos en los que han desempeñado un importante papel, especialmente en Bolivia las organizaciones indígenas, sitúan en primerísimo lugar esta problemática, cuya solución revolucionaria entronca directamente con la complejidad de la estructura etno cultura, racial y la clasista -cuya comprensión aparece ya en ciernes en Martí y Mariátegui analiza, aplicando careadoramente la concepción materialista de la historia -, las ideas de los clásicos en torno al socialismo, y la historia escrita hasta su momento sobre la civilización originaria de los pueblos que habitaron tanto en el Perú como en Bolivia.
Esta historia es sometida por el Amauta a aguda crítica, con el objetivo de esclarecer el lugar y el papel que las tradiciones socioculturales y la experiencia de las luchas de los primitivos habitantes del continente y de sus descendientes, en la defensa de sus derechos, destacando el papel podían y debían desempeñar en el proceso de transformación revolucionaria de la sociedad en la pasada centuria, no sólo del Perú, sino en general en la América Latina.
En la obra de Mariátegui aparecen también elementos importantes para el análisis contemporáneo de la necesaria articulación entre los actuales movimientos sociales indígenas, el movimiento sindical, las capas medias y los intelectuales y los partidos políticos, problemática de especial importancia en nuestros días.
Junto al análisis de las causas que condujeron a la destrucción del socialismo en las URSS y Europa del Este, se impone la necesidad de desarrollar la teoría del socialismo en las condiciones actuales, teniendo en cuenta la diversidad de vías de acceso al poder, y las peculiaridades históricas, las tradiciones ideológico culturales a partir de las cuales se erigirá la nueva sociedad,.como parte de ese mundo mejor, posible y necesario para salvar la especie y el planta en que habita, cuya necesaria proyección socialista ha comenzado a penetrar en la conciencia de las masas populares en este lado del mundo.
Es en ese contexto, en el que el estudio comparado de las ideas de los grandes líderes y pensadores latinoamericanos, desde la perspectiva de la evolución de las ideas hacia posiciones cada vez más avanzadas, acorde con las nuevas condiciones históricas y los intereses, objetivos, medios y fines de las clases y grupos sociales capaces de integrar el sujeto de la revolución, resulta de primera importancia.
Todo lo anterior indica la importancia del análisis de la articulación entre las tradiciones nacionales revolucionarias y el marxismo y el leninismo para la elaboración teórica y la construcción en la práctica del socialismo en el siglo XXI, tareas puestas en primer plano tanto por Fidel Castro como por Hugo Chávez y Evo Morales. Por ello dedicaremos especial atención, en estos comentarios, a los nexos entre las ideas martianas y mariateguista sobre algunos aspectos de esta problemática.
Martí y Mariátegui:
tradiciones revolucionarias, marxismo y leninismo y el socialismo en el siglo XXI.
Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, constituyó el primer enfoque totalizador y sistémico de la sociedad neocolonial latinoamericana, desde la concepción materialista de la historia; aun cuando se refiere a la situación concreta del Perú de entonces.
La problemática histórico cultural en sus nexos con los fundamentos socio económicos y clasistas del desarrollo social y su devenir, ocupa un lugar central en Siete ensayos (...) y en general en toda la obra mariateguista. Dentro de la concepción de la historia como historia de la cultura, habría que destacar que ésta es vista por Mariátegui, al estilo martiano y marxista, en su significación más amplia, como el conjunto de la producción material, espiritual y la autoformación del hombre que la crea con su trabajo y se crea a sí mismo como ser social. En las concepciones de Mariátegui sobre la cultura, resultan de interés varios aspectos esenciales:
La unidad histórico cultural de los pueblos latinoamericanos y su inserción en la historia y en la cultura planetaria de la cual son parte importante
La interrelación de las especificidades socioeconómicas, clasistas, etno raciales, histórico culturales nacionales y continentales latinoamericanas, con el resto de los pueblos sojuzgados política y económicamente, y con el mundo desarrollado en determinadas épocas históricas.
La inter influencia de la base económica y la superestructura de la sociedad, desde la perspectiva marxista de la regularidad del devenir social.
Lo general y lo específico de los procesos revolucionarios y de sus fundamentos ideológicos, en los pueblos coloniales y neocoloniales - especialmente los latinoamericanos - y el proceso revolucionario mundial.
La repercusión de toda esta problemática en el plano de la ideología revolucionaria, especialmente en la teoría de la revolución en la América Latina.
Mariátegui, como Martí y como Lenin, cree que la originalidad de un pensador no está en importar acríticamente teorías de moda, sino en aplicar consecuentemente las ya existentes, si se adecuan a la realidad social, o en extraer de la propia naturaleza de los procesos histórico sociales, las generalizaciones teóricas, sin desconocer los avances del conocimiento científico a nivel planetario. En ello se sustentó su conocida tesis de que el socialismo en América no podía ser ni calco ni copia, sino creación heroica.
Para el Amauta:
"La historia sin embargo, no mide la grandeza de esos hombres por la originalidad de estas ideas, sino por la eficacia y genio con que las sirvieron. Y los pueblos que más adelante marchan en el continente son aquellos donde arraigaron mejor y más pronto (...). El socialismo, en fin, está en la tradición americana. La más avanzada organización comunista, primitiva, que registra la historia, es la incaica". 
Uno de los temas centrales en Siete ensayos (...) es la relación entre cultura nacional y planetaria -incluida la ideología revolucionaria – en las distintas etapas de la historia del Perú - presente en otros artículos y ensayos del Amauta -, con el objetivo esencial de demostrar que el socialismo no era exótico en América Latina:
"Hace cien años, debimos nuestra independencia como naciones al ritmo histórico de Occidente, que desde la colonización nos impuso ineluctablemente su compás. Libertad, democracia, parlamento, soberanía del pueblo, todas las grandes palabras que pronunciaron nuestros hombres de entonces, procedían del repertorio europeo.
Desde la concepción de la historia como historia de la cultura en su significación más amplia, Mariátegui parte de un presupuesto que antes había sido comprendido por Martí. En 1924 afirmaba lo siguiente:
Tenemos el deber de no ignorar la realidad nacional; pero tenemos también el deber de no ignorar la realidad mundial. El Perú es un fragmento de un mundo que sigue una trayectoria solidaria. Los pueblos con más aptitud para el progreso son siempre aquellos con más aptitud para captar las consecuencias de su civilización y de su época. ¿Qué se pensará de un hombre que rechace, en el nombre de la peruanidad, el aeroplano…? Lo mismo se debe pensar del hombre que asume esa actitud ante las nuevas ideas y los nuevos hechos humanos.
Insertando la historia nacional y su expresión en las ideas, en el marco latinoamericano y mundial, al estilo martiano y desde la perspectiva marxista y leninista, Mariátegui plantea que la comunicación entre las diferentes regiones del mundo es cada vez mayor, por ello no puede pensarse en la existencia de una ideología surgida únicamente en el ámbito nacional. Los que consideran según Mariátegui, como exótica toda influencia ideológica procedente del exterior, lo que niegan en realidad es la validez de aquellas concepciones que están en contra de sus intereses, asumiendo las que los favorecen:
“La mistificada realidad nacional no es sino un segmento, una parcela de la vasta realidad mundial” Insiste en que: “Todo lo que el Perú contemporáneo estima lo ha recibido de esa civilización que no sé si los nacionalista a ultranza calificarán también de exótica” (la europea) 
No sólo el germen de la idea de la libertad provino de la Revolución Francesa , engendrando la independencia, en tanto que las raíces de la idea libertadora se nutrió de la ideología de los Derechos del hombre y el ciudadano: “Acontecimientos extranjeros en suma, siguieron influyendo en los destinos hispanoamericanos”. Con el objetivo de enfrentarse a los que intentaban presentar al socialismo, al marxismo y al leninismo como factores disolventes de las tradiciones nacionales, ajenos a la historia y a la cultura del continente, Mariátegui insiste en que, en efecto, como no lo fue antes el liberalismo burgués en que se fundamentó la Revolución Francesa :
El socialismo no es, ciertamente, una doctrina indo americana. Pero ninguna doctrina, ningún sistema contemporáneo lo es ni puede serlo. Y el socialismo, aunque haya nacido en Europa, como el capitalismo, no es tampoco específico ni particularmente europeo. Es un movimiento mundial, al cual no se sustrae ninguno de los países que se mueven dentro de la órbita de la civilización occidental. Esta civilización conduce, como una fuerza y unos medios de que ninguna civilización dispuso, a la universalidad.
La actitud crítica que Martí exigía en su momento para asimilar las experiencias políticas, económicas, jurídicas, sociales de otros pueblos teniendo como divisas fundamentales las similitudes presentes y las históricas, coincide con el principio leninista en torno a que sólo la aplicación en la práctica revolucionaria podía ser el rasero para comprobar si resultaban adecuadas o no, en la esfera de un proyecto revolucionario en un país determinado, las experiencias de los revolucionarios de otras latitudes que evidentemente asume el Amauta. .
Mariátegui tiene en cuenta que el socialismo constituía una de las fases del desarrollo histórico universal y que, como las que le precedieron: comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo, independientemente de las formas específicas, fenoménicas, de surgimiento y desarrollo, en su esencia se implantaría en todos los conglomerados sociales, aunque en momentos diferentes y con rasgos propios, emanados de las diversas condiciones histórico concretas epocales y regionales, tesis que de hecho venía a ser continuidad superadora de las concepciones martianas en torno a la sucesión de épocas históricas similares en todos los pueblos, aunque en momentos históricos diferentes aun en una misma región del planeta. Se trata de la visión crítica y creadora mediante la cual Martí, desde las perspectivas de los pueblos colonizados, refuta la tesis hegeliana del origen de la sucesión de diferentes épocas como plasmación de las diversas etapas de la evolución del Espíritu Absoluto y la discriminadora clasificación de los pueblos - que el Maestro denomina naturales - como pueblos sin cultura, situados por ello fuera de la historia.
Ello fue posible porque El marxismo – poco conocido por Martí - le permitió a Mariátegui acceder a las causas últimas del movimiento histórico que Marx había sintetizado en el famosos prólogo a la Contribución a la crítica a la economía política , especialmente en lo que se refiere a la lucha de clases como motor de la historia. Por esta razón, para el Amauta, del mismo modo que las fases precedente se habían plasmado de forma distinta en diversas regiones, por las diferencias en cuanto a la evolución histórica y el grado de desarrollo alcanzado por cada pueblo - aspectos esenciales del método histórico político martiano de análisis de la sociedad -, el socialismo tendría sus peculiaridades latinoamericanas, y no comprenderlo implicaría una actitud mimética, acrítica, postura repudiada tanto por Martí como por el marxismo y el leninismo . En este sentido El Amauta afirma que:
El socialismo, en fin, está en la tradición americana. La más avanzada organización comunista, primitiva, que registra la historia, es la incaica: No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco ni copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indo americano. He aquí una misión digna de una generación nueva. .
Para Mariátegui, como para Martí, la cultura latinoamericana no podía desarrollarse a espaldas de la cultura occidental más avanzada, que de hecho constituía una de las fuentes nutricias del hombre americano, pero tampoco éste podía alcanzar esa plena identidad cultural y nacional esencialmente mestiza, ignorando los otros componentes de los pueblos latinoamericanos, el negro, y sobre todo el indio, en el continente donde se habían desarrollado sus grandes civilizaciones, y donde una buena parte de la población marginada la integraban sus descendientes. Sobre todo, porque por razones no sólo culturales, sino esencialmente económicas y socio clasistas, en sociedades que como la peruana, la formación de la nacionalidad andaba a medio camino:
(...) la corriente indigenista no depende de simples factores literarios sino de complejos factores sociales y económicos. Lo que da derecho al indio a prevalecer en la visión del peruano de hoy es, sobre todo, el conflicto y el contraste entre su predominio demográfico y su servidumbre - no sólo inferioridad - social y económica” .
No obstante no contar Martí con el instrumental teórico metodológico marxista , había alcanzado a constatar , a partir de su método histórico político de análisis, dos aspectos esenciales en lo que concierne a la relación cultura, desarrollo económico y estructura clasista de la sociedad: a) la coexistencia en una misma región y época histórica, de pueblos que transitaban por diferentes estadios de desarrollo: feudal y capitalista; b) la existencia en una misma nación no sólo de elementos socioculturales diferentes de acuerdo con los diversos orígenes étnico, racial o nacional de sus componentes demográficos, sino sobre todo por las diferencias socio clasistas, tal y como lo constata en los Estados Unidos. 
Para Mariátegui, la cultura seguía siendo, como en Martí, elemento mediador entre historia y política, en tanto factor totalizador en la sociedad; pero la concepción materialista de la historia, le permite avanzar más en lo que concierne al lugar y el papel de los factores económicos y clasistas en los marcos de la problemática de la identidad cultural y nacional, que devienen para el Amauta factores determinantes en última instancia en estos procesos.
Es desde esta perspectiva que Mariátegui se plantea otro problema que había ocupado, en su momento, la atención de Martí y de los creadores de la ideología del proletariado, especialmente Lenin, desde posiciones coincidentes en no pocos aspectos: la postura crítica y creadora no sólo ante la cultura planetaria; sino también ante las tradiciones autóctonas. Parte de un presupuesto martiano y leninista esencial:
Porque la tradición es, contra lo que desean los tradicionalistas, viva y móvil. La crean los que la niegan para renovarla y enriquecerla. La matan los que la quieren muerta y fija, prolongación de un pasado en un presente sin fuerza, para incorporar en ella su espíritu y para meter en ella su sangre".
Se trata de la visión de esta problemática en el contexto de la concepción de la historia, precisamente en las aristas en que se articulan el pensamiento martiano y el marxismo en los fundadores de la ideología del proletariado en Cuba :
(...) Hablo, claro está,- dice Mariátegui - de la tradición entendida como patrimonio y continuidad histórica. –Y se pregunta- ¿Es cierto que los revolucionarios la reniegan y la repudian en bloque?” – se pregunta -
Los verdaderos revolucionarios, no proceden nunca como si la historia empezara con ellos, Saben que representan fuerzas históricas, cuya realidad no les permite complacerse con la ultraísta ilusión verbal de inaugurar todas las cosas” .
Denomina tradicionalismo el Amauta, a lo que para Martí y para Lenin era precisamente el empeño conservador de pretender el mantenimiento de ideas, costumbres, que iban en contra del progreso histórico. Considera Mariátegui que se trata de “(...) una actitud política o sentimental que se resuelve invariablemente en mero conservatismo (…)”, que es, a su juicio: “(…) el mayor enemigo de la tradición”. Tanto para Martí y Lenin, como para Mariátegui y los marxistas y leninistas cubanos, la tradición es heterogénea y no se deja aprehender en una fórmula hermética, es el resultado de la experiencia, “ (…) en transformaciones sucesivas de la realidad bajo la acción de un ideal que la supera consultándola y la modela obedeciéndola” 
Al establecer las diferencias entre las posiciones del conservador y el revolucionario ante la historia, el marxista y leninista Mariátegui coincide de nuevo con Martí al plantear que:
El pasadista, tiene siempre el paradójico destino de entender el pasado muy inferiormente al futurista. La facultad de pensar la historia y la facultad de hacer la historia se identifican. El revolucionario, tiene del pasado una imagen un poco subjetiva acaso, pero animada y viviente, mientras que el pasadista es incapaz de representárselo en su inquietud y su influencia. Quien no pude imaginar el futuro, tampoco puede, por lo general, imaginar el pasado".
Por ultimo, en lo que concierne al método de análisis de la sociedad y su devenir histórico, habría que destacar que en Mariátegui, como en los marxista cubanos, la aprehensión empírica martiana de algunos aspectos esenciales del origen y sucesión de las épocas históricas, del progreso, de los nexos entre desarrollo cultural y socioeconómico, entre nación, grupos y clases sociales y su expresión en la cultura, así como la vinculación entre historia, cultura, economía y determinadas formas de la conciencia social como la política, el derecho, la moral etc., se profundizan precisamente a partir de la articulación de las tradiciones nacionales y la ideología del proletariado. Para el Amauta:
Enfocada sobre el plano de la historia mundial, la independencia sudamericana se presenta decidida por las necesidades del desarrollo de la civilización occidental o, mejor dicho, capitalista. El ritmo del fenómeno capitalista tuvo en la elaboración de la independencia una función menos aparente y ostensible, pero sin duda mucho más decisiva y profunda que el eco de la filosofía y la literatura de los enciclopedistas.
El interés económico de las colonias de España y el interés económico del Occidente capitalista se correspondían absolutamente, aunque de esto, como ocurre frecuentemente en la historia, no se diesen exacta cuenta los protagonistas históricos de una ni otra parte.
Como Martí, y los marxistas cubanos, Mariátegui está consciente de la esencia mestiza de la cultura latinoamericana, crisol de diferentes grupos etno culturales y raciales, en primer lugar el indio americano, cuya problemática - continuando el camino abierto por Martí a fines del siglo XIX-, es analizada por el Amauta, como se sabe, en primer lugar en su arista socioeconómica. Para incorporar al indio a la vida económico social peruana y latinoamericana – a su juicio -, era necesario partir de que el problema del indio es el problema de la tierra y que la lucha emancipadora habría de dirigirse, en primer lugar hacia la liquidación de la feudalidad, solución también apuntada por Martí, y que Mariátegui elabora a partir de la tesis del factor económico como determinante sólo en última instancia:
Todas las tesis sobre el problema indígena, que ignoran o eluden a este como problema económico social, son otros tantos estériles ejercicios teoréticos - y a veces sólo verbales - condenados a un absoluto descrédito (...)Prácticamente todas han servido sino para ocultar o desfigurar la realidad del problema. La crítica socialista lo descubre y esclarece, porque busca sus causas en la economía del país y no es sus mecanismos administrativo, jurídico o eclesiástico, ni en su dualidad o pluralidad de razas,
ni en sus condiciones culturales y morales. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverla con medidas de administración o policía, con métodos de enseñanza o con obras de viabilidad, constituye un trabajo superficial o adjetivo, mientras subsista la feudalidad de los gamonales".
En el mismo sentido martiano, marxista y leninista de que el progreso no puede medirse por la acumulación de conocimientos , sino por las transformaciones en el seno de la sociedad, Mariátegui coincide con las conclusiones a las que arriba Martí en su etapa de madurez con respecto al indio, en el sentido de que es necesario transformar sus condiciones sociales y económicas para que pueda realizarse una verdadera incorporación de estos sectores a la vida nacional , centrando la atención en el problema de la tierra que , para el Amauta, no puede resolverse sobre la base de la vuelta al pasado incaico ni a partir de la pequeña propiedad, sino en el contexto de la nacionalización de la que hablara Martí, pero a diferencia del Maestro, en los marcos de la eliminación de toda forma de explotación del hombre por el hombre, como exigían los nuevos tiempos:
La degeneración del indio peruano es una barata invención de los leguleyos de la masa feudal.
La tendencia a considerar el problema indio como un problema moral, encarna una concepción liberal, humanitaria, ochocentista, iluminista, que en el orden político de Occidente, anima y motiva las ‘ligas de los Derechos del hombre’.
El concepto de que el problema del indio es un problema de educación, no aparece sufragado ni aun por un criterio estricta y autónomamente pedagógico. La pedagogía tiene hoy más en cuenta que nunca los factores sociales y económicos.
El gamonalismo es fundamentalmente adverso a la educación del indio; su subsistencia tiene en el mantenimiento de la ignorancia del indio el mismo interés que en el cultivo de su alcoholismo.
La más eficiente y grandiosa enseñanza normal no podría operar estos milagros. La escuela y el maestro están irremisiblemente condenados a desnaturalizarse bajo la presión del ambiente feudal, inconciliable con la más elemental concepción progresista o evolucionista de las cosas.
El nuevo planteamiento consiste en buscar el problema indígena en el problema de la tierra". 
Precisamente sobre la visión de futuro de la solución del problema del indio, habría que destacar en Mariátegui, entre otros elementos, la crítica a las soluciones liberales, fundamentadas en la pequeña propiedad agrícola -que también Martí había superado en la etapa de madurez de su pensamiento:
El problema agrario se presenta, ante todo, como el problema de la liquidación de la feudalidad en el Perú.
Las expresiones de la feudalidad sobreviviente son dos: latifundio y servidumbre.
Es tan desmesurado el desconocimiento, que se constata a cada paso, entre nosotros, de los principios del socialismo, que no será nunca obvio insistir en que esta formula - fraccionamiento de los latifundios en favor de la pequeña propiedad - no es utopista, ni herética, ni revolucionaria ni bolchevique, ni vanguardista, sino ortodoxa, constitucional, democrática, capitalista y burguesa.
(…) yo pienso que a la hora de ensayar en el Perú el método liberal, la formula individualista, ha pasado ya (...) considero fundamentalmente este factor incontestable y concreto que da un carácter peculiar a nuestro problema agrario: la supervivencia de la comunidad y de elementos de socialismo práctico en la agricultura y la vida indígenas".
Con precisamente las tradiciones comunitarias indígenas que han resistido en embate del gamonalismo en la colonia y en la neocolonia uno de los elementos esenciales de esa articulación entre indigenismo y socialismo.
Lo que afirmo, por mi cuenta, es que la confluencia o aleación del “indigenismo” y el socialismo, nadie que mire al contenido y a la esencia de la cosas puede sorprenderse. El socialismo ordena y define las reivindicaciones de las masas de la clase trabajadora. Y en el Perú las masas - la clase trabajadora - son en sus cuatro quintas partes indígenas. Nuestro socialismo no sería, pues, peruano. Ni sería siquiera socialismo - si no se solidarizase, primeramente, con las reivindicaciones indígenas .
A modo de conclusiones
La revolución democrático cultural propuesta por Evo Morales en Bolivia, se ha iniciado con un conjunto de medidas en las cuales, las masas populares, y muy especialmente el movimiento indígena en el que se agrupa más del 70% de la población del país, desempeñan un papel principal. En la fundamentación de tales medidas subyacen no pocos planteamientos que aparecen en las ideaciones de Martí y, sobre todo de Mariátegui, sobre la problemática de los nexos entre las raíces socio clasistas y económicas del problema indígena en el continente, y lo que concierne a los aspectos políticos y socioculturales en su relación con los derechos humanos de esta parte de la población. Baste señalar, a modo de ejemplo que, junto a la elaboración de una nueva constitución que garantice la igualdad y equidad social y política de todos los grupos raciales y etno culturales del país, sin discriminación de ningún tipo, se ha planteado la industrialización, y la reforma agraria, la propiedad estatal sobre los recursos naturales, como garantía del desarrollo del país, del derecho al trabajo creador, a la redistribución justa y equitativa de las riquezas entre los que la producen y a la obtención de los recursos necesarios para llevar a cabo los programas que garanticen a todos el derecho a la salud, la educación, en una república democrática pluricultural, donde esas culturas tengan las mismas posibilidades de enriquecimiento y desarrollo, y se complementen, mutuamente. De ahí el llamado de Evo Morales a los intelectuales y las capas medias a cerrar filas junto a los obreros y campesinos, mayoritariamente indígenas, para que participen en la creación de la nueva Bolivia.
Para Evo Morales, la revolución que ahora se inicia, se propone (...) cambiar la historia, continuando lo que Túpak Katari y otros líderes indígenas intentaron antes(...)” En el socialismo - concebido a partir de su experiencia como indígena y dirigente sindical cocalero -: “(...)el cambio social pasa por el cambio de cada uno de nosotros(...)” Considera que si de lo que se trata es de trasformar país, hay que empezar por “(...) no ser egoísta, no ser individualista, no ser acaparador, no ser maniobrero y pensar en las mayorías nacionales”. Se trata sin duda de valores presentes en la cultura indígena, y de principios que han pervivido en la organización de la vida en sus comunidades. De ahí el rechazo a la pequeña propiedad como fundamento de una reforma agraria que liquide el gamonalismo, porque eso sería, como pensaba Mariátegui un paso atrás con relación a la propiedad común que había caracterizado el Incario, sobre la cual se erigió un conjunto da valores y principios que desempeñarán un importante papel en el socialismo moderno, pues para Evo Morales, no se trata de volver a atrás, sino de partir de las tradiciones colectivistas, para desarrollar el socialismo moderno concebido, como proclamara el Amauta, como creación heroica.
“En la tierra donde he nacido – ha dicho Evo Morales - no hay propiedad privada, la zona ganadera y agrícola es de toda la comunidad. Hay que recuperar los principios de reciprocidad y de redistribución de nuestras riquezas”.
Se trata precisamente de elementos que, entre otros, habría que tomar en cuenta a juicio de Mariátegui, a la hora de elaborar la teoría de la revolución socialista y en su puesta en práctica, a la hora de concebir el socialismo a partir de las especificidades de cada país, de cada región, sin asumir acríticamente tanto las tradiciones como de las experiencias de otros pueblos. Esa creación heroica, para Mariátegui, no obstante, ha de tener en cuenta que el socialismo ni es europeo ni americano, es universal, y no puede ignorarse lo que de común tendrá a nivel planetario. El socialismo en el siglo XXI deberá tener en cuenta, junto al análisis de los errores y limitaciones de las experiencias anteriores, los logros alcanzados en la centuria pasada, estudiados desde la perspectiva de lo que mantiene vigencia de la obra de los clásicos de la ideología del proletariado en su articulación con lo más avanzado de las tradiciones nacionales y continentales revolucionarias. Las concepciones de Martí y Mariátegui ocupan un importante lugar en la evolución de las ideas en América Latina, por ello, a sus obras, deberán volver una y otra vez los que hoy se proponen contribuir en América Latina la construcción de ese mundo mejor posible, pero sobre todo necesario.
NOTAS
Fidel Castro. 1990, Discurso en conmemoración del XXX Aniversario de los CDR ( 28-9-1990 ), en Granea. La Habana , 1 de octubre, p. 104
Ibídem, 1991,Comparecencia ante los canales de televisión, Radio Rebelde y Radio Habana Cuba, para informar al pueblo sobre su visita a Brasil, Ediciones OR, La Habana , p. 238
Ibídem, 1991 Discurso en la clausura del V Congreso del Sindicato de Trabajadores Agropecuarios y Forestales ( 22-12-1991 ), en Discursos Documentos. Ediciones OR, La Habana , .a p. 222
Ibídem 1975, Discurso en la Velada solemne por el cincuenta aniversario de la fundación del primer Partido Comunista de Cuba ( 22-8-1975 ). Ediciones OR (tercer trimestre) y Editora Política, La Habana. p. 18
Carlos Marx y Federico Engels. 1976. Manifiesto del Partido Comunista, en Obras escogidas en tres tomos, Moscú, editorial Progreso, T. I. p. 99: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”. .
Ver. Rosa M. Elizarde y Luís Báez. Chávez nuestro. Casa Editora Abril, La Habana ,
Brasil, Argentina, Uruguay, Haití, han sido escenario de ese incremento de las luchas populares que han impuesto, a pesar del carácter burgués de la democracia representativa, gobiernos que de una forma u otra, con avances y retrocesos, se han resistido a aceptar las nuevas formas de dominación económica y consecuentemente políticas y culturales - sin que por ello excluyan las militares bajo el pretexto de el combatir el “terrorismo” y el narcotráfico -, o como en Ecuador, han derribado gobiernos entreguistas, o como en Nicaragua, y El Salvador los otrora movimientos guerrilleros, devenidos partidos políticos, se han convertido en fuerzas con posibilidades de acceder al gobierno por vía electoral.
Por este camino Martí alcanzó a comprender el inminente peligro que, para los pueblos de Nuestra América significaba el afán expansionista de los Estados Unidos hacia el Sur, como una necesidad interna del sistema, intuyendo la nueva forma neocolonial de esa expansión. De ahí su llamado de alerta a los pueblos al Sur del Río Bravo y la convocatoria a unirse para alcanzar su segunda independencia, la económica.
Ver: Oliva Miranda Francisco. 2005. Tradiciones nacionales revolucionarias marxismo y leninismo en el pensamiento cubano. Editorial Pueblo y Educación. La Habana.
-------2005 Martí y Mariátegui: tradiciones revolucionarias e ideología del proletariado en América Latina. En: Marx Ahora, N. 19, La Habana.
Fidel Castro. 1971 Discurso en la velada solemne en conmemoración del centenario del natalicio de Vladimir Ilich Lenin. Material de Estudio No. 1, COR, La Habana ,. p. 19
Ibídem. 1972Discurso en la Universidad Carolina de Praga ( 22-6-1972 ), en El futuro es el internacionalismo. Instituto Cubano del Libro, La Habana , p. 353
Las escenas norteamericanas , el antológico ensayo Nuestra América y los textos dedicados por Martí al análisis del Congreso Internacional de Washington en los que se expresa la evolución de sus análisis en torno a la sociedad norteamericana que lo conducen a partir de 1887 a la elaboración de su pensamiento antiimperialista en sus nexos con sus ideas maduras sobre América Latina, fueron publicados en México D. F. y Buenos Aires , en periódicos de la importancia de El Partido Liberal y la Nación , respectivamente, por ello no es de dudar que sus ideaciones más avanzadas sobre estos temas fueran más conocidas en el continente que en Cuba por entonces.
Martí muere en 1895, Mella en 1929, Villena en 1934 y Mariátegui deja de existir en 1930.
El estudio comparado de la sociedad en la América Hispana , España, la Europa transpirenaica y sobre todo de los Estados Unidos en tránsito del capitalismo industrial a la fase imperialista, que Martí desarrolla entre 1880 y 1895, especialmente a partir de 1887 en que su pensamiento alcanza plena madurez, desde la perspectiva realista de su método histórico político de análisis de la sociedad, a partir de una visión sociocultural totalizadora – al parecer tuvo un limitado conocimiento de la obra de Marx -, le permiten avanzar mucho más que la mayoría de los pensadores latinoamericanos de su época en la comprensión de la realidad planetaria finisecular, y consecuentemente con esta visión, proponer un proyecto revolucionario y un ideal de república que devinieron lo más avanzado a que se podía aspirar en su momento histórico. Es por ello que Martí se convierte en un hombre de su tiempo y anticipador del nuestro. Mariátegui, armado con la concepción materialista de la historia elaborada por Marx y Engels y aplicada por primera vez como guía para la comprensión y transformación revolucionaria de la sociedad rusa, de forma creadora por Lenin, como Mella y Villena en Cuba, está en condiciones de plantear y encontrar soluciones a problemas inexistentes o poco desarrollados por Martí.
Ver: Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Casa de las Américas, La Habana , 1962
Los siete ensayos (...) es en la obra de Mariátegui, la síntesis de los trabajos precedentes sobre esta temática, y el punto de partida de los que le siguen, así como un verdadero clásico del marxismo y del leninismo en la América latina, tanto por los resultados teóricos de su estudio de la sociedad, como por la aplicación creadora del método marxista de análisis
José Carlos Mariátegui, “Aniversario y balance”, en Obra política, Ediciones Era México D. F. 1984. p. 267.
José Carlos Mariátegui, “Aniversario y balance”, en obra citada, p. 267 .
José Carlos Mariátegui. “ Pasadismo y futurismo”, en: Peruanicemos al Perú, Empresa Editora Amauta, Lima, 1985 p. p. 38 - 39 .
Ibídem. P. 36.
Ibídem, p. 37
Aniversario y balance”, en obra citada, p.267 .
Ver; Olivia Miranda Francisco. 2002. Historia, cultura y política en el pensamiento revolucionario martiano, Editorial Academia, La Habana.
Carlos Marx. Contribución a la crítica de la economía política, Editora Política, La Habana , 1966, p. p, 22 – 23.
José Carlos Mariátegui 1987. . Aniversario y Balance, en Ideología política, Editora Amauta , p. p. 267 - 268
Ver: José Martí. 1975 “Revista guatemalteca, en: Obras completas, T. 7
----- “Educación” (compilación de textos) en : obra citada. T. 7
------“El carácter de la Revista Venezolana ”, en: obra citada, t. 7
José Carlos Mariátegui. El proceso de la literatura, en: : Siete ensayos(...) obra citada, a, p. 311
José Carlos Mariátegui. El problema del indio, en: Siete ensayos(...) obra citada, obra citada, p. 311
"El indio no representa únicamente un tipo, un tema, un motivo, un personaje. Representa un pueblo, una raza, una tradición, un espíritu. No es posible , pues, valorarlo y considerarlo, desde puntos de vista exclusivamente literarios, como un color o un aspecto nacional, colocándolo en el mismo plano que otros elementos étnicos del Perú.
José Martí. “Arte aborigen”, en obra citada, T. 8 . p. 331
“ En una misma época, y en un mismo tiempo, unos hombres trabajan y convierten los elementos más rebeldes y recónditos de la naturaleza, y otros emplean los más superficiales y burdos. La edad de piedra subsiste en medio de la edad moderna . No hay leyes de la vida adscritas a una época especial de la historia humana. Donde quiera que nace un pueblos nuevo, allí renace con él ,- nueva, grandiosa(...) - la vida,
José Carlos Mariátegui. Heterodoxia de la tradición”, en: Peruanicemos al Perú, obra citada, p. 161.
Ver. Julio Antonio Mella.1975. Glosas al pensamiento de José Martí. En Julio Antonio Mella, Documentos y artículos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
José Carlos Mariátegui. Heterodoxia de la tradición”, en: Peruanicemos al Perú, obra citada, p. 161.
Ibidem. P. p. 162 - 163
Ibídem, p. 163
Ibídem, p. 164
Ibídem. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana., o bra citada, p. 5 -6.
Ver: José Martí. “La sociedad hispanoamericana bajo la dominación española”, T. 7, p. 392.
En la crítica a la obra un historiador latinoamericano , Martí destaca entre otros elementos, la referencia del autor a los fundamentos económicos del proceso nacional liberador latinoamericano:
“Los intereses del comercio eran los precursores necesarios de una evolución política y social. De la fermentación de esos intereses encontrados debía, lógica y necesariamente, surgir la idea de la independencia, a fin de proveer sin tratos al bienestar común”
José Carlos Mariátegui. ”El problema del indio”, en: Siete ensayos(...) obra citada, p. 23
Ibídem. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, obra citada. p. p. 28 - 31.
Ver. Isabel Monal. “ José Martí, del liberalismo al democratismo antimperialista”,obra citada .
Si al primer contacto con el problema del Indio, cuando procedente de España Martí arriba a México primero y sobre todo durante su estancia en Guatemala, la fórmula que concibe se enmarcaba en el proyecto liberal que Mariátegui somete a crítica, expresado en los términos de tierra y educación, en su etapa de madurez , a partir de 1887, Martí ha comprendido que no es la pequeña propiedad, sino la nacionalización de las tierras y la entrega a quienes la trabajan, la vía para resolver el complejo problema de las repúblicas feudalizantes del continente latinoamericano, tesis en la que influyen las ideas de Henry George y los populistas norteamericanos , pero que Martí no sigue de manera total, entre otras razones, porque no piensa en revoluciones campesinas y no deja de descubrir en la clase obrera norteamericana una fuerza revolucionaria esencial en la solución de los conflictos entre el capital y el trabajo, no sólo en los Estados Unidos, sino en general en las naciones más desarrolladas, aunque considere la posibilidad de evitar estos enfrentamientos extremos en los pueblos al sur del Río Bravo, si se crean repúblicas verdaderamente democráticas y se alcanza la independencia económica mediante la unión contra en enemigo común, los monopolios imperialistas.
José Carlos Mariátegui. Obra política, prólogo y selección Rubén Jiménez Ricárdez p. p. p. 34 - 35 .
José Carlos Mariátegui. Obra política, prólogo y selección Rubén Jiménez Ricárdez p. 225
Evo Morales, Discurso del presidente Evo Morales en el Congreso, En Bolivia el modelo neoliberal no funciona Bolpress 23-01-2006 , versión digita.
Evo Morales. entrevista de Eduardo Febbro y Pablo Stefanoni, Página/12, Buenos Aires 13-12-2005 versión digital
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